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OPINIÓN

Neuquén: hay que unificar las luchas de la clase trabajadora

Con una crisis económica en curso y un ajuste encubierto que prevén continuar en 2021, es hora de unificar las luchas del pueblo trabajador por salario, trabajo, vivienda, salud y educación.

Raúl Godoy

Dirigente ceramista y diputado mandato cumplido del PTS-FIT | Neuquén

Domingo 8 de noviembre | 07:00

La crisis golpea de manera desigual pero sin pausa sobre el conjunto de la clase trabajadora: despidos, recortes salariales, miles cayendo en la pobreza y sin poder ni pagar el alquiler y un sistema de salud colapsado con la primera línea muy golpeada.

En la última semana hubo paros de los sindicatos estatales, movilizaciones y cortes de ruta, marchas de los movimientos sociales, y continúa la lucha por la vivienda. Es hora de unificar todas las luchas del pueblo trabajador.

El impacto de la crisis en la región

Hace algo más de un año Omar Gutiérrez hablaba de Neuquén como “la mejor provincia”. La ilusión era que, gracias a los subsidios millonarios y la benevolencia de todos los gobiernos con las petroleras, Vaca Muerta permitiera mantener holgadas las arcas provinciales. Lograr la “paz social” para atraer las “inversiones”, seguir endeudando a la provincia en dólares, y garantizar el saqueo.

En plena recesión macrista, por momentos parecía que el nivel de crisis y ajuste en Neuquén no iba a ser el mismo que a nivel nacional.

Pero fue precisamente la dependencia de la economía provincial respecto de la producción de hidrocarburos, lo que hizo que la crisis abierta con la pandemia golpeara en Neuquén aún más rápido que en el conjunto del país.

La desocupación superó la media nacional. Uno de cada cuatro trabajadores y trabajadoras perdió el empleo durante la pandemia. 35.000 empleos se perdieron sólo en Neuquén - Plottier. La pobreza se acercó a la nacional. Para las y los estatales, el MPN terminó con la actualización por IPC: los salarios perdieron durante todo el año.

Pero además, la crisis puso en evidencia la Neuquén silenciosa, invisible. La de las 105.000 personas que cobraron esos míseros $30.000 de IFE distribuidos en 7 meses. La de las y los jóvenes que laburan precarizados. La de los obreros de la construcción, las empleadas domésticas, los informales. La de quienes viven en casillas en tomas sin servicios esenciales como el gas que se extrae del suelo que pisan. La de los niños que comen de la basura.

Las luchas contra el ajuste, por la vivienda y por el salario

Desde el inicio de la crisis, la política de las conducciones de los principales sindicatos neuquinos estuvo alineada con la burocracia sindical de la CGT y las CTA nacionales: garantizar la tregua y sostener el ajuste. En el caso de Petroleros, el sindicato más poderoso de la región, Pereyra fue el garante del recorte salarial más drástico del país, de los “despidos encubiertos” y de un nuevo salto en la flexibilización laboral. ATE y ATEN se disciplinaron al gobierno y eliminaron las asambleas para que no se expresara la bronca creciente por abajo.

A pesar de que las burocracias impidieron una respuesta de la clase trabajadora a la altura del ajuste que se vivió, una serie de luchas irrumpieron en la escena, empezando por los mineros de Andacollo, que sacudieron la calma de las primeras semanas de cuarentena estricta y arrancaron una suerte de “salario de cuarentena” de $30.000 por mes. Luego fue el turno de los 12 trabajadores de Expreso Argentino, que se enfrentaron a una lucha difícil con una patronal fraudulenta y su propio sindicato, el de Camioneros, traicionándolos. En el medio, decenas de jóvenes precarizados, despedidos de comercios y locales de comida, comenzaron a organizarse, a escrachar a las empresas para las que trabajaban, y a tejer lazos de solidaridad. Las gestiones obreras ceramistas enfrentaron nuevos ataques, y un gran arco de solidaridad impidió por ahora el remate de la Cerámica Neuquén.

Contra la pasividad de las conducciones, las agrupaciones y sectores opositores de ATEN realizaron marchas y caravanas a la casa de gobierno. En salud el Comité de Seguridad e Higiene puso en evidencia la crítica situación de la primera línea, mientras en hospitales como el de Centenario enfrentan la persecución del gobierno.

