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BALANCE DE CAMBIEMOS

Macri y la política de Defensa: más presupuesto y poder a las Fuerzas Armadas

Algunos cambios en los mandos, algunos decretos y la búsqueda de enterrar el pasado. La continuidad estratégica y el intento de volver a involucrar a los militares en la seguridad interior.

Rosa D'Alesio

@rosaquiara

Domingo 11 de diciembre de 2016 | 12:44

Foto Fabián Marelli/La Nación

El Gobierno de Cambiemos cumple un año en el poder. Los debates sobre relatos y herencia estuvieron en el centro de la escena. Fuerzas Armadas, juicios por delitos de lesa humanidad y la cifra de desaparecidos fueron parte del debate, y centralmente de la política. ¿Cuál es la herencia a la que el gobierno le da continuidad y cuáles fueron los cambios en estas áreas que no involucran solamente al Ministerio de Defensa?

Definiciones de Julio Martínez para su cartera

El ministro de Defensa Julio Martínez (UCR-Cambiemos) definió cuál es la política de su gobierno para el Ministerio de Defensa. En primer lugar defendió el primer semestre de su gestión afirmando que el Gobierno construyó “los diálogos que Argentina había dejado de lado para afrontar los desafíos de las Fuerzas Armadas en el tiempo de la paz” y que “esta gestión encontró un sistema de Defensa muy disminuido en sus capacidades”.

El ministro subrayó que “hoy las Fuerzas Armadas tienen un rol protagónico y misiones concretas; el apoyo a las Fuerzas de Seguridad en el combate al narcotráfico; la búsqueda de una mayor participación en las misiones de Paz de la ONU; el sostenimiento de la presencia argentina en la Antártida; la respuesta ante situaciones de emergencia humanitaria y catástrofes; y la protección efectiva de nuestras riquezas ictícolas y recursos naturales”.

Presupuesto y objetivos

Mauricio Macri, en reuniones oficiales junto a las Fuerzas Armadas, sostuvo: “Sé que las Fuerzas Armadas vienen de años en los