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Red Internacional

En el 45 ° aniversario del golpe genocida no da lo mismo que te quedes en casa mientras un puñado de ricos siguen festejando a costa del sufrimiento de millones. Con todos los cuidados y distanciamientos necesarios, vamos a las calles por las y los 30.000, contra la impunidad, en apoyo a las luchas de hoy, contra las represiones y contra quienes planificaron el genocidio y siguen adueñándose de todo. Que los sindicatos y centros de estudiantes convoquen a asambleas (virtuales o presenciales) donde se discuta y vote el programa para esa movilización.

Daniel Satur@saturnetroc

Sábado 13 de marzo | 00:00
Composición Enfoque Rojo

El 24 de marzo, en Washington, el máximo exponente de la política económica argentina, Martín Guzmán, se reunirá con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva. El Gobierno buscará seducir al organismo hegemonizado por Estados Unidos para alcanzar un acuerdo de reprogramación de la deuda heredada del macrismo y legitimada por el peronismo.

Ese mismo día, en el Palacio de la Alborada de Brasilia, Jair Bolsonaro estará ultimando los detalles de su primer viaje a la Argentina. A horas de partir, probablemente hable con Daniel Scioli, el excandidato presidencial kirchnerista y actual embajador en Brasil. Es que además de cierta afinidad entre ambos, en muchos aspectos, la visita oficial es vivida con expectativa por ambos Gobiernos. La conmemoración de los 30 años del Mercosur será una excusa.

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Ese mismo 24 de marzo, en Argentina, miles saldremos a las calles. Como cada año. Porque sobran motivos para sumar al histórico repudio al genocidio y a la no menos histórica denuncia de la impunidad de gran parte de sus responsables.

Sobre todo, porque gran parte de los responsables de esa etapa funesta para el pueblo argentino hoy sigue adueñándose de nuestra sangre y nuestro sudor con el aval de un régimen político hipócrita.

Sobran los motivos

Quizás haya quienes no consideren suficiente que (justo ese miércoles) en Washington se esté empezando a sellar un nuevo pacto de entrega de nuestros recursos a los usureros internacionales, con la (falaz) excusa de que no se puede desconocer una deuda contraída por un gobierno “democrático”.

Y quizás tampoco alcance si se suma la presencia oficial de un fascista del Siglo XXI como Bolsonaro, quien no solo reivindica los genocidios latinoamericanos sino que está llevando a la catástrofe sanitaria a millones de brasileñas y brasileños.

¿Pero tampoco amerita salir a las calles para reclamar que los costos de la profunda crisis económica y social en curso no recaigan (como siempre) sobre las espaldas de la clase trabajadora?

¿Es realmente la compleja situación sanitaria de Argentina motivo suficiente para no salir a repudiar las continuidades históricas de la pobreza, de la precariedad de la vida, del enriquecimiento de unos pocos a costa de la vida de la mayoría?

Hoy en Argentina cerca de la mitad de la población, más de veinte millones de personas, son pobres. Según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, dos millones de niñas y niños menores de 17 años padecen hambre en un país que entre los pilares de su actividad económica tiene la producción y exportación de alimentos.

Hoy, en este país, seis de cada diez jubilaciones son “mínimas” (de $ 20.560 por mes) y 8,5 de cada diez no llegan a la Canasta del Jubilado (lo necesario para los gastos del mes), ubicada en poco menos de $ 50.000.

Hace unos días la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) aseguró en un informe que durante la pandemia en Argentina se aceleró el desempleo (con “ley antidespidos” y todo) alcanzando a un quinto de la población, el 20,9 %.

Y entre quienes tienen trabajo, el promedio salarial roza ingresos de indigencia, empeorando día a día al aumentar la comida, la ropa, el alquiler, la nafta, los servicios. Huelga decir los peores números en estos promedios los aporta el enorme universo de trabajadoras y trabajadores informales, sin registros, sin obra social ni aportes patronales, el sector más afectado por las políticas oficiales y las medidas empresarias.

La descripción podría seguir. Sobran motivos más que actuales para salir a las calles este 24 de marzo, a denunciar que el Estado es responsable de esta situación, donde pandemia y ajuste hacen un combo insoportable para los bolsillos, las espaldas y las expectativas del pueblo trabajador.

Aparato represivo estatal

Pero si todo eso no alcanza, también es motivo suficiente para movilizarnos la sangre derramada en los últimos meses por tantas y tantos jóvenes víctimas de la violencia del Estado.

Desde Luis Espinosa a Facundo Astudillo Castro, pasando por Lucas Verón, Brandon Romero, Alan Maidana, Franco Isorni, Carlos Orellano y tantos otros. Desde Ursula Bahillo hasta las miles de mujeres que día a día piden a gritos que no las maten más y las “instituciones” sólo les responden con falsas promesas.

