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PALPITANDO EL CLÁSICO ROSARINO

Newell’s y su banderazo: el reino del revés

Los jugadores van a la cancha a ver a la hinchada. Se invierten los roles de cada cotejo. Al parecer en ñubels se transita por el reino del revés.

Mauro Yasprizza

@mauroyas

Sábado 18 de octubre de 2014 | Edición del día

Esta ceremonia ya lleva 18 años, desde la primera ocasión en 1996, cuando la lepra estaba refaccionando su estadio y jugaba de local en Arroyito.

Estamos haciendo referencia al banderazo, el evento que el pueblo leproso realiza religiosamente ante cada partido que el equipo juega en condición de visitante.

Este jueves no fue la excepción. La hora pautada para la explosión rojinegra fue a las 19.15, en ese mismo instante los jugadores pisaron el verde césped.
Las casi 30 mil almas que coparon el estadio comenzaron con el ritual de aliento hacia los players.

La fiesta comenzó con el ya conocido “Pan y Queso” entre algunos integrantes del plantel y los hinchas que ganaron el derecho de poder participar del picado informal mediante un sorteo.

Con Nacho Scocco en el arco y Oscar Ustari como un jugador más (jugó de ariete), arrancó el picado, en el que entre otros estuvieron Tonso, Kichu Diaz, Mauricio Tevez y Leandro Figueroa.

Alrededor de las 20 culminó el "Pan & Queso", luego llegó el turno de la foto de los jugadores con los hinchas que participaron del picado. Pero la fiesta recién iniciaba, aún faltaba lo mejor. Y así fue: comenzaba el banderazo.

Las luces del estadio se apagaron y arrancó el intenso, conmovedor e incomparable apoyo de los hinchas a los jugadores leprosos, mientras las tribunas se vestían con el inconfundible rojo y negro, mixturada con las bengalas, el humo y las luces de los encendedores y los dispositivos electrónicos.

Enseguida se encendió la pantalla gigante que estaba en una de las cabeceras y comenzaron a pasar un video motivacional con imágenes y palabras de ex jugadores del club que ganaron clásicos como Diego Crosa, Gustavo Raggio, Bruno Marioni, Germán Real, Ariel Cozzoni y Julio Saldaña, entre otros.

Todo ante la mirada atónita de aquellos jugadores que, como el arquero Ustari, lo palpitaban por primera vez; o como el “Coty” Fernández, que no tuvo muchas ocasiones de disfrutarlo in situ.

De esta manera se vive, se disfruta y se palpita el clásico rosarino. Pareciera que los patos le tiran a las escopetas. Esta semana en la lepra, los jugadores van a ver a la hinchada. Por eso, esto es “el reino del revés”.







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