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Red Internacional

Sudeste asiático.Myanmar: un Gobierno de unidad nacional busca disputar la legitimidad con los militares

A medida que aumenta la represión, pero también la resistencia, ¿la formación de un nuevo gobierno de unidad nacional satisface las aspiraciones de la juventud de la clase trabajadora?

Martes 20 de abril | 21:55

Desde el golpe de Estado del 1 de febrero que derrocó a los representantes electos de la Liga Nacional por la Democracia (LND), la junta militar siguió reprimiendo. El 9 de abril, 83 manifestantes fueron asesinados por el ejército en Pegu, a cien kilómetros de Yangon, y este sábado, tres personas murieron en Mogok, en el centro del país, mientras pequeñas bombas caían sobre Yangon, causando varios heridos.

Según la Asociación para la Asistencia a los Presos Políticos, desde el 1 de febrero, la junta militar ha dejado al menos 737 muertos y 3.141 personas se encuentran actualmente en prisión. Con el fin de desbloquear las cárceles o para calmar la bronca popular, el régimen liberó a 23.000 presos, pero sin especificar si se incluyeron manifestantes y opositores.

El Ejército se encontró con una resistencia particularmente fuerte e inesperada, por las consecuencias económicas del golpe de Estado y del movimiento de huelga general. Ante esta situación, la instauración de un Gobierno provisional burgués plantea la cuestión de la dirección de la resistencia.

La junta militar en lucha

La huelga general iniciada por los trabajadores del país paralizó la economía, con banqueros, funcionarios y trabajadores que dejaron de ir a trabajar. La moneda de Myanmar, el kyat, se ha devaluado en un 14% desde el golpe. Además, la fuerte demanda de importaciones y la dependencia de las entradas de capital extranjero, así como la inestabilidad política y la incertidumbre de los inversores, harán que la economía se deteriore en las próximas semanas y meses. Por otro lado, bajo presión internacional, el gigante japonés Kirin Holdings se separó de Myanmar Economic Holdings, uno de los dos principales conglomerados económicos del ejército. Woodside Petroleum también ha suspendido sus operaciones en Myanmar y es probable que Total, que es una fuente crucial de divisas para los militares, suspenda sus operaciones ante la creciente presión internacional, aunque de momento la multinacional francesa quiere justificarsu presencia en el país.

Pero el mayor obstáculo para el completo establecimiento de la junta es sin duda la resistencia que esta última encuentra entre la población de Myanmar, que se ha manifestado y luchado sin descanso durante dos meses y medio contra la privación de sus libertades. Los jóvenes en particular, que no han conocido la peor época de la dictadura, están a la vanguardia de la defensa de sus libertades.

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Todos estos elementos constituyen dificultades para que la junta se asiente, a diferencia del golpe de estado de 1988, donde los soldados se instalaron en pocos meses. La Unión Europea, por su parte, sancionó a diez miembros de la junta, así como a dos empresas que la financian - Myanmar Economic Holdings Ltd y Myanmar Economic Corporation- para condenar la represión de las manifestaciones.

A pesar de todas estas dificultades, los militares se negaron a negociar. Por lo tanto, la situación se reduce a una especie de impasse, tanto para la junta como para la comunidad internacional, que no puede encontrar una salida; por ejemplo, no poder establecer un proceso que conduzca a nuevas elecciones en poco tiempo. Con esto en mente, para encontrar un compromiso con la crisis, la ASEAN (principal organismo de cooperación internacional del sudeste asiático sin China) invitó al líder de la junta, el general Min Aung Hlaing, a participar en la cumbre el 24 de abril. Su participación fue confirmada el lunes y será el primer viaje del líder militar al exterior, así como el primer encuentro de la junta con líderes extranjeros.

El gobierno de unidad nacional: una especie de Frente Popular de oposición

El viernes, miembros de la oposición, incluidos diputados del partido de Aung San Suu Kyi, anunciaron la formación de un Gobierno de unidad nacional. Esta especie de "Frente Popular" está integrado por Aung San Suu Kyi, que sigue encarcelada, así como por líderes de manifestaciones y minorías étnicas. Rápidamente, Moe Zaw Oo, viceministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de unidad nacional, exigió que la ASEAN no reconociera a la junta e invitó a miembros del Gobierno provisional a participar en la cumbre del 24 de abril en lugar del general Min Aung Hlaing, afirmando: "Si la ASEAN planea tomar alguna medida con respecto a Myanmar, me gustaría decir que solo tendrá éxito si negocia con el Gobierno de Unidad Nacional, que cuenta con el apoyo del pueblo y goza de plena legitimidad ”.

