Internacional

ENTREVISTA CRISIS REFUGIADOS

Mohammad: “El drama de los refugiados es la verdadera cara del capitalismo”

La actual crisis migratoria sigue agravándose mientras los líderes de la Europa del capital aplican medidas cada vez más restrictivas en las fronteras. Hablamos con Mohammad y Nadia, dos refugiados sirios, sobre un drama que no es nuevo.

Arsen Sabaté

Barcelona | @ArsenSabate

Jueves 8 de octubre de 2015 | Edición del día

Foto: ID/Arsén Sabate

Mohammad Alsharqawi y Nadia Jabr llevan dos años en Europa. Nos explican las dificultades que tuvieron que pasar para salir de Siria y los impedimentos que se encuentran los refugiados al pedir asilo en los diferentes países de la Unión Europea.
El trato con las ONG’s, el racismo institucional que aflora en cada gestión o la necesidad de organizarse políticamente son algunos de los aspectos más difíciles con los que tienen que enfrentarse los refugiados una vez instalados en Europa.

¿Qué dificultades encontrasteis para salir de Siria?

Mohammad: Nosotros vivíamos en Damasco. Tuvimos tiempo para arreglar algunos papeles y salir de Siria pero la situación era muy difícil para nuestra seguridad. Cada día salíamos a la calle bajo la amenaza de bombas o conflictos.

Cruzar la zona fronteriza estaba difícil, hasta que un día salimos de Siria hacia Líbano en taxi. Pudimos llegar directamente sin pasar por dificultades en los checkpoint. Esto fue en junio de 2013.

¿Cómo vivisteis el resto de travesía hasta llegar aquí?

M: Una vez en el Líbano nos dieron permiso de residencia tan solo por una semana. Allí conseguimos un visado para Turquía en cuatro días y salimos justo cuando expiraba el permiso.

A primeros de julio llegamos a Turquía y nos dieron permiso de residencia por seis meses. Nos pasamos cuatro meses para conseguir los papeles que nos requerían para una entrevista administrativa. Visto las dificultades, decidimos acudir al consulado español para conseguir el visado para entrar en España. Uno de nuestros amigos españoles que residían en Damasco redactó una carta de invitación y el consulado aceptó nuestros papeles.

¿Creéis que hay similitudes entre tu viaje y la situación actual de los refugiados que llegan ahora? ¿Es siempre igual el drama de los refugiados?

M: Entrar en Europa ahora es mucho más duro. Hay que pensar que el drama no empezó en Europa, empezó en las propias embajadas y la negativa a dar visados para entrar tranquilamente en avión. La mayoría de la gente que ahora cruza por mar o se expone a situaciones peligrosas intentó conseguir el visado previamente.
Desde finales de 2014 en Siria sale mucha gente de los sectores más pobres de la población. Primero salieron los más ricos y la gente que tenía miedo de ser reprimida por el régimen sirio. Después, cuando la situación se puso más peligrosa salió la clase media. Nadie quiere salir, pero ha habido niveles para ello. Depende de si tienes dinero.

Ahora se ven más familias enteras empobrecidas llegando a Europa. La Europa de “los derechos humanos” que está saliendo en televisión es la verdadera cara de Europa, con la policía, ejércitos en las fronteras y nuevas leyes restrictivas.

¿Qué os parece la política de la Unión Europea sobre la actual crisis de los refugiados?

M: Creo que el drama de los refugiados proviene de la crisis del capitalismo a nivel mundial, esta es la verdadera cara del capitalismo. Todo esto es el resultado de las políticas de coloniaje que todavía existen sobre los países de Medio Oriente y África.
El sistema también diferencia entre refugiados. Los de Siria, Somalia o Afganistán tienen derecho a pedir asilo y los otros no. Hay que aprovechar a estos refugiados y echar a los demás. No tendría que ser así, todos tenemos nuestros problemas por los que queremos salir de nuestro país.

