Géneros y Sexualidades

CÓRDOBA // FERIA DEL LIBRO

“Ninguna mujer nace para puta”, de Sonia Sánchez y María Galindo

El pasado jueves 10 de septiembre se presentó en la Feria del Libro Córdoba una nueva edición del libro "Ninguna mujer nace para puta", de las escritoras Sonia Sánchez y María Galindo, a cargo de la Editorial Espartaco. El evento se realizó en el Cabildo Histórico de la ciudad y contó con la presencia de Sonia Sánchez, activista feminista y escritora.

Jueves 17 de septiembre de 2015 | Edición del día

Una nueva edición del libro "Ninguna mujer nace para puta" fue presentada en Córdoba el pasado jueves, con la presencia de una de sus autoras, Sonia Sánchez, en el marco de la Feria del Libro en esta ciudad. El mismo fue escrito, tal como relatan sus autoras, como una respuesta ante los profundos interrogantes que plantea la cuestión de la prostitución.

En palabras de Sonia Sánchez: “Este es un libro en donde se pone en cuestión al Estado, en donde nos ponemos en cuestión a nosotras como personas, en donde también ponemos en cuestión a las ONGs y todo lo que rodea a las mujeres en prostitución. También pensamos las distintas formas de organización que podemos tener las mujeres. Así nació Ninguna Mujer Nace para Puta”.

Hay en esta obra la elaboración de un planteo que parte de experiencias concretas, vividas por las propias autoras –quienes, como ellas mismas relatan, estuvieron en situación de prostitución e intentaron organizarse junto a otras mujeres en la misma situación.

Se expresa allí un cuestionamiento en torno a la concepción de la prostitución como un “trabajo”, y en torno a las iniciativas para la sindicalización del mismo. El rol del Estado y de otros agentes que intervienen como mediadores entre los “prostituyentes” (así se refieren a los comúnmente llamados “clientes”) y las “mujeres en prostitución”, es uno de los puntos centrales del planteo, al punto que las autoras se refieren al “proxenetismo de Estado” que garantiza un negocio en donde los “ganadores” -según ellas afirman-, nunca son las mujeres “prostituidas”.

Lejos de abordar el problema desde una postura teórica o academicista, el libro recoge esas experiencias concretas y las vuelca en una narración que adquiere un lenguaje simple pero incisivo. Es importante destacar la afirmación que las autoras hacen respecto de que, si bien es sabido que la prostitución involucra no sólo a las mujeres, ellas serían el principal sujeto (objeto) de este comercio de los cuerpos.

Si bien hay un planteo crítico hacia las organizaciones sindicales que se plantean como objetivo organizar a las mujeres en situación de prostitución para la conquista de “derechos laborales para las trabajadoras sexuales” –término que ellas rechazan por considerar inadecuado- Sánchez y Galindo reivindican a lo largo de su libro y en cada una de sus presentaciones, la necesidad de la organización, de la unidad entre las mujeres explotadas y oprimidas, y en particular de las mujeres que viven en situación de prostitución. “Lo que hacemos juntas –afirman- tiene una fuerza que desde nuestras parcialidades de unas y otras sería imposible. Lo que hacemos juntas es rotundo y contundente. Confunde y perturba más, porque no responde a la lógicas inteligibles para el patriarcado”.

El libro tiene la particularidad de que fue escrito entre La Paz –Bolivia-, y Buenos Aires –Argentina-, respectivos países de origen de las escritoras. Y se presenta en forma de conversación entre Sonia y María, en donde también interpelan al lector.

En el libro las autoras argumentan cómo, de diversas maneras, la “verdadera voz” de las mujeres quedaba “opacada y silenciada por quienes conducían esta organización”. De allí la necesidad de salirse de ese marco que, tal como ellas manifiestan, las mantenía “oprimidas y silenciadas”.

Otro de los aspectos que destacó Sonia Sánchez y con el que se manifiesta en profundo desacuerdo, refiere al apoyo que reciben las organizaciones sindicales por parte del Banco Mundial para sindicalizar a las mujeres prostituidas y de ésta forma -sostienen- “facilitar y legalizar el negocio de los proxenetas”. La figura de las cooperativas sería, según advierten, una pantalla que seguirá manteniendo a las mujeres prostituidas bajo el yugo de uno o más proxenetas. Y que aun pudiendo ser las mujeres “gestoras” de su propio “negocio”, esto no cambia “la realidad de opresión y violencia que sostiene de conjunto la institución de la prostitución”.

Además, recalcó la activista y escritora, plantean la necesidad de concebir a la prostitución no ya como un simple “trabajo”, sino como otra forma de explotación dentro del sistema capitalista, en el cual la mercantilización de los cuerpos y el comercio de los “servicios sexuales” resulta inseparable de una concepción de la mujer como un objeto, y por tanto, capaz de tener un precio. Ellas sostienen que “lo que compra el prostituyente no es un simple servicio o favor sexual, sino el derecho a disponer de la mujer y someterla a toda clase de vejaciones, durante un tiempo determinado”.

Esta cuestión inserta el debate, y así lo remarcó Sánchez, en el marco de la presentación de un proyecto de ley por parte de la diputada nacional por el FpV, María Rachid. El mismo detalla la posibilidad de inscripción como monotributistas en la AFIP de las “trabajadoras sexuales” (así se las define en dicho proyecto) y que puedan ser reagrupadas en cooperativas de trabajo.

La escritora, sobre este punto, hizo especial hincapié advirtiendo sobre “las facilidades que otorgaría dicha ley para que sea aún más difícil detectar y comprobar cuando una mujer está siendo víctima de la Trata de Personas”.

Esta postura, y las definiciones políticas que la fundamentan, adquieren relevancia en el marco de un debate de mucha actualidad entre las organizaciones políticas feministas y de izquierda, en torno a las concepciones y los “sentidos en disputa” en torno a la cuestión de la prostitución.

El debate está ligado a iniciativas concretas para la reglamentación de esta actividad, que apuntan a la legalización de la misma, otorgándole la categoría de “trabajo”, pasible de ser regulado y controlado por el propio Estado y las organizaciones de mujeres. Desde La Izquierda Diario hemos abordado esta discusión política explicando que el debate no tiene sólo dos posiciones excluyentes, a saber, “abolicionismo” o “regulación”.







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