Durante años esta democracia para ricos nos quiso convencer de que el aparato represivo del Estado cambió, que las nuevas generaciones uniformadas no tienen nada que ver con los genocidas, que hay que dar vuelta la página y dar cobijo a fuerzas armadas y de “seguridad” comprometidas con el bien común.

El gobierno de Alberto Fernández llegó al extremo de pedir "dar vuelta la página" respecto al genocidio y, al tiempo, querer mostrar en medio de la pandemia al Ejército como una institución "solidaria", "humanitaria" y comprometida con el pueblo.

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Gobierne quien gobierne, la necesidad burguesa, patronal, capitalista de relegitimar al brazo armado del Estado no tiene otro objetivo que el de controlar y reprimir a la población, a sangre y fuego si hace falta.

Por eso no hay grieta cuando Gildo Insfrán, Gerardo Morales, Gustavo Arcioni, Horacio Rodríguez Larreta, Jorge Capitanich o Axel Kicillof reprimen y criminalizan a quienes no se resignan al saqueo y salen a luchar por lo que les corresponde.

En el norte y en el sur, en el este y en el oeste, las luchas ambientalistas, de los pueblos originarios, de los sin tierra ni techo como en Guernica y tantos otros lugares, de los precarizados y precarizadas y de las trabajadoras y los trabajadores desocupados reciben el mismo trato, gobierne quien gobierne. Palos, gases, balas de goma, detención.

Los golpistas

Mientras todo eso pasa, el mismo puñado de magnates nacionales y multinacionales de siempre (con algunas bajas, algunas altas, varias fusiones y compraventas) sigue teniendo la sartén por el mango. Ellos no pierden más que sus escrúpulos. Y ganan, siempre ganan.

Son los Rocca, los Macri, los Mastellone, los Vicentin, los Madanes, los Magnetto, los Pagani, los Pérez Companc, los Bunge, los Pescarmona, los Coto, los Shell, los Telefónica, la Sociedad Rural, los bancos, las financieras. Y también son los Galperín, los Pedidos Ya, los Rappi, los McDonald’s, los call center.

Es la misma clase social que siempre se sienta a la mesa con quienes gobiernan, para cocinar sus recetas de explotación y opresión.

¿No sobran los motivos para salir a las calles este 24 de marzo, luchando activamente contra los represores, los ajustadores y los hambreadores de ayer y de hoy? Hay que recordar, una y otra vez, que no hubo en la historia conquista social u obtención de justicia que haya prescindido de la movilización en la calles, plantándose ante el poder y sin resignarse a que “las cosas son así”.

Les que luchan

Pero además este nuevo 24 de marzo aparece en un contexto donde son cientos, miles de trabajadoras y trabajadores que están saliendo a la calle a luchar, defendiendo sus puestos de trabajo, reclamando mejores salarios y condiciones laborales, exigiéndole al Estado que deje de ajustar a quienes menos tienen, congelando o eliminando subsidios mientras el costo de vida sube sin freno.

De punta a punta de la Argentina se levantan luchas que no son “noticia” para las grandes empresas periodísticas. Y no importa de qué lado de la grieta están. Es una cuestión de clase. Pero en cada provincia hay conflictos protagonizados por trabajadoras y trabajadores de frigoríficos, de metalúrgicas, del transporte, jóvenes precarizados de empresas de aplicaciones, de la salud, de la educación, de empresas lácteas, ferroviarios, de call centers, ceramistas, azucareros, papeleros. Y siguen los rubros.

Como son luchas que se realizan ante la total indiferencia (cuando no la traición) de las dirigencias sindicales, pareciera que no existieran. Pero justamente por eso son doblemente valiosas. Quienes salen a luchar desafiando el rol de “policía” que el sistema les concede a las burocracias sindicales, merecen todo el apoyo y la solidaridad de sus hermanas y hermanos de clase. El 24 de marzo también debe ser una cita de honor por ellas y ellos.

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Marchar o no marchar

Ante un nuevo aniversario del inicio de la dictadura, algunos organismos de derechos humanos decidieron no marchar, incentivando a la desmovilización popular en fecha tan importante. “No vamos a marchar a la histórica Plaza de Mayo ni convocaremos a concentraciones multitudinarias en la Ciudad de Buenos Aires”, firmaron en un comunicado el 18 de febrero (34 días antes) una docena de organismos, algunos de los llamados “históricos”.

Con una visión diferente, otros organismos y referentes dijeron que es en las calles, y muy especialmente en la Plaza de Mayo, donde debe expresarse el repudio al genocidio y la lucha contra los crímenes del presente.

