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Red Internacional

Un 3 de junio de 1968 la actriz sentó a un grupo de invitados alrededor de una mesa de almuerzo para dar comienzo a uno de los programas que mejor supo expresar las posiciones políticas, económicas y conservadoras de una clase que, al día de hoy, la sigue tomando como referente.

Jueves 3 de junio | 00:00
Mirtha Legrand y el ex presidente Carlos Menem en uno de los tantos Almuerzos de la década de los ’90.

A esta altura, Rosa María Juana Martínez Suárez ya no necesitaba ningún tipo de presentación. Comenzó su carrera actoral apenas iniciada la adolescencia y en los albores del cine argentino, que todavía inventaba nombres con tufo a glamour para tapar la corriente realidad emulando a sus contemporáneos hollywoodenses. Quizás sea por eso que la actriz dejó de usar el pseudónimo de Rosita Luque para pasar a la posteridad como Mirtha Legrand.

Con una hermana gemela que también era actriz y un hermano que ya tenía un nombre como director de cine y guionista, Legrand ya tenía una sólida carrera. Pero todo cambiaría cuando el productor Alejandro Romay le ofreció una propuesta irresistible: ser la conductora de un programa televisivo cuyo nombre inicial fue Almorzando con las Estrellas. Duilio Marzio, Alberto Migré, Beatriz Guido, Leopoldo Torre Nilsson y Daniel Tinayre, su marido, fueron los primeros invitados de un programa que con el paso del tiempo cambió definitivamente su nombre por Almorzando con Mirtha Legrand. La razón fue el creciente peso que la actriz, ahora devenida en conductora, estaba teniendo en el ciclo televisivo.

Recordemos que la apuesta de Romay en el viejo Canal 9 se inició en una época socialmente convulsionada, a días del Mayo Francés y en plena presidencia de facto del general del ejército Juan Carlos Onganía. Quizás sea por todas estas circunstancias que el programa pasó de dedicarse a la farándula de los años sesenta a convertirse paulatinamente en un lugar de honor y privilegio para los grandes sectores políticos.

Por motivos que nunca fueron del todo claros, en 1974 su programa fue censurado. El interventor Omar Gómez Sánchez declaró tajante: "Terminamos con los almuerzos donde aparentemente lo que existe es gente bien vestida y bien hablada y se desconoce la realidad de la mayoría del pueblo. ¿Por qué no un carpintero u operario?" La Chiqui no se quedó quieta y a finales de ese mismo año declaró que "la señora presidenta me dijo que me quedara tranquila, que lo mío se iba a solucionar, y que le encargaba eso al señor ministro". La conferencia de prensa brindada fue tras una audiencia con la presidente Estela Martínez de Perón y con el ministro de Bienestar Social José López Rega. De esta manera, logró que su programa volviera a emitirse sin ningún tipo de interrupciones durante toda la dictadura genocida perpetrada a partir de 1976.

Para entonces, las simpatías políticas de la conductora dejaban poco espacio para la duda y el coqueteo con el poder se convirtió en relaciones carnales con los referentes políticos que utilizaban de buen grado la mesa de Mirtha para expresar la idiosincrasia y la ideología de una clase dominante que, con la excusa del almuerzo, le hablaban a la popular audiencia.

Sus incisivas e incluso mal intencionadas preguntas se convirtieron en una marca registrada. Uno de los tantos ejemplos ocurrió en medio de uno de los almuerzos, cuando a la actriz Cecilia Rossetto le dijo que "cada vez que venís al programa siempre hablás de política, en lugar de hablar de lo tuyo, de tu talento. Siempre muy politizada. Muy de izquierda, demasiado. Y eso pasó de moda totalmente, como pasó de moda el comunismo". Rápidamente, la invitada le respondió: "¿Así que no me toman en cuenta por eso? Y sin embargo, muchas que practicaban la fellatio con los genocidas siguen siendo tapa de las revistas. Yo no descuidé mi profesión. Yo no hablo de política porque sí. Yo hablo porque tengo un marido desaparecido."

A tal punto eran evidentes estas relaciones políticas que la revista Choripán y Vino realizó un fotomontaje con los dictadores Jorge Rafael Videla, Orlando Agosti y Eduardo Massera como invitados a una de las mesazas de 1978. Hasta el día de hoy es una fake news que la conductora se encarga de desmentir cada vez que puede, aunque su simpatía por la dictadura es algo difícil de ocultar. En declaraciones a la revista Radiolandia de 1981 reconoció que "apoyé mucho al proceso porque nos estaban liberando de algo que yo consideraba fatal para nuestro modo de pensar y de vivir. Nos han liberado de la subversión". Toda una declaración de principios de la reina de los almuerzos.

Tamañas declaraciones fueron algunas de las excusas utilizadas por el gobierno de Raúl Alfonsín para que Mirtha Legrand no saliera al aire, sin embargo esta situación fue rápidamente rectificada con el ascenso al poder de Carlos Menem, quien no solamente le tendió la mano sino que además se convirtió en un asiduo invitado en la década noventosa de la pizza con champagne. El neoliberalismo brotaba por cada poro de la TV con la farándula y los políticos y la Chiqui supo condensar muy bien esa mezcla a lo largo de la década.

Con 47 temporadas al aire y con 94 años, la Legrand estuvo hasta hace muy poco tiempo al frente de su programa pero, pandemia de Covid mediante, fue reemplazada por su nieta Juanita Viale. Actriz como su abuela, la nueva generación nada tiene que envidiarle a la trayectoria iniciada sino que, por el contrario, se encarga de perpetuarla. Hace apenas unos días, el programa fue el elegido por el ex presidente Mauricio Macri en una mesa íntima para realizar una reivindicación de su gestión. El dirigente incluso justificó el acuerdo con el FMI, demostrando así que las directrices del organismo eran palabra santa para la gestión de Cambiemos, que no titubeó en ningún momento en realizar una entrega brutal a costa de todo un país.

La herencia de Mirtha y sus almuerzos sigue más vigente que nunca. Desde las mucamas uniformadas atendiendo a la señora y el living aristocrático pasando por la complicidad de los gobiernos de turno, todo hace pensar que el programa se sigue emitiendo desde las sombras de mediados del siglo pasado. Sin embargo, los protagonistas de los programas junto con su conductora y descendencia siguen vivitos y coleando. En otras palabras, no es más que la muestra que, a pesar del paso de los años, las reproducciones de “sentidos comunes” rancias y vetustas de la oligarquía siguen respirando y viviendo a sus anchas en las mesazas de Almorzando con Mirtha Legrand.




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