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Red Internacional

C5N transmite un escrache a una mujer que había dejado a su hija en el auto mientras compraba en un supermercado de La Plata. No tenía con quién dejarla. La policía le da clases de “buena moral”. Cuando la doble jornada no remunerada se hace visible. ¿Policía al servicio de quién?

Florencia SarachoTrabajadora Telefónica Agrupación Violeta | @fsaracho2014

Sábado 18 de abril de 2020 | 18:12

En un afán de mostrar la buena moral y el “deber ser” de una buena madre, la periodista relata la noticia diciendo “señora, esto no se hace”. El hecho era que una mujer que a su vez es médica y se encuentra de licencia en su trabajo por encontrarse embarazada de 7 meses, no tenía con quien dejar a su hija, por lo que fue con ella a comprar en el supermercado.

Al querer ingresar al negocio con su hija, un guardia de seguridad se lo prohíbe. Frente a esto, la mujer se ve obligada a dejar a la niña en la camioneta durante 5 minutos que fue el tiempo que le llevó comprar los pañales.

Cuando vuelve a la camioneta, se encuentra con gente y fuerzas policiales que la estaban escrachando y filmando. En el video que transmite C5N en vivo, acusando a esta mujer de “imprudente”, al mismo tiempo la conductora cuenta que muchas veces las mujeres no tienen con quien dejar a sus hijos, y que son muchos los comercios que no están permitiendo el ingreso de niños y que le parecía “un exceso que haya tanta fuerza policial”.

Aunque el monopolio de la fuerza lo tenga las fuerzas de seguridad, los medios de comunicación masivos intentan una ampliación de la policía mediante el recurso de la opinión pública, creando una política disciplinaria y de control social donde la población, también pueda hacer uso del escrache y la denuncia.

"Incentivaron el escrache"

La mujer en el video, mientras más de 3 policías le dan lecciones de lo que es la “buena moral”, dice en referencia a la policía: “no me cuidaron en ningún momento, incentivaron el escrache”.

Esto abre el debate que hace tiempo el feminismo viene poniendo sobre la mesa: la realidad que vivimos las mujeres cuando de doble jornada laboral se trata. El trabajo en la empresa, en la fábrica, en el hospital, pago, aunque con sueldos que no alcanzan; y el trabajo no remunerado, no pago, que hacemos "por amor" pero que encuentra su justificación en el rol asignado en las sociedades capitalistas patriarcales a más de la mitad de la humanidad: las mujeres.

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Durante la cuarentena, esta realidad se profundiza. Muchas mujeres no tienen empleo, o lo perdieron, o lo mantienen de manera ultraprecarizada. Muchas otras realizan teletrabajo al mismo tiempo que cuidan a sus hijos o hijas, o a personas mayores, mientras cargan con las tareas del hogar. La mayoría, no tiene derecho –en los hechos- a una licencia paga. Esto también deja en evidencia la desigualdad económica y social, en un mundo donde se ve acrecentado el hambre, la desocupación y la pobreza, en medio de una pandemia que desnuda por completo las desigualdades inherentes a un capitalismo, que nada tiene de humano, y que tiene a las mujeres asalariadas y pobres como población mayoritaria entre quienes menos tienen.

¿Policía al servicio de quién?

Esta pandemia también está dejando al descubierto el rol de las fuerzas de “seguridad”. Los distintos Estados capitalistas responden con mayor despliegue de fuerzas policiales y militares profundizando los mecanismos de vigilancia y control social ante la crisis. Y esto va de la mano de un intento de represtigiar a fuerzas que en Argentina participaron de la dictadura militar; fuerzas que con esa impunidad siguen condenando a la juventud a morir por gatillo fácil; que regentean y garantizan la organización de las redes de trata, a las que con la política de “dar vuelta la página” como dijo Alberto Fernandez, se les da el poder de repartir comida en los barrios populares y la atención a las víctimas de violencia, llegando a confusos anuncios para dar más poder a las Fuerzas Armadas, del Ejército y de la Gendarmería. ¿Por qué la tarea de colaborar en la alimentación no podríamos hacerla las y los trabajadores, tomando los recaudos sanitarios, en articulación con los sindicatos, empezando por los docentes y con los movimientos sociales, estudiantiles, sindicales y de mujeres?

Aunque nos quieran mostrar una “nueva” fuerza de seguridad, ya las vimos actuar en estos últimos días en San Luis con Florencia Magalí Morales, que fue detenida por “violar la cuarentena” cuando fue a comprar comida para sus hijos y su nieto, y apareció muerta en la celda de la comisaria; con la brutal represión de la policía de Berni y Kicillof, a los trabajadores del frigorífico Penta que se manifestaban en defensa de sus puestos de trabajo o con el ciberpatrullaje que condenó a Kevin Guerra a 6 años de prisión por haber publicado una ironía en twitter; en Salta con las detenciones a la comunidad Wichí cuando fueron a cobrar el plan social; y con los trabajadores golondrinas que fueron detenidos y terminó con la pérdida del embarazo de una de las trabajadoras; y con las detenciones arbitrarias a las personas trans y travestis y a las pibas y pibes de los barrios populares.

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La imagen que nos quieren vender de “policía cuidadora”, de la “buena moral”, no tiene más que intentar fortalecer el rol de quienes como parte del brazo armado del estado, quieren “prevenir” cualquier tipo de protesta popular que se pueda dar en el marco de esta crisis económica y social.
El rol de los medios de comunicación, es todo un capítulo aparte, pero ya el tratamiento que se vio en vivo y en directo, deja el panorama al desnudo. Mientras grandes medios oficialistas, como C5N, condenan a las que cargan con una doble o triple jornada laboral en medio de la pandemia, la violencia y la revictimización que el Estado garantiza para ellas, se profundiza.

La emergencia sanitaria, económica, social y de género que profundiza esta pandemia debe estar en el centro de la escena. Esa es también una tarea que tiene que tomar en sus manos el movimiento de mujeres, las organizaciones sindicales y sociales. Visibilizar el trabajo reproductivo, feminizado y no pago, del que se benefician principalmente los empresarios, así como los femicidios y la violencia machista que el Estado legitima y reproduce con sus propias instituciones –entre ellas las fuerzas de seguridad-, la pobreza y desocupación que atraviesa a la mayorías de las mujeres trabajadoras y de los barrios populares, es una cuestión de primer orden.

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La ausencia de refugios, de planes para el acceso a las viviendas y el empleo, de licencias pagas, de un salario de cuarentena de $30 mil como propone el FIT Unidad sobre la base de impuestos a las grandes fortunas, son solo algunas de las medidas básicas que se deberían estar implementando para que esas imágenes y muchas otras que vemos cotidianamente, que desnudan todos los días a un sistema muy desigual, dejen de ser la normalidad, con y sin pandemia.




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