Política

ABUSOS SEXUALES

Mea culpa del papa para la eternidad de los abusos

A raíz de las terribles denuncias de víctimas de abusos por parte de curas de la Iglesia Católica chilena, el Papa publicó una carta en la que se “retractó” de sus dichos en su viaje a Chile.

Rosa D'Alesio

@rosaquiara

Martes 22 de mayo de 2018 | Edición del día

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Luego del encuentro que Francisco mantuvo con treinta y cuatros obispos chilenos entregó una carta a cada uno “de sus hermanos en el episcopado” en la que les agradece por “la disponibilidad de adherir y colaborar en todos los cambios y resoluciones que tendremos que realizar en el corto, mediano y largo plazo, necesarios para restablecer la justicia y la comunión eclesial”.

Con esta vaguedad el Papa se refería a los abominables actos cometidos por curas pedófilos.

El encuentro tuvo lugar en el Vaticano el pasado 15 de mayo para deliberar sobre las acusaciones que pesan sobre el cura pedófilo Fernando Karadima y el obispo Barros, después que el propio Francisco los encubrió.

En la gira por Latinoamérica que realizó este verano Jorge Bergoglio, como jefe de de la Santa Sede, tuvo que enfrentar en Chile el reclamo de las víctimas de Karadima, el cura pedófilo que encubrió durante años la Iglesia Católica chilena. El obispo Juan Barros fue cómplice y encubridor de Karadima.

La actitud adoptada por la cúpula eclesiástica chilena es una réplica de la impunidad que ejercen a nivel mundial el clero antes los abusos por parte de sacerdotes y monjas.

Durante el viaje del Papa por Chile, quedó más expuesta la crisis de la Iglesia trasandina. Los múltiples cuestionamientos por tolerar abusos de menores se expresaron en la escasa participación de feligreses a los actos de recibimiento del Sumo Pontífice. En ese mismo viaje Francisco negó las denuncias contra Barro y dijo “El día que me traigan una prueba, voy a hablar. No hay una sola prueba en contra, todo es calumnia”.

“Juan Barros estaba parado ahí, mirando, cuando me abusaban a mí. No me lo contaron, me pasó", le dijo a la BBC Mundo Juan Carlos Cruz, uno de los denunciantes del "Caso Karadima". Pero Bergoglio prefirió continuar con el encubrimiento.

Los denunciantes de Karadima dijeron que, además, como secretario del cardenal Fresno, Barros recibió las primeras denuncias contra Karadima. "Simplemente las rompía", aseguró Cruz.

Barros fue sacerdote por 30 años y se desempeñó como obispo castrense.

¿Qué fue lo que ocurrió para que el Papa cambiara de opinión?

Carlos Lombardi, reconocido abogado mendocino, representante legal de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico de Argentina, se refirió a la carta emitida recientemente por el papa Francisco.

Para Lombardi dos son los motivos del cambio por parte del máximo representante de la Iglesia Católica, que decidió reconocer las denuncias de las víctimas: “en primer lugar, el estrepitoso fracaso que sufrió en su visita al país trasandino, donde la indiferencia y el repudio público fueron los denominadores comunes. En segundo lugar, en Chile no ocurrió lo que sí pasa en otros países latinoamericanos colonizados espiritualmente por el catolicismo romano, donde la sumisión servil, devoción acrítica y adoración sentimental priman”.

Además resaltó la repuesta del “pueblo chileno, que al igual del argentino, calaron hondo e hirieron un componente clave del ADN clerical”. Y agrega que “la herida se profundizó por la propia demagogia del Papa argentino. Ya había tildado de “zurdos” a los católicos de Osorno que habían osado criticar el nombramiento del pederasta Barros. Exigió más pruebas. Pero, cuando le advirtieron la torpeza y el autoritarismo en el que había caído, cambió por el eufemismo evidencias. Y reabrió el procedimiento”.

También destaca Lombardi que el cambio de actitud del Papa se reduce a “tratar de salvar la imagen de una organización cuyo modelo monárquico-sacerdotal ha devenido anacrónico”.

La primera resolución del Papa y sus ministros religiosos, fue un intento de dar vuelta la página para evadir la responsabilidad de la Iglesia por los crímenes cometidos por sus miembros. Cuando el escándalo escaló, Francisco decidió tomar “cartas en el asunto”.

Para Lombardi lo actuado por Bergoglio se da en el mismo sistema “pergeñado por los papas Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y la mafia de sotanas (denominada Curia). Sostenido por aquellos pilares, en especial, las normas jurídicas canónicas violatorias de convenciones internacionales sobre derechos humanos”.

Lombardi agrega un dato sobre la comisión que organizó el Papa para resolver el caso Karadima-Barros, “evidentemente, no fue integrada por personas con pensamiento autónomo ni crítico, ajenas a la institución, sino por cuadros clericales, o laicos clericalizados” y agrega que “el cándido pontífice recién ahora cayó en la cuenta que en Chile (y que perfectamente puede hacerse extensivo a numerosas conferencias episcopales) tiene colegas que minimizan las denuncias”.

La minimización a la que se refiere Bergoglio no es otra cosa que el traslado de los pederastas a otras diócesis, con cargos parroquiales y contacto directo con menores. “Graves negligencias en la protección de niños y niñas y ‘presiones’ ejercidas sobre los investigadores canónicos”.
Además de la destrucción de documentos por parte de los encargados de archivos eclesiásticos y numerosas situaciones de abuso sexual, de poder y de autoridad.

El documento papal insiste sobre la homofobia que caracteriza a esta institución medieval: “de hecho, constan en las actas de la “Misión especial” graves acusaciones contra algunos Obispos o Superiores que habrían confiado dichas instituciones educativas a sacerdotes sospechosos de homosexualidad activa”.

Luego de tres días reunidos con el Papa la Conferencia Episcopal de Chile emitió un comunicado y el conjunto de los Obispos del país decidió dejar sus cargos a disposición del Papa. Si se tiene en cuenta que los obispos chilenos no renunciaron, mucho menos de modo indeclinable, sino que pusieron sus cargos a disposición del Papa, quien se tomará un tiempo prudencial para sancionar, Lombardi se pregunta “¿Tendrá el coraje de extender esta conducta a todas las conferencias episcopales? ¿Derogará el secreto pontificio?”.

Lombardi asegura que “la supuesta soluciones no buscan otra cosa que blindar la institución, en desmedro de los derechos de las víctimas”

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