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Nuestra fuerza de marea para enfrentar el ajuste del gobierno y la derecha

Selma Román

Brenda Hamilton

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Nuestra fuerza de marea para enfrentar el ajuste del gobierno y la derecha

Selma Román

Brenda Hamilton

Ideas de Izquierda

Entre las luchas en las calles y los debates que se vienen en los talleres del encuentro plurinacional de mujeres y disidencias, vamos a seguir peleando por todo lo que nos proponemos. Queremos recuperar la fuerza de las jóvenes y las trabajadoras que supimos plantarnos ante los sectores más reaccionarios en diferentes momentos. Volvemos porque el gobierno nos ajusta y la derecha pide más.

San Luis espera a miles de mujeres: un fin de semana atípico para la provincia y para muchas mujeres y disidencias que participarán de un encuentro plurinacional lleno de acciones e intercambios en talleres. Después de la pandemia, nos reencontramos para debatir y volver a las calles con mucha manija. Además estamos en un país super convulsionado, los memes de Alberto “¿Y ahora qué pasó?” ya no son tan en joda, las derechas crecen y también la pobreza por el ajuste del gobierno. ¿Y las pibas qué hacemos?

Se viene discutiendo mucho acerca de la radicalización de sectores reaccionarios y derechistas que crecieron en el último tiempo en nuestro país. Más aún después del repudiable atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández, sobre el cual ya nos hemos referido y denunciado en otras notas.

Estos sectores ultra conservadores, que existen a nivel internacional y en nuestro país se expresan en los grupos libertarianos, surgen porque se expande la crisis social: cada vez hay más pobreza y más descreimiento a todos las y los que gobiernan y gobernaron. También son expresión de la reacción que se generó frente a las conquistas logradas, por la potencia y el crecimiento de los movimientos feministas y LGTBIQ en nuestro país durante la última década. Estos grupos son los que públicamente piden un ajuste aún mayor al que ya está llevando adelante el gobierno del Frente de Todos a pedido del FMI, que golpea con más fuerza a las mujeres y disidencias, y particularmente a las más jóvenes. Y al mismo tiempo son quienes atacan a los movimientos feministas y a los movimientos sociales en general. En este contexto es muy pertinente discutir cómo se enfrenta a esos sectores derechistas.

Los amigOs de Milei: Altos vagos

¿Quién lo diría? La derecha reaccionaria de Milei construyó un discurso de que todos son “vagos” y “las planeras llevan a sus hijos a las marchas” para decir un sinfín de comentarios anti mujeres y anti laburantes. Es que ahí está el centro de su esencia, su pertenencia de clase y su defensa de la sociedad patriarcal. El “anti casta” que grita mucho y “labura” poco (no para de faltar a las sesiones del Congreso), en realidad es uno de los principales defensores de este orden social y de quienes lo reproducen, como las jerarquías de las Iglesias, la casta militar y los que viven de nuestro trabajo como los empresarios multimillonarios que no laburaron nunca en su vida. Hablemos de estos vagos de verdad.

En la última dictadura cívico-militar-eclesiástica, como “devolución de favores”, la Iglesia Católica fue beneficiada con leyes y decretos para recibir financiamiento estatal: liberación de pago de impuestos y inmunidad a los funcionarios de una institución que se encargó de apropiarse bebés, torturar y asesinar a miles de personas, incluyendo mujeres embarazadas. Cuando decimos que “Los curas se vayan a laburar”, no es una frase más. Lo cantamos porque reciben el pago de altos “sueldos” sacados del gasto estatal, mientras en muchas escuelas no hay Educación Sexual Integral. Son las Iglesias las principales opositoras, con el aval del mismo gobierno que recorta en el presupuesto para la educación pública mientras subvenciona a la educación privada religiosa.

En la casta militar vemos al otro pilar del Estado capitalista que defienden los libertarianos. Como vemos en el caso de Victoria Villarruel, la diputada del bloque de Milei que no solo es pañuelo celeste sino que también es una férrea defensora de la impunidad hacia los genocidas: ¡se puso un estudio de abogados para defender represores! Quizás la recuerden por su asunción en el congreso nacional el año pasado, en donde juro por “las víctimas del terrorismo” refiriendose a los militares, torturadores y apropiadores de bebes como “víctimas”. A la luz de su trayectoria nos damos cuenta que no defiende la vida cuando se trata del derecho a decidir de las mujeres (para no morir en un aborto clandestino) pero sí defiende a los que torturaron a miles de ellas, a sus bebés y mataron embarazadas sin ningún remordimiento.

