Internacional

ENTRELÍNEAS DE LOS GRANDES DIARIOS

Brasil: más “ajuste”, desgaste político y menos impeachment

Sale a la luz la lista de los políticos involucrados en el escándalo de corrupción. Siguen los debates sobre el impeachment. Esta semana las editoriales de los grandes periódicos nacionales llaman a una mayor moderación.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Martes 10 de marzo de 2015 | Edición del día

Finalmente salió a luz la tan esperada “lista Janot”. A partir de las denuncias de Alberto Youssef y Paulo Costa, ex director de Abastecimiento de Petrobras, el partido más afectado fue el Partido Progresista (PP), uno de los herederos del ARENA y el que fuera sostén de la dictadura militar. Todas las figuras del Partido de los Trabajadores (PT), del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) que aparecen involucradas optaron en general por el silencio. La excepción a esta regla se dio entre los funcionarios de los más altos cargos como Renan Calheiros, del PMDB, presidente del Senado, y Eduardo Cunha, también del PMDB y presidente de la Cámara, sucesor presidencial después del vice-presidente Michel Temer.

A pesar de ser una primera lista, que da una idea aun reducida del número de involucrados en el caso del “Lava Jato”, es evidente que los principales partidos del régimen político brasilero tienen alguna participación en el desvío de fondos de Petrobras: en esta primera lista aparecen 22 diputados en ejercicio, 12 senadores y 14 ex-diputados. Entre ellos, 5 ex-ministros, varios ex-gobernadores y hasta el ex-presidente de la República, Fernando Collor de Mello. Del PSDB, por ahora, sólo aparece un dirigente pero no menor: el senador Antônio Anastasia, ex-gobernador del estado de Minas Gerais, muy cercano a Aécio Neves, actual presidente del PSDB y quien disputara la presidencia con Dilma en 2014.

Si tuviéramos en cuenta las declaraciones de ambos presidentes de las Cámaras parlamentarias podríamos prever tendencias a una crisis abierta. Sin embargo, hay muchas señales de que frente a la preocupación de políticos oficialistas y opositores sobre la crisis de representatividad del régimen político brasilero y el creciente descreimiento de la población frente a los casos de corrupción, en aumento a partir del caso “Lava Jato”, nos encaminamos a un equilibrio precario e inestable, lleno de denuncias y nuevos implicados, incluso con algunos “sacrificados”, pero donde las tendencias a unirse para implementar los ajustes contra la clase trabajadora tienden a prevalecer al “sálvese quien pueda”.

Las voces de los grandes medios apuntan a una mayor moderación. El PSDB, involucrado en el esquema de corrupción, no presiona por la “campaña del impeachment (destitución)” sino que se posiciona en “el centro”, buscando garantizar cierta gobernabilidad. “Es mejor ver sangrar a este gobierno hasta el último día de su mandato que derrumbarlo de esa manera, que no siempre parece ser tan legítima”, dice un diputado tucano, prefiriendo ver desgastar al PT por el escándalo “Lava Jato” que por el impeachment.

Eduardo Cunha a través de declaraciones en los medios, se enfrenta con el gobierno de Dilma o con personal del “ejecutivo”, pues alega habría sido incluido en la lista Janot, sin pruebas, para poner en jaque su postura independiente del gobierno. Sectores de los grandes medios, sin atacarlo directamente, ofrecen argumentos para debilitarlo. El diario Zero Hora de Porto Alegre dedicó su editorial del sábado pasado, titulado “Más que nombres”, a señalar cómo los acusados deben ser separados de las presidencias y de la participación en la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI). O Globo del pasado domingo 8 de marzo, presentó nuevas denuncias en su contra e intenta demostrar cómo sus aliados parlamentarios hicieron lobby contra las empresas que se atrasaban con las “propinas”.

