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DEBATE CON LA CUP

NODES; la propuesta política de las CUP para acabar conectando con ERC y JxCat

“Nodes; Debats d’unitat popular” es el marco de debate (telemático) que han lanzado las CUP para debatir sobre la propuesta política con la que concurrirá a las próximas elecciones autonómicas. Desde la CRT estamos participando en los diferentes espacios de debate desde el inicio del verano y tras la primera asamblea de “Nodes”, queremos aportar algunas reflexiones sobre algunas de las líneas de debates principales.

Ivan Vela

@Ivan_Borvba

Àngels Vilaseca

Barcelona / Trabajadora de Servicios Sociales

Miércoles 21 de octubre | Edición del día

La política catalana está marcada por las elecciones autonómicas que se celebrarán el 14 de febrero. En este contexto de eterna campaña pre electoral, las CUP pusieron en marcha antes del verano diferentes espacios de debate, telemáticos y presenciales. En todo este proceso desde la Corriente Revolucionaria de Trabajadores y Trabajadoras (CRT) hemos estado participando en los debates internos, además de publicar numerosos artículos debatiendo con los diferentes posicionamientos públicos de la formación anticapitalista.

Algunos previos al verano tras la primera oleada de la pandemia, como Los desafíos de la CUP ante la crisis del procesismo o Ni colaboración, ni mano extendida: los rebrotes en Catalunya son el fracaso de las políticas del Govern o Ni pactos de la Moncloa ni del Palau: Contrapuntos con la izquierda independentista y otros en las últimas fechas, como La CUP insiste con reconstruir una “unidad estratégica” con un procesismo que ya es parte de la restauración autonómica o Marxismo y cuestión nacional: un debate con la CUP a tres años del 1-Oct.

Todo este proceso de debate interno de las CUP se ha materializado en “Nodes”, que tuvo su primera sesión este fin de semana, donde la propuesta política ha sido debatida por más de 400 militantes, según la propia formación.

Como hemos señalado en diferentes ocasiones desde la CRT, la propuesta política de las CUP, desde un punto de vista estratégico, pasa por una reedición de lo que fuera el periodo 2012-2017, o lo que es lo mismo, busca una reconstrucción del espacio procesista con ERC y JxCat. Además, lo hace en un contexto donde ambas formaciones políticas, por diferentes vías, se han integrado en el proceso de restauración autonómica iniciado por el Gobierno.

Bien buscando espacios de debate inocuos donde todo lo relacionado con el derecho democrático a decidir del pueblo catalán queda fuera desde el minuto 0, como es el caso de ERC, o aceptando, más allá de acaloradas declaraciones ante los medios, la represión por parte del Gobierno “progresista” del PSOE y Unidas Podemos, como es el caso de JxCat. E incluso actuando con sus órganos de represión autonómica contra sectores de los CDR o de la izquierda independentista que se opone a las políticas de los partidos del procesisme.

Estas cuestiones, que son denunciadas acertadamente por la CUP en muchos casos, no impiden que desde la formación anticapitalista se siga manteniendo la perspectiva de una unidad estratégica con los partidos del procesime. Así lo dejó patente en sesión parlamentaria Carles Riera “es necesario un acuerdo nacional y político” para construir una nueva unidad de acción del independentismo que lleve a un nuevo embate que “fuerce al Estado a aceptar una resolución democrática”.

¿Unidad estratégica? Es necesario una izquierda anticapitalista que enfrente al Govern y sus partidos

El devenir de estos últimos tres años parece ser codificado por las CUP como resultado de la desunión de las formaciones “independentistas” y su “pelea” partidista en clave electoral y no como una consecuencia de la voluntad de ERC y JxCat de volver conscientemente a la senda autonomista. Esto muestra la falta de un balance crítico profundo del rol de ambos partidos a los que no solo hay que criticar, sino enfrentar y más en estos momentos, en una situación donde desde el Govern está actuando igual que Ayuso en Madrid.

