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México: la rebelión de los jornaleros de San Quintín

Decenas de miles de jornaleros respondieron al llamado de diversos dirigentes para llevar a cabo un paro de labores y bloqueos carreteros el 17 de marzo.

Andrés Aullet

Abogado y maestro en Derechos Humanos

Lunes 23 de marzo de 2015 | 19:40

Foto: revistacampestre.com.mx/Quadratín

Esto ocurre a pocos días de que pomposamente la Secretaría del Trabajo anunciara la liberación de decenas de jornaleros tarahumaras que vivían en condiciones de sobre explotación –entiéndase realmente como esclavitud.

Un gesto de demagogia que fue interpretado por los jornaleros de San Quintín en Baja California como una verdadera burla, debido a que desde hace meses vienen levantando sus demandas contra las mismas condiciones de esclavitud que se viven en los campos de cultivo.

Esto luego del fracaso de las negociaciones que se sostenían desde hace varios meses con los productores y la Secretaría de Gobernación, debido a la negativa de los empresarios y funcionarios del gobierno a resolver las demandas laborales y de seguridad social a los trabajadores agrícolas.

La acción coincide con la toma de pozos de agua potable de la minera de Cananea por mineros y comunidades que dependían del río Sonora.

De acuerdo con el artículo “Quisimos mostrarnos y mostrar nuestra fuerza” publicado en el diario La Jornada, los puntos de demanda que levantaban los jornaleros son los siguientes: “el respeto al derecho laboral para los trabajadores agrícolas, revocación del contrato colectivo firmado por la CTE y la CROC, afiliación al Seguro Social, pago de todas las prestaciones de ley, desaparición del salario compactado, sueldo de 300 pesos al día, respeto a los derechos de las madres trabajadoras y fin del acoso sexual por parte de mayordomos y patrones”.

Según señala el artículo “Rebelión en San Quintín”, publicado en el portal de la revista Proceso, San Quintín nos está diciendo más de lo que expresa por sí mismo el hito de las tomas y bloqueos carreteros en 120 kilómetros, a lo largo de la península de Baja California y el paro de labores.

Parece la imagen viva de lo que Kenneth Turner describía en su libro México bárbaro y que hoy los jornaleros refieren como condiciones vividas en el porfiriato.

Los jornaleros en la escena nacional

San Quintín nos está mostrando algunos elementos importantes que aquí menciono:

1.-Refleja el incremento del trabajo asalariado agrícola del país, que a raíz del Tratado de Libre Comercio ha venido liquidando al pequeño propietario agricultor;

2.- Que la opresión imperialista dio lugar a la expulsión y despojo de comunidades ligadas al campo, la cual está generando que el campesinado como estrato social se esté proletarizando para emplearse en cientos de empresas de los agrobusiness y productores nacionales, que al mismo tiempo están incrementando sus posesiones en el campo en todo el país y beneficiándose de una mano de obra en condiciones laborales infrahumanas;

3.- Que miles de jornaleros que ya no pueden cruzar hacia EE.UU. o han sido expulsados de ese país, debido al endurecimiento de las políticas migratorias, se estén empleando en los grandes campos agrícolas de productores nacionales o extranjeros;

4.- Que el exceso de mano de obra barata de migrantes en EE.UU. tiene consecuencias de aumento de la rentabilidad de éste lado de la frontera, si se permite emplearse en territorio nacional en condiciones extremadamente precarias, arrojando ganancias millonarias para el empresariado;

5.- La visibilización de la existencia y el peso específico del proletariado agrícola en el país, que es mayor de lo que consideraba el sentido común, lo cual viene a transformar cualitativa y cualitativamente la estructura de la clase obrera en México.

Por otra parte el cambio estructural y social, en determinados sectores, del campesinado a proletario agrícola está generando nuevas contradicciones que hay que considerar, por lo que precisamente San Quintín plantea una nueva temática de análisis para el conjunto de la izquierda independiente y para quienes nos proponemos acabar con el sistema capitalista de raíz.

