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Red Internacional

Cuando comenzamos en el neumático la lucha por recuperar las horas al 200% de los fines de semana no sabíamos profundamente que estábamos cuestionando. Aunque aparecía como un reclamo económico, tocaba los regímenes laborales que se impusieron bajo el menemismo. El reciente triunfo del SUTNA sobre las patronales y el gobierno, debe ser el comienzo para cambiar profundamente esta realidad en favor de los trabajadores.

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Viernes 11 de noviembre | 09:33

La industria del neumático y los nuevos regímenes laborales

Hasta el año 1997 en la industria del neumático, los regímenes laborales no obligaban a trabajar los fines de semana (en realidad no era todo el fin de semana). Se hacía hasta el sábado a las 14hs. Ya se interrumpía el descanso de los dos dias seguidos. Sabados y domingos para descansar.

Por lo que si las empresas querían continuar la producción –utilizando todo el fin de semana- dependían de la voluntad de los trabajadores de realizar horas extras. Las que en aquel momento debían remunerarse al 200%.

En esos años, de plena ofensiva del capital a nivel internacional sobre las condiciones de trabajo y de vida de la clase trabajadora, en Argentina la multinacional Good Year decide cerrar su planta de Hurlingham y concentrar su producción en Brasil. Esa situación fue aprovechada por las demás empresas del neumático que estaban en el país, para avanzar en imponer nuevos regímenes laborales.

En esto, la división que existía dentro del SUTNA, donde la dirección de cada Seccional se encontraba más cerca de colaborar con las patronales para aumentar la producción, en detrimento de nuestros derechos como trabajadores, facilitó aquel objetivo.

En Fate se impuso la semana laboral de 56hs. Pasando a ser obligatorio trabajar los sábados a partir de las 14hs hasta las 22hs de los días domingos. La patronal incorporó un nuevo turno, el cuarto, para que la producción no se detenga durante las 24hs de los 7 días de la semana. Con este nuevo turno que se sumaba a los demás, la patronal lograba aumentar la producción 32hs por cada semana. Lo que equivale a 1.664hs en un año, ganando así un poco más de 69 días de producción.

En Pirelli por otro lado, se impuso el régimen de producción de 12hs. Trabajando 4 días seguidos y 3 días para descansar. Los días sábados y domingos que se trabajaban, se pagaban como días "normales". Así lograron aumentar la misma cantidad de días de producción en el año (69), pero sin incorporar nuevos trabajadores, aumentando los ritmos de producción. Esto cambió en el año 2015, cuando la direccion del SUTNA de aquel año (en manos de la lista violeta) negocio volver al regimen laboral de 8hs, que en realidad fueron 8:30hs, pero perdiendo un 20% del nivel salarial.

La pelea por las horas al 200%

Para estas patronales, es completamente "natural" que los trabajadores tengan que trabajar jornadas de 12hs, en turnos rotativos, sin poder descansar los fines de semana, perdiendo toda posibilidad de disfrute y de vida social. Nos hace recordar a la película de Charles Chaplin Tiempos Modernos, que muestra crudamente la vida desesperada de un obrero en medio de la crisis del treinta, cuando se imponía y generalizaba el ensamble (línea de producción) que permitía producir más productos en menos tiempo.

La lucha por recuperar las horas al 200% de los fines de semana, cuestiona en los hechos estos convenios de fábrica que imponen regímenes laborales que destruyen toda posibilidad de tener una vida sana (física y espiritualmente) para los trabajadores. El reclamo de un resarcimiento económico pone de relieve que, estar obligados a trabajar los fines de semana es una exigencia anti-social y deja abierta la posibilidad (y la necesidad) de luchar por cambiar las condiciones de trabajo, que implica las condiciones de vida, más allá de las fábricas.

La clase obrera tiene que ir más allá de las demandas que surgen de su nivel de conciencia actual, que hace que se vea sólo como clase asalariada. Que la lleva a pelear centralmente por el valor de la fuerza de trabajo, es decir por el salario, tiene que asumirse como clase productora. Que implica que la clase obrera se hace consciente de su rol en la producción social, como productora de todas las riquezas y no se contenta con vender su fuerza de trabajo al empresario a cambio de un salario, sino que pelea para tomar en sus manos el control de la producción, empezando por imponer los ritmos de trabajo.

En medio del conflicto del SUTNA quedó claro el poder como clase productora de toda la riqueza social de la clase obrera, cuando en la huelga se puso en riesgo la paralización casi total de la industria automotriz, que desenmascaró que no son los empresarios los que garantizan las riquezas sino los obreros con su trabajo.

Esto en concreto significa que los trabajadores, siendo conscientes de este papel de clase productora, se organicen para tomar en sus manos el control de las jornadas de trabajo, de los ritmos de producción, y la recuperación de los dos días de descanso corridos. El control obrero, es además una escuela, que la prepara para tomar en sus manos en el futuro, la planificación nacional de la economía, si se lucha por una estrategia revolucionaria.

