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Red Internacional

ANIVERSARIO.Marx, “la más formidable de las fuerzas: un soñador que piensa, un pensador que sueña”

Dos meses después de la Comuna de París, un periodista visitó al fundador del socialismo científico. Fragmentos de una entrevista excepcional y poco conocida.

Martes 5 de mayo de 2020 | 18:47

Julio de 1871. Habían pasado dos meses del aplastamiento de la Comuna de París, descrita por Carlos Marx como “un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora; la forma política, al fin descubierta, para llevar dentro de ella la emancipación económica del trabajo”.

Como señalaba el economista y teórico Ernest Mandel, si bien la Asociación Internacional de Trabajadores o I Internacional -fundada por los padres del socialismo científico- no había desempeñado un papel decisivo en la preparación o dirección de esta experiencia, “el auge del movimiento obrero francés, especialmente en París, durante los años y los meses que precedieron a la Comuna, estuvo lo bastante influido por la Internacional como para que pueda considerarse objetivamente que la primera revolución proletaria victoriosa fue la coronación lógica de su trabajo”.

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Sin duda, así lo consideraba la burguesía, que no ahorraba en armas ni propaganda para aplastar estas ideas. En este contexto, el periodista R. Landor fue a conocer al hombre más temido por los gobiernos europeos de la época. El reportero no simpatizaba con las ideas de su interlocutor y lo dejaba claro en el diálogo. Sin embargo, quedó sorprendido ante la entereza de quien llamó un “Sócrates” contemporáneo y estaba convencido de que su impronta había llegado para quedarse.

El artículo final, una mezcla entre crónica y entrevista, fue publicado en el periódico New York World, el 18 de julio de 1871. Aquí, algunos fragmentos.

Carlos Marx, según R. Landor

Me encargaron averiguar algo acerca de la Asociación Internacional de Trabajadores y he tratado de hacerlo. La empresa resulta particularmente difícil en este momento. Indiscutiblemente, Londres es el cuartel general de la Asociación, pero los [empresarios] ingleses están asustados y en todas partes huelen algo internacional, al igual que el Rey James creía sentir olor a pólvora después de la famosa conspiración. (…)

He visitado a dos de sus más importantes miembros, he hablado con uno de ellos libremente y aquí les doy a ustedes lo esencial de mi conversación. (…) Había visto a ese mismo hombre pronunciar en público elocuentes palabras, inspirados por la energía del odio hacia aquellas clases que se llaman a sí mismas dirigentes. Comprendí sus soflamas tras echar un vistazo a la vida cotidiana del orador. (…)

(…) Carlos Marx es un doctor en filosofía alemán, con una amplitud de conocimientos derivada tanto de la observación del mundo viviente como de los libros. (…) Sí, estoy cara a cara con la revolución encarnada, con el auténtico fundador y guía espiritual de la Internacional; con el autor de un discurso que le dice al capital que si le declara la guerra a los trabajadores, no puede menos que esperar que la casa arda hasta los cimientos. En pocas palabras, me encuentro frente al apologeta de la Comuna de París.

¿Recuerdan el busto de Sócrates, aquel hombre que prefirió morir antes que creer en los dioses de su tiempo? (...) Imaginen ese busto, pónganle una barba oscura salpicada aquí y allá por pinceladas de gris. Seguidamente, unan esa cabeza a un tronco corpulento propio de un hombre de estatura media, y tendrán ante ustedes al doctor Marx. Si cubren con un velo la parte superior de su rostro podrían estar en presencia de un miembro nato de la junta parroquial protestante. Si dejan al descubierto su rasgo más esencial, su inmenso ceño, sabrán de inmediato que se encuentran frente a la más formidable conjunción de fuerzas: un soñador que piensa, un pensador que sueña.

(…)

Fui directamente al asunto que me interesaba. El mundo, dije, parecía estar a oscuras respecto a la Internacional, odiarla a muerte; pero, al mismo tiempo, incapaz de decir qué odiaba. Había gente que afirmaba haber atisbado una especie de figura de Jano [en la mitología romana, el dios de los portales, las transiciones y los finales]; con una honrada y sincera sonrisa de obrero en una de sus caras y, en la otra, la agresiva mueca de un conspirador homicida. ¿Podría arrojar luz sobre el misterio que encubre la teoría?

El profesor rio, diría que con cierto regocijo, ante el pensamiento de que estuviésemos tan asustados de él.

