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Red Internacional

Detención de Ovidio Guzman. México: Sinaloa vive entre balas y narcobloqueos

En nombre de la "paz social" fuerzas represivas y narcotraficantes comprometieron la integridad física de los habitantes de Culiacán durante la captura del hijo de "El Chapo" Guzmán.

Sábado 7 de enero | 11:30

Se dio a conocer en México el informe oficial sobre la recaptura de Ovidio Guzmán, uno de los hijos de Joaquín “El Chapo” Guzmán, líder de la fracción “los menores” del cártel del Pacífico en Sinaloa en un operativo conjunto con fuerzas federales entre las que participan la Guardia Nacional, policías municipales y servicios de inteligencia, entre otros.

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De acuerdo con autoridades mexicanas y estadounidenses, Ovidio Guzmán es de los principales productores y vendedores de fentanilo, una droga analgésica opioide muy popular en Estados Unidos con efectos parecidos a la morfina, pero potenciados en 50 o 100 veces.

Hay que recordar que no ha sido la primera vez que intentan capturarlo ya que sucedió algo similar en el 2019. En ese entonces tuvieron que soltar a Ovidio después de que el cártel respondiera capturando elementos de seguridad, disparara armas automáticas y, como ahora, incendiara vehículos de transporte.

Del mismo modo, como hace poco más de tres años, integrantes del cártel respondieron incendiando automóviles personales, autobuses y camiones de carga para ocuparlos en alrededor de 19 bloqueos en distintos puntos de la ciudad entre los que destacan el Aeropuerto Internacional Federal de Culiacán y la Base Aérea Militar No. 10.

Se han llevado a cabo enfrentamientos armados entre integrantes del cártel y militares del estado desde la madrugada que paralizaron Culiacán. Cristóbal Castañeda Camarillo, secretario de Seguridad Pública en Sinaloa, pidió a la población que no salieran de sus casas hasta que la situación mejorara. Así mismo fueron bloqueados todos los accesos a la ciudad.

El detenido fue trasladado en aeronaves de la fuerza aérea mexicana a las instalaciones de la Fiscalía Especializada en Materia de Delincuencia Organizada (FENDO) en la Ciudad de México.

Horas después se llevó a cabo una conferencia de prensa en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana donde estuvieron presentes integrantes del gabinete de seguridad nacional donde se hallaba el general y secretario de la defensa nacional, Luis Crescencio Sandoval González, el almirante secretario de marina, Rafael Ojeda Durán y el secretario de gobernación Adán Augusto López Fernández.

Durante la conferencia, Rosa Icela Rodríguez presumió que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador sigue avanzando en la pacificación del país. Cabe decir que esta pacificación la aseguran por medio de confrontaciones abiertas con el narcotráfico donde la vida miles de mujeres, jóvenes, de trabajadores y trabajadores se ponen en riesgo.

La embajada de Estados Unidos en México instó a sus ciudadanos que Sinaloa se ha clasificado como un nivel 4 Do Not Travel (no viajar). La situación en Culiacán es grave. Bajo el discurso de combatir a los "principales generadores de violencia" en el país, utilizan las armas generando aún más violencia y más muertes.

El prohibicionismo, origen del tráfico de drogas

El narcotráfico como fenómeno nace de la descomposición social producto de la subordinación de México y los demás países latinoamericanos a la política de prohibición de las drogas traída desde los 70s por el gobierno de Nixon.

Este fenómeno se apoya de la principal lógica capitalista de acumulación de riquezas y su política libremercadista permitiendo que nazcan organizaciones como los cárteles.

La prohibición de las sustancias sólo genera más violencia que se recarga sobre los hombros de la clase trabajadora estando en medio del fuego cruzado entre distintas fracciones de la burguesía que se baten a duelo por el control del territorio.

El gobierno de López Obrador ha continuado con la política de los gobiernos previos que obedecen a los mandatos de la Casa Blanca promoviendo la militarización por medio de la Guardia Nacional, aún cuando se ha demostrado que la supuesta Guerra Contra el Narcotráfico está lejos de resolver el problema del abuso de sustancias, pues es un problema de salud pública y no de seguridad y que sólo justifica la intervención estadounidense.

La violencia generada por la confrontación entre el Estado y el narcotráfico, la degradación de la salud pública que causa el abuso de narcóticos, el que las sustancias se adulteren debido a que la ilegalidad no permite estándares de calidad para su producción, la falta de protocolos de salud para la atención a las adicciones son problemas que está lejos de resolver un Estado que defiende los intereses de quienes tienen el privilegio de acumular riqueza.

El consumo y distribución de drogas no se debe tomar como un asunto de seguridad nacional sino como una cuestión de salud pública, para lo cual deben legalizarse todas las drogas, expropiar las riquezas de los capos y estatizar su producción y distribución bajo control de sus trabajadores. Esto de la mano de promover la investigación científica para conocer íntegramente cada sustancia, desarrollar protocolos de prevención y atención a adicciones creadas por el consumo de narcóticos lo cual necesariamente implica fortalecer el sector salud y garantizar el acceso a este derecho por parte de toda la población.

Estas medidas afectarían directamente las ganancias de los capos de los cárteles, así como de los empresarios y altos funcionarios asociados, es por esta razón que no se puede esperar que el gobierno de los capitalistas ejecute este plan. Por eso es necesario que la clase trabajadora junto a todos aquellos sectores que viven las consecuencias del narcotráfico y la militarización en carne propia —defensores del territorio, pueblos indígenas, mujeres, jóvenes, diversidad sexual, etc.— nos organicemos y movilicemos de manera independiente al gobierno, la derecha y el empresariado para imponer un plan como este.

No puede combatirse un mal creado por la descomposición del sistema capitalista que permite que dichas dinámicas se desarrollen dentro del mismo, es necesaria una transformación profunda, que destruya este sistema que permite que unos cuantos se enriquezcan ya sea de manera legal o ilegal a costa de las vidas de las grandes mayorías, y construya sobre sus escombros un sistema con condiciones estructurales que garanticen el fin de la reproducción de las cadenas de violencia y miserias que coadyuvan a la dependencia a las drogas.

Es crucial avanzar en estas medidas para impedir que siga derramándose sangre en nombre de la paz social, bajo órdenes del imperialismo.

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