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Madre Baile: El cuarteto tiene manos de mujer

Compartimos una breve apreciación sobre el documental que cuenta la historia del surgimiento del cuarteto y su consolidación como un eje de la cultura cordobesa. “Madre Baile” es un documental que se presentó en el festival “Escenario” y que estuvo disponible para verlo hasta este viernes por la plataforma Cont.ar.

Domingo 18 de octubre | 19:42

El documental relata desde el surgimiento del famoso tunga tunga que se consolido como parte central de la cultura característica de la provincia de Córdoba (aunque sobre todo de su ciudad capital), hasta el momento actual donde el género tuvo muchas transformaciones; todo de la mano de Vivi Pozzebon con entrevistas muy completas y desde un ángulo muy interesante y que no se vio antes tan en profundidad.

LAS MANOS DE UNA MUJER, PERO EL PRODUCTO MASCULINO

Quizás solo en Córdoba, donde la historia y la cultura cuartetera se aprende casi que antes de empezar a caminar, es donde sea sabido por las grandes mayorías que esa mezcla tan particular de paso doble y tarantela nació de las manos de una mujer: Leonor Marzano.

Ahora, y lo más interesante del enfoque de este documental, ¿porque es algo poco sabido? Sin dudas, el cuarteto es un género donde el rostro, el producto musical que se vende es masculino, incluso no solo por el protagonismo en los principales referentes al frente del micrófono, sino también por ser la enorme mayoría de los músicos en el circuito más comercial al menos.

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El documental intenta descifrar más profundamente esta problemática entrevistando no solo a músicos y protagonistas sino también a escritores y hasta una doctora en antropología, Andrea Lacombe, que se adentran en detalles muy importantes de como la mujer como sujeto político y cultural, fuera de la genialidad individual de Leonor (cuyo nombre fue utilizado como “amuleto de la suerte”, para la primer banda de cuarteto “Cuarteto Leo”), está casi que en ningún plano.

“Nadie toco ni tocara nunca el piano como Leonor” “Solo ella tenía ese toque octavado enérgico y esos pasajes tan particulares que hacían bailar con tanta emoción a los gringos”, frases de este tinte sobran de absolutamente todas las y los entrevistados. Sin embargo es un silencio y muchas dudas lo que sucede cuando se pregunta porque nunca más una mujer.

UN RECORRIDO COMPLETO, CON AL MENOS DOS GRANDES AUSENTES

Las entrevistas que se encuentran en el documental son de las más variadas, desde los hijos de la mismísima Leonor, Carlos “Pueblo” Rolan, pasando por los pioneros de las distintas variaciones que fue teniendo el cuarteto como los miembros de Chébere, periodistas, escritores, empresarios del género como Emeterio Farías, hasta llegar a las mujeres que al día de hoy son parte del cuarteto como la Lore Jiménez, Magui Olave y “La Gata” Noelia. Sin embargo en todo ese recorrido en el cual también encontramos a “Las chichi”, una banda femenina de cuarteto olvidada de los 70 que solo saco dos discos, es al menos llamativo notar dos ausencias, una que ni siquiera es mencionada en todo el recorrido del documental.

El primero y más notable de los ausentes es “La Mona Jiménez”, quien aparece en un segundo plano en el documental mencionado por varios entrevistados, sobre todo por su hija Lorena, pero nunca entrevistado en primera persona. Esta ausencia es notable no solo porque es, en términos de masividad y trayectoria en el cuarteto no solo musicalmente sino como cultura en general, el máximo exponente que aún sigue en los escenarios. Es más notable porque al documental no le falta un análisis del cuarteto como género musical al que le costó mucho llegar desde la pampa gringa a la capital y sobre todo hacer bailar no solo a los sectores populares sino hasta al más cheto del Cerro de las Rosas, y la profundidad de este fenómeno con muchas aristas sociales. Incluyendo un análisis sobre la represión al baile durante la dictadura.

Y quien más sino “La Mona” con sus saludos a todos los barrios en el baile y una década del noventa con grandes canciones que eran reflejo de lo vivido y sentido por los sectores populares, casi como un paralelismo de porque el tunga tunga inventado por Leonor se enraizó musicalmente entre “los gallegos” y “los gringos” que vivían en los campos y venían expulsados de Europa por la guerra.

El segundo ausente que no es ni mencionado, es Rodrigo Bueno, uno de los que en algún sentido durante su fugaz ascenso en el cuarteto, fue quien intento también hacer más un “cuarteto característico”, y quien sobre todo hizo bailar al resto del país afuera de las fronteras de Córdoba nuestro ritmo popular.

Más allá de ese detalle, el documental no tiene desperdicio. Es un análisis mucho más profundo y mejor trabajado que muchos otros que al menos uno haya visto.
Siempre es bueno volver a las raíces para recordar a “la mujer del piano saltarín”, a “la San Pugliese del cuarteto” como dijera en su tema Vivi Pozzebon.

Mucho más, en el día de la madre homenajear a la madre de nuestra cultura popular, la madre del baile de cada fiesta y cada fin de semana, Leonor Marzano, nunca mejor dicho: nuestra Madre Baile.







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