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Red Internacional

La inflación de marzo fue la más alta en 20 años, los alimentos y bebidas registraron una suba mayor. El Gobierno echa más nafta al fuego y convocó a audiencias públicas para subir las tarifas de luz y gas. Siguen las internas oficiales, mientras tanto cae el poder de compra de los ingresos y los grandes empresarios ganan.

Viernes 15 de abril | 20:10

“Milagros no hago”, “la inflación de marzo va a ser la más alta del año”, fueron las recientes declaraciones de Feletti, Secretario de Comercio, y Martín Guzmán, que anticipaban un mes crítico en materia de precios. El miércoles el Indec confirmó el número maldito, 6,7 % mensual, el valor más alto desde abril de 2002. El aumento de alimentos y bebidas se ubicó por encima del nivel general y alcanzó el 7,2 %.

En el acuerdo con el FMI que pactó el Gobierno se proyectó una inflación para este año de entre el 38 % y el 48 %. Para que la inflación del año sea del 48 % debería reducirse al 2,7 % mensual desde abril hasta fin de año, misión imposible. En el caso que el Gobierno logre desacelerar la inflación al 4 % mensual, durante el mismo período, la inflación interanual en diciembre treparía al 65 %. Es decir, 2022 será un año de alta inflación y no se puede descartar un escenario de desborde. Pasó un mes que Alberto Fernández anunciara la guerra contra la inflación, pero las medidas fueron impotentes para controlarla. Se espera que Guzmán viaje a Washington para reunirse con la titular del FMI para renegociar las metas con el Fondo.

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El número de marzo recalentó la interna oficial por las medidas que no se aplican, como reclama Feletti un mayor aumento de retenciones, o porque no hay un “apoyo político claro” como reclamó Guzmán en una entrevista en C5N. El ministro de Economía también anticipó un posible recambio en el gabinete al afirmar que seguirán “con gente que esté alineada con el programa económico que se ha definido". ¿Teléfono para Feletti o los “Federicos” Basualdo, subsecretario de Energía Eléctrica, Bernal, interventor del Enargas? Esperar y ver. El Gobierno ya convocó a audiencias públicas en mayo para subir las facturas de luz y gas.

Mientras las acusaciones cruzadas continúan los que pagan las consecuencias de la inflación son los trabajadores y los jubilados que sobreviven para llegar a fin de mes. Es urgente un aumento de emergencia, por eso el Frente de Izquierda presentó un proyecto en el Congreso de aumento de salarios para que se discuta en cada lugar de trabajo para que trabajadoras y trabajadores se organicen para enfrentar este nuevo ataque a las condiciones de vida que es la inflación.

Nafta al fuego

La inflación es un fenómeno complejo que responde a un conjunto de causas que se retroalimentan, entre las que se puede mencionar las devaluaciones del peso, y la dolarización de tarifas de la energía y del combustible. Además, la guerra en Ucrania provocó la suba de los precios de los alimentos, que ya incidió en el alza de la inflación en varios países. Como en el país hay un monopolio privado del comercio exterior, una decena de empresas controlan la mayor parte de la exportación de granos, y estas tienen el poder de trasladar los precios internacionales a los precios locales.

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Por su parte, también el Gobierno contribuyó a la suba de precios. Este año el Banco Central aceleró la suba del tipo de cambio oficial para que no se retrase con respecto a la inflación. Si bien aún aumenta por detrás de la suba de precios, el incremento del dólar impacta en el conjunto de precios por la gravitación que tiene el tipo de cambio en el desenvolvimiento de la economía argentina. Esta política fue acordada con el Fondo.

Como respuesta a la inflación de marzo este miércoles el Banco Central subió por cuarta vez en el año la tasa de interés, también otra medida pactada con el organismo y que encarece el crédito. En el comunicado oficial la autoridad monetaria aclaró que como política, entre otras, se mantendrá “un nivel del tipo de cambio real multilateral que es adecuado para preservar el superávit de cuenta corriente del balance de pagos en los próximos años”, esto quiere decir que seguirán aumentando el dólar oficial.