Los planes de Madanes (el dueño de FATE/ALUAR)

Cuando Madanes, habla de que el principal problema en la fábrica es la productividad que tiene, hay que aclarar a qué se refiere. El hace hincapié, en los índices de ausentismo y en los tiempos (minutos y hasta segundos) en los que las maquinas no están produciendo.

Como capitalista, enfoca la producción en función exclusiva de acrecentar sus ganancias, tratando de responsabilizar a los trabajadores de un nivel de productividad que sería bajo para su objetivo de ganancias.

Hoy Fate, luego del cierre del acuerdo, ha comenzado una persecusion a los trabajadores, sancionando por "llegas tarde", "exceso de descanso", "baja eficiencia", "abandonar el puesto de trabajo", etc. Que tiene como objetivo presionar a los trabajadores para obligarlos a incrementar los ritmos de trabajo y la produccion.

Pero la productividad del trabajo no depende sólo de factores que involucran a los trabajadores, sino de la incorporación de nueva tecnología, tanto en maquinarias como herramientas y las consecuencias que eso produce en el trabajo cotidiano y en el deterioro en la vida de los obreros bajo este régimen de producción capitalista.

Analizando el desarrollo tecnológico del taylorismo (a comienzos del siglo XX), Harry Braverman en “La degradación del trabajo en el capitalismo” plantea que, al imponer técnicas organizativas tayloristas y dividir el trabajo en tareas especializadas, los directivos conseguían controlar a los trabajadores. Tanto en los ámbitos industriales como en las oficinas, la introducción de nuevas tecnologías contribuía a la degradación general del trabajo, limitando la necesidad de aportación humana creativa. En lugar de esta, todo lo que se necesitaba era un cuerpo que no pensara ni reflexionara y que fuera capaz de llevar a cabo la misma tarea no cualificada sin descanso.

Esto hoy sigue siendo así en la industria, y podríamos decir que se ha profundizado mucho más la contradicción de que a los trabajadores industriales actuales que hoy poseen un mayor nivel de información y de formación laboral para desempeñarse en el trabajo, sean obligados a realizar tareas repetitivas, alienantes y actualmente las multifunciones, que además de producir en los trabajadores un fuerte deterioro físico y mental en forma acelerada, busca impedir específicamente el desarrollo de su creatividad y su participación en el control de la producción. Zanon primero y MadyGraf después, son dos pequeñas, pero a la vez importantes muestras de la creatividad de la clase obrera, cuando logra liberarse de la tutela patronal, de su control de clase explotadora.

Fate. Máquina de armado de neumáticos de tractor y maquinaria vial, de mas de 80 años de antigüedad
Fate. Máquina de armado de neumáticos de tractor y maquinaria vial, de mas de 80 años de antigüedad

Madanes oculta que en toda una miniplanta, donde se producen los neumáticos diagonales (los viejos neumáticos que no tienen alambre de acero como los radiales, que los hace más resistentes a mayores exigencias) se utilizan máquinas como las armadoras de neumáticos para tractor o maquinaria vial, que tienen 80 años de uso. Con ese nivel de tecnología, cualquier intento de avance en la productividad del trabajo solo puede darse en detrimento de la salud de los trabajadores. No solo en el desarrollo de enfermedades que surgen propiamente de las condiciones de producción, sino en el incremento de un mayor índice de accidentes laborales.

Así tenemos en Fate esta situación donde un trabajador que arma neumáticos para tractor, lo hace en máquinas de casi un siglo de uso, utilizando el material de scrap (residuo que se reutiliza). Llegando a fabricar hasta 8 neumáticos por turno, que hoy son vendidos cada uno por no menos de $300.000 en el mercado local. Con ¾ de esta suma la empresa le pága el salario de un mes al operario que los produce.

La gran cantidad de accidentes graves que se producían en este sector, fue reducida fundamentalmente por las luchas que se dieron por parte de los trabajadores y el SUTNA, que obligó a la patronal a realizar algunas reformas parciales en estas máquinas.

La productividad del trabajo en funcion de que intereses?

Podemos decir, que Madanes, y detrás de él el resto de las patronales, cuando hablan de los "bajos" niveles de productividad de esta industria, buscan limitar todo reclamo gremial a lo salarial. Buscando blindar los convenios por fabrica de los años 90. Y si debe haber alguna modificación de estos, solo puede ser potestad de las empresas y en función obviamente de incrementar la productividad en función de sus ganancias.

Para los capitalistas y sus agentes en el movimiento obrero, la burocracia sindical, cuestionar los convenios colectivos de trabajo, es decir CÓMO y en qué CONDICIONES se produce, es algo inaceptable. Porque en el fondo es el comienzo para cuestionar el CONTROL de la producción de la patronal por parte de los trabajadores.