Sin embargo, la dimensión y lo cualitativo de la acción de los jornaleros pone al descubierto la potencialidad de la clase obrera organizada.

Es un ejemplo de lucha que hizo temblar al mundo empresarial, y a ello se debe la represión lanzada en su contra por el Gobernador de Baja California, los presidentes municipales, y desde ya, respaldada por los empresarios, los partidos de la clase dominante en el poder y el presidente. Pero lo hecho por los jornaleros ya es un hito tanto por la acción como por las demandas levantadas. Por eso deja profundas lecciones a tratar.

Más en su conjunto, lo que también hay que preguntarse es si no es un síntoma de un cambio importante en la subjetividad de sectores de la clase obrera , que se reflejan en acciones como éstas y que se están expresando en los sectores más golpeados de la clase trabajadora, como es, en este caso, el proletariado agrícola.

Habría que pensar qué expresa San Quintín en términos más nacionales, no sólo desde el punto de vista de las demandas y la acción del 17 de marzo, sino en términos más estructurales.

Por eso no es en vano tampoco la posición de los jornaleros que señalan que las condiciones que se vienen dando el campo son como las habidas en el porfiriato.

Evidentemente las condiciones y la comparación podría tener muchos límites, sin embargo fueron esas condiciones esclavas las que llevaron a la revolución campesina de 1910.

¿Qué pasa cuando los más precarizados se hartan de la miseria?

De tal manera que también cabe reflexionar más a fondo, si no estamos viendo elementos de que algo muy profundo y sintomático se empieza a mover y desarrollar en el país, debido a la enorme presión imperialista y del capital nacional.

También cabe preguntarse si San Quintín o Cananea nos está queriendo decir hacia dónde se puede estar dirigiendo la clase trabajadora en estos momentos, y los cambios que, en el contexto del enorme descontento nacional con el gobierno y las condiciones de vida, se pueden empezar a dar también en el terreno de su conciencia, todavía incipientes.

De cualquier forma, más allá de las hipótesis que podamos plantear o del desarrollo ulterior de hechos como éstos, San Quintín merece ser denominada como una rebelión de los trabajadores del campo. Con sus demandas, con sus acciones, por el ejemplo que pone al conjunto de la clase obrera mexicana, por lo que refleja para miles de jornaleros y migrantes tanto en México como los que están del otro lado de la frontera, que seguramente retomarán la experiencia de lucha para miles de inmigrantes mexicanos y centroamericanos que laboran en las fábricas o en el campo de Estados Unidos.

Es por esto que debemos de estar íntegramente con sus demandas. Pero también en la necesidad de fortalecer su lucha y poner todos los esfuerzos posibles para que este sector se sacuda a la burocracia sindical y campesina como la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC), entre otras, que pactan los intereses de los trabajadores y campesinos con la empresa.

De igual forma pone el ejemplo para luchar contra los bajos salarios, la flexibilización laboral, el outsoursing y el empleo precario para el conjunto de la clase trabajadora mexicana. Son precisamente estas medidas, legalizadas en la reforma laboral que votaron los partidos en el Congreso y que Enrique Peña Nieto y los gobiernos de los estados están llevando al pie de la letra contra los trabajadores.

De triunfar la lucha de los jornaleros pese a la represión y las maniobras del gobierno de Baja California con el apoyo del ejecutivo federal y los partidos, esta rebelión puede tener alcances inimaginados. Pero, aún si no triunfase, la experiencia misma ya es un hecho con muchas lecciones y reflexiones.

Pero desde ya, que el enorme peso y la acción de los jornaleros pone a temblar al conjunto de la patronal. Esto habla precisamente el terror que tiene el imperialismo y la burguesía mexicana de la organización y la unidad de las filas de los trabajadores y su importante rol en la economía, y podemos imaginarnos qué no haría una huelga general contra los planes imperialistas y las reformas estructurales, o, por ejemplo, lo importante que sería si las organizaciones sindicales que se reclaman opositoras, convocasen a un Paro Nacional en solidaridad con los jornaleros de Baja California.







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