Desde hace mucho tiempo existe una política en Occidente de eliminar los derechos que tanto le costó conseguir a la clase trabajadora. Pero aun así, a los empresarios les cuesta más pagar a los trabajadores que a los refugiados. Entonces el capitalismo utiliza a los refugiados como mano de obra barata para trabajar sin seguridad social.

Y concretamente en España, hay una mezcla entre capitalismo, racismo y corrupción que hace que la política migratoria aquí sea más dura para los refugiados.

¿Qué está haciendo en la actualidad CEAR -Comisión Española de Ayuda al Refugiado- por vosotros?

M: CEAR es una de las tres ONG’s responsables de dar ayuda a los refugiados, son mediadores entre refugiados y gobierno. Pero en realidad son una parte más del sistema, no pueden o no quieren salirse del sistema. Son incapaces de tratar el tema de los refugiados. La CEAR ofrece un trato diferente entre refugiados, es como seguir al dictado esa mezcla que decía entre capitalismo, racismo y corrupción. Para ellos en la práctica no hay leyes, la ley es un mero papel, pero nosotros nacimos como refugiados y sabemos lo que dicen las leyes de las Naciones Unidas. Ellos tienen sus propias maneras de pensar, de hacer y de tratar.

Una de las situaciones más duras que deben afrontar los refugiados es la relación con esta gente, hemos perdido mucho tiempo en ello. Es una situación que no tendría que suceder en el primer mundo, es algo muy atrasado. Siempre hay dificultades y problemas con ellos.

¿Creéis que las medidas de las ‘ciudades refugio’ de los nuevos ayuntamientos como ‘Barcelona en Comú’ son suficientes? ¿Pueden hacer más?

M: Yo creo que si pueden hacer más, incluso no solo para los refugiados. Para que ‘Barcelona en Comú’ pueda solucionar el drama de los refugiados, tiene que solucionar el problema de los sectores más pobres de la ciudad: refugiados, inmigrantes, trabajadores, parados, desahuciados, etc. No hay solución solo para los refugiados porque nosotros formamos parte de la sociedad.

Ada Colau dice que hay que abordar nuestro conflicto, pero yo creo que no solo el nuestro, debe abrirse a la clase empobrecida de la ciudad. El sistema dice que los refugiados tienen derechos pero los inmigrantes no, como veíamos hace poco con los trabajadores ambulantes perseguidos por el Ayuntamiento de Barcelona. Los ayuntamientos del cambio tienen que pensar en todo el conjunto de la sociedad, toda la clase baja de la sociedad tiene necesidades.

¿Son constantes los ataques racistas hacia los inmigrantes o refugiados?

Nadia: Quizá haya racismo de la clase alta de la ciudad hacia los inmigrantes. Pero la gente con la que nosotros tratamos tienen más o menos la misma forma de pensar que nosotros, por eso nuestros amigos aquí nos respetan.

Y el racismo institucional ¿es una losa con la que tenéis que cargar en todos vuestros ámbitos diarios?

N: Las instituciones tienen dos caras, te tratan de forma diferente si los refugiados van acompañados de alguien que te quiera ayudar o si van acompañados de algún funcionario. Luego te meten la excusa de que no te habían entendido.

Las leyes dicen que un refugiado debe acudir con un traductor ante cualquier tema administrativo, porque si no te pueden hacen firmar cualquier cosa y eso es ilegal. Nosotros, los refugiados siempre pedimos un traductor, sin embargo en ninguna administración nos lo ponen, te ponen trabas. Para conseguirlo tuvimos que manifestarnos en la calle.

M: Desde la escuela oficial de idiomas nos impiden acceder a los cursos de aprendizaje de catalán. Aquí, con el idioma catalán hay más oportunidades de conseguir trabajo y de relacionarte con la gente, pero los refugiados no tenemos acceso a ello.

¿Cómo creéis que se podría combatir?