Renan Calheiros, considerado hasta hace pocos meses fiel escudero del Planalto, que actuaría como escudo de Dilma conteniendo al “independiente” Cunha, no se quedó atrás de su correligionario. Sus declaraciones apuntan a crear una CPI del Ministerio Público y, junto a Cunha, está buscando marcar el terreno, como si las acusaciones en su contra fuesen infundadas y “meramente políticas”. La agresividad de ambos parece indicar que por detrás de esta humareda hay fuego. Ambos, influyentes y con mil conexiones en la política nacional, pueden ser factores que compliquen el escenario político.

También es posible esperar novedades y tendencias a la inestabilidad de otros actores en juego. En el otro extremo del espectro político, de los embates tucano-petistas, la revista Carta Capital, que tiende a una línea “petista crítica”, dedica su editorial a aconsejarle al gobierno de Dilma que no concrete ningún pacto. Es decir, hay claras presiones en los dos “campos” que guían la política nacional. Claramente, los medios no son ajenos a estas presiones.

Sin embargo, lo que parece fortalecerse es la tendencia a buscar acuerdos y negociaciones. Las idas y vueltas de las declaraciones de Fernando Henrique Cardoso (FHC) en los medios, sobre articular un acuerdo con el PT por la gobernabilidad son una muestra, aunque no consumada, de esta tendencia.
Los editoriales de los tres diarios más importantes del país refuerzan los análisis que tienden a la búsqueda de acuerdos. O Globo y la Folha de San Pablo dedicaron sus editoriales a incentivar y profundizar los “ajustes” y, por tanto, a atacar los derechos y condiciones de vida de la clase trabajadora. El diario carioca se dedicó a argumentar a favor de mayores ajustes en los estados y municipios para acompañar el ajuste federal, y así reza el credo neoliberal, crear condiciones para el crecimiento futuro. La Folha de San Pablo argumentó en su editorial “Ajuste, pero no sólo eso”, a favor de reformas más estructurales que podrían ser negociadas en el Congreso facilitando un mayor apoyo a los ajustes. El Estadão de San Pablo, que publica tres editoriales el domingo, dedicó dos de ellos a la política nacional. Uno, titulado “Dilma puede actuar sin el Congreso”, reconoce las dificultades para la aprobación en el Congreso de algunas medidas de ajuste y aconseja al gobierno administrar los gastos y tomar otras medidas que no dependan del parlamento. Pone en claro, una vez más, cómo el “Estadão” es un falso paladín de la libertad y de la democracia. Cuando se trata de atacar los derechos sociales y despedir no se necesita la democracia. El dinero está primero

Si la situación política nacional tendiese al “apocalipsis” con el que algunos petistas y cutistas alardean en las redes sociales y algunos lugares de trabajo, tendríamos que esperar editoriales más “impeachmistas” (destituyentes) de estos grandes medios, reconocidamente opositores a Dilma. El segundo editorial del “Estadão” titulado “Confusión es todo lo que quiere Lula”, discurre sobre cómo en el momento actual es incorrecto levantar la reivindicación del impeachment. Argumenta que esta consigna “puede ser políticamente tentadora” pero “será ciertamente inoportuna”. ¿Por qué? Porque del otro lado Lula y el MST prometen ir a la confrontación, argumenta el diario, y esta radicalización será perjudicial. Y siguiendo esta lógica, defender el impeachment favorecería al “lulopetismo”.

Naturalmente, Lula y el PT están completamente integrados al régimen y no buscan la inestabilidad. La única fuerza que puede golpear el tablero es la clase trabajadora cada vez más descontenta con su antiguo referente político, el PT. Los partidos del gobierno y de la base aliada, hasta la misma oposición, se unifican frente a los ajustes contra el pueblo mientras desvían miles de millones de Petrobras.

La orientación que los principales diarios dejan trazada a la burguesía es clara. Sangrar, desgastar, hacer mucha política y escándalos contra Dilma y el PT, pero sin llegar al impeachment. Trabajar dentro de este equilibrio precario en la situación política, sin despertar fuerzas que puedan provocar una mayor desestabilización, más aún porque los reales intereses empresariales están en juego en otro terreno, el de los ajustes y las reformas y aquí, petistas y tucanos, tienen mucho por negociar y acordar.







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