Otro factor que incidió en la inflación fue el aumento de las tarifas de electricidad y gas en marzo de un 20 %, y de los combustibles. En marzo, el rubro Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles escaló un 7,7 %, es decir se ubicó por encima del nivel general. Ahora habrá un nuevo aumento de las tarifas. El nuevo ajuste para la mayoría de los usuarios será de hasta 21,5 % en gas y 17 % en luz. Para los beneficiarios de la tarifa social el incremento será menor, mientras que el 10 % de los usuarios de mayor poder adquisitivo afrontará una suba mayor. Vale aclarar que según el Indec al cuarto trimestre del 2021 el decil de mayor ingreso de la población asalariada comienza en $ 100.000, es un valor por debajo de la canasta de consumos mínimos que calcula la junta interna de dicho organismo para que una familia pueda llegar a fin de mes, es decir no se aplicará el mayor aumento solo a los más ricos.

Otra interna hubo esta semana alrededor del nuevo aumento. El subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, este miércoles presentó un documento crítico donde señala que la propuesta oficial no contempla el principio de gradualidad.

La contradicción oficial es que la suba de tarifas acelera los precios, pero postergar su incremento al mantener las privatizadas con tarifas dolarizadas lo que crece son los subsidios que el Gobierno se comprometió a reducir en el acuerdo con el Fondo. Según un reciente informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso, los subsidios a la energía durante el primer trimestre del año totalizaron $ 305.428 millones, y representó una suba de 90,1 % en términos reales con respecto al mismo período de 2021. Un aumento que beneficia a las empresas privatizadas y que estuvo muy por encima de lo que subieron las jubilaciones y pensiones (5,3 %), o la Asignación Universal por Hijo (3,7 %) en el mismo período en términos reales.

Sonríen las patronales

Una política para reducir la inflación que destaca el comunicado del Banco Central es una vieja receta, lograr “acuerdos de precios y salarios” para evitar “la amplificación inflacionaria del shock externo reciente mediante la coordinación de expectativas”. Estos acuerdos ya se intentaron en otros momentos y quedaron en la nada. No son los aumentos de salarios los que generan inflación, incluso en los últimos años estuvieron por detrás de la suba de precios.

El poder adquisitivo de los salarios no logró recuperar en 2021 todo lo perdido, a pesar de la recuperación económica. En enero la pérdida de los salarios del sector privado registrado en relación a octubre de 2015 fue del 20 %, y para los trabajadores públicos fue del 28 %. En el caso de los trabajadores informales la merma fue del 29 % en relación a octubre de 2016.

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Es que la recuperación económica no fue para todos y todas. Esta semana el Indec publicó que la remuneración del trabajo asalariado perdió en 2021 casi cinco puntos porcentuales en relación al 2020 en su participación en la torta de la riqueza producida en el país, que hay que recordar es producto del trabajo humano y de la naturaleza. La caída es mayor en relación a 2016 cuando comienza la serie: casi 9 puntos porcentuales.

Por su parte, el Excedente de Explotación Bruto, que es como una aproximación a la masa de ganancias de los capitalistas el año pasado aumentó casi cuatro puntos porcentuales de la torta de riqueza producida. En relación a 2016 el Excedente de Explotación Bruto aumentó casi 7 puntos porcentuales. Queda a la vista que lo que se recuperó fueron las ganancias, festejan los dueños del país.

En el conocido libro Diario de una temporada en el quinto piso, Juan Carlos Torre relata “veo y escucho a través de la ventana de mi oficina sobre Plaza de Mayo, (…) son los docentes que saltan y cantan: A ver, a ver, quién decide los salarios, si el pueblo unido o el Fondo Monetario”. Acciones que también están hoy presentes como se vio con las movilizaciones de los movimientos de desocupados y un mismo enemigo, el FMI. Ya es hora que los dirigentes sindicales, en especial los que denuncian el acuerdo con el FMI y el ajuste como Palazzo, Moyano, y Yasky se pongan a la cabeza de una pelea central cuando la inflación avanza que es la defensa del poder de compra del salario y de las condiciones de vida de la clase trabajadora ocupada y desocupada.

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