M: Desde CEAR por ejemplo tendrían que trabajar por ver la situación de emergencia de los refugiados, saben que tenemos nuestros derechos pero no nos asisten con la emergencia que requiere nuestra situación. Nos faltan al respeto, todo esto tiene que cambiar.

N: Tiene que acabar todo este racismo institucional y se tiene que cumplir la ley con los refugiados en situación de emergencia. La ley en toda Europa dice que se tiene que atender las necesidades de los refugiados y se tiene que destinar al menos dos años para la enseñanza del idioma para poder encontrar trabajo e integrarse en la sociedad. Nada de esto se está cumpliendo.

M: CEAR nos trata como antisistema porque les exigimos que cumplan las normas. Yo personalmente creo que si esto es el sistema yo soy antisistema.

Participáis de un colectivo de inmigrantes ¿Podéis explicar cómo os organizáis y que acciones lleváis a cabo?

M: Formamos este colectivo después de la concentración que hicimos delante de la oficina de CEAR por la necesidad que tenemos de organizarnos. Nadie nos va a considerar como un sector de la sociedad si no nos organizamos y hablamos sobre nuestro problema. En ese momento CEAR llevaba una campaña muy fuerte contra nosotros. Nosotros queremos formar parte del movimiento del cambio en el tema de los refugiados.

El colectivo se llama indignados refugiados y no refugiados indignados porque ahora somos refugiados, pero en un futuro la idea es que seamos ciudadanos pero sin perder la condición de indignados con el sistema actual. Primero somos indignados y temporalmente refugiados. Es una decisión política no gramatical.

El nombre proviene de lo que fue el movimiento del 15M. Aprendimos un poco de este movimiento que formó parte de la revolución mundial que empezó en Grecia en 2009 y las manifestaciones de la primavera árabe y el sur de Europa. Nosotros somos parte de esta lucha internacional.

Desde el colectivo pretendemos luchar contra las campañas de las instituciones. Las instituciones nos amenazan para que no nos movilicemos. Nos amenazan con castigos económicos, desahucios, etc. Lo que hace CEAR para que intentemos no luchar es trasladar nuestras necesidades a los servicios sociales. Nosotros no dependemos de los servicios sociales.

Nosotros consideramos que como refugiados pertenecemos a la clase social más baja de la sociedad y como parte de ella queremos luchar. Hay refugiados ricos que tienen más derechos que nosotros, con esos no estamos de acuerdo.

¿Notáis que haya sectores de la sociedad solidarios con vuestra causa?

M: Sí, siempre. Normalmente forman parte de la misma clase social baja que nosotros y tienden a solidarizarse. Hay jóvenes, estudiantes y trabajadores que entienden fácilmente nuestros problemas. Muchos de ellos también tuvieron padres o abuelos que fueron refugiados después de la guerra civil o la dictadura de Franco y entienden lo que significa ser refugiado. Todo este apoyo nos sirve mucho.

¿Qué acciones podemos hacer los sectores solidarios desde aquí para la ayuda y organización con los refugiados?

M: Creo que hay que participar de un movimiento para cambiar todo el país, hay que terminar con este sistema. No solo para los refugiados, para todo lo demás también.
La gente tiene que saber qué pasa con los refugiados y sus derechos. La prensa burguesa es una vergüenza y tergiversan todo nuestro problema. Hay que conocer, difundir y apoyar las manifestaciones del movimiento de los refugiados y enfrentarnos al sistema del sufrimiento.

Por último ¿Qué mensaje enviaríais a la sociedad?

M: Barcelona actualmente sirve al capital, a las grandes empresas, bancos, mafias; mira por el turismo y no por los refugiados ni por los sectores más pobres de la sociedad. Barcelona tiene que recuperar el carácter progresivo que tuvo en el pasado. Hay que luchar para decidir qué ciudad, qué barrios y qué vida queremos, y luchar para decidir con qué sistema queremos gobernar. Creo que la solución está en que todos los sectores más desprotegidos luchemos juntos, con los inmigrantes y los refugiados.







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