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Red Internacional

Análisis.Myanmar: represión militar, autodefensa y el papel de los ejércitos rebeldes

El giro represivo de los militares en Myanmar plantea la cuestión de la autodefensa de los manifestantes en un contexto donde los principales ejércitos étnicos han manifestado su apoyo al movimiento popular.

Jueves 1ro de abril | 15:17

El sábado 27 de marzo marcó el día de represión más sangriento desde el golpe militar del 1 de febrero en Myanmar. Más de 100 muertos en un día, gran número de heridos y detenciones; desde el golpe ha habido al menos 510 muertos en todo el país. Otro dato aterrador: según UNICEF, la junta ha matado al menos a 35 niños. Está claro que los militares decidieron intentar sofocar el movimiento mediante el terror.

En los últimos días, se han visto imágenes de miles de personas que huyen de las grandes ciudades donde la represión hace estragos; otros, en particular poblaciones pertenecientes a minorías étnicas, han huido o han intentado huir a países vecinos.

Sin embargo, a pesar de esta brutal represión, las manifestaciones continúan, aunque sean menos masivas que al comienzo del movimiento. Este es el caso de los jóvenes estudiantes y trabajadores en las grandes ciudades pero también en las zonas rurales. En Yangon, el principal centro urbano del país, vimos, por ejemplo, cómo se levantaban barricadas y los manifestantes se enfrentaban a la Policía y al Ejército.

Desde este punto de vista, algunos manifestantes comienzan a organizarse y a organizar su propia autodefensa. Es una reacción totalmente legítima a los asesinatos, brutalidades y humillaciones de las fuerzas represivas. Así, fotos y videos muestran a manifestantes equipados con escudos, cócteles Molotov e incluso armas caseras. Mientras la Policía y el Ejército reprimen impunemente, una respuesta defensiva organizada por parte de los manifestantes podría jugar un papel determinante para la moral del movimiento pero también para la de las tropas que podrían ser desestabilizadas.

En este sentido, hay otro elemento que el poder militar mira con preocupación: la actitud de las organizaciones armadas de minorías étnicas hacia el movimiento. Myanmar es un país con una de las guerras civiles más largas y complejas del mundo. Hay decenas de ejércitos étnicos rebeldes que libran una lucha que a veces puede ser muy dura contra el poder central. Por lo general, se encuentran en las regiones fronterizas del país y, en ocasiones, han sido manipulados por los vecinos de Myanmar para lograr sus propios objetivos (este es particularmente el caso de China, pero no solo). Algunos de estos movimientos armados han estado en conflicto abierto con los militares en los últimos años, pero otros, antes del golpe, se encontraban en un proceso de pacificación y alto el fuego; algunos incluso intentaron acelerar este curso de apaciguamiento con el poder militar después del golpe. Sin embargo, el Ejército se encuentra ahora bastante aislado y está perdiendo socios a medida que recrudece la violenta represión contra los manifestantes.

El último fin de semana, de hecho, mientras los soldados celebraban el "Día de las Fuerzas Armadas", y al mismo tiempo participaban en la peor matanza desde el 1 de febrero, las fuerzas del brazo armado de la KNU (Unión Nacional Karen) se apoderaron de ’’ un base militar en Hpapun, en el estado de Karen en el este del país en la frontera con Tailandia. Previamente, la KNU no solo se había negado a participar en el desfile organizado por los militares con motivo del "Día de las Fuerzas Armadas", sino que también manifestó su apoyo al movimiento de oposición al golpe y condenó la brutal represión. La junta militar, en venganza por la ofensiva del KNU, lanzó varios ataques aéreos desde el sábado, matando al menos a 7 civiles y empujando al exilio a la vecina Tailandia a varios miles de personas. Los informes indican que Tailandia está en proceso de expulsar a los refugiados de Myanmar.

El otro ejército étnico que se ha pronunciado a favor del movimiento es el Ejército de Independencia de Kachin (KIA) en el norte del país. El KIA ha lanzado ataques contra posiciones del Ejército y la policía de Myanmar después de que dos manifestantes murieran durante una protesta contra el golpe en la región fronteriza con China.

