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Red Internacional

¿Qué se puede leer?Napoleón, la revolución burguesa y el bonapartismo

Se cumplen 200 años de la muerte de Napoleón Bonaparte. Elegimos el texto de León Trotsky "Estado obrero, termidor y bonapartismo" para conocer a quien encarnó en su figura el aplastamiento de las fuerzas revolucionarias al interior de Francia, pero a su vez, el espíritu de la revolución burguesa extendiéndose por Europa. El gran corso fue el fundador del moderno cesarismo.

Facundo AguirreIG: @hardever // Twitter: @facuaguirre1917

Miércoles 5 de mayo | 09:16

El ascenso de Napoleón no se puede entender sin la Gran Revolución Francesa ni el Termidor, la contrarrevolución que liquida a las fuerzas revolucionarias plebeyas que entre 1789 y 1794 terminaron con la monarquía, destruyeron los privilegios de la aristocracia y la nobleza, liberaron de deudas al campesinado entregándoles sus parcelas y proclamando los derechos del hombre y del ciudadano, entre ellos el sagrado derecho del pueblo a la insurrección contra la tiranía.

El 9 Termidor (27 de julio) vino a poner fin a la dictadura de los jacobinos que expresaron al ala izquierda de la pequeñoburguesía, que se apoyaba en los obreros, artesanos y el pueblo pobre de París. Pero el Termidor no significó el retorno de las viejas clases dominantes y de su estructura social al poder, sino la consolidación de un nuevo orden burgués aplastando el peligro revolucionario. ¿Qué se puede leer sobre este tema? Recomendamos Estado obrero, termidor y bonapartismo de León Trotsky .

Allí el revolucionario ruso nos da una definición precisa sobre el contenido del Termidor:“El Termidor de 1794 produjo el traspaso del poder de algunos grupos de la Convención a otros, de uno a otro sector del “pueblo” victorioso. ¿Fue contrarrevolucionario? La respuesta depende la extensión que le demos, en cada caso concreto, al concepto de “contrarrevolución”. El cambio social que se dio entre 1789 y 1793 fue de caracter burgués. En esencia se redujo a la sustitución de la propiedad feudal fija por la “libre” propiedad burguesa. La contrarrevolución “correspondiente” a esta revolución tendría que haber significado el restablecimiento de la propie­dad feudal. Pero el Termidor ni siquiera intentó tomar esta dirección. Robespierre buscó apoyo entre los artesanos, el Directorio entre la burguesía mediana. Bonaparte se alió con los banqueros. Todos estos cambios, que por supuesto no sólo tenían un sentido político sino también un sentido social, se dieron sin embargo sobre la base de la nueva sociedad y el nuevo estado de la burguesía. El Termidor fue la reacción actuando sobre los fundamentos sociales de La Revolución”.

Napoleón, revolución y Termidor

Bonaparte va a poner fin al reinado del Directorio e imponerse primero como Cónsul y luego proclamarse Emperador. La figura de Napoleón comienza a destacarse durante la revolución, era integrante del club de los jacobinos, jugando un papel fundamental en el asedio de Toulon, puerto que había sido ocupado por los ingleses. La intervención de Napoleón fue decisiva para lograr la victoria francesa.

Luego de pasarse al bando del Termidor, Napoleón fue nombrado primero jefe de policía y, más tarde, puesto a cargo de la campaña militar en Italia en 1796. Allí el joven Bonaparte dirigió los ejércitos de campesinos franceses a la victoria sobre los austriacos. Las tropas francesas representaban el intento de extender los valores de la revolución burguesa más allá de sus fronteras.

Luego los ejércitos de Napoleón serán derrotados por Inglaterra en la campaña de Egipto, lo que abrirá una crisis en el Directorio sumida en una profunda crisis económica. Las conspiraciones de las fuerzas que pugnaban por la restauración del ancien regime, de la cual los integrantes del Directorio no eran ajenos, y las intrigas de palacio, obligan a convocar a Bonaparte para imponer el orden. Es en esta situación que el futuro Emperador, con el mando del ejército y la lealtad de sus tropas, con el apoyo de los campesinos, Napoleón va a dar el golpe de estado del XVIII Brumario (9 de noviembre) de 1799.

El Dieciocho Brumario

Napoleón llegó al poder maniobrando entre las clases sociales. A la burguesía le prometía el orden, a los campesinos la defensa de la revolución contra los conspiradores monárquicos. El campesinado francés junto al ejército, integrado por campesinos, fueron las fuerzas en las que se apoyó Napoleón. Como sostiene Karl Marx en su texto El XVIII Brumario de Luis Bonaparte, donde analiza la revolución de 1848 que resucita el mito napoleónico en la figura de su sobrino Luis Napoleón: “La dinastía de Bonaparte no representa al campesino revolucionario, sino al campesino conservador; no representa al campesino que pugna por salir de su condición social de vida, la parcela, sino al que, por el contrario, quiere consolidarla”. Si bien la afirmación analiza al campesinado de 1848 opuesto al proletariado revolucionario, vale su aplicación al campesinado de fines del siglo XVIII y principios de XIX que integra los ejércitos del Imperio. Para los campesinos, Bonaparte era la personificación de la revolución que les dio la tierra, la garantía de su posesión de las mismas. Ciertamente era una falsa evaluación, un mito que cobro vida reemplazando la realidad, ya que el campesinado conquisto la tierra mediante su propia acción revolucionaria.

