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Neo Tokio - Historia del animé en la cultura chilena: Entrevista a Wladymir Bernechea

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Neo Tokio - Historia del animé en la cultura chilena: Entrevista a Wladymir Bernechea

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El 25 de Julio se hará el lanzamiento oficial de "Neo Tokio: Historia del animé en la cultura chilena" del artista visual Wladymir Bernechea, y a cargo de Ediciones Zero. Desde Ideas Socialistas, lo entrevistamos, y profundizamos sobre el desarrollo del anime en Chile, y su consolidación en la cultura pop, incluso cobrando bastante relevancia en nuevos fenómenos políticos, como el "estallido social" de Octubre del 2019.

IS: ¿Qué te motivó a escribir Neo-Tokio y de qué trata?

W: La motivación de Neo Tokio son las conversaciones, melaconlías y las lecturas que desde la adultez he tenido con diferentes personas, sobre todo lo que nos ha importado y ha ayudado a conformarnos como individuos, tomando en ese caso el animé transmitido por televisión abierta, tanto en los 80, como a su boom en los 90. Algunos nos sumergimos más en estos temas y fuimos los marginados, sin embargo el animé tomó una fuerza tal, que logró formar parte importante de la iconografía pop nacional. El libro trata de todos nosotros, todos los que desde la dictadura, la post dictadura y los dosmiles han sido influidos por este fenomeno nipón. La máxima de este libro se puede resumir en una frase de Kaneda en Akira: «Habrá un día en el que también seremos».

IS: ¿Cuál te parece que es la relación entre la generación de jóvenes y la televisión de aquellos años?

W: Lo que nos unió en el amplio consumo de este material, es ampliación del concepto de clase media, donde la dictadura insertó al ploteriado en esta categoría para dejarlos como una clase obrera con la ilusión de la prosperidad. Esto se refleja en cosas como la posible adquisición de tarjetas de credito. Esto llevó a que muchas familias tuviesen televisión, por lo que debían tener largas horas de trabajo para comprarla. Así, la infancia de esta generación estuvo marcada por la soledad frente a la pantalla chica y la programación nacional.

IS: Durante décadas a la animación se le ha dado una connotación infantil como si fuera algo bobo y superficial, sin embargo en el caso de las series de anime que por lo general se transmitieron en la televisión chilena durante los 90’s, tenían tramas bastante más complejas que otras producciones norteamericanas, o una estética muy particular que logró generar mucho interés entre las, los y les jóvenes ¿A qué crees que se deba?

W: Yo creo que se debe a que lo que consideramos material infantil en occidente a oriente difiere profundamente. Lo que se ve allá para esos rangos etarios tienen una sensibilidad y complejidad distinta. Lo que a nosotros nos parece demasiado complejo o profundo, allá es la normalidad, quizás en occidente hemos llevado demasiado tiempo subestimando a los infantes. Aunque claro que esto ha cambiado el último tiempo con la inclusión de temas de género y diversidad sexual en animaciones en canales masivos. Sin embargo, en nuestra generación, esos contenidos pasaron casi sin filtro y determinó que creáramos una sensibilidad distinta a las generaciones anteriores.

IS: En una entrevista que realizaste a un amigo y colaborador tuyo, el artista visual Marco Arias, me pareció muy interesante la relación que hacía entre la cultura televisiva de los 90’s y la postdictadura ¿Qué opinas de este vínculo respecto al anime?

W: La animación japonesa adquiere su boom en la postdictadura por conceptos como la libre competencia en contenido televisivo en pos del rating, esto sumado a la venta de sucesos como la compra de chilevisión por un consorcio venezolano, produjo que se emitiera lo que más éxito daba, y en este caso, el animé era lo que estaba dando mejores resultados en otros paises de Latinoamérica. Por otra parte la postdictadura fue una época marcada por las figuras paternales ausentes, debido al auge del endedudamiento como modo de vida, entonces la televisión tomó un rol casi parental en las casas de esa época.

