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Red Internacional

Trabajar ya no es el pasaporte para salir de la pobreza. Empleos precarios, salarios muy bajos y tener más de un trabajo: una combinación explosiva que cada vez se extiende más. La irracionalidad de que millones estén obligados a vivir así, y otros estén desocupados.

Celeste Vazquez@celvazquez1

Sábado 28 de mayo | 11:56

Desde hace tiempo que trabajar ya no es el pasaporte para salir de la pobreza. La nueva realidad laboral que viven millones está caracterizada por un alto grado de informalidad y por salarios muy bajos, tan bajos que están más cerca de la línea de indigencia que de pobreza.

Vivir con 1.000 por día

Cristián es albañil, tiene 36 años y vive en La Boca. Gana $28.000 por mes, trabaja 11 horas por día, 5 días a la semana. Sale a vender bebidas a la calle porque, a pesar de laburar casi todo el día, no le alcanzan para tirar hasta el fin de semana. Hasta ahora solo consiguió changas en la construcción, uno de los sectores de trabajo con más informalidad. Si fuera por él, tal vez todo fuera más fácil, pero no. "Mi ingreso es el único, soy el que trae el pan a la mesa". Tiene dos nenas, un varón, con su pareja suman 5. Hace rato que en Argentina se volvió casi imposible sostener a una familia entera con un solo ingreso y mucho menos si encima es tan bajo.

Cristián le contó su historia en La Izquierda Diario en la Marcha Federal, convocada por organizaciones sociales y desocupados, y que el pasado jueves 12 de mayo finalizó en la Plaza de Mayo en reclamo de trabajo y aumento de salarios.

Se enteró que estaba y salio a changuear para completar el sueldo. Si es que un sueldo de $28.000 al mes puede completarse con algo. ¿En qué hogar, una familia de 5 integrantes puede comer, vestirse, viajar para ir a la escuela o trabajar y pagar los gastos de servicios con $1.000 o menos por día?

“El reclamo es justo. Reclaman por trabajo, para poder comer, para que les alcance su sueldo, por el trabajo en blanco. No es fácil trabajar en blanco en Argentina”, se quejó Cristian que no necesita que nadie le cuente cómo funciona la precarización y la informalidad laboral.

Según una elaboración del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad Nacional de La Plata, el 31,5 % de los trabajadores que están ocupados fueron pobres durante el primer semestre del 2021. Este dato equivale a un incremento de 5 puntos porcentuales con respecto al período pre-pandemia, a finales de 2019, cuando esa cifra fue de 26,1 %. Si la comparación se hace contra fines de 2016, el aumento en la cantidad de trabajadores pobres fue del 10 % y de más del 13 % si se compara contra fines de 2017. Como vemos, que el impacto de la pobreza en los trabajadores que están ocupados viene aumentando en el último tiempo y de manera considerable.

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Como dice Luis Campos, coordinador del Observatorio del Derecho Social de la CTA-Autónoma, en esta entrevista a La Izquierda Diario: "el fenómeno de los trabajadores pobres se viene viendo desde hace ya mucho tiempo y se empieza a consolidar como un dato estructural del funcionamiento del mercado de fuerza de trabajo en nuestro país".

Son pobres quienes perciben ingresos que están por debajo de la canasta de bienes y servicios que establece el INDEC, que hoy está en $ 95.260 pero que es incompleta, porque por ejemplo, no cuenta los gastos de alquiler. La junta Interna de dicho organismo calcula esa canasta en $ 154.134.

Vivir 16 horas fuera de casa por $38.000

Elisa tiene 24 años, es mamá de un nene de 2 años y se recibió hace poco de radióloga. Mientras espera el título, hace comida para vender y busca trabajo de lo “suyo”. Hasta hace poco trabajó en un geriátrico de Flores en Ciudad de Buenos Aires. “Por trabajar 12 horas, me pagaban $38.000 y terminabas siendo multiuso. O sea limpiar, cocinar, atender a los abuelitos, higienizarlos, acordarte de las pastillas. Yo vivo en Pilar, entre el viaje y lo que laburaba me iba 16 horas de mi casa”, le contó también a La Izquierda Diario.

La realidad de Elisa es la de millones, sobre todo en los barrios populares. “Vivo en un barrio que recién ahora se está legalizando, porque era un barrio tomado. Nosotros pudimos comprar nuestro terreno para la casa. Con la pandemia tuve que ir por primera vez a un comedor porque no había laburo, ni changas de nada”.

Elisa ya no va más a un comedor porque, con mucho esfuerzo, puede comer en su casa, pero ve todos los días cómo en su barrio crece la cantidad de vecinos a los que no que les queda otra opción. “En el último tiempo hay mucha más gente que va, te diría que casi todo el barrio va al comedor, son casi 300 personas”.

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El poder de compra de los salarios y jubilaciones viene en picada desde el 2015 y el Frente de Todos, a pesar de sus promesas, no los recompuso. La pérdida del poder adquisitivo en los trabajadores registrados privados es de un 21,4 % con respecto a 2015, 25,8 % en el sector público registrado y 31 % en el caso de los trabajadores informales. Quienes no tienen trabajo registrado, no gozan de vacaciones, aguinaldo, derecho a sindicalización. En muchos casos, viven de changas y al día, son el sector más castigado.

Esos ingresos además son totalmente inestables porque se pueden cortar de un día para el otro y producir un descalabro infernal en hogares.

Algo así le pasó a Estela, que vive en José C Paz y también se movilizó junto a sus compañeras y compañeros en la Marcha Federal de este 12 de mayo. Se quedó sin trabajo en la pandemia. Cuidaba adultos mayores en casas particulares pero de un día para el otro le dijeron “no vengas” y su vida se trastocó. “Eso que con ellos trabajé 8 años, obviamente siempre en negro, pero igual así quedé en la calle”. Y tuvo que "reiventarse" para poder sobrevivir y mantener a su familia. "Tengo un plan con la cooperativa y además un kiosquito en mi casa. Todo ingreso de la cooperativa lo pongo ahí. Y con eso tiro el mes, sino no podría".

Dos hijos de Estela trabajan en la construcción. Uno de ellos empezó un laburo nuevo en un country. "Le dijeron que son 8 horas, le pagan $ 2.800 por día, 5 días de la semana".

Cristian y los hijos de Estela forman parte del 33% de trabajadores y trabajadoras que están obligados a trabajar en la informalidad absoluta. "Ni contrato le hacen, mientras que no falten y se lleven bien con los patrones, pueden durar años les dijeron", relató Estela.

Trabajar 10, 12 y hasta 16 horas no saca de la pobreza porque el nivel de los salarios es bajísimo. El sistema capitalista es tan irracional que al mismo tiempo que millones están obligados a estar 16 horas fuera de su casa como Elisa, un 7 % de la población está desocupada.

Ante este panorama, es necesario debatir la justeza de propuestas como la que está haciendo la izquierda en este momento: trabajar 6 horas, 5 días a la semana con un salario que sea como mínimo igual a la canasta básica y se actualice mes a mes de acuerdo a la inflación.

Como dice la bandera, trabajar 6 horas, 5 días a la semana, para trabajar todos.

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