-Marx: No hay ningún misterio que aclarar, querido señor, excepto tal vez el misterio de la estupidez humana, en aquellos que perpetuamente ignoran el hecho de que nuestra Asociación es pública y que los más completos informes de sus actividades se publican para todos los que quieran molestarse en leerlos. Usted mismo puede comprar nuestros reglamentos por un penique; y un chelín invertido en folletos le enseñará acerca de nosotros casi tanto como nosotros mismos sabemos.

- Landor: ¿Y la última insurrección de París?

(…)

-Marx: La insurrección de París fue hecha por los trabajadores de París. Los más capaces entre los obreros tuvieron necesariamente que ser sus líderes y administradores; pero los más capaces entre los obreros resulta que son también miembros de la Asociación Internacional. Pero la Asociación como tal no tiene que ser en modo alguno responsable de su acción.

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-Landor: No obstante, al mundo le parece de otra manera. La gente habla de instrucciones secretas desde Londres e incluso de aportaciones de dinero. ¿Puede afirmarse que el carácter supuestamente abierto de los procedimientos de la Asociación impide todo secreto en las comunicaciones?

(…)

  •  Marx: Hablar de instrucciones secretas desde Londres, como si se tratase de decretos sobre cuestiones de fe y moral desde algún centro de intriga y dominación papal, es confundir completamente la naturaleza de la Internacional. Esto implicaría una forma centralizada de gobierno de la Internacional, mientras que la forma real es precisamente la que da mayores oportunidades a la energía e independencia locales. De hecho, la Internacional no es propiamente un gobierno para la clase obrera, en absoluto. Es un vínculo de unión más que un mecanismo de control.

    -Landor: ¿Y de unión para qué fin?

    - Marx: Para la emancipación económica de la clase trabajadora mediante la conquista del poder político. El uso de ese poder político para el logro de fines sociales. (…) La Asociación no dicta las formas de los movimientos políticos; solamente requiere una garantía de su finalidad. Es una red de sociedades afiliadas que se extienden por todo el mundo del trabajo. En cada parte del mundo se presenta algún aspecto especial del problema y los trabajadores lo toman en consideración a su manera propia. Las combinaciones entre trabajadores no pueden ser absolutamente idénticas en detalle en Newcastle y en Barcelona, en Londres y en Berlín. (…) Establecer una perfecta solidaridad entre estas organizaciones es la tarea de la Asociación Internacional. Su influencia está empezando a hacerse sentir en todas partes. Dos periódicos difunden sus puntos de vista en España, tres en Alemania, el mismo número en Austria y en Holanda, seis en Bélgica y seis en Suiza. Y ahora que ya le he dicho lo que es la Internacional, quizá esté usted en condiciones de formar su propia opinión con respecto a sus pretendidos “complots”.

  •  Landor: No le entiendo muy bien.

    -Marx: ¿No ve usted que la vieja sociedad, falta de fuerzas para defenderse con sus propias armas de discusión y combinación, se ve obligada a recurrir al fraude de imputarnos una conspiración? (…) ¡Todos los periódicos franceses! Vea, aquí está uno de ellos (tomando La Situadon) y juzgue por usted mismo el valor de su evidencia en cuanto a hechos. [Lee] “El Dr. Karl Marx, de la Internacional, ha sido arrestado en Bélgica, cuando trataba de escapar a Francia. La policía de Londres vigilaba desde hace tiempo la sociedad a la que aquél está vinculado, y ahora está adoptando activas medidas para su supresión”. Dos frases y dos mentiras. Usted puede poner a prueba la evidencia con sus propios ojos. Usted ve que en vez de estar en prisión en Bélgica estoy en mi casa en Inglaterra. Usted debe saber también que la policía en Inglaterra es tan impotente para interferir con la Sociedad Internacional, como la Sociedad con ella. Sin embargo, lo más probable en todo esto es que la noticia circulará por toda la prensa continental sin una contradicción y seguiría haciéndolo aunque yo enviara circulares a cada periódico de Europa desde aquí.

    -Landor: ¿Ha intentado usted rebatir muchas de estas falsas informaciones?

    -Marx: Lo hice hasta que me aburrí de la tarea.

    (…)

    Aquí les he dado, tan bien como puedo recordarlos, los puntos principales de mi conversación con este hombre notable. Dejaré que ustedes saquen sus propias conclusiones. Por mucho que pueda decirse en favor o en contra de la posibilidad de su participación en el movimiento de la Comuna, podemos tener la seguridad de que la Asociación Internacional es un nuevo poder en el seno del mundo civilizado, con el que éste tendrá que echar cuentas, para bien o para mal, más pronto que tarde.




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