Mundo Obrero

TEXTILES EN LUCHA

Norma Brizuela: “A mí me reinstalaron mis compañeras cuando tomaron la fábrica”

Compartimos entrevista a una de las leonas del Parque Industrial de Neuquén que vienen resistiendo el vaciamiento de la patronal de la Textil Neuquén.

Domingo 26 de febrero de 2017 | 00:00

Comienzo esta nota en la planta alta de la fábrica Neuquén Textil. En otras épocas, esta sala alojó las oficinas administrativas. La mayoría de las obreras rara vez accedía a ellas, y si lo hacían, era solo cuando los Huerta las llamaban para retarlas o amedrentarlas. Ahí encontré a Norma Brizuela ayer. Ella que fue una de las primeras delegadas que tuvo esta fábrica, conoce bien las oficinas de los patrones. Las visitaba asiduamente -no por gusto precisamente, sino- para pelear por los derechos de sus compañeras y en contra de todos los atropellos de la patronal. Tanto peleó, inclusive cuando ya no tenía los fueros de delegada, que la patronal ni bien pudo, la echó.

La encuentro sentada en un escritorio haciendo lo que más le gusta: coser. Hoy no está cosiendo camisas ni pantalones, ni siquiera las prendas que confeccionó durante estos años de lucha por su reinstalación, para sostenerse. A simple vista pareciera que está cosiendo manoplas de cocina para juntar fondo de lucha, pero aunque ella no se de del todo cuenta hoy, sé que entre puntada y puntada además cose esperanza y futuro.

Su rostro da cuenta de las más de tres semanas de conflicto, pero su ánimo está intacto. La fortaleza y tenacidad de esta obrera, emocionan. Le cebo un mate como excusa para pausar su labor y mientras digo que quiero entrevistarla. Se ríe nerviosa. Deja de lado los hilos, las telas y las tijeras y me mira por encima de sus lentes mientras me pregunta: “¿Qué querés saber que no se haya contado ya?“

La miro cómplice y redoblo la apuesta: ¿Y si empezamos por el principio?

Había una vez una fábrica

Norma arranca contándome que “la planta abre sus puertas en el año 2006. En el comienzo trabajaban 95 operarias y operarios. Yo me sumé al año siguiente. Al igual que muchas otras compañeras yo había trabajado en el rubro antes, pero para otras, esta era la primera vez que tenían un trabajo “con aportes y todo” y un sueldo a final de mes con el cual sostener a sus familias y mejorar sus vidas. De eso se aprovechaban siempre los Huerta e intentaban asustarte con la amenaza echarte cada vez que te les plantabas o le reclamabas los “errores” en los recibos de sueldo. Siempre los reclamos los hacíamos medio individualmente y el sindicato brillaba por su ausencia. Hasta que un día empezamos a averiguar y en el año 2009exigimos que se hicieran elecciones y tuviéramos un delegada. Ahí sin que yo me hubiera propuesto, mis compañeras me votan y salgo electa junto con Rosa. Luego de ese primer mandato, me vuelvo a presentar y me reeligen.”

Cosemos camisas, cosemos pantalón ¡queremos los viáticos y premio a la producción!

Seguimos hablando y le digo que recuerdo una de las primeras luchas de la fábrica, allá por el año 2010.