Nora Cortiñas, Mirta Baravalle, Elia Espen y Elsa Pavón hicieron un llamado “a expresarnos en la Plaza de Mayo y en todas las plazas del país”. Las referentes de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora convocan a marchar porque “la situación de nuestro pueblo es grave” y hay “políticas que llevan al empobrecimiento y la exclusión, a la concentración y saqueo de las riquezas, a una deuda externa ilegítima y no auditada”.

“También persisten violencias patriarcales, con el aumento de femicidios, represión institucional como el gatillo fácil y múltiples desigualdades para el acceso a la salud, la vivienda, el agua, la tierra”, afirman las Madres.

Las organizaciones de derechos humanos, políticas, gremiales, estudiantiles y culturales que integran el histórico Encuentro Memoria, Verdad y Justicia también convocan a marchar, “con los cuidados del caso”, desde Congreso a Plaza de Mayo, donde se leerá un documento.

María Laura Bretal, ex detenida desaparecida del centro clandestino de detención La Cacha de La Plata, dice a este diario que “tenemos 30.000 razones para seguir en las calles, porque no olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos y no damos vuelta la página. Seguimos exigiendo juicio y castigo para todos los culpables y sus cómplices y encubridores. Pero además este año la derecha fascista tuvo el tupé de manifestarse en Plaza de Mayo colgando bolsas mortuorias que significan el horror. El 23 en La Plata y el 24 en Buenos Aires salimos a las calles”, sentencia la referente de Justicia Ya! La Plata, querellante en juicios de lesa humanidad y referente de Las Azucenas.

La diputada del PTS en el Frente de Izquierda Myriam Bregman dice a La Izquierda Diario que “deuda y dictadura van de la mano, no solo por el crecimiento exponencial de la deuda en esos años, sino porque el mismo FMI jugó en favor de la dictadura. No olvidemos que en un memorándum confidencial el jefe del FMI en Argentina escribió, días antes del golpe, que el organismo denegaba desembolsos al gobierno peronista, consciente de que ‘los militares estaban dejando deteriorar la situación, pero hay rumores varios de que actuarán pronto’. Dos días después del golpe el FMI hizo llegar ese dinero a la Argentina. Esto es importante que lo conozca la juventud, para que comprenda que la dictadura no es una cosa del pasado”.

La fundadora del CeProDH y querellante en juicios contra genocidas, afirma que “hoy tenemos una situación en la que Macri nos trajo al FMI nuevamente y se renueva una discusión que lleva muchos años. Que Macri haya endeudado así al país no indica que hay que pagar esa deuda. Más bien hay que cuestionar todo para atrás. Justamente este 24 de marzo Whasington no es un buen lugar para estar. Nosotros vamos a estar en las calles, contra el FMI que es parte del mecanismo de expoliación de nuestros países”.

Contra el Estado y sus crímenes

El 14 de diciembre cientos de personas marcharon desde Avenida de Mayo y 9 de Julio hasta los Tribunales de la Nación. La convocatoria fue para exigir el fin de las persecuciones judiciales contra referentes del kirchnerismo, en algunos casos con causas armadas de forma evidente y grosera por jueces y fiscales opositores. La movilización no recibió ningún tipo de cuestionamiento de parte de quienes están íntimamente ligados al oficialismo y hoy procuran que el 24 de marzo no se marche.

La lucha contra un Estado responsable de muchos crímenes y saqueos a la mayoría de la población sigue más viva que nunca. Y cada 24 de marzo estamos llamades a hacerla presente en las calles.

Como cuando denunciábamos a Alfonsín, por las leyes de impunidad y por la pobreza que no dejaba de subir hasta estallar en la hiperinflación.

Como cuando denunciábamos a Menem, por los indultos y el saqueo de las privatizaciones y la desocupación.

Como cuando De La Rúa y el Frepaso llamaron a Cavallo para consumando un nuevo saqueo.

Como cuando las huestes de Etchecolatz se llevaron a Julio López, impunemente, mientras Kirchner nos prometía que iba a encontrar sí o sí al “compañero Tito”.

Como cuando Macri volvió a llamar al FMI y descargó su furia burguesa sobre el pueblo.

Entonces, ¿cómo no vamos a marchar este 24 de marzo?

Para hacerle realmente honor a la lucha por Memoria, Verdad y Justicia es una tarea de primer orden que todas las organizaciones obreras y populares, comenzando por los sindicatos y centros de estudiantes, convoquen a asambleas abiertas (virtuales o presenciales) donde se discuta y vote el programa para esa movilización.




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