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Red Internacional

Darío Amado en 1997 fue el forense que realizó la autopsia al cuerpo del reportero gráfico asesinado en General Madariaga por emisarios de Yabrán. Ocultó evidencias y fraguó informes. Misógino y acosador, ahora las autoridades de la UNLP pueden encumbrarlo en una importante cátedra.

Daniel Satur@saturnetroc

Miércoles 28 de abril | 00:12

Tal como tienen ya acostumbrada a la comunidad educativa de la Universidad Nacional de La Plata, las autoridades de la Facultad de Ciencias Médicas están a punto de cometer un nuevo crimen político-académico.

Inspirado en el legado del vicedecano Enrique Pérez Albizu (renunciado en 2014 tras ser acusado de partícipe del genocidio por la Madre de Plaza de Mayo Adelina de Alaye en el juicio La Cacha), el decanato se apresta a encumbrar a otro amante de la represión.

El doctor Darío Amado está a un paso de convertirse en profesor titular de la cátedra de Medicina Legal de la UNLP, tras participar de un concurso que dejó muchas dudas. Sobre todo porque termina siendo “favorito” pese a competir por el cargo con la doctora Virginia Créimer, de reconocida trayectoria en el ámbito público y de los derechos humanos, a nivel nacional e internacional.

La mediocridad de Amado (reconocida por varias generaciones de estudiantes) parece redituarle más “prestigio” a la casa de “altos estudios” que la expertis de la profesional que lleva años reactualizando más de un concepto en materia de medicina legal.

El concurso fue en diciembre. Se postularon dos docentes, Créimer y Amado. El jurado estaba compuesto por cuatro personas. Dos votaron a ella y dos a él. Empate entre dos formas divergentes de ver la vida y el mundo. Y también entre dos trayectorias y antecedentes radicalmente opuestos. La decisión quedó en manos de la comisión de Enseñanza de la Facultad, que decidió casi monárquicamente postular a Amado.

Con el camino allanado y con Créimer casi fuera de competencia, ahora resta la designación oficial de parte del Consejo Académico de la Facultad, lo que casi nadie duda que será un mero trámite burocrático. Será este mismo miércoles.

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Los odios de Amado

De esta forma el doctor Darío Amado quedará al frente de la cátedra de Medicina Legal, la rama de las ciencias médicas dedicada a estudiar y determinar, entre otras cosas, cómo y por qué mueren las víctimas y quiénes son sus victimarios. Y sin dudas él debe creer que es un especialista en la materia.

Amado se hizo famoso hace 24 años por haber participado en la causa judicial que investigaba uno de los crímenes políticos más estremecedores de la historia argentina de la postdictadura: el asesinato del reportero gráfico José Luis Cabezas, por encargue del empresario Alfredo Yabrán, ejecutado la madrugada del 25 de enero de 1997 en General Madariaga.

Amado fue convocado por el juez federal de Dolores José Luis Macchi para realizar la autopsia al cuerpo calcinado de Cabezas. Pero tras conocer los resultados, el magistrado ordenó una segunda autopsia y llamó a declarar a Amado para que explicara algunas irregularidades y errores cometidos en su informe forense.

La reautopsia de Cabezas, que se hizo en la Asesoría Pericial de La Plata, estuvo a cargo de Julio “El Toro” Brolese, médico ya fallecido que fue colaboracionista de la dictadura genocida y durante décadas se conchabó de forense al servicio de la Suprema Corte de Justicia bonaerense. Ni él se animó a mentir como lo había hecho Amado en la primera autopsia.

Primero Amado permitió que personal de inteligencia de la Policía Bonaerense entrara a la sala de la Asesoría Pericial y presenciara toda la autopsia, esfumándose minutos antes de finalizar a sabiendas de que no tenía permitido estar ahí. Después, y con mayor gravedad, cuando realizó la evaluación craneal deliberadamente omitió mencionar uno de los disparos que había en la cabeza del periodista. Solo habló de un orificio, acorde a la teoría de que el crimen lo cometió solo una persona. Luego “se olvidó” también de marcar que en el cuerpo había rastros de golpes. Y finalmente fraguó la fecha de la firma de un policía de General Madariaga para hacer pasar como que estuvo presente durante los exámenes médicos del cadáver.

Por eso si fuera poco, el mismo Amado dijo, en su descargo ante el juez de Dolores, que si había cometido errores e irregularidades en la autopsia fue porque la hizo “muy cansado y a las apuradas”. El hecho provocó la indignación de la familia Cabezas y toda una sociedad que veía sin poder creer los burdos intentos del poder por encubrir a los asesinos.

Tras el escándalo que produjo su “confesión” y con los resultados de la segunda autopsia que determinó la existencia de golpes y de un segundo disparo, Amado fue condenado al ostracismo por sus superiores y durante un buen tiempo no se lo vio más.

Entonces se dedicó solo a dar clases de Medicina Legal en la cátedra gobernada por su mentor político, Miguel Ángel “El Cacique” Maldonado, viejo fascista y cofundador, a fines de los años 60, de la banda parapolicial de ultraderecha Concentración Nacional Universitaria (CNU). Solo dedicado a la docencia, como no tenía paz empezó a descargar sus miserias con algunas estudiantes de la Facultad.

Sus actitudes misóginas y acosadoras empezaron a hacerse famosas en los pasillos y las aulas. Todo bajo el manto protector de Hoja de Roble, la logia reaccionaria y conservadora a la que han pertenecido varias generaciones de autoridades de esa casa de altos estudios. Hasta fue denunciado por alumnas del centro de estudiantes, a quienes les llegó a decir que, “si tanto les importan los derechos humanos, que le dijeran cuáles eran las lesiones que les quedarían a ellas si él les aplicara picana”.

Este personaje es el que está a las puertas de conseguir un nuevo reconocimiento de quienes conducen los destinos de la formación de médicas y médicos en la Universidad Nacional de La Plata. Un verdadero “homenaje” a las ciencias encargadas de prevenir, curar y salvar la vida. Y encima en tiempos esenciales...




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