A partir de su victoria y de la consolidación de su poder, Napoleón, ya ungido Emperador, va a restaurar los viejos rangos sociales y jerarquías del privilegio, va a restaurar a la Iglesia Católica que fue parte de la contrarrevolución monárquica y fue combatida por los revolucionarios plebeyos. Sin embargo, lo hará en nombre de nuevas relaciones sociales, lo hará en representación de una nueva aristocracia surgida a través del dinero. Como señala Trotsky: “Llevando hasta sus últimas conse­cuencias la política del Termidor, Napoleón no só­lo combatió al mundo feudal sino también a la “chus­ma" y a los círculos democráticos de la pequeña y mediana burguesía; de esta forma concentró los frutos del régimen nacido de la revolución en manos de la nueva aristocracia burguesa”.

Para el jefe bolchevique con Napoleón “La burguesía se fue haciendo dueña de mayores posesiones y de más poder (ya sea directa e inmediatamente o a través de agentes especiales como Bonaparte), pero no atentó en lo más mínimo contra las conquistas sociales de la Revolución; por el contrario, solícitamente trató de fortalecerlas, organi­zarlas y estabilizarlas. Napoleón protegió la propiedad burguesa, incluida la de los campesinos, tanto contra la “chusma” como contra los plañideros expropiados. La Europa feudal odiaba a Napoleón como la represen­tación viva de la Revolución, y desde su punto de vista tenía razón”.

Bonapartismo: la forma burguesa del cesarismo

El régimen de Napoleón da nombre a lo que en el presente denominamos como bonapartismo. Para Marx el bonapartismo representa el encaramamiento de una camarilla que, en nombre del orden burgués, se ubica por encima de la propia burguesía para llevar adelante la dictadura del capital. En el siglo XIX aquella forma de gobierno recibía el nombre de cesarismo, lo que va a ser combatido por Karl Marx: “...confío en que mi obra contribuirá a eliminar ese tópico del llamado cesarismo, tan corriente, sobre todo actualmente, en Alemania. En esta superficial analogía histórica se olvida lo principal: en la antigua Roma, la lucha de clases soló se ventilaba entre una minoría privilegiada, entre los libres ricos y los libres pobres, mientras la gran masa productiva de la población, los esclavos, formaban un pedestal puramente pasivo para aquellos luchadores. Se olvida la importante sentencia de Sismondi: el proletariado romano vivía a costa de la sociedad, mientras que la moderna sociedad vive a costa del proletariado”.

Es decir que el cesarismo como régimen de un jefe militar fuerte con rasgos heroicos representaba el arbitraje en la lucha entre las minorías privilegiadas del esclavismo, mientras que el bonapartismo “entra en escena en la historia cuando la áspera lucha de dos adversarios parece elevar el poder sobre la nación, y asegura a los gobernantes una independencia aparente con relación a las clases; cuando en realidad no les deja más que la libertad que necesitan para defender a los privilegiados”, según la definición que realiza León Trotsky caracterizando al bonapartismo como la “forma burguesa del cesarismo”.

Para el organizador del Ejército Rojo "El cesarismo nació en una sociedad fundada sobre la esclavitud y trastornada por las luchas intestinas. El bonapartismo fue uno de los instrumentos del régimen capitalista en sus periodos críticos”. Un árbitro que viene a ordenar a la propia clase burguesa, aun dándoles puntapiés para disciplinarla un poco, suprimiendo en general de las libertades democráticas para reprimir y dominar, eliminando todas las libertades políticas y derechos sociales que la burguesía debe reconocer, en sus relaciones de fuerza, al pueblo trabajador. Este es el punto de continuidad con el cesarismo, la idea del gobierno fuerte, de la dictadura que impone el orden.

El legado bonapartista

Napoleón, fue un agente de la reacción dentro de la propia revolución burguesa, fue quien llevó hasta el final la Revolución al interior de Francia y decretó su fin. Como bien describe Trotsky, Napoleón expresó “la conso­lidación de la revolución burguesa a través de la liquidación de sus principios e instituciones políticas” y fue agente de la extensión de los ideales revolucionarios por Europa a través de sus ejércitos. Trotsky se preocupa en distinguir entre el bonapartismo que defendía las conquistas sociales de la revolución burguesa, de aquel que defiende a la sociedad burguesa del peligro de la revolución social: “El concepto de bonapartismo, por ser demasiado amplio, exige que se lo concrete. Estos últimos años aplicamos este término a los gobiernos capitalistas que, explotando los antagonismos entre el campo proletario y el campo fascista y apoyándose directamente en el aparato militar-policial, se elevan por sobre el Parla­mento y la democracia como los salvadores de la “unidad nacional”. Siempre hemos diferenciado estrictamente este bonapartismo de la decadencia del joven y pujante bonapartismo, que además de sepul­turero de los principios políticos de la revolución bur­guesa fue el defensor de sus conquistas sociales. Aplicamos un nombre común a ambas manifestaciones porque tienen rasgos comunas; siempre se puede descubrir la juventud en el octogenario, pese a los impla­cables ataques del tiempo”.

A lo largo del siglo XX, que abrió el periodo de las grandes revoluciones sociales, vimos, en las naciones oprimidas, el surgimiento de liderazgos bonapartistas que apelaban a ciertas aristas de la opresión nacional como fuente de legitimación. Todas ellas capitularon al imperialismo. Es que ahí donde las tareas democráticas de la revolución burguesa están inconclusas, el bonapartismo no ha sido un instrumento político para conquistar la liberación nacional y terminar con los terratenientes, sino para impedir la conquista de dichos objetivos por la revolución social de la clase obrera.

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