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CINE.Netflix recrea Los chicos de la banda: el dolor antes del Orgullo

Un drama de Netflix recrea la obra teatral de 1968, que ya fue adaptada al cine en 1970, sobre un grupo de amigos gays que se reúnen en un departamento de Nueva York a festejar un cumpleaños, con un desenlace imprevisto.

Andrea D'Atri@andreadatri

Martes 26 de enero | 20:23

Los chicos de la banda (The Boys in the Band) es una película dramática, dirigida por Joe Mantello, que puede verse en Netflix, desde setiembre de 2020. Se trata de una adaptación de la obra de teatro de Mart Crowley, que lleva el mismo título y fue estrenada en 1968. La obra ya había sido llevada al cine, en 1970, con la dirección de William Friedkin y con los mismos actores que la habían protagonizado en el teatro.

Sin spoilear

La película transcurre en 1968 (deténganse en esta fecha), en el departamento de Nueva York de Michael, un joven gay que se dispone a recibir a su grupo de amigos (una marica latina, un gay afroamericano, una pareja conformada por un joven y un hombre mayor divorciado y padre) para festejar el cumpleaños de Harold (el mayor del grupo, de origen judío) a quien le contratan los servicios de un taxi-boy para agasajarlo. Pero, apenas comienza la reunión, aparece Alan, un viejo amigo de Michael de la universidad, casado con quien había sido su novia desde los tiempos de estudiante, que desconoce que Michael es homosexual.

A medida que avanza la noche, el dueño de casa propone un juego: que cada uno llame por teléfono a quien fue "el amor de su vida", que diga su nombre y que le confiese su amor. Esto, finalmente, sirve como disparador de numerosas situaciones en las que cada invitado adquiere protagonismo de manera alternada, revelando sus heridas, el clóset, la represión, la vergüenza, la homofobia de la sociedad heteronormativa y la internalizada, como también los deseos y las frustraciones. Pero también se habla del racismo, las adicciones, las diferencias de clase social, la religión...

El elenco de esta versión actual está encabezado por Jim Parsons (el Sheldon Cooper de la exitosa serie The Big Bang Theory), como Michael. Lo acompañan Zachary Quinto, Matt Bomer, Andrew Rannells, Charlie Carver, Robin de Jesus, Brian Hutchison, Michael Benjamin Washington y Tuc Watkins: un elenco íntegramente conformado por actores que ya habían manifestado públicamente que son gays. Algo bien diferente a lo sucedido en 1968, cuando los actores no se atrevieron a salir del clóset después del exitoso estreno de la obra de teatro, ya que previamente habían recibido advertencias sobre los peligros de quedarse sin trabajo por interpretar a estos personajes homosexuales.

Lo que en la versión teatral ocurre en un solo lugar, Joe Mantello lo resuelve trasladando la acción a distintos espacios del departamento de Michael (la terraza, la sala, el dormitorio) y también cortando las escenas con algunos flashbacks de los invitados a medida que rememoran sus propias historias personales con quienes fueron sus grandes amores. Solo en el inicio vemos a Michael comprando algunas cosas para organizar el festejo y a otros amigos preparándose para acudir a su departamento. Luego, hacia el final, la acción se traslada al exterior, igual que en la primera versión cinematográfica de 1970.

Memoria emotiva

Sobre las palabras y la acción de Michael con las que termina la película (y que no vamos a spoilear), el director dice a la prensa: "En ese momento, se encuentra en un estado de absoluta confusión no sólo sobre sí mismo, sino también sobre el estado del mundo. Creo que está traumatizado por la sociedad, por la gente que le dice que no vale para nada y que está enfermo, y sabe que esto está mal. Pero no puede resolverlo por sí mismo, y trata de encontrar respuestas y valor en su vida en un mundo que no le da ninguna respuesta."

Y es cierto: el mundo no le dio ninguna respuesta; la respuesta la dieron los propios gays, lesbianas y personas transexuales apenas un año más tarde del estreno de esta obra, cuando decidieron acabar con el ocultamiento, la represión y la persecución policial enfrentando las razzias con las barricadas que se iniciaron en el bar Stonewall, del Greenwich Village de Nueva York. Claro que no fue el primer acto de resistencia del movimiento por la liberación sexual, pero fue uno que marcó un antes y un después transformando la vergüenza en orgullo.

Los chicos de la banda tiene, entonces, para estos tiempos de matrimonio igualitario, ley de identidad de género y otros derechos conquistados a fuerza de lucha, el valor de un documental, aunque no lo sea. Situada en ese momento bisagra en que las amistades homosexuales empezaban a hartarse definitivamente de una sociedad dolorosamente discriminadora que las mantenía ocultas y secretas; pero en el que aún no habían conquistado la visibilidad enfáticamente orgullosa de las manifestaciones que en los años siguientes hicieron rebosar de diversidad a las calles de Nueva York y del mundo.

Porque cuando fue estrenada en teatro, todavía faltaba un año para las barricadas de Stonewall y varios años más para que la comunidad gay fuera estigmatizada por la "peste rosa", como se denominó al VIH-Sida que, entre 1984 y 1993, se cobró la vida de cinco de los actores de la producción original, como también de su director y productor. Incluso faltaba más de una década para que Foucault dijera que debemos desconfiar de la "tendencia a reducir la cuestión de la homosexualidad al problema del ¿Quién soy? ¿Cuál es el secreto de mi deseo? Tal vez convendría preguntarse: ¿Qué tipo de relaciones se pueden establecer, inventar, multiplicar, modular, a través de la homosexualidad? El problema no es descubrir en sí la verdad de su sexo, sino servirse, desde ahora, de su propia sexualidad para acceder a una multiplicidad de relaciones. Y es sin duda esta la verdadera razón por la que la homosexualidad no es una forma de deseo, sino algo deseable. Debemos empeñarnos en devenir homosexuales y no obstinarnos a reconocer que lo somos. El problema de la homosexualidad tiene como desarrollo último el problema de la amistad." (Michel Foucault, "De la amistad como modo de vida", entrevista en la revista Gai Pied, 1981)

Los chicos de la banda, trata de esa amistad, desde diferentes ángulos y aristas y en un mundo que aún no quería oír sobre aquello, incluso aunque este silenciamiento hubiera que imponerlo mediante el terror psicológico, físico o el de la ley y la represión estatal. Al finalizar la película, solo queremos que los personajes salgan corriendo hacia la sociedad por venir. Y que ese (entonces) porvenir del orgullo de 1969, se resignifique en los nuevos porvenires que aun quedan por conquistar.




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