Internacional

BRASIL – GOLPE INSTITUCIONAL

Marx en el Senado: el 18 Brumario citado por Dilma Rousseff

En su defensa en el Senado la presidenta Dilma Rousseff, a diferencia de lo que venía haciendo, defendió claramente la idea de que lo que se concretó en la jornada de hoy fue un golpe.

Leandro Lanfredi

Trabajador petrolero | Rio de Janeiro

Jueves 1ro de septiembre de 2016 | Edición del día

Numerosas veces hizo mención a los “estudios de ciencia política” y habló de los recientes golpes institucionales en América Latina. En determinado momento citó a Marx, especialmente el libro El 18 Brumario, escrito al calor del golpe de Estado que derrotó otro golpe, culminando toda la serie de golpes desde 1848 en Francia.
La idea de golpe de Estado o coup d’Etat en Marx no se limita a los tanques (que ni siquiera existían) sino a toda una serie de “maniobras y golpes” al interior de la democracia burguesa. En ese sentido, Marx no tiene una definición “cerrada” del término golpe de Estado, pues en cada caso se refiere a distintos elementos.

Y esto es lo que está en curso. Una maniobra, secundada por los medios y por el “partido judicial” al interior de la democracia burguesa en función de fortalecer una derecha política en el Ejecutivo, apartando del poder al PT pero también secuestrando el voto popular. La legalidad cuestionable del accionar constitucional tiene ese fin: poner un representante de la Federación de Industrias de San Pablo (FIESP), de los empresarios, establecer nuevas relaciones con el imperialismo.
Algo que no podría ser citado por Dilma es una lección clave del texto de Marx. La situación trágica de empate de las clases sociales en pugna – la burguesía y el proletariado – que abre espacio a esta situación de lucha entre las fracciones de la clase dominante, todas ellas luchando por el poder Ejecutivo y dando golpes contra la democracia burguesa teniendo como blanco preparar mejores condiciones futuras para atacar a la clase trabajadora. Como el patético sobrino del gran Napoleón llegó a hacer, un pequeño personaje elevado a grande por ese empate. Algo de eso vivimos en el Brasil actual.

El pequeño Temer, político en las sombras, vicepresidente decorativo se convierte en el conductor del poder central en nombre de la FIESP, de los tucanos (PSDB) y la embajada yanqui para avanzar en las medidas de ajuste. Avanzan sobre la democracia burguesa, secuestran los votos populares, proponen caminos para restringir la participación de la izquierda en política (dando poder a los medios como O Globo para decidir si la convoca o no) y también con la prohibición legal de hacer política en los lugares de trabajo. ¿Es Temer un nuevo Bonaparte antesala de golpes mayores a la democracia burguesa? Lo que es seguro, a nuestros derechos.
La clave es entender cómo fue que el PT de Dilma y Lula “repitió, como farsa, la tragedia”, no de otro Bonaparte sino de los líderes “democráticos” derrotados por él, que actuaron para evitar e impedir la acción de la clase trabajadora. Los empates no duran para siempre. El 18 Brumario citado por Dilma Vana Rousseff no fue conducido por ella, fue contra ella (y en rigor estaríamos en otro golpe de Estado que no es el fulminante que cita el libro).

El golpe institucional no fue solo contra Dilma, sino también contra algunos derechos elementales de esta democracia donde solo tenemos lugar para elegir quién será el jefe del trono de la gerencia de los negocios de los empresarios. Para deshacer el empate a favor a de la clase trabajadora será necesario derrotar a los pequeños césares de Brasilia, pero también a aquellos que tal como el PT, impiden la lucha de los trabajadores contra los ajustes y el gobierno golpista preparados para tomar oficialmente el poder.







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