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Red Internacional

Editorial. Ni precios, ni salarios justos

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Miércoles 16 de noviembre | 17:38

Frente a una inflación que no da tregua y va encaminada a cerrar en un 100% anual, el gobierno nacional finalmente lanzó el programa “precios justos”. Durante 120 días más de 1800 productos no tendrían aumentos.

Si bien dicen que estos productos se conseguirían en comercios minoristas, por ahora en Jujuy solo se los encuentra en las grandes cadenas: Vea y Carrefour, ubicadas en la capital jujeña.

¿Qué pasará luego del 15 de febrero cuando venza este acuerdo? Si es que se llega a esa fecha respetando el congelamiento, seguramente se den aumentos considerando la inflación acumulada hasta ese momento.

El programa parte de una negociación con los grandes productores de alimentos y cadenas de supermercados. Alrededor de 100 empresas que representan el 86% del consumo masivo en Argentina.

Son los grupos económicos que se la vienen llevando con pala. Aquellos que funcionarios de gobierno advirtieron que remarcaron los precios a punto tal que sus ganancias crecen más que la inflación.

Entonces, ¿después de ganar tanto los empresarios van a repartir algo? De ninguna manera.

Estas empresas además fueron autorizadas a subir hasta un 4% el resto de los productos que fabrican y que no ingresaron al programa Precios Justos. Otra concesión a las empresas para que aceptaran este congelamiento parcial de precios fue garantizar los dólares que demandan al realizar importaciones.

Un acuerdo de este tipo no frenará la inflación y de esta forma no hará ningún acto de “justicia” como se intenta alegar en el nombre del programa mismo. Dado que los productos no dejarán de subir de precios cuando finalice y otros lo seguirán haciendo durante los próximos 120 días.

En la historia hubo momentos donde se buscó asociar a la economía con la ética. De aquí que se hablara de “precios justos”. ¿Quién definía la naturaleza justa de un precio? ¿Cuándo un precio se podría considerar justo?

Se habló de un precio justo legal que era definido por el Soberano o cuando lo establecía la sociedad civil era un precio justo social. Se fue creando cierta convención que un precio era justo cuando permitía al vendedor vivir y al comprador poder adquirir ese producto. ¿Esto puede ser así?

Fue Marx quien en su crítica de la economía política explicó que el precio de un producto se fija por el tiempo de trabajo que en promedio le llevó a la sociedad fabricarlo considerando determinado nivel de desarrollo tecnológico. Y como en un sistema capitalista donde se generaliza la producción para vender en el mercado los productos tienden a intercambiarse por su valor.

No obstante, para Marx cuando se trata de analizar qué sucede con el salario, que es el precio al cual se vende la fuerza de trabajo al capitalista, la cuestión es más compleja y una vez pactado el acuerdo salarial se desata un acto de profunda injusticia, un robo que no se ve a simple vista y ocurre en la producción.

Resulta que el salario no equivale al total del valor del producto generado por el trabajo del obrero durante la jornada laboral. Solo representa una parte de ella, la otra se la apropia el empresario y constituye la ganancia.

Para encubrir este robo crean la idea que se puede lograr un “salario justo", que se le pague al obrero un salario le permita llegar a fin de mes. De aquí que Marx explicaba que “una retribución equitativa, sobre la base del sistema del salariado, es lo mismo que pedir libertad sobre la base de un sistema esclavista”.

Pero aún advirtiendo de estos límites del reclamo salarial, fundamenta la importancia de dar pelea por defender el salario ante los abusos de los empresarios, no como un fin en sí mismo, sino como un medio para “movimientos de mayor envergadura”.

Sin dudas, cuando el promedio de los asalariados está bajo la línea de pobreza (cobran $70.678, 2do tr. Indec) organizar la pelea por un salario igual a la canasta familiar y que se ajuste según la inflación es una tarea de primer orden. Tanto porque se juegan las condiciones de vida de la clase trabajadora, como la posibilidad de fortalecer sus músculos en pos de conquistar un proyecto liberador, una sociedad que se reorganice poniendo fin al tipo de trabajo asalariado.


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