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TRIBUNA ABIERTA

Mucho fútbol, cada vez menos pan: los usos políticos de una pasión de masas

Cuando se piensa en el fútbol uno podría apresurarse y definirlo en principio como un deporte. Aunque en Argentina no es cualquier deporte. Es el más popular del país y despierta mucha pasión.

Jueves 30 de junio de 2016 | Edición del día

Según Eduardo Galeano: “En su vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol”. Osvaldo Soriano dice al titular el prólogo a “Fútbol argentino” (1990) de Osvaldo Bayer que el fútbol es “esa pasión de inocente apariencia”.

En lo personal me considero un ateo del fútbol, o sea bastante indiferente. Nunca fui de ir a la cancha y rechazo la filosofía y los valores que hay detrás del “fútbol profesional”, tan alejados del potrero y tan cerca de la competencia individualista a ultranza, el marketing, la rosca, los mercaderes y los patoteros. Aún así no olvido las veces que ví por TV a la Selección argentina. Se me viene a la mente en 1994 el gol de Maradona contra Grecia en el Mundial de EEUU, más conocido por su apasionado festejo ante la cámara. Hasta he visto de madrugada y en vivo los partidos del Mundial de Corea del Sur/Japón 2002. También he visto a River y festejé la Copa Libertadores de 1996 y la Supercopa y el Tricampeonato de 1997, en menos de una semana. Por otro lado, recuerdo -y con mucho cariño- haber ido a jugar a un Club pequeño, “Sol del Plata”, en mi querido barrio de Mataderos, en CABA, donde vivía en aquellos años. Aunque era de madera para jugar he disfrutado buenos momentos. Opino que fue importante haberlo hecho en términos deportivos y de socialización, pero que a la vez es interesante poder diferenciar al fútbol como deporte del fútbol profesional, que no es tan solo un deporte. En su libro “El fútbol a sol y sombra” (1995) reflexiona al respecto Eduardo Galeano: “La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí [...] el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable [...] El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue. La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía.”

El fútbol tiene también otras dimensiones además de ese pasaje del deporte al negocio y el espectáculo. Es además un mecanismo de control social hacia el pueblo trabajador que tiene relación con lo que se denomina tradicionalmente como política de “pan y circo” y que tiene origen en los grandes espectáculos organizados en la Roma Imperial. Este verdadero show del lavado de dinero llamado fútbol profesional representa al mismo tiempo un espacio donde construyen políticamente los partidos burgueses. Es una estructura que maneja una caja de dinero a través de la AFA y que hace las veces de aguantadero de negocios legales e ilegales. También a esa estructura pertenecen los barrabravas, aquellos a quienes les pagan para ser hinchas. Son desclasados que provienen de la descomposición social, o sea violentas patotas que también ofician de podridos grupos de choque armados que son instrumentalizados por los punteros de los partidos patronales y la burocracia sindical para la represión tercerizada y el empleo de métodos lúmpenes como amenazas coactivas, patoteadas y amedrentamientos contra la organización clasista y antiburocrática de la clase trabajadora, que pueden llegar hasta el asesinato como ejemplifica el caso del militante Mariano Ferreyra. Pero su alcance no se limita sólo a cuestiones estructurales. Además tiene efectos sociales en la subjetividad del “público” (que mayoritariamente forma parte de la clase trabajadora) y donde se explotan, promueven y profundizan las tendencias más atrasadas y reaccionarias que anidan en sectores de las masas como el racismo, la xenofobia, el odio contra los gays y las sexualidades disidentes, el machismo y la heteronorma, el sexismo y la misoginia, el chovinismo, etc.

Tal vez un ejemplo concreto y muy ilustrativo de la función social del fútbol profesional sea considerar el papel distraccionista y de cortina de humo desempeñado por la organización del Mundial de fútbol en Argentina en 1978 por parte de la última dictadura militar para encubrir los crímenes cometidos contra la humanidad en aquellos años. En su libro titulado “Fútbol argentino” (1990) Osvaldo Bayer comenta: “Como en 1934 Mussolini en el campeonato mundial de fútbol, como en 1936 Hitler en las Olimpíadas, los dictadores usan siempre el deporte para sus designios totalitarios. Poco pan y mucho circo. El circo a las masas para que olviden sus problemas. Para que el país olvide a sus desaparecidos, a sus torturados. La dictadura militar tiene una gran oportunidad. El campeonato mundial de fútbol. Televisión en colores para olvidar la ignominia de la Escuela de Mecánica de la Armada; nuevos estadios para acallar los gritos de los torturados y las violadas; nuevas instalaciones en aeropuertos para blanquear la conciencia de una sociedad que se calló la boca. Obras faraónicas para un país con millones de seres en viviendas de cartón y sin agua; para un país con escuelas ruinosas y hospitales que se caen solos...”.

Sin embargo no sólo las dictaduras utilizan el fútbol. Como mencionaba anteriormente, todas las variantes “democráticas” de la política burguesa tienen intereses vinculados a los Clubes y la AFA, y hacen pesar allí su influencia política.

Pareciera que lo más importante es la continuidad de Messi en la selección argentina en un contexto de feroz ajuste económico y social, despidos, ataque a los salarios, limitación del derecho de huelga, blanqueo de capitales y represión a la protesta social. Considerando que el actual Presidente de la República Mauricio Macri construyó su carrera política comenzando como Presidente de Boca, quizás algún día podamos cuestionarnos y discutir fraternalmente sobre los múltiples usos políticos que hace la burguesía sobre “esa pasión de inocente apariencia”.







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