Lo que puede comenzar defensivamente para evitar reducir los índices de accidentes (algunos fatales) y los ritmos de producción que atentan contra la salud y la vida misma de los trabajadores. Lo que de por sí, ya sería una contradicción muy fuerte para los objetivos de los empresarios de querer subir la productividad del trabajo reduciendo los tiempos de descanso y aumentando los ritmos de producción. Esto, abriría el camino para avanzar en cuestionar los actuales regímenes laborales y que seamos los propios trabajadores quienes impongamos COMO y en qué CONDICIONES queremos trabajar.

Pelear por esto sería cuestionar el poder de los capitalistas en los cimientos del sistema productivo. Desde donde poder planificar una producción que liquide la división entre los distintos segmentos de la clase trabajadora. Partiendo por repartir las horas de trabajo necesarias entre ocupados y desocupados “trabajar menos, trabajar todos”, para satisfacer las demandas sociales. Logrando liquidar la desocupación, por un lado, y al mismo tiempo generando el tiempo necesario para dejar de ser "siervo del cuerpo" y "poder cultivarse espiritualmente con mayor libertad."

Sebastián Carbonell autor de “El Futuro del Trabajo”, cuenta en esta entrevista que, cuando se habla de la reducción de la jornada laboral al menos en Francia, hay que partir de un balance crítico de las 35 horas, para que no sea utilizada por los patrones contra la clase obrera. Y que, “la manera que se puede hacer esto es, con el control obrero (como establecimiento de normas colectivas de trabajo independiente de los patrones de decidir ¿cómo se produce? Y ¿qué se produce?” Porque, en los casos como Francia, donde se aplicó la reducción de la jornada laboral a 35 horas e incluso hay sectores que plantean las 32 horas semanales, hay que partir de un balance crítico porque la reducción se compensó con el aumento de los ritmos de producción.

Por eso, es indispensable que la reducción de la jornada laboral no quede en manos de las patronales y sus gobiernos. Ya que estarán planificadas y regidas por el aumento de la productividad del trabajo en función de aumentar la tasa de ganancia. Por lo que toda disminución de tiempo en la jornada laboral tiene que estar controlada por los trabajadores para que sean estos quienes definan el régimen y los ritmos de producción

Después de la importante lucha que protagonizamos los obreros del neumático y nuestro sindicato el SUTNA, y el triunfo político y económico que conquistamos que incluso fue un factor moralizador para la lucha de otros sectores. Un triunfo que a nivel de nuestras demandas económicas nos permitió mejorar las condiciones salariales, nos tenemos que preparar para seguir la pulseada con las patronales por las jornadas de trabajo, los ritmos de producción y la recuperación del descanso de los fines de semana.

Marx, en relación a esto decía en 1844, en sus "Manuscritos económicos y filosóficos", y que guarda una actualidad asombrosa.

Para cultivarse espiritualmente con mayor libertad, un pueblo necesita estar exento de la esclavitud de sus propias necesidades corporales, no ser ya siervo del cuerpo. Se necesita pues, que ante todo le quede tiempo para poder crear y gozar espiritualmente. Los progresos en el organismo del trabajo ganan este tiempo. ¿No ejecuta frecuentemente, en la actualidad, un solo obrero en las fábricas algodoneras, gracias a nuevas fuerzas motrices y a maquinas perfeccionadas, el trabajo de 250 a 350 de los antiguos obreros? Consecuencias semejantes en todas las ramas de la producción, pues energías naturales exteriores son obligadas, cada vez en mayor medida, a participar en el trabajo humano. Si antes para cubrir una determinada cantidad de necesidades materiales se requería gasto de tiempo y energía humana que más tarde se ha reducido a la mitad, se ha ampliado en esta misma medida el ámbito para la creación y el goce espiritual sin ningún atentado contra el bienestar material. Pero incluso sobre el reparto del botín que ganamos al viejo Cronos en su propio terreno decide aún el juego de dados del azar ciego e injusto. Se ha calculado en Francia que, dado el actual nivel de producción, una jornada media de trabajo de cinco horas para todos los capaces de trabajar bastaría a la satisfacción de todos los intereses materiales de la sociedad. Sin tomar en cuenta los ahorros gracias a la perfección de la maquinaria, la duración del trabajo esclavo en las fábricas no ha hecho sino aumentar para una numerosa población.

A casi 180 años de la frase de Marx, el desarrollo de la ciencia y la tecnología permite producir hoy en forma cada vez más acelerada. Esto permitiría a los obreros trabajar menos para que puedan trabajar todos. Rompiendo la división que imponen las patronales con el gobierno y que cuenta con la complicidad de la burocracia sindical peronista, entre ocupados y desocupados. Y de esta forma también conquistar tiempo para "poder crear y gozar espiritualmente" para que la vida de los trabajadores se eleve cultural y socialmente, permitiéndole tiempo para tomar en sus manos los destinos de la sociedad al servicio de las grandes mayorías.


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