Arruga la frente como haciendo memoria, mientras me dice: “¡Sí! Cuando empezamos a averiguar más de nuestro convenio de trabajo o lo que tenían que pagarnos por nuestras tareas, nos dimos cuenta de que no nos estaban pagando un premio por producción. Durante años nos venían robando ese porcentaje del sueldo y pretendían seguir haciéndolo, total para ellos, éramos las obreras “brutas” que no nos íbamos a dar cuenta del robo. Cuando les reclamamos nos dijeron que casi ningún mes llegábamos a producir la cantidad de prendas que se nos pedía. ¿Y cómo íbamos a hacerlo? Si ellos mismos boicoteaban la producción no trayéndonos telas, ni botones ni cierres para que no lleguemos. Entonces en agosto del año 2010, después de varios reclamos, nos organizamos y toda la fábrica se adhirió al paro. Definimos en asamblea que hasta que nos pagaran lo que reclamábamos no levantábamos la huelga. Muchas compañeras tenían dudas y el gremio desde Buenos Aires no aportaba en mucho ¡Es más, parecía que estaba más del lado de la patronal que de nosotras! Así fue como pide la palabra una de mis compañeras, Noelia, y nos dice que ella conocía a una abogada de los derechos humanos, que podía ayudarnos. Le dijimos que nos la presente. Al otro día la abogada vino a vernos. Era Natalia Hormazabal, quien desde entonces ha sido nuestra abogada y una compañera más. Cuando habló, creo que se dio cuenta de que la veíamos tan joven que no dábamos dos mangos por ella, por eso nos dijo que tengamos confianza porque ella iba a defendernos. Estábamos escuchándola cuando se aparece Diego Huerta- uno de los dueños- y le dice: “Doctora, pase a mi oficina así conversamos.” Ella lo paró en seco, ahí nomás en frente de todas, pidiéndole que se retirara, diciéndole que no tenía nada que conversar con él en ese momento y que luego en todo caso, hablarían en la Subsecretaría de Trabajo. Que lo tratara así al patrón permitió dos cosas: una, que le pusiéramos unas fichas a ella y dos, que nos envalentonáramos más” dice mientras se sonríe.

Le recuerdo que la huelga duró algo más de una semana, mientras le pregunto cómo transcurrieron esos días. Me cuenta que hasta ese momento los paros los hacían dentro de la fábrica. Pero que empezaron a discutir que había que salir afuera de los portones, para no quedarse solos peleando puertas adentro.

Dice: “Cuando salimos a los portones, recibimos el apoyo de muchos trabajadores y eso nos fortaleció. Nos ayudó a no ceder hasta que los Huerta tuvieron que aceptar lo que pedíamos. No solo logramos que nos paguen el premio a la producción aun cuando no llegáramos a confeccionar la cantidad de prendas debido a falta de insumos o causas que no fueran nuestra responsabilidad, sino que además nos devolvieran lo que nos habían descontado por los días de paro y le arrancamos $6.50 por día para viáticos y refrigerios. Creo que con esa lucha, además, aprendimos algunas cosas muy importantes que no olvidamos nunca: primero, que había sido importante sacar la lucha afuera de la fábrica y rodearnos de la solidaridad y apoyo de otros trabajadores; segundo, que el sindicato solo viene para la foto o para cobrar la cuota sindical; tercero, que si nos organizamos entre todos era más difícil que nos ganen y cuarto, que la secretaría del trabajo juega siempre más para los patrones que para los trabajadores.

Como en la fábrica Cotton de Nueva York, la misma prepotencia y misoginia patronal

¿Esa huelga fue en la que Diego las amenazaba todos los días? Le pregunto. Asiente mientras me cuenta que todos los días, ni bien llegaban afuera de la fábrica, Diego Huerta las hostigaba para que levanten la huelga. Me dice: “El primer día llego y me pregunta: Norma ¿Van a trabajar hoy? Yo le contesto: No Diego, estamos de paro. Inmediatamente el me dice: “Bueno, ya mismo llamo a la policía para que venga a obligarlas”. Al día siguiente me vuelve a encarar con la misma pregunta, a la que le contesto con la misma respuesta. Esta vez no me contesta solo a mí, sino que nos dice a todas: “Voy a buscar unos bidones de nafta y voy a quemarlas a todas”. En ese momento solo nos parecía el comentario de un “loco”. Y supimos que había otros patrones, con el mismo odio hacia las obreras que se les rebelaban, que cumplieron con la amenaza. Con los años aprendimos que eso fue maltrato y violencia.

