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Marcha Federal: con los ajustadores no se derrota el plan de Macri

Participaron figuras kirchneristas como el exministro Tomada y Scioli. Estuvo parte de la CGT aunque el mismo día ratificó la tregua con Macri. Sectores combativos hicieron un acto independiente.

Leandro Sorribas

@Leo_espartaco

Sábado 3 de septiembre de 2016 | Edición del día

Foto*Rodrigo Wilson / Enfoque Rojo

Este viernes tuvo lugar el acto de cierre de la Marcha Federal. La movilización se había iniciado el miércoles pasado, desde distintos sectores del país y había sido convocada por las dos CTA, por diversas organizaciones sociales, fracciones del kirchnerismo y hasta cámaras empresariales de las pequeñas y medianas empresas.

Precisamente éste había sido uno de los puntos criticados desde el PTS-Frente de Izquierda. Ese fue el motivo por el que esa fuerza de izquierda decidió no ser convocante. Sólo participaron las agrupaciones referenciadas en esa fuerza, en aquellos gremios donde había columnas independientes.

La movilización arribó a la Plaza de Mayo ya pasadas las 15 h. En la misma podía evidenciarse la presencia de sectores ligados a ambas CTA y columnas de la CTEP y otras organizaciones vinculadas a los trabajadores informales.

También estaban presentes sectores del kirchnerismo o cercanos al mismo, como MILES, La Cámpora y el Movimiento Evita, entre otros. En el terreno sindical podían verse sindicatos conducidos por direcciones kirchneristas de estatales y docentes, junto a delegaciones menores de telefónicos, subterráneos, aeronáuticos y otros gremios.

La presencia de sindicatos de peso, nucleados en la CGT, fue de la mano de una delegación de trabajadores de la Corriente Sindical Federal –que hoy tiene como referente al bancario Sergio Palazzo- y una pequeña delegación de Camioneros, con la participación de Pablo Moyano. Su hermano, Facundo Moyano, también fue de la partida.

A pesar de que los organizadores de la marcha hablaron de la presencia de más de 200.000 personas, los corresponsales de La Izquierda Diario presentes en la movilización contabilizaron una cantidad varias veces menor, que podría haberse acercado a las 30.000 manifestantes.

Cabe destacar que casi al mismo tiempo en que las columnas se iban organizando para ingresar a Plaza de Mayo, el nuevo triunvirato asumido tras la unificación de la CGT, se encontraba pactando la continuidad de la tregua que sostiene con el Gobierno.

Esto no hace más que evidenciar el doble juego político de la burocracia sindical, que mientras pacta con el Poder Ejecutivo, hace como que lucha contra el ajuste.

Discursos de cierre: algo de denuncia y pocos anuncios

El momento central del acto de cierre fueron los discursos de Hugo Yasky y Pablo Micheli, dirigentes de ambas CTA. Hubo poco de novedoso en las intervenciones de ambos dirigentes.

Las correctas denuncias al ajuste se complementaron con una reivindicación de trayectorias de lucha de los organismos de DDHH como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la exigencia de la liberación de Milagro Sala, así como la reivindicación de la unidad lograda por arriba entre las dos CTA y una fracción muy reducida de la CGT.

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Pero el dato político a tener en cuenta es que -como había sido denunciado desde el PTS-Frente de Izquierda- en el palco del acto se ubicaron, junto a los dirigentes sindicales y otras figuras convocantes, reconocidas figuras del kirchnerismo como Mercedes Marcó del Pont, Aníbal Ibarra, el ex ministro de Trabajo Carlos Tomada y Daniel Filmus, entre otros.

También fueron parte de la concentración, aunque no en un lugar tan destacado, el ex candidato a presidente Daniel Scioli; el ex vicepresidente Amado Boudou; Héctor y Mariano Recalde; Martín Sabbatella y Andrés "El Cuervo" Larroque.

El dato no es menor. Evidencia claramente la utilización política de la movilización por parte de sectores del kirchnerismo y el peronismo, apostando a utilizar la protesta social como parte de los medios destinados a desgastar al Gobierno de Macri, trabajando para un eventual retorno del peronismo en 2019, o antes si una crisis política se precipita.

De conjunto, la movilización terminó inclinando, por los discursos y la tónica general, la balanza hacia un perfil que favorece el rearme peronista -y kirchnerista en particular- hacia las elecciones de 2017 y 2019.

El mismo Pablo Micheli, orador y convocante, habló –mucho más tarde- del “error” de estas presencias, afirmando que “cuanto menos Boudou y Tomada haya en el medio, más posibilidades de pensar en la unidad habrá”. Cabe preguntarse si es una cuestión de ingenuidad o simplemente de cubrirse frente a eventuales críticas. El ex ministro de Trabajo del kirchnerismo –al que Micheli denunció decenas de veces por la precarización que dejó a nivel laboral- estaba a escasos metros suyo.

Es que la “unidad” defendida por Yasky y Micheli desde el palco se hace extensiva a todos los sectores políticos patronales y de la misma burocracia sindical. No es de extrañar entonces que el ajuste denunciando haya sido solo de que lleva adelante el Gobierno de Macri pero no los que impulsan los gobernadores peronistas en la gran mayoría de las provincias argentinas.

La imperiosa necesidad de paro activo contra el ajuste

Los sectores de trabajadores, sindicatos, internas y seccionales combativas, marcharon de forma diferenciada, con una columna independiente y realizaron un acto propio. Desde las agrupaciones que impulsa el PTS en estatales de ATE y docentes de los Suteba, UTE y Ademys remarcaron el carácter político ligado al kirchnerismo de la Marcha Federal así como la importancia de la pelea por la independencia política de los trabajadores y exigieron un plan de lucha nacional.

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En el acto de Yasky y Micheli, las imágenes de TV mostraron de manera elocuente que la exigencia de un paro nacional es una demanda ampliamente extendida. Muchos trabajadores y jóvenes presentes en la Plaza gritaron “¡paro general!” de manera reiterada, mientras cerraba el acto el segundo de ellos.

Pero Yasky, sin tomar el guante, no denunció que sus “amigos” de la CGT unificada ya habían pactado la tregua con el gobierno en la primera reunión que tuvieron muy pocas horas antes. La “salida” que encontró el dirigente ante los cánticos que surgían desde abajo, fue afirmar que “se inició la cuenta regresiva” hacia el paro nacional, una frase de ocasión que no hace más que poner en evidencia los límites de las dos CTA para convocar a una huelga que paralice el país.

En ese marco, como ya se viene señalando, desde la izquierda se sigue planteando la exigencia de un paro nacional activo para el próximo 16 de septiembre, el día en que se realizarán las audiencias públicas por las tarifas de gas, convocadas por el Gobierno luego del fallo de la Corte Suprema. Se hace necesario dejar de lado toda demora y convocar a esta medida de manera urgente.







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