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Red Internacional

En su tercer intento, se aprobó el matrimonio igualitario en Yucatán. Debemos pelear para que sea ley en todo el país con plenos derechos para población LGTBI.

Francisca DanielaMaestra de primaria. Agrupación Magisterial y Normalista Nuestra Clase

Jueves 26 de agosto | 09:19

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) había invalidado la votación secreta -del 2019- en la que el Congreso de Yucatán había rechazó la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo, por lo cual los legisladores debían realizar una nueva votación.

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Debido a esto, durante la tarde de este miércoles el Congreso de Yucatán realizó una nueva votación y aprobó el matrimonio igualitario con 20 votos a favor y 5 en contra, convirtiéndose en la entidad 22 en legalizar este derecho.

La reforma al artículo 94 de la Constitución Política del Estado de Yucatán concibe al matrimonio como “una institución por medio del cual se establece la unión jurídica libre y voluntaria de dos personas con igualdad de derechos, deberes y obligaciones para realizar la comunidad de vida en donde ambos se procuran respeto y ayuda mutua”.

Tras años de lucha para poder decidir hoy se ganó esta conquista progresiva frente a los mandatos oscurantistas que busca imponer la derecha en complicidad con las iglesias evangélicas.

Sin embargo, también es necesario reflexionar acerca de que no necesariamente la igualdad ante ley representa la igualdad ante la vida.

Porque la pandemia visibilizó que no hay igualdad para la comunidad LGTBI, pues se ha agudizado la precarización de esta población ante la falta de empleo y acceso irrestricto a la salud. Asimismo prevalecen los actos de discriminación, abusos y homolesbotransfobia.

Simplemente, hace unas semanas vimos la detención ilegal de José Eduardo Ravelo Echavarría de 23 años, quién fue severamente golpeado y violado sexualmente por policías en Mérida, muriendo a causa de las heridas.

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Este no es un hecho aislado, es parte de la profunda violencia sistemática que enfrenta la población LGTBI, por eso debemos pelear para que este derecho se extienda a nivel nacional y que la Iglesia no siga teniendo injerencia en nuestras vidas.

Nuestros derechos debemos pelearlos en las calles con independencia política confiando en nuestras propias fuerzas. Es clave que la comunidad LGTBI luche codo a codo con el movimiento de mujeres, los trabajadores y la juventud.

Construyamos un movimiento nacional por nuestro derecho a decidir, sin tregua contra los antiderechos.




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