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Red Internacional

El Gobierno, que en su momento negó el problema del retraso en la actualización del piso no imponible, debió ahora volver a aplicar una "corrección" por decreto, en forma demagógica por decreto de cara a las elecciones de noviembre. Un millón de asalariados continuarán tributando.

Lucía Ortega@OrtegaLu_

Martes 28 de septiembre | 00:09

Mediante un decreto de necesidad y urgencia, el 620/2021, el gobierno de Fernández hizo la semana pasada una “corrección” de la “corrección” del impuesto a las Ganancias que se cobra sobre los trabajadores y jubilados. Este lunes, AFIP reglamentó el decreto mediante la Resolución General 5076/2021.

La medidasube el piso mínimo del sueldo bruto a partir del cual los trabajadores empiezan a tributar, pasando de $ 150 mil a $ 175 mil (un aumento del 16%), y el actual umbral (en el que se realiza una progresividad en la imposición) pasa de $ 173 mil, pasa a $ 203 mil.

Este cambio se incluye en el oficialismo en los “anuncios” económicos post PASO que buscan recuperar el terreno perdido en las elecciones mediante políticas de ingresos, aunque de un alcance muy limitado.

El Gobierno estima que son 1.267.000 personas que dejaron de pagar el Impuesto a las Ganancias cuando se aprobó la ley en abril y que con esta medida seguirán sin pagar el impuesto.

¿Por qué decimos una “corrección” de la “corrección” y por qué sigue siendo insuficiente?

La ley aprobada en abril se había tratado solamente de una “corrección” que retrotrajo la situación de la cantidad de trabajadores que pagan ese impuesto con plata de sus salarios al año 2015, por lo cual seguirán pagando aproximadamente el 10 % de los asalariados registrados, según los propios cálculos oficiales. Es decir, un millón de trabajadores.

Pero no se trata de una consecuencia indeseada, sino buscada. El propio Ministro de Trabajo, Claudio Moroni, sentenció el viernes pasado que "la idea del gobierno, a través de la facultad que tiene el Poder Ejecutivo, es mantener una población gravada cercana al 10 %".

En ese momento la izquierda acompañó la ley porque mejoraba la situación de un sector de trabajadores, pero el diputado Nicolás del Caño cuestionó que tenía una trampa, porque ese piso iba a quedar desactualizado por los déficits del índice de promedio salarial que se utiliza y pronto muchos volverían a verse afectados:

Una “perlita”: en los considerandos del decreto admiten que se generó un desfasaje perjudicial entre el monto mínimo y los salarios, pero en lugar de explicarlo por los problemas de la propia ley que impulsaron y por los aumentos salariales producto de la lucha de los trabajadores, se explica que fue por la “política económica y salarial” asumida por el Gobierno para dar sostenibilidad al poder adquisitivo de los trabajadores (parece falso, Rick).

El Gobierno, que en su momento negó el problema, ahora debió volver a aplicar una corrección en el piso no imponible, en forma demagógica por decreto de cara a las elecciones generales de noviembre.

¿Por qué se denomina impuesto a las ganancias de la “cuarta categoría”?

Porque el impuesto se aplica sobre distintos ingresos o categoría de “ganancias” (no se aplica sobre riqueza, eso es bienes personales): las rentas del suelo, rentas de capitales, los beneficios de las empresas, y la cuarta sobre los salarios y jubilaciones.

¿Salario o ganancias? Sin dudas allí aparece la pregunta de por qué un asalariado debe pagar un impuesto que se aplica sobre la ganancias.

Con el nuevo piso, un trabajador en relación de dependencia que cobra en mano unos $145.250 por mes, empieza a pagar el impuesto. No se incluye en el cálculo de este piso el aguinaldo. Pero una familia de dos adultos y dos niños necesitan $108.660 para acceder a la canasta de consumos mínimos (JI ATE-Indec). Es decir, se considera “ganancia” todo aquello que está apenas por arriba de lo mínimo para llegar a fin de mes.

Siguiendo el argumento del Gobierno que insiste en cobrar el impuesto al salario, llegar a fin de mes sería un privilegio.

Durante el gobierno de Cristina Kirchner, cuando los trabajadores reclamaban que “el salario no es ganancia”, ella les decía “egoístas”. A propósito de un paro general por este motivo en marzo de 2015, Cristina Fernández sostuvo que "cuando los que vienen del palo, y lograron pelechar un poco, y tienen trabajo y lograron un trabajo más remunerado, se olvidan que los que están afuera del trabajo o no ganan lo suficiente entonces hacen un paro porque tal vez tengan que dar un poquito de sus sueldo para otros compañeros, para otros jubilados, para hacer agua potable, rede cloacales".

El viejo truco de dividir a la clase obrera y de hacer creer que quienes deben poner siempre son los trabajadores, cuando poco se les exige a los "dueños" del país.

Y la cúpula sindical hace aportes a ese juego, ya que a pesar de tomar medidas de lucha (en una forma burocrática y sin movilización) en ese momento, nunca tomó las demandas del otro 90 % que trabaja por salarios bajos o está precarizado.

Y también a propósito de ese paro del 2015 habló Aníbal Fernández, ex jefe de gabinete de ministros decía que "este impuesto, mal llamado impuesto a las ganancias es un impuesto a los altos ingresos, está pensado para que el decil más alto ponga una parte para que el resto de los que menos perciben reciban algún tipo de beneficio adicional".

El impuesto a las ganancias a la cuarta categoría está mal llamado, no por lo que dice Aníbal, sino porque es un verdadero impuesto al salario. Es erróneo que es un impuesto a los “altos ingresos”, originariamente (y siempre anteriormente) tenía el espíritu de imponerse sobre las ganancias, hasta 1999 sólo alcanzaba al personal jerárquico, como gerentes o supervisores.

Pero la distorsión de agregar a todos los asalariados a partir de ese año es tal, que en 2015 (una situación similar a la actual) el 65% de lo recaudado por el impuesto provenía del salario, mientras la minoría corresponde a las otras 3 categorías que impactan sobre los patrones.

El malestar por esa situación fue tal que Mauricio Macri prometió eliminar el impuesto al salario como parte de su campaña electoral a presidente en 2015. Obviamente hizo todo lo contrario, y se sumaron 1,3 millones de asalariados a pagarlo.

Pero repetimos: aún hoy queda un 10 % de los asalariados pagando el impuesto. Nada menos que un millón.

El salario no es ganancia

El ingreso mensual de quienes viven de la venta de su fuerza de trabajo es precisamente lo opuesto al ingreso de quienes lucran con el trabajo ajeno, es decir, de la ganancia.

La inmensa mayoría de los trabajadores ni siquiera son alcanzados por este impuesto justamente porque su salario no alcanza para llegar a fin de mes

La discusión abierta es por qué son los trabajadores quienes más pagan impuestos, mientras siguen sin afectarse las ganancias de los especuladores de la deuda y de los bancos que ganan millones. Otros, como losjueces, directamente siguen eximidos.

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