Sin ir más lejos, esta semana Javier Milei anunció esta semana que realizará un acto en la provincia de Tucumán con el partido de los Bussi, que siguen reivindicando el genocidio.

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A quien se propone defender verdaderamente Milei y su grupo es a los grandes empresarios, que representan a la casta que él nunca menciona, porque son sus patrones. Un núcleo de poderosos en el país que se están enriqueciendo mientras millones entramos en la pobreza. Arcor, una de las principales empresas alimenticias, aumentó su ganancia un 142%. Lo mismo pasa con Blaquier, del Ingenio Ledesma en Jujuy que aumentó sus ganancias en un 59% en dólares, mientras que sus trabajadores denuncian condiciones de trabajo terriblemente precarias. Estas empresas, como muchas otras, hacen sus negocios con todos los gobiernos de turno y chantajean como los dueños del campo sentados en las silobolsas si lo creen necesario, para ganar más y más. Milei habla de “la casta” pero él, además de defender un régimen político y social que construye una casta separada de la realidad de millones, quisiera aún más para los verdaderos vagos de esta sociedad, los que viven del trabajo ajeno y además se ahorran hasta el último peso con el trabajo no remunerado de las mujeres.

Del otro extremo está la clase trabajadora, las y los que producimos todo, las y los que generamos las riquezas, pero aún así vivimos en las peores condiciones. Quienes trabajan en blanco y con derechos, vienen siendo azotados por la inflación. Peor aún quienes tienen trabajo informal y se la pasan de trabajo en trabajo con sueldos que en muchos casos no superan el índice de pobreza. También están quienes perciben ayudas estatales pero los planes sociales apenas llegan a $20.000 mientras la canasta familiar es de más de $100.000.

Cuando decimos que la pobreza y la precarización tiene rostro de mujer, se confirma en cada barrio o establecimiento de trabajo. Según el último informe del área de Trabajo y Producción del Centro de Estudios Metropolitanos (CEM) para el 2021 la brecha salarial entre mujeres y hombres era de 24% menos para las primeras; y más del 35% de las mujeres se encuentra en la informalidad. Muchas de ellas, extremadamente ligadas a las tareas de cuidado: las empleadas de casas particulares, las cuidadoras de niñes y adultos mayores, o quienes revuelven la olla todos los días en los barrios populares. Sí esta es la situación general, el panorama no mejora entre las más jóvenes. En toda América Latina la desocupación aumentó 5% en relación a los varones entre 18 a 25 años. Con la crisis de la pandemia muchas pibas tuvieron que ocuparse de las tareas de los hogares y a la salida de esta situación la tasa de desocupación no cambió. Quienes consiguen trabajo lo hacen de forma muy precaria, quemándose la cabeza en los call centers o atendiendo los locales de comidas rápidas.

¿Y cómo los enfrentamos?

A la derecha no se la puede parar con más derecha. Hoy en el gobierno del Frente de Todos manda Estados Unidos y Kristalina Georgieva. Aquellos que dijeron que iban a “volver mujeres” hoy ajustan en las áreas donde la mayoría tiene rostro femenino, como la salud y la educación. Los pasos del país los ordena el fondo y es a lo que no nos podemos acostumbrar. Ni a los acuerdos de “paz social“ entre los trabajadores y los que nos saquean, los empresarios. Esa paz que proponen es que estemos guardadas y guardados en nuestras casas, mientras los dueños de todo están haciendo negocios como nunca. Un gobierno “verde”, no por el aborto ni tampoco por ambientalistas, sino por los dolares que les regala al campo y al FMI, todos extractivistas. Las pibas que venimos de la marea verde no podemos confiar en quienes nos ajustan y oprimen todos los días como propone el peronismo.

Esta política del Frente de Todos la encontramos en algunos twits de la portavoz oficial de Presidencia de la Nación, Gabriela Cerruti, que hasta hace no mucho tiempo fue una de las principales referentes del feminismo dentro de la coalición de gobierno que participó activamente en el debate por el aborto legal seguro y gratuito. Pero actualmente está llamando a defender la “paz social” y asistir a las misas por la paz convocadas por los sectores reaccionarios de las mismas iglesias que intentaron impedir que conquistemos nuestros derechos.

Lo que aprendimos en las calles

Las pibas sacamos lecciones muy valiosas de la pelea exitosa que dimos para conquistar la legalización del aborto en nuestro país. La primera es que nuestra lucha se da en las calles y de manera independiente de los partidos tradicionales, que con sus dinosaurios en el Congreso y el Senado también aportaron votos a favor del aborto clandestino y en contra de nuestros derechos.