Desde que las CUP enviaron “a la papelera de la historia” a Artur Mas, se instaló la percepción de que, especialmente JxCat no era lo mismo que la antigua CiU. Es cierto que la disolución del partido clásico de la burguesía catalana no es un hecho menor, pero ello no implica que actualmente JxCat (y PDeCat) no mantengan los mismos intereses.

Ha sido Torra y su Govern quien en plena pandemia, con miles de muertos en los hospitales y residencias ha garantizado el negocio de las mutuas y la sanidad privada a través del pago de 43.000 euros por paciente y prueba PCR.

Tampoco ERC ha estado en la línea de buscar la “igualdad social”. Antes del estallido de la pandemia, ERC intentó tramitar en el Parlament la conocida como “Llei Aragonès”, una ley que buscaba la externalización de grandes sectores de los servicios públicos, entre ellos del sector de la educación, como los preescolares, educación especial, tutoría o comedor escolar; además de otros en el sector sanitario, como pediatría, ginecología, cirugía o personal médico y los servicios sociales hacia la gente mayor, la infancia y los jóvenes o la diversidad funcional y los cuidados.

La falta de un balance crítico a los partidos del procesisme y de un programa que los enfrente

Mano extendida en lo nacional y mirada a otro lado en lo social, si tuviéramos que recuperar y parafrasear el famoso slogan de 2012.

“Si la Cup entra en el Govern es que nos hemos puesto de acuerdo en una agenda política [...] será una buena noticia”, argumentaba a inicios de octubre Carles Riera en FAQS de TV3. Son esos anhelos de ser quién “cosa la unidad” del independentismo que lleva a la CUP a reivindicar el papel tanto de ERC como JxCat en el 1Oct sin la más mínima contradicción. Por supuesto jugaron un rol y pusieron parte del aparato autonómico al servicio de la jornada del 1Oct. Pero a lo más que aspiraban era a una imagen de movilizaciones con colegios cerrados, colas o como el mismo Jordi Sánchez planteó un día antes del 1-O, que un millón de participantes sería un éxito.

Querer transformar la huelga general del 3-O en su contrario, un paro patronal, fue el primer intento serio de echar el freno de mano. Esto debilitó que en muchos centros de trabajo se desarrollaran asambleas o procesos de autoorganización. El mismo día 3 fue una guerra de baja intensidad para devolver todo a la normalidad. Y las siguientes fechas hasta hoy son la mejor prueba que tras la “foto” de los colegios, no había más plan, no había más camino para la dirección procesista.

¿No fue la represión conjunta entre Policía Nacional y Mossos en las manifestaciones contra la sentencia del “juicio farsa” en 2019 la mayor muestra de voluntad de volver a la senda autonomista por parte de ERC y JxCat?

La consecuencia de este balance de la acción política de la dirección procesista en estos años y del ADN de ambas formaciones, es que la CUP presenta una hoja de ruta centrada en la “unidad del procesisme” sin descartar ningún camino, inclusive la negociación con el Estado español y la mediación internacional como apuntó Carles Riera en Els matins de TV3. El objetivo de “ampliar la base” pero sin ninguna delimitación de clase.

O un programa anticapitalista de independencia de clase. O un programa marcado por “unidad estratégica” con ERC y JxCat

Aunque la candidatura de la CUP cerrara con discursos o un programa anticapitalista, de ruptura o doble ruptura e incluso hablando de independencia de clase, este quedaría en el vacío si su hoja de ruta queda marcada por la “unidad estratégica” con los partidos del procesime.

La “ampliación de base” a la que está llamando los portavoces y diputados de la CUP no está interpelando a los golpeados por la crisis, a los que no cobraron el ERTE, a los que quedaron en paro y a los que ni siquiera pueden cobrar el mísero Ingreso Mínimo Vital del Gobierno “progresista”. No interpela a los obreros de Nissan y otras tantas fábricas que se enfrentan a cierres, no interpela a los MIR en huelga ni a la comunidad educativa que está saliendo a las calles.