La creación del Gobierno provisional constituye un punto de inflexión en la estrategia de la NLD, el partido de Aung San Suu Kyi, que se dio cuenta de que no podía ganar sin hacer alianzas con los ejércitos étnicos. Estos últimos son muy heterogéneos: algunos recién rompieron con el ejército a fines de marzo, y otros siguen siendo aliados del Gobierno e incluso han firmado acuerdos con el Ejército. Entre ellos, la Unión Nacional Karen (KNU), que se opuso a la junta y atacó al Ejército, e inició un diálogo con el Gobierno provisional.

La KNU es una de las organizaciones que más complica a los militares. La brigada 5, por ejemplo, se apoderó de dos puestos de avanzada militares en el distrito de Papun y bloqueó la entrega de alimentos a las tropas en esa localidad. Posteriormente, los militares respondieron con ataques aéreos que mataron a varias personas y obligaron a miles más a huir de sus hogares, muchos de ellos huyendo hacia la frontera tailandesa, mientras que otros se escondían en cuevas y bosques para evitar los bombardeos.

Hoy, la KNU está negociando con el Gobierno provisional para discutir la creación de una unión federal y se está posicionando para la constitución de un ejército federal con todos los ejércitos étnicos opuestos a la Junta. No obstante, la KNU sigue sospechando de la LND y cree que no ha habido avances durante el mandato de cinco años de Aung San Suu Kyi. En una entrevista con The Irrawaddy , el portavoz de la Brigada 5 de la KNU explica: “La LND solo trató de llegar a un entendimiento con los militares. No solo ignoró a las organizaciones étnicas armadas, sino que adoptó políticas destinadas a reprimirlas ”.

Por otro lado, el ejército de Arakan, que es la principal fuerza en el oeste del estado de Rakhine, tiene una posición ambigua y se ha pronunciado en contra de la represión de los civiles, ha amenazado con unirse a las protestas, pero al mismo tiempo ha llegado a un acuerdo de paz con los militares tras el golpe. La región es también un lugar estratégico para China, es el punto de partida de dos oleoductos que transportan gas y petróleo y pronto será la sede de un puerto de aguas profundas construido por Pekín, que apoyó al Ejército de Arakan cuando se creó en 2009.

El Ejército unificado del Estado de Wa, también apoyado por China, tampoco se ha opuesto a la dictadura y sigue manteniendo contactos con ella, ya que goza de una independencia de facto debido a su ubicación junto a la frontera china al este. Un informe del International Crisis Group afirma que éste "sólo entraría en confrontación con las fuerzas del régimen si existiera una amenaza para sus intereses directos" y podría "estar dispuesto a llegar a un acuerdo con el régimen, si éste reforzara su estatus de autonomía".

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De hecho, la oposición de varias organizaciones armadas a la Junta aumenta la posibilidad de una guerra civil. Pero sus diferencias de posición y el hecho de que nunca hayan logrado formar un frente único desde la independencia del país en 1948, dificulta la posibilidad de una amplia alianza contra la dictadura. Sobre todo, estos errores políticos de la dirección de los ejércitos étnicos y del LND, el partido burgués de Aung San Suu Kyi que nunca ha ayudado a las minorías étnicas, incluso fomentando su opresión, como la masacre de los rohingyas perpetrada por el Ejército de Myanmar, muestran que son incapaces de ofrecer una respuesta sustantiva a las nacionalidades oprimidas y a los manifestantes en las ciudades.

Los jóvenes y trabajadores de Myanmar no tienen nada que esperar del gobierno de unidad nacional

La pregunta que surge en la situación actual radica en la siguiente alternativa: ¿se alinearán los jóvenes y los trabajadores con el Gobierno de unidad nacional o podrán organizarse independientemente de las distintas direcciones y conciliadores burgueses para organizar su propia autodefensa y responder a sus propias demandas? En realidad, el Gobierno de unidad nacional, liderado por la LND, representa solo un ala capitalista diferente a la encarnada por la junta gobernante.

Alinearse detrás de un Gobierno así, solo puede conducir a un estancamiento en el mejor de los casos o a la derrota en el peor. Sobre todo, el cuestionamiento de las potencias imperialistas u otras potencias capitalistas regionales como la ASEAN no puede constituir una perspectiva viable para todas las clases populares de Myanmar. Además, las potencias imperialistas son reacias a intervenir en Myanmar por temor a tener que enfrentarse con China, que tiene muchos intereses en la región.

La juventud y la clase trabajadora de Myanmar solo pueden confiar en su propia fuerza para derrocar a la junta militar, así como en la solidaridad de las clases populares en los países vecinos y en todo el mundo. La constitución de un Gobierno de unidad nacional y la inestabilidad del régimen plantean más que nunca la cuestión de la dirección del movimiento de oposición, que determinará el curso de los acontecimientos.

Artículo original publicado en Révolution Permanente.

Traducción: Salvador Soler.




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