En nuestra lucha aprendimos, allá por el 2018, que a los dinosaurios, a las derechas, se las enfrenta en las calles, organizadas y desde abajo. Las escuelas se llenaban de debates, hasta algunas facultades se encontraron tomadas. Las trabajadoras, a pesar de sus sindicatos, se movilizaban al grito de “por mí, por mi vieja, por una amiga, o por mi hija tengo derecho a decidir”. Esa fuerza puede recuperar la calle y proponerse nuevos objetivos. Movilizadas podremos imponer la aplicación efectiva del aborto legal seguro y gratuito en todo el país, sin restricciones, que afectan sobre todo a las hijas del pueblo pobre y trabajador.

Tenemos que dar un paso más para convertir la marea verde en un tsunami. Las pibas tenemos que unir nuestros reclamos como feministas con las trabajadoras y trabajadores que están saliendo a enfrentar los planes de miseria, y que una vez más muestran a las más jóvenes de las mujeres y disidencias en la primera línea de la resistencia. Esa fuerza en unidad puede también cuestionar la inmovilidad y subordinación al gobierno de centros de estudiantes y sindicatos y construir las luchas por abajo, en unidad para imponer un verdadero plan para luchar por todas nuestras demandas con paros generales y movilizaciones masivas, porque ese es el único idioma que entienden los poderosos.

Por eso ahora también estamos peleando contra la precarización laboral, por el derecho al trabajo y a una vivienda genuina, contra toda forma de opresión y violencia sobre nuestros cuerpos, por la separación de la iglesia del estado, por la implementación de la ESI en todos los niveles educativos, por perspectiva transversal de género en nuestros lugares de estudio, y por espacios de cuidado para las infancias en todos los trabajos e instituciones educativas.

Sin dudas una de las lecciones fundamentales que sacamos de estas peleas, es que si nos lo proponemos y nos organizamos en común tenemos la fuerza y la capacidad para enfrentar a todos los sectores conservadores y ultraderechistas que intentan sacarnos derechos y hacernos pagar los platos rotos de la crisis que ellos mismos generan. Quienes machacan la idea de que estos sectores son invencibles en realidad buscan que nos adaptemos a la miseria de lo posible, pero nosotras ya demostramos una vez que podemos enfrentarlos y hasta ganar conquistas.

Tenemos que retomar la fuerza de nuestro movimiento de mujeres y disidencias, cada facultad, colegio y laburo pueden convertirse en centros de debate, organización, y decisión de las pibas, desde abajo junto a las y los trabajadores ocupados y desocupados que están en lucha. Retomar las calles, nuestro lugar, para enfrentar al gobierno del Frente de Todos que nos está ajustando, y también enfrentar a la derecha que pide más miseria para las mayorías.

Las jóvenes feministas socialistas de Pan y Rosas haremos todos nuestros esfuerzos para esta tarea. Un primer momento será en el Encuentro Plurinacional de mujeres y disidencias, donde estaremos jóvenes estudiantes, trabajadoras de La Red de Precarizadxs, mujeres desocupadas de distintas tomas de tierra que luchan por vivienda, como las valientes mujeres de Guernica o la Villa 31 de la CABA, también trabajadoras de distintos gremios, como telefónicas, estatales, docentes, del subte. Mujeres de los ingenios del norte argentino, trabajadoras de las fábricas recuperadas, como las de MadyGraf, Zanon entre otras.

Los desafíos son grandes. Por eso te invitamos a sumarte con nosotras. Queremos volver a poner de pie al movimiento de mujeres y disidencias, sin ninguna subordinación a los gobiernos, ni a los partidos de los empresarios que defienden este régimen político y social que cada vez degrada más las condiciones de nuestras vidas. Reconstruir la fuerza de un movimiento que no se detenga ante los ataques de la derecha y que tampoco acepte los discursos de resignación de los supuestos “males menores” y “mayores”, porque lo único que hacen es fortalecer a las derechas.

Con esta fuerza comenzaremos a enfrentarlos; pero nos proponemos ir más allá, construir la potencia necesaria para cambiar esta sociedad basada en la explotación y la opresión y comenzar a construir una nueva, donde las y los que todo lo producimos, seamos quienes gobernemos y sobre esas bases erradicar toda violencia y machismo. Es por el pan que peleamos pero también por las rosas.


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Selma Román

trabajadora de call center y estudiante de economía, parte de la RED de precarizados

Brenda Hamilton

Estudiante de historia UBA
Estudiante de historia, docente y ex presidenta del Centro de Estudiantes en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Miembro del comité editorial del suplemento Armas de la Crítica.