Desde la CRT venimos participando de estas acciones en las últimas semanas, junto a los trabajadores sanitarios y junto a los sectores más precarios de la comunidad educativa. Junto a trabajadoras y trabajadores precarizadxs hemos impulsado la Red de Trabajadorxs Precarixs, un red de solidaridad y apoyo para organizarnos contra la precariedad laboral que venimos arrastrando desde hace años y que hoy, con la pandemia, el Gobierno “progresista”, gobiernos autonómicos, patronal y burocracias sindicales, quieren redoblar.

La perspectiva de la CUP de una unidad estratégica con los partidos capitalistas catalanes llevará, inevitablemente a la formación anticapitalista a elaborar su programa centrado en las próximas elecciones, pero no a subsanar la gran debilidad que se visualizó en 2017, la falta de una alternativa anticapitalista y de clase una vez consumada la fallida de la estrategia procesista. De este modo el nuevo periodo que está por configurarse tras unas nuevas elecciones impuestas nuevamente por Moncloa, esta vez mediante inhabilitación de Torra, volverá a tener un vacío a la izquierda de la dirección procesista.

En última instancia una estrategia acorde con la resolución al “conflicto” que ven desde la formación anticapitalista, que pasa por una negociación con el Estado y en última instancia, o de forma combinada, con la intervención de la “comunidad internacional”. Pareciera que el cierre de filas de la Unión Europea con el Estado español en 2017 tras una represión sin precedentes en los últimos años en el sur de Europa, haya caído en el olvido.

O que la “comunidad internacional” haya aceptado la condena centenaria a los líderes políticos tras un juicio repleto de irregularidades. La posibilidad de una negociación con Moncla o Bruselas es absolutamente utópica.

Ante esta situación desde la CRT hemos participado en todo este proceso de debate defendiendo que la lógica actual lleva a repetir los errores de años previos. Levantar un programa “anticapitalista”, “feminista”, “antirracista” de nada sirve si la perspectiva estratégica sigue siendo la unidad con los partidos del “procesisme”.

La CUP defiende que el nuevo embite por el derecho a decidir debe estar íntimamente ligado a resolver los grandes problemas sociales derivados de la crisis económica y sanitaria. Critican la gestión del govern de JxCat y ERC, responsables del aumento de la precariedad y la desigualdad. Pero entonces ¿cómo pueden ser ellos socios necesarios para reprender la lucha por el derecho a decidir junto a un programa que haga pagar esta crisis a los capitalistas?

En este contexto, donde la CUP se dirige a reeditar una política ya ensayada durante una década de procés, desde la CRT consideramos necesario levantar una alternativa política distinta. Una alternativa de independencia de clase, que ligue la lucha por el derecho a decidir y acabar con el régimen heredero del Franquismo, con imponer un programa que ataje la crisis sanitaria, social y económica sobre los beneficios y privilegios de los capitalistas, no puede hacerse desde ningún “acuerdo nacional” con los partidos que defienden abiertamente los intereses de las grandes empresas y familias catalanas, esto es solo posible si en Catalunya levantamos una alternativa anticapitalista y de independencia de clase.

Por eso hacemos un llamamiento a las organizaciones anticapitalistas tanto a las que han formado parte de las candidaturas de la CUP, como Lucha Internacionalista o Corriente Roja, como a las que no han formado parte de ninguna fórmula electoral, como es el caso de la CRT. También se lo hacemos a aquellos militantes y simpatizantes que rechazan la reedición 2.0 de un proyecto ya fallido y a los jóvenes y trabajadores que hoy están en las calles reivindicando sus derechos y rechazan recorrer cualquier camino con los ejecutores de recortes y privatizaciones en la sanidad, en las escuelas y en las universidades. A todos ellos hacemos un llamamiento a levantar ese proyecto alternativo.







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