Los movimientos sociales y organizaciones piqueteras, como el FOL, Polo Obrero, Frente Popular Darío Santillán y Barrios de Pie, realizaron numerosas movilizaciones exigiendo alimentos para los comedores y merenderos, que recibieron más gente que nunca. Reclamaron trabajo y vivienda. El MTD viene exigiendo al gobierno el impulso de la obra pública y planteando la expropiación de las tierras de Patrón Costas en Plottier para realizar planes de vivienda.

En simultáneo, cientos de familias permanecen luchando por su derecho a la vivienda en nuevos asentamientos, como los de la meseta en Neuquén (Casimiro Gómez) y las tomas de Centenario.

En Centenario, las familias del asentamiento impidieron un intento de desalojo solicitado por el intendente del Frente de Todos, Javier Bertoldi, el pasado 9 de octubre. Ese día, los municipales de Centenario se negaron a manejar las topadoras, trabajadoras del Hospital se pronunciaron contra el desalojo, y una delegación de docentes, obreros ceramistas y textiles, estudiantes del CEHUMA y los legisladores del PTS - FITU Andrés Blanco y Natalia Hormazábal se hicieron presentes desde las 5:00hs para acompañar a las familias.

Las tomas son la forma de luchar por un derecho elemental negado para la clase trabajadora, como es el acceso a la vivienda, mientras todos los gobiernos privilegian el negocio y la especulación inmobiliaria. En todo el país, en las tomas ponen el cuerpo las y los más golpeados por la crisis. Ningún sindicato puede ser indiferente frente a esta lucha, a las represiones como la de Guernica, y a la criminalización a las familias.

Hay que golpear como un sólo puño: asambleas y un plan de lucha unificado

Los dirigentes de los gremios estatales no pueden seguir ocultando la bronca que crece desde las bases. Trabajadoras y trabajadores de primera línea que dejan el cuerpo en la crisis sanitaria, sin camillas en el hospital porque las ocupan los muertos. Docentes haciendo teletrabajo en un gremio compuesto mayoritariamente por mujeres, que son a su vez quienes más cargan con el cuidado de niñes y adultos mayores en el hogar.

El pasado jueves 5 de noviembre, en una misma jornada coincidieron los paros de ATE, ATEN y SEJUN. Sólo ATE convocó a movilizar al puente Neuquén - Cipolletti. Desde la izquierda participamos con una columna independiente en la movilización, mientras con otra delegación acompañamos la jornada de lucha del MTD. Al mismo tiempo hubo convocatorias de la Junta Interna del EPAS, y la conducción de ATEN realizó una acción sin base en casa de gobierno. En distintos puntos de la provincia se realizaron jornadas de lucha. En Cutral Có, se unificaron despedidos del petróleo, del hospital, estatales y choferes de taxis.

Las conducciones de los sindicatos dividen a los trabajadores por disputas que no son las nuestras. Mientras el Secretario General de ATE, Carlos Quintriqueo luego de la ruptura con su Secretario Adjunto, apunta al gobierno nacional por no reeditar el “barril criollo” y asistir financieramente a la provincia, el TEP de Marcelo Guagliardo sigue alineado con Fernández y apunta al gobierno provincial, pero sin pisar la calle con la excusa de las medidas sanitarias (cuando no hay ningún impedimento para marchar con protocolos de seguridad). En ambos casos, las asambleas te las debo.

Hay que superar desde abajo las divisiones que las burocracias imponen por arriba. Estatales y docentes, petroleros y gestiones obreras, los desocupados y las familias de las tomas, la juventud precarizada y los estudiantes: hay que golpear como un sólo puño.

Desde la izquierda es imperioso pelear por convertir las próximas jornadas anunciadas por los sindicatos en verdaderas acciones de lucha en las calles, unificando a todos los trabajadores y trabajadoras, los movimientos sociales, y la juventud. Por un salario mínimo igual a la canasta familiar, con cláusula gatillo mensual. Por un plan de obras públicas y vivienda para los sectores populares, que contemple a las gestiones obreras ceramistas y dé trabajo a miles de desocupados. Ningún desalojo a las familias sin techo: solidaridad activa con las tomas de Centenario, Casimiro Gómez, Chañar, Junin, y todos los que luchan por la vivienda.

Hay que derrotar los presupuestos de ajuste, dejar de pagar la deuda externa nacional y provincial, y romper con el FMI, para aumentar inmediatamente los presupuestos de educación, salud y vivienda.

Para garantizar estas reivindicaciones no hay que otorgar más beneficios ni aumentos de precios a las petroleras: por el contrario, como propusimos desde el Frente de Izquierda, hay que cobrarles un impuesto especial del 5% de su facturación. Se trata de medidas elementales para que la crisis no la paguemos las y los trabajadores.







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