Política Venezuela

UNA EXPERIENCIA PERSONAL EN LA VENEZUELA EN CRISIS

Me agarró la Guardia Nacional por hacer una cola para comprar

Crónica de un joven, trabajador y de izquierda en la actual Venezuela en crisis.

Humberto Zavala

Venezuela | @1987_zavala

Viernes 29 de julio de 2016 | Edición del día

Soy de los que cuando sale a hacer una cola generalmente vuelve a casa tarde, cansado y lo peor, sin los productos, como la mayoría de los que no nos queda otra entre tanta escasez, digamos.

Uno debe por regla sortear los métodos gangsteriles de toda una cofradía de "capitanes de cola" que se aseguran los primeros lugares y productos a la fuerza, para la venta de números, o reventa de productos; por medio del amedrentamiento a los que estamos en la cola (armas cortas mediante), creando amontonamiento para colearse, o adelantándose, entre otras competencias que ilegalmente la fuerza se lo permite.

Como correlato (y no en contradicción con lo anterior), debe uno aguantarse la presencia de las fuerzas policiales y militares, con sus armas largas, sus patrullas, su prepotencia, y otras muchas facultades que legalmente el Estado les confiere.

Y sin embargo, uno vuelve a ellas, no precisamente en un afán de "aventuras" sino por la necesidad de buscar algún producto de primera necesidad. Así fue que hace días las circunstancias me llevaron a escribir un mensaje de texto: “me agarró la Guardia Nacional por hacer una cola para comprar, luego hablamos".

En el lugar "equivocado", en el momento "equivocado"

Ser (todavía) joven, trabajador y de izquierda te da reflejos para huir prudentemente de las fuerzas policiales, pero ser responsable de una familia a la que sustentar presiona esfuerzos para no volver con las manos vacías a casa.
Era en las afueras de una conocida franquicia farmacéutica, en la que supuestamente venderían -entre otras cosas- pañales, toallitas higiénicas, leche de fórmula, jabón y crema dental; donde ocurrió que fuéramos detenidos un grupo de personas cerca de dos horas por la Guardia Nacional, solo por hacer una cola para comprar.

¿Qué importa dónde estaba parado?, ¿qué importa la hora?, ¿qué importa cómo iba vestido? Quienes se hacen tales preguntas no hacen más que reproducir el podrido sentido común de que si te agarran es tu culpa.

Como si las angustias cotidianas por la necesidad, la escasez, la carestía de la vida, la inflación sin tregua, la prepotencia del Estado policial, entre otras taras sociales, fuesen adosables a quienes vivimos de nuestro trabajo.

Podrá decirse que es sesgado (desde sesgos "opuestos"), pero desde una óptica de clase, lo que pude ver es que conmigo "cayeron" mujeres, algunas de ellas embarazadas, y jóvenes trabajadores y trabajadoras, etc.; nunca ricachones, ni políticos de derecha o del gobierno, ni policías, ni militares, etc. Está claro lo que es para el "orden social" estar en el bando equivocado.

En el "carro e’ drácula"

La patrulla de la guardia nacional, bautizada así por sus características por el famoso chiste del comediante Emilio Lovera, la realidad dentro de las patrullas de la Guardia Nacional es todo menos chistosa: entras contra tu voluntad, te someten a un interrogatorio absurdo, la sirena te apuñala los oídos, etc.

Se escucha el llanto de la mujer embarazada, la ironía del trabajador diciendo "si no trabajo no como, si trabajo, tampoco" que rápidamente cambió a "Si no madrugo no compro, y si madrugo tampoco"; la súplica de la madre rogándole al Guardia que nos soltara, que no habíamos cometido ningún crimen, que no éramos "malandros"... Y la respuesta de una Guardia mujer mandándola a callar y amenazando con llevarnos a todos "al comando".

La cosa no fue a mayores, a casi dos horas de estar retenidos, y ya formada la cola afuera, fuimos liberados.

La ironía mayor del asunto fue que después del atropello, a las fuerzas del orden cínicamente les preocuparan las normas de cortesía, exigiendo "educación" cuando nos devolvían el documento de identidad que previamente nos fuera incautado.

Nadie dijo "Gracias".

A la luz y a la sombra de la crisis

Experiencia personal como la que relato se han ampliado, masificado y cotidianizado tanto que rebasan los confines de lo anecdótico-personal.
Es lo que vivimos quienes, más allá del discurso oficial de "inclusión" del chavismo por vía de una redistribución parcial y efímera de la renta durante la "bonanza petrolera", estuvimos en el fondo siempre a la sombra de esa bonanza.

Por un lado, los miles de millones de dólares en indemnizaciones a empresas nacionalizadas; los miles de millones de dólares que se fueron por concepto de deuda externa, otros miles de millones que legal e ilegalmente se fugaron del país, enriqueciéndose banqueros, empresarios, políticos y altos mandos militares... y en el otro extremo, los millones de trabajadores y pueblo pobre venezolano a la zaga de la "gótica de petróleo".

La crisis económica por escasez de divisas no ha hecho más que ensanchar la brecha entre quienes se la siguen llevando en balde y los que dejamos la vida en las colas, soportando las arbitrariedades de las "fuerzas de orden público", o el racionamiento a la espera de la "bolsita" del CLAP.

A la "miseria de lo posible" que nos venden tanto desde el chavismo cuando nos prometen "volver al legado" y desde la derecha cuando nos embaucan con "la meritocracia", es necesario plantear una salida independiente a la crisis que pase por la organización de Comités obreros y populares de Abastecimiento y Control de Precios, para desmilitarizar; y un Plan económico de emergencia discutido ampliamente por los obreros e impuesto por la fuerza de la movilización de masas.

...Aquel día, volví nuevamente a casa con las manos vacías; los guardianes del orden, por su parte, fueron "premiados" por el establecimiento, con la compra de los productos en cuestión.







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