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Red Internacional

El INADI presidido por Victoria Donda publicó un manual para periodistas que viajen al Mundial de Fútbol en Qatar, que contiene sugerencias sobre cómo expresarse evitando caer en discriminaciones de género, sexistas, racistas, etc.

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Viernes 28 de octubre | 11:56

La iniciativa tuvo una repercusión inesperada en los medios. Inesperada si tenemos en cuenta que, desde la explosión de los feminismos durante las movilizaciones por la legalización del aborto, fueron muchos los medios de comunicación que incluyeron el rol de "editora de género" en sus redacciones y equipos de contenido.

A tono con el protagonismo que tuvieron las mujeres en las calles en la lucha por sus derechos, en ese entonces, el periodismo aguzaba el oído sobre aquellas sutiles discriminaciones y estereotipos que se deslizaban en frases hechas, titulares amarillistas y enfoques prejuiciosos. De parte de algunos, fue una incorporación enriquecedora que se asimiló con interés. De otros, evidentemente, fue un gesto de ocasión que, cuando subía la marea (verde) se mostró dispuesto a acompañar la ola… hasta la playa.

No es extraño que al grupo Clarín, les resulte "insólito" un manual con sugerencias para evitar preconceptos injuriosos en una cobertura periodística. Ya sabemos cómo adjetivan diferenciadamente la desaparición de una adolescente de un barrio popular del conurbano bonaerense o la de una hija de familia adinerada que vacaciona en el exterior. Su suplemento deportivo, suele rayar con lo grotesco.

Donde mueren las palabras

Sin embargo, el manual no incluye grandes novedades. Hoy está bastante extendida la idea de que el adjetivo "negro" siempre se usa en un sentido negativo y que eso no es casual. Trabajo en negro, viernes negro, cobrar en negro, etc., son expresiones cotidianas que muchos tratamos de desterrar de nuestro lenguaje, pero esa conciencia es bastante reciente en Argentina y es un logro de las comunidades de afrodescendientes que visibilizaron ese sesgo discriminatorio.

Recuerdo el impacto que me causó, hace treinta años, la escena de la película Malcom X cuando siendo joven, cae preso por robar un reloj y uno de los detenidos, mucho mayor que él, lo lleva a la biblioteca de la prisión, abre un diccionario y le lee los sinónimos de negro (triste, hostil, sucio, hosco, impuro, desgraciado) y de blanco (inocente, puro, verdadero, honesto). Es el momento en que Malcom X deja de llamarse a sí mismo "negro", se asume afroamericano y, a partir de allí, se transformará en uno de los líderes más destacados de la lucha antirracista en los EE.UU.

Pero, el manual del INADI fue recibido más como si fuera una burla que una serie de recomendaciones bienintencionadas. Especialmente porque evidencia el doble discurso de un gobierno que, cada vez queda más al descubierto. Un gobierno en el que la directora del INADI que promueve reemplazar la expresión "trabajo en negro" por "trabajo no registrado", fue denunciada por la trabajadora de casas particulares que había empleado en su domicilio de manera irregular.

Un gobierno cuyo manual para periodistas mundialistas explica que "cuando se realicen referencias sobre la orientación sexual y/o identidad de género de la persona que practica el deporte sea de un modo inclusivo y respetuoso de derechos, teniendo siempre en cuenta la identidad autopercibida por esa persona y el modo en que decide ser nombrada"; pero participa de un torneo en un país donde rige la sharia (algunos dogmas religiosos se imponen como ley) que, por ejemplo, criminaliza la homosexualidad y penaliza con hasta 3 años de prisión a quien "seduzca a un hombre a cometer sodomía", entre otras reaccionarias disposiciones contra los derechos democráticos más elementales.

Es evidente que las recomendaciones para ser respetuosos con la diversidad sexual se limitan al lenguaje, pero se olvidan interesadamente cuando lo que se pone en juego no es solo una pelota, sino multimillonarios negocios.

Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago

Mientras el feminismo y el respeto a la diversidad estén asociados a una casta política que enarbola un doble discurso, la derecha tendrá un punto de apoyo para sus reaccionarios y violentos ataques contra lo que denominan "ideología de género".

Las recomendaciones lingüísticas parecen una burla porque se muestran cada vez más divergentes de las políticas que profundizan la crisis social que viven las mayorías y que, obviamente, descarga sus peores consecuencias sobre los sectores más oprimidos del pueblo trabajador, como la comunidad lgbti, las personas racializadas, les inmigrantes, etc.

No hay "agenda de radicalidad cultural" en manos del gobierno de ajuste que pueda tapar el hecho de que las personas trans tienen derecho a la identidad, pero que la ley de cupo laboral se implementó en apenas el 1% de la dependencias estatales y el 80% de quienes ingresaron lo hicieron como monotributistas o con contratos a término. No se puede ocultar que mientras el gobierno se autocelebra por haber otorgado el DNI no binario, no ha impulsado ninguna acción para transformar radicalmente la situación laboral y las condiciones de vida de eses jóvenes que se definen como no binaries y que, muy probablemente, tengan que enfrentar más dificultades que otros para conseguir un empleo, cuando la precarización laboral extrema en la juventud llega al 64%. No se puede esconder que mientras el gobierno se considera "feminista", el presupuesto de ajuste para el 2023 reduce, en términos reales, un 10,3% de las partidas para el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad; mientras el promedio de ingreso de las mujeres ocupadas apenas alcanza a cubrir el 60% de la canasta básica familiar y el 63% de las personas que tienen ingresos por debajo de la línea de indigencia son mujeres.

Las identidades no son inocuas. Mientras exista el racismo, el pueblo mapuche seguirá siendo criminalizado, atacado por las fuerzas represivas del Estado y perseguido en beneficio de los grandes terratenientes nativos y extranjeros. Mientras exista el transodio, las mujeres trans seguirán teniendo una expectativa de vida que no supera los 40 años. Y mientras exista el machismo y la discriminación de las mujeres, seguirán existiendo la brecha salarial, la violencia femicida y muchos otros agravios.

Pero para acabar con las opresiones raciales, heterosexistas, xenófobas y tantas otras que configuran identidades oprimidas, poco podemos esperar de un gobierno que se dice nacional y popular pero impone que sean los trabajadores quienes aporten impuestos de sus salarios, mientras se subsidia a las empresas, se le transfieren 200 mil millones de pesos al agropower mediante el privilegiado dólar-soja y se le garantizan millonarios negocios a los bancos.

El sometimiento a las exigencias del FMI, lo paga el pueblo trabajador a través del ajuste que impone el gobierno de Alberto, Sergio y Cristina. Y allí, sin retórica alguna, quienes peor la pasan son las personas que el INADI pretende defender de las ofensas discursivas. Puro palabrerío.


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