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Red Internacional

En la columna de ciencia y tecnología de hoy estuvimos charlando sobre reconversión tecnológica industrial y el cuidado del ambiente, tomando el maravilloso ejemplo que representa #Madygraf para el mundo.

Rosario EscobarRedacción Ciencia y Tecnología Tw: @PupyescobarO Ig: @mrosario_escobar

Lunes 4 de octubre | Edición del día

¿A qué se llama reconversión tecnológica?

Hay varias definiciones de reconversión tecnológica en función de lo que significa una reestructuración de la industria en el capitalismo, en donde ya sabemos que la lógica es producir más al menor costo posible, sin importar más nada y donde cualquier consideración acerca de los daños producto de la explotación capitalista es considerada un costo a reducir. Acá hablamos de reconversión como un proceso de renovación de tecnología, maquinarias y fuerzas productivas en concordancia con nuevas demandas y en donde el rendimiento de la industria fábrica o unidad productiva no puede ser a costa del daño ambiental y de las comunidades. En este sentido cuando hablamos de reconversión es en clave de transición energética hacia un menor consumo de energía y que éstas formas de energía sean lo más limpias y que produzcan el menor impacto ambiental posible a la vez que permita conservar o aumentar las fuentes de empleo. En esta definición, el proceso de producción es sustentable y por lo tanto está diseñada en función de las necesidades de las grandes mayorías y no en clave de aumentar las ganancias de los sectores empresarios.

...¿Puede ir el desarrollo de la técnica a la par del cuidado del ambiente? ¿No son dos cosas contradictorias?

¿es posible imaginar un futuro en donde la tecnología y la industria estén realmente a nuestro servicio? ¿será posible una industria con un mínimo impacto ambiental, que permita liberarnos de tiempo de trabajo y sea gestionada por sus trabajadores en diálogo con las comunidades? ¿Hay algún ejemplo de eso? Bueno, hoy quería traer eso, tomando el caso de la gráfica Madygraf, una fábrica en Garín, recuperada por sus trabajadores que actualmente es un modelo y un ejemplo de gestión obrera y que hoy en día luego de más de 7 años de lucha está en campaña por la expropiación definitiva. Se trata de un ejemplo que tiene que ser multiplicado, porque tiene mucho más sentido pensar el desarrollo de la técnica como empresa humana que nos facilita la vida de tal manera que nos permite invertir menos tiempo en tareas repetitivas, trabajar menos horas y automatizar un montón de tareas, a pensarlo en términos de ganancias empresariales. El ejemplo de Mady en este sentido es muy significativo, porque nos permite vislumbrar un futuro en donde la ciencia y la técnica vayan de la mano del cuidado del ambiente, de la salud, del bienestar y de las necesidades de las grandes mayorías.

¿Qué nos deja el ejemplo de Mady?

Como les decía, Madygraf es una cooperativa en Garín, provincia de Buenos Aires, que fue recuperada por sus trabajadores hace 7 años, de cuando se llamaba Donnelley y en donde sus trabajadores fueron dejados sin sus puestos de trabajo de la noche a la mañana. La empresa se declaró en quiebra de manera fraudulenta, y solo les dejó un número de teléfono por cualquier reclamo. Se organizaron en asamblea tomaron el control de la fábrica, lograron después de una gran lucha la expropiación y la pusieron a producir de nuevo, lo cual es una lucha que aún continúa por la expropiación definitiva y que se hace eco y carne en escuelas, universidades, saliendo en radio, redes, armando fondo de lucha. Han hecho campañas de producción de cuadernos para regalar a sectores de bajos recursos, cursos de formación profesional, torneos y distintas actividades para ganar visibilidad y mostrar que una fábrica gestionada por sus trabajadores es posible. A raíz de la consecuente caída en el mercado gráfico acrecentada durante la pandemia y los tarifazos millonarios de Edenor que ahogaban la cooperativa, las y los trabajadores en asamblea decidieron una reconversión tecnológica parcial hacia la producción de bolsas de papel como sustituto de las bolsas de plástico. Para eso se compró una máquina de bolsas importada de China.

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El año pasado ya habían realizado una reconversión parcial para producir sanitizante y barbijos y entregarlos gratis a trabajadores de la salud, hospitales de la zona y docentes, que como sabemos, son los más desprotegidos por las políticas públicas de gestión de la pandemia. Esta reconversión no solo permite un ahorro sustancial de la energía, sino también aumentar la cantidad de puestos de trabajo. Es una decisión que llevó mucho tiempo de discusión, analizando si convenía o no la utilización de por ejemplo, paneles solares, en diálogo con la comunidad y con la participación de técnicos y especialistas de universidades (UNGS) sobre cómo reconvertir su industria y también cómo hacer para que la fábrica no contamine a los barrios aledaños por ejemplo, a través del tratamiento de afluentes. Esto es algo impensable para una industria en donde el objetivo último es la ganancia de la patronal. Con la ayuda de Myriam Bregman pudieron llegar al ministerio de desarrollo social para presentar este proyecto y ganar un subsidio, lo cual tampoco se logró sin movilizaciones, abogados de Mady y de otras organizaciones como Ingrid Hirsch. Desde antes del cierre de la fábrica, desde 2011 también está en pie una comisión de mujeres, sin la cual no hubiera sido posible la recuperación de la fábrica. La fábrica era solo de varones, y estando ellas desde afuera pudieron apoyar a los cros, reuniéndose con funcionarios, golpeando puertas, armando juegotecas móviles, apoyando otras luchas, sumándose a la marea verde. Todo un trabajo de lucha y organización con el objetivo común de sacar la fábrica adelante. Luego se incorporaron a la fábrica, aprendiendo de los cros el funcionamiento de las maquinarias.

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¿Por qué solo una industria controlada por sus trabajadores puede lograr una reconversión tecnológica que respete a las comunidades y el ambiente?

Solo los trabajadores pueden decidir qué producir y cómo en función de las necesidades de población. Esto no va a ocurrir solo, sino en lucha, fusionando la lucha ambiental y todas las luchas a la de los trabajadores, para producir de la manera que queremos. Imagínense lo que sería el mundo si todas las fábricas fueran controladas por sus trabajadores, en donde todos podamos decidir qué producir, cómo, y minimizando los costos y el impacto ambiental. Otra sería la historia.

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