Política

EDITORIAL

No todos somos iguales frente al Covid-19

La discusión pública está bandeada hacia la responsabilidad social o individual, se mira demasiado para el costado y poco hacia el poder. Ledesma, Toyota y todos los demás también. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los domingos de 21 a 23 h por Radio Con Vos, 89.9.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 30 de agosto | 22:33

  •  El aumento de los contagios de coronavirus, su extensión a gran parte del país y la continuidad de las aperturas de más actividades (sobre todo en la ciudad de Buenos Aires), puso nuevamente en el centro el debate sobre la responsabilidad.
  •  Cuando comenzó sorpresivamente la pandemia en el mundo, se decía que -por lo menos al inicio- era un virus “democrático”, que afectada a todos y todas más o menos por igual y, quizá, al principio algo de eso había. Precisamente, porque su aparición fue repentina, en el caso de las personas que vivimos de este lado del mundo, al inicio se contagiaron los que estaban paseando por Europa u otros lugares. Pero, después se fueron poniendo las cosas en “su lugar”. Lógicamente, se vieron más afectadas las personas de menos recursos y con una vida, en general, más precaria.
  •  Fue en ese momento cuando comenzó la presión o el fogoneo para volver a la actividad porque los empresarios decían, básicamente, que no podían permitir que sus empleados o empleadas estén en sus casas, mientras ellos les seguían pagando el sueldo. Primero presionaron para que se considere como esenciales actividades que era muy discutible que tuvieran esa característica, después pidieron ayuda al Estado y, finalmente, exigieron que se abran más y más actividades por que sí. Porque había que cuidar la economía, traducido, cuidar su economía. Sin un GPS claro ante la pandemia (aún hoy no se tiene una hoja de ruta clara, pese a que hasta ahora se evitaron desastres como los que provocaron pirómanos como Donal Trump o Jair Bolsonaro) el Gobierno tuvo una respuesta que se caracterizó por ceder a estos reclamos.
  •  Así llegamos a la actualidad en la que está instalada una idea o una campaña político-mediática que pretende direccionar la mirada hacia los costados para que no se ponga el ojo arriba, precisamente donde están los verdaderos responsables. Culpar a “la gente”, a la sociedad demasiado imprudente, como si fuéramos todos runners, pero sin “conciencia de clase”. Circularon filmaciones o fotos con “escraches” de lugares donde se produjo aglomeración de personas, falta de distanciamiento social o cuidados, pero no hay filmaciones que muestren como la están pasando Paolo Rocca -dueño de Techint- o Pedro Blaquier (dueño del Ingenio Ledesma) en su mansión hecha toda de mármol en la paqueta San Isidro, en contraposición a la vida cotidiana de los trabajadores o trabajadoras que se desempeñan en sus empresas.
  •  Justamente en Ledesma, esta semana la empresa informó el fallecimiento de tres obreros a causa de coronavirus. Tenían nombres, porque muchas veces nos acostumbramos a las cifras: Roberto Amador, Héctor Gallardo y Armando Ajalla. Ledesma, la empresa, con 16 fallecidos no sólo es la compañía con más muertes obreras por Covid del país, sino que el departamento en el que se encuentra radicada en la provincia de Jujuy tiene la mayor tasa de mortalidad en la población: 68,3 fallecimientos por cada cien mil habitantes. Supera en este fatídico record a la Ciudad de Buenos Aires, según el estudio publicado por Luis Campos, coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA-A. En CABA hay 64.6 fallecimientos cada 100 mil habitantes, pero la tasa letalidad es de 2.3%, mientras que la letalidad a nivel nacional se ubica en el 2%. En Ledesma, la tasa de letalidad es del 4.3%. Para que se entienda: la tasa de mortalidad se calcula tomando como referencia a la población cada cien mil habitantes y la tasa de letalidad tiene en cuenta a la cifra de fallecimientos en relación a los infectados. Traducido: quienes se contagian allí, tienen más del doble de posibilidades de morirse que quienes se agarran el virus en el resto del país.
  •  Otro caso es el de las terminales automotrices y las fábricas del neumático que iniciaron su producción a fines de mayo. En el caso de las autopartistas, muchas ni siquiera detuvieron la actividad. Desde entonces, no han dejado de aumentar los contagios en esas empresas no esenciales. Hay un caso paradigmático: la Toyota de Zárate. En esa empresa -reabierta con bombos y platillos con la presencia del Presidente y del gobernador de la provincia de Buenos Aires- ya son 170 los contagios. Lo que denunciaron empleados de la fábrica fue, entre otras cosas, la imposibilidad de cumplir con el distanciamiento social en la línea de producción. “Al comienzo de la cuarentena, Toyota se había comprometido a producir respiradores. Sin embargo, lejos de ponerse al servicio del combate a la pandemia, agrava su alcance convirtiendo su planta en un foco de contagios. Los obreros son obligados a amontonarse para producir 4x4. Nada esencial”, dice un artículo de Juana Galarraga en nuestro diario. En la misma industria, le sigue Volkswagen de Pacheco con unos 120 0 130 (esto es dinámico). Hoy hablaba con un operario de esa fábrica que me contó que ayer falleció un trabajador de 29 años. En la interpretación sobre qué pasó con esa persona se juegan dos visiones sobre cómo puede leerse lo que sucede en muchos lugares de trabajo: el comunicado del sindicato (SMATA) informó que “tenía problemas cardíacos y se agarró Covid”, pero algunos trabajadores dicen que es exactamente al revés: “se agarró Covid y se le destaparon los problemas cardíacos”.
  •  Uno de los observatorios que pusimos en pie en La Izquierda Diario (junto con el que sigue la evolución de los despidos o los ataques represivos) es el Observatorio Social de Área Metropolitana de Buenos Aires que trata de dar cuenta del progreso de los contagios en los lugares de trabajo en esa zona que es la de mayor concentración urbana del país. El tercer relevamiento de casos de trabajadores contagiados según los lugares de trabajo se publicó en estos días y dio cuenta de 22.081 trabajadores contagiados y 66 fallecidos, de acuerdo a la muestra relevada en 830 establecimientos laborales, llegando casi a triplicar los casos en el último mes. Hay datos del personal de salud, transporte, los supermercados (es conocido el desastre que se produce en Coto), entre muchos otros.
  •  Y hasta ahora sólo puse ejemplos de empresas grandes o empleados formales. Por estos días se hizo viral un hilo de Twitter de Evelin, una joven empleada doméstica, inmigrante, que contó cómo se contagió el virus, básicamente, por una necesidad laboral que impone la realidad de millones de personas que están en la precariedad. En un reciente estudio sobre la movilidad en pandemia realizado por el Instituto de Transporte de la Universidad Nacional de San Martín, se revela que el 60% de los viajes realizados en transporte público desde el conurbano a CABA son por motivos laborales y representan el 47% de los trabajadores de la ciudad.
  •  ¿Qué quiero decir con todo esto? Que no me opongo a debatir la responsabilidad social o incluso individual, no niego que allí haya problemas. Pero veo demasiada gente escrachando para el costado y muy poca apuntando para arriba: la cuestión no reside en el uso que hace la gente de las aperturas de ahora, sino en la vuelta sin cuidados que impusieron muchas empresas hace unos meses, tanto como en aquellos a los que las circunstancias los obligó a salir. Que el árbol de la “responsabilidad social” no tape el bosque de responsabilidad estatal, empresarial o, directamente, la impunidad del poder.





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