IS: Una característica de aquella generación que vivió su infancia en lo 90’s fue la utilización del VHS y revistas como forma de acceder a distintas producciones de cine y material audiovisual ¿Cuál te ha parecido a ti, el rol que ha jugado internet frente a la difusión de anime a nivel global?

W: El internet cambió absolutamente todo. Antes la dinámica era informarce por revistas extranjeras de series con años de desfase y estas se conseguían en vhs, se compartían y se pirateaban en una forma mucho más lenta, sin contar que lo que llegaba a Chile era muy poco, entonces una generación entera vio un limitado número de series. Sin embargo, con el ingreso de internet esas dinámicas desaparecieron. Con una buena conexión de internet puedes estar viendo casi a tiempo real las series que se emiten en Japón y acceder a la amplia gama de producciones que se emiten allá. Eso ha sido bueno y malo; por un lado, el animé cuando era más limitado estaban todos en la misma sintonía y el compartir era una dinámica que potenciaba la sociabilización entre personas. Ahora no es necesario ver a nadie para conseguir un animé, pero a cambio de eso, el animé se democratizó y ya no es necesario una escena under donde conseguir material. Esto hizo establecer al animé definitivamente como parte del imaginario pop nacional.

IS: Cuando el manga se instala en una generación de jóvenes a mediados de los 60’s en Japón, se entrecruza con los movimientos políticos y sociales a partir de un nicho común, el cual se forma leyendo una serie de historias tras la ocupación de Estados Unidos posterior a la Segunda Guerra Mundial ¿Te parece que hay algo de este cruce entre política y cultura del anime a propósito de íconos como Naruto, Gokú o Serena en diversas manifestaciones en Chile? A mí me sorprendió ver una concentración importante de otakus y personas afines al anime en Plaza Dignidad, en pleno contexto del estallido social.

W: En el contexto social de Chile desde el estallido sale el animé, porque como comentaba anteriormente desde la dictadura, más fuerte en la post dictadura, y posteriormente con el ingreso de internet, el animé se logró consolidar como parte del imaginario popular chileno y también de nuestras sensibilidades creadas como una mezcla entre lo sudamericano chileno y lo japonés. Entonces en el estallido esto literalmente «estalló» y se dio cuenta que el animé nos caló hondo a los chilenos. Lo vemos desde los cosplayer, los grupos otakus anti fascistas, feministas o como los accionares de Pamela Jiles que desde el comienzo se manifestó como la «Hokage» de Chile —yo creo que lo es—

IS: Para ir terminando Wladymir, está claro que existe un gusto por la animación japonesa que se extiende cada vez más en todo el mundo, donde uno piensa en el impacto generado por ejemplo por las últimas producciones de Dragon Ball que han roto records en nuestro país y en Latinoamérica, o en el creciente catálogo de anime en las plataformas streaming, bastante utilizadas sobre todo en el contexto de pandemia que estamos viviendo. Frente a este escenario ¿Cuál crees que sea el rumbo que siga la animación japonesa tomando en cuenta la abismante proliferación de nuevas producciones, en un contexto tan convulsivo como el que vivimos actualmente, a nivel económico, político y social?

W: Yo creo que hay que permanecer atento, porque han salido pequeñas bombas que están revolucionando la forma de ver el animé, nuevas lecturas, discursos más horizontales y con más presencia de las diversidades de genero y sexuales. Hay que estar atento, nunca se sabe como el curso de la historia puede darnos sorpresas.

IS: Y por último ¿Cómo podemos conseguir tu libro a lanzarse el 25 de Julio?

W: El libro si bien va a estar pronto en las principales librerías, de forma más segura para todos con el tema Covid, estará en la plataforma de Buscalibre para comprarlo desde cualquier lugar y en Santiago la distribuidora con que está trabajando la editorial Zero es Pirita que hace delivery a las diferentes comunas de Santiago. Se puede encontrar a la distribuidora Pirita tanto por Facebook como por Instagram

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