Pero el verdadero golpe para la junta militar fue la declaración del Ejército Arkan (AA) del Estado de Rakhine, en el oeste del país, que decidió apoyar la resistencia popular frente a la represión. Esta organización, que lucha por una mayor autonomía para el Estado de Rakhine, estuvo bajo una fuerte presión del ejército entre 2018 y noviembre de 2020, en un conflicto que provocó más de 200.000 personas desplazadas.
Tras el golpe de Estado, el Ejército de Arkan había decidido enviar un representante al Consejo de Estado (órgano gubernamental de los golpistas), lo que despertó muchas críticas por parte del pueblo de Rakhine. Es en este sentido que el vuelco de AA decidiendo apoyar a los manifestantes representa un gran revés para los militares y acentúa su aislamiento dentro del país. Aún más, el AA, la TNLA (Ejercito de Liberación Nacional de Ta’ang National Liberation Army) y la MNDAA [Ejército de la Alianza Nacional Democrática de Myanmar), que forman parte de una alianza militar "advirtieron a los militares de que trabajarían con otras organizaciones étnicas armadas y partidarios de la democracia para defenderse de la brutal represión del régimen si la violencia continuaba", según el periódico de Myanmar The Irrawaddy.

Todo esto está indicando que el golpe de Estado y sobre todo la resistencia heroica de la juventud, los trabajadores y las clases populares en general en las grandes ciudades y centros urbanos parecen estar teniendo efecto en la lucha por la autodeterminación de las minorías étnicas oprimidas y por tanto en algunas de sus organizaciones. Como podemos leer en CNN: "A lo largo de los años de conflicto en las selvas y montañas de Myanmar, las poblaciones étnicos han sido testigos y han sido sometidos a atrocidades horribles que incluyen masacres, violaciones y otras formas de violencia sexual, tortura, trabajo forzoso y desplazamiento por parte de las fuerzas armadas, así como discriminación estatal". Estas poblaciones saben que aún más poder para los militares significará más represión, guerra y opresión.

Pero al mismo tiempo, la lucha por el derecho a la autodeterminación está empujando al movimiento a ir más allá, no a conformarse simplemente con el regreso de un Gobierno civil, sino a cuestionar a todo el régimen. Esto podría llevar a cuestionar la dirección de la protesta y el papel de la Liga Nacional para la Democracia (LND) de Aung San Suu Kyi. De hecho, la LND ha gobernado junto con el Ejército y no ha hecho prácticamente nada para quitarles una pizca de poder, ni político ni económico. Y en el tema de los derechos de las minorías, como en el caso del genocidio rohingya, Aung San Suu Kyi fue cómplice de los militares. Como le dijo a CNN un activista de Rakhine: “para muchos en el norte del estado devastado por el conflicto, hay poca diferencia entre el Ejército y el Gobierno derrocado de la LND, que ha apoyado campañas militares recientes en nuestro estado”. La actitud de muchos birmanos hacia las minorías étnicas ha cambiado después del golpe, creando un terreno fértil para la acción conjunta contra los militares.

La autodefensa es un tema central y una tarea fundamental del movimiento frente a la feroz represión de la junta militar. Sin embargo, incluso esta tarea de preservar la vida de los manifestantes debe subordinarse a los objetivos políticos del movimiento. Es en este sentido que hoy se plantea la cuestión de la dirección y la forma de determinar los objetivos de la protesta. La lucha por la autodeterminación de las minorías étnicas puede, en efecto, dar cierta radicalidad a la movilización, lo que podría conducir a un cuestionamiento profundo y revolucionario del régimen. Sin embargo, si la clase obrera, la juventud y las clases populares aliadas a las minorías étnicas permanecen detrás de direcciones conciliadoras con los militares, los sectores capitalistas nacionales y los imperialistas, toda esta fuerza y heroísmo podría desviarse hacia un callejón sin salida o incluso hacia una derrota desmoralizante.

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