Miente, miente, aunque igual nada queda

Salto un poco en el tiempo mientras le digo casi preguntando, que un año y pico después de eso la despiden. Me contesta: “Si, ya en noviembre de 2012, me mandan un telegrama diciendo que me echaban con justa causa por maltratar a mis compañeras y por reiteradas llamadas de atención y suspensiones que nunca existieron. Una verdadera calumnia basada en una tramoya y entredichos que dejaron correr los Huerta para enfrentarme con algunas compañeras. Cuando se enteran los supuestos agredidos, hacen una nota que entregan a los Huerta donde decían que nunca hubo maltrato de mi parte y en la que pedían que eso no se usara como causa de despido porque no era verdad. Cuando llega el sindicato, lo reiteran verbalmente, pero obviamente los Huerta no lo tomaron en cuenta, ya que desde el comienzo se sabía que era una mentira. A partir de ahí comienza la pelea para que me reincorporaran y salen al paro unas 16. Otras tantas compañeras no se animaron. Ya lo hemos dicho estos días, la mayoría son jefas de hogar, tienen hijos, tenían miedo de las represalias, y yo las entendí.”

Continúa diciéndome que pasaron más de 2 meses afuera de los portones. Se emociona cuando recuerda que sus compañeras se bancaron descuentos, malos tratos y angustias. Me cuenta que cuando fue pasando el tiempo, discutieron entre todas como seguir. Dice que fue dura la discusión: “Había compañeras que no querían volver del paro, aunque la estaban pasando muy mal. Charlamos y decidimos que mi lucha seguiría por otro camino. Yo siempre estuve orgullosa de la heroica lucha que dieron mis compañeras por mí. Después iniciamos el juicio. Pasamos muchas instancias. Mis compañeras que aun trabajaban para los Huerta, valientemente se jugaron su trabajo por mí, y ahora volvían hacerlo atestiguando en mi favor. Todo eso hizo que la justicia me diera la razón. La Cámara de Apelaciones de Neuquén resolvió que mi despido fue discriminatorio por ser activista sindical, y ordenó la reinstalación. Eso luego lo dejó firme el Tribunal Superior de Justicia al rechazarles varios recursos a la patronal durante el año 2016, dice orgullosa.

Agrega que “han sido años duros, pero nunca estuve sola. Mis compañeras y la fábrica siempre estuvieron presentes en mi vida. Es más, durante largos meses luego de mi despido, mis compañeras juntaban aportes y me hacían un sueldo para que yo pudiera sostenerme. Ellas, a las que nunca les sobró nada y que se sacrifican día a día para sacar adelante a sus familias, me dieron de lo que tenían para que yo no renuncie a mi lucha.”

Este es mi sitio, esta es mi gente

Seguimos hablando y Norma me cuenta lo que sucedió la madrugada del 31 de enero y después: “Esa noche me llama Marina para avisarme que los Huerta estaban vaciando la fábrica. Inmediatamente me levanté y vine corriendo. No podía quedarme en mi casa imaginando lo que estaban haciéndoles los Huerta a mis compañeras. Cuando llegué a los portones, la imagen fue terrible. Yo los conozco a los Huerta, sé de lo que eran capaces y suponía que algún día iban a hacer algo así con la fábrica y mis compañeras. Pero muchas de ellas no. Muchas aún confiaban. No creían que podían ser capaces de esto y más. Cuando llegue y las vi, me desarmé. Sentí dolor de verlas tan desoladas. A la mayoría las conozco, sé de sus vidas, sus problemas, lo que les cuesta sostener a sus familias, los problemas que han atravesado para salir adelante. Lo que más me impactó fue el silencio, es como si el dolor las hubiera enmudecido. Cuando ingreso al galpón vaciado, a la primera que vi fue a Nancy. Con ella tuve diferencias en el pasado, pero a partir de ese momento es como si eso nunca hubiera sido así. Me abraza llorando, devastada. Y así todas, Mariela, Roxana, Fabiana, todas.”

Se le llenan de lágrimas los ojos y se le quiebra la voz. La espero. Llora un poco, pero después se aclara la garganta y me dice: “Tami, desde ese instante, cuando ellas deciden tomar la fábrica, ni lo dudé y me quedé con ellas. No habría otro lugar en donde quisiera estar en estos momentos. Este es mi lugar y estas mis compañeras.”

Vos sos una más ¡ponete la pechera!

Quienes nos conocen a ambas saben que no somos grandes cebadoras de mates. Es más, es casi probable que los lavemos a la segunda cebada. Hoy no es la excepción. Pero aunque los mates ya están lavados siguen fluyendo entre nuestras manos, como la charla.

Le miró su delantal de trabajo y se ríe. Sabe lo que voy a preguntarle. De todas maneras le pregunto: ¿Por qué los primeros días no usabas la pechera?
Me contesta, que ella se acercó instintivamente a apoyar la lucha que irían a llevar adelante sus compañeras. Me dice: “yo no quería generarle problemas a mis compañeras. Como te conté antes, hace 4 años que estoy en juicio por mi reinstalación. No quería que eso les ocasionara problemas o que alguien pensara que yo me quería aprovechar de la situación. Por eso acompañaba desde atrás, como una trabajadora solidaria más. Pero mis compañeras me dieron una importante lección ¿Sabés por qué? Los Huerta siempre se apoyaron en los de su clase o en los gobiernos para hacer los fraudes que hicieron y hacen. Pero eso es conveniencia y cuando no les convenga más, seguro se van soltando las manos. Así son los empresarios. Así es el gobierno. Cosa diferente es lo que pasa con los trabajadores. Y mis compañeras aprendieron a lo largo de estos años lo que es la solidaridad de clase. Ahora saben que sólo contamos con nuestras propias fuerzas y el apoyo de la comunidad y de muchos otros trabajadores. Para ellas mi reclamo es justo, aunque yo ya no estuviera trabajando en la fábrica. Y lo que no hizo la justicia terminaron haciéndolo ellas. A mí me reinstalaron mis compañeras ni bien tomaron la fábrica. Me dijeron vos sos una más de nosotras, ponete la pechera.”

Por el pan y por las rosas

La exigencia de reinstalación de Norma, ha sido la bandera de Pan y Rosas desde hace años. Junto a esta obrera, orgullosa de su oficio y convencida de su causa, que se negó a aceptar su despido y el chantaje de los Huerta, que no aceptó la cuantiosa indemnización que querían darle a cambio de que desistiera de su lucha para ser reinstalada en su puesto de trabajo, hemos participado de Encuentros de Mujeres, de marchas y acciones de las mujeres. Inclusive ha sido desde hace mas de 4 años, una de nuestras consignas cada Día Internacional de la Mujer. Le pregunto si charlan sobre como participar en el Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo, en un día tan emblemático para todas, pero sobre todo para ellas este año.

Me dice: “Nosotras con algunas de las chicas de la fábrica participamos de las actividades por el 8 de marzo o de las marchas del Ni Una Menos de los últimos años. Pero costaba que se sumaran otras compañeras, como cuentan ellas mismas es como que no terminaban de entender la importancia o preferían no involucrarse. Pero tenés que verlas y escucharlas ahora! Preguntan, opinan, cuestionan, es como que en pocos días aprendieron tanto! Ahora saben que lo que nos hacían los Huerta es maltrato laboral. Además entendieron que las trabajadoras tenemos derechos también y no solo obligaciones que cumplir. Y en las charlas que tenemos cuando termina el día, hablamos de todo. Y nos vamos preparando para el 8 de marzo. Nosotras no tenemos máquinas para parar, pero si vamos a marchar. Llevaremos nuestro reclamo pero también apoyaremos los reclamos del resto de las mujeres. Porque mucho de lo que reclaman ellas, tiene que ver con nuestras vidas y la de nuestras hijas también. Hoy a la tarde, un rato antes que llegaras, estaba contándoles sobre Pan y Rosas: de donde había surgido el nombre, como nació apoyando a otras obreras textiles en el año 2003, por que luchamos y que significa el pan y que significan las rosas del nombre. Y eso está bueno, porque ahora no solo quieren pelear por el trabajo, por nuestro pan. Ahora también las entusiasma pelear “por las rosas”. Para nosotras y para todas”.







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