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Red Internacional

Como una de las primeras medidas en materia migratoria de la administración de Joe Biden, anunció la próxima apertura de un nuevo centro de detención para menores migrantes.

Miércoles 3 de febrero | 23:01

Este miércoles, la agencia CNN publicó información divulgada por la Oficina de reasentamiento de Refugiados, encargada de la custodia de migrantes menores de edad detenidos en calidad de "no acompañados" en Estados Unidos. De acuerdo con esta Oficina, el gobierno de Joe Biden está próximo a abrir un nuevo centro de detención para albergar a menores detenidos en su frontera con México.

A través del Departamento de Salud y Servicios Humanos, el gobierno del demócrata rehabilitará las instalaciones ubicadas en Carrizo Springs, Texas, mismas que podrán albergar hasta 700 menores. Esta medida llega luego de que se reportara un incremento en el flujo de menores de edad que viajan solos desde el sur del continente, como parte de la expresión de una profunda crisis que, agudizada por la pandemia, se cierne sobre países como Honduras, Guatemala y El Salvador.

Actualmente hay registro de 4.730 menores bajo la custodia de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados. De acuerdo a la información difundida por CNN, el traslado de menores a este nuevo centro se realizará dentro de los próximos quince días.

La crisis sanitaria ha golpeado con dureza a las grandes mayorías pobres y trabajadoras. Las y los niños migrantes no son la excepción. De acuerdo a cifras oficiales, desde el principio de la pandemia se registran oficialmente mil 748 casos de Covid-19 entre los menores.

Por su parte, el Departamento de Seguridad Nacional, que opera las detenciones en primera instancia, se prepara también para nuevas ampliaciones. Así, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU., está construyendo nuevas instalaciones en Donna, Texas, para aumentar su "capacidad de procesamiento" de personas migrantes detenidas.

Esta política no dista mucho de la "línea dura" antiinmigrante de Trump que además, aunque cambia la forma, en el fondo sigue estrechando sus lazos de subordinación con sus vecinos del sur y condicionando la estancia de migrantes en su país a la productividad de éstos como mano de obra versátil, móvil y respetuosa de las leyes como "ciudadanos".

Cambiar la expulsión masiva por la detención indiscriminada —de la mano de la restitución de programas como los que amparaban a los llamados "dreamers" y un discurso de que Estados Unidos es "una nación de inmigrantes e indígenas"— no evita que sigan operando los acuerdos con los países "socios" del sur en materia migratoria, cuya brutalidad quedó demostrada con la disolución de la última gran caravana migrante que huía de la pobreza y la violencia en la región.




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