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Red Internacional

Editorial. Más ricos y más pobres

Un informe muestra el fuerte aumento de la desigualdad en el mundo y también en la Argentina. El contexto del acuerdo con el Fondo Monetario y las dos plazas. Editorial de “El Círculo Rojo”, programa de La Izquierda Diario que se emite los jueves de 22 a 24 h por Radio Con Vos, 89.9.

Jueves 16 de diciembre de 2021 | 23:22
  •  Por estos días se conoció un informe sobre la desigualdad mundial hacia 2022 elaborado por un centenar de investigadores y dirigido por el economista francés Thomas Piketty (un autor que se puso un poco de moda en el último tiempo a partir de la publicación de su libro El Capital en el siglo XXI). El informe tiene datos actualizados (y tomo la referencia de un artículo del Alfredo Zaiat publicado en Página 12) sobre riqueza global, ingresos, género y desigualdad ecológica.

  •  La conclusión central o más general es que en estos dos años de pandemia y crisis, los ricos se hicieron más ricos y los pobres más pobres. Además, la miseria alcanzó a muchos millones más. En 2020 se produjo el aumento más pronunciado en la participación de los multimillonarios en la riqueza del mundo.
  •  Grafiquemos con algunos datos: el 10 por ciento más rico de la población mundial recibe actualmente el 52 por ciento del ingreso mundial, mientras que la mitad más pobre de la población gana el 8,5 por ciento.
  •  Sobre la dinámica de los ingresos del último tiempo: uno de los resultados dice que la brecha entre los ingresos promedio del 10 por ciento superior y el 50 por ciento inferior de las personas dentro de los países casi se ha duplicado, de 8,5 a 15 veces.
  •  Las desigualdades mundiales de riqueza son incluso más pronunciadas que las desigualdades de ingresos. La mitad más pobre de la población mundial apenas posee el 2 por ciento del total de la riqueza. En contraste, el 10 por ciento más rico de la población mundial posee el 76 por ciento de toda la riqueza.
  •  Acá vale aquello que algunas veces citamos: “Ustedes se horrorizan de que queramos abolir la propiedad privada. Pero, en vuestra sociedad, la propiedad privada está abolida para las nueve décimas partes de sus miembros; existe precisamente porque no existe para esas nueve décimas partes. Nos reprochan, pues, el querer abolir una forma de propiedad que no puede existir a condición de que la inmensa mayoría de la sociedad sea privada de toda propiedad”.
  •  En términos de comparación histórica, el documento reitera que las desigualdades globales parecen ser tan grandes hoy como lo fueron en el pico del imperialismo occidental a principios del siglo XX. De hecho, la proporción de ingresos que capta actualmente la mitad más pobre de la población mundial es aproximadamente la mitad de lo que era en 1820.
  •  En lo que va del siglo, la desigualdad de la riqueza ha aumentado significativamente. La riqueza de las 50 personas más ricas del mundo aumentó 9 por ciento anual entre 1995 y 2021, y la riqueza de las 500 personas más ricas se incrementó 7 por ciento anual.
  •  Acá valen dos reflexiones:

    Por un lado, estos datos son una respuesta por la vía de los hechos a aquello que siempre se le pregunta a quienes quieren cambiar este sistema o a la izquierda: ¿Dónde funciona el sistema que vos proponés? Fenómeno, ¿y este sistema con estas cifras “funciona”? ¿Esto es “funcionar”?.

    En segundo lugar, es necesario desmentir otra falacia: la inmensa mayoría de estos poseedores no fue gracias al mérito, al esfuerzo, la creatividad o la inteligencia. La mayoría es por herencia. El sistema no premia el mérito, el esfuerzo o las capacidades intelectuales, las castiga. Premia a esta gente. Y confirma otro aforismo clásico: “Los que trabajan no poseen y los que poseen no trabajan”.

  •  Por último, veamos qué pasa en la Argentina: en 2021, el 10 por ciento superior retuvo alrededor del 40 por ciento del ingreso nacional total. En términos relativos, se encuentra por debajo del promedio de América latina que subió a poco más del 55 por ciento. "Aunque las desigualdades en Argentina son más bajas que el promedio de América latina, siguen siendo, en general, particularmente altas", sentencia el documento.
  •  Acá vale otra reflexión: primero que es escandalosa la desigualdad, y segundo que es menor. Si es menor es por una relación de fuerzas histórica de nuestro país que es un hándicap y a la vez o como parte de lo mismo porque el 2001 que todavía vive en algunas conquistas.
  •  Otra de las conclusiones importantes es que "la desigualdad no es inevitable, es una elección política".
  •  Quiero linkear esto con lo que se discute actualmente en la Argentina: el acuerdo con FMI que solicita de alguna u otra manera más ajuste. Un debate y una exigencia que tiene lugar en este contexto. Algunos protagonistas reconocen implícitamente la situación. Por ejemplo, Martín Guzmán cuando estaba “defendiendo” un presupuesto que no conforma a casi nadie dijo “es difícil que genere demasiado entusiasmo porque las necesidades sociales son inmensas y el presupuesto está diseñado en función de las restricciones que tenemos”.
  •  Por eso tuvo lugar esa extraña plaza del “Ni” como la definió Alejandro Bercovich a la organizada por el oficialismo con Lula y Mujica y otras figuras el 10 de diciembre, en la que los protagonistas eran conscientes que en los hechos están impulsando un a un acuerdo con el Fondo, pero no pueden agitarlo a los cuatro vientos y, por el contrario, hacen declaraciones como si lo enfrentaran.
  •  Y por eso también tuvo el peso y la gravitación la plaza del sábado 11 convocada por la izquierda y más de cien organizaciones que dijo claramente que No. Porque efectivamente, la desigualdad, el ajuste y la subordinación no son inevitables, no son una consecuencia mecánica de la “correlación de fuerzas”, son una elección política. Y la elección política es clara: o profundizar este escenario de cifras inhumanas, salvajes y aberrantes o combatirlo.
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