Política

REFORMA PREVISIONAL

Morales Solá, un hombre furioso por la derrota política del macrismo

El editorialista de La Nación busca “culpables” donde no hay nada. La ofuscación y la adjetivación recurrentes como síntomas de la crisis política abierta para el oficialismo.

Viernes 15 de diciembre de 2017 | 13:08

El encono de unos de los diarios más afines al gobierno se hizo sentir en el día de hoy, ante el fracaso del gobierno de aprobar la reforma previsional. Pero el enojo es mucho mayor ya que fue la movilización la que derrotó los planes del gobierno.

Joaquín Morales Solá, buscando minimizar la derrota política del gobierno, crea una fábula conspirativa para tergiversar la realidad y salvaguardar la imagen oficial.

En esta particular lectura de la jornada de ayer, no habría sido el rechazo de la mayoría de la población a los recortes de los jubilados, sino una "alianza entre massistas, kirchneristas y el Frente de Izquierda para tomar de rehén a las instituciones de la democracia" y frustrar los planes del gobierno, sin ningún fin más que molestar.

En ningún momento de la nota se habla de la militarización del Congreso, la represión (obvio), los 40 detenidos o los diputados que no asistieron al recinto, no por los "ánimos desestabilizadores", sino porque debieron ser atendidos en la enfermería del congreso, después de sufrir los palos de la Gendarmería.

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Durante toda la nota lo único que hay son repetidas acusaciones a los espacios políticos que se opusieron a la votación de la ley, de atentar contra las instituciones y la democracia, valiéndose de "métodos patoteriles".

Pero, ahora bien, ¿no es patoreril querer llamar a una votación convocando más de 1.000 efectivos armados (Gendarmería, PSA, Policía Federal y Prefectura)? ¿Es realmente democrático querer votar robarle 70.000 millones a los jubilados para entregárselo a los empresarios? Para Morales Solá, democracia es que los empresarios manden, el gobierno “dialogue” y la sociedad acompañe en silencio.

Lo que no fue

Joaquín Morales Solá se lamenta (casi se le puede ver un lagrimón a la distancia) advirtiendo que el quórum se mantuvo por unos segundos, pero que producto (otra vez y van) de los “métodos patoteriles”, los diputados sucumbieron antes el “terror de los violentos" y decidieron abandonar su silla, llevándose consigo el tan preciado quórum para poder abrir la sesión.

Una vez más, en el análisis está ausente el gran rechazo popular a que se les meta la mano en el bolsillo a los jubilados, para mantener el lujo de los empresarios. Quizás para los escribas cambiemitas, después de tanto hablar de la nueva “hegemonía” macrista, de una nueva era de cambios y de “reforma permanente”, al chocarse contra la pared que representa la verdadera relación de fuerzas entre las clases, cruza los brazos, hace puchero y se emberrincha.

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Un reconocimiento implícito

Entre tanto enojo, acusaciones y pases de factura, en un momento, quizás sin proponérselo, Morales Solá le brinda al Frente de Izquierda y el sindicalismo combativo referenciado en él, un reconocimiento tácito.

Al referirse a la buena voluntad de los dirigentes sindicales serviles que “se la pasan dialogando con el gobierno”, termina afirmando que “ningún dirigente sindical está en condiciones de resistir la presión de la calle o de ignorar la coacción de la izquierda”.

En una oración el periodista reconoce el amplio rechazo entre las bases de los trabajadores a las políticas. La simpatía que existe en amplias capas obreras hacia los trabajadores se basa en esa permanente capitulación de las direcciones sindicales antes la avanzada del gobierno. Además, la izquierda trotskista supo ganar su lugar en la vanguardia obrera. Ayer mismo, agrupaciones organizadas en el Movimiento de Agrupaciones Clasistas (MAC) fueron parte de los protagonistas de la jornada.

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Ante todo, mantengamos las formas

Hacia el final de la nota, Morales Solá ensaya una suerte de crítica hacia Cambiemos. Le recrimina, que quizás de haber sido más hábil políticamente, la reforma hubiera pasado, sin mayores costos políticos. De todas formas, el periodista se da esperanzas de que quizás en un futuro se vuelva al ruedo parlamentario y la reforma finalmente pase.

Lo que no se puede dejar de ver en la nota, es la voluntad de La Nación de acomodar la realidad con el objetivo explícito de mantener la autoridad política del Ejecutivo, deslindándolo de toda responsabilidad de cómo se desenvolvieron los hechos de las jornadas de ayer, que terminaron en una derrota política de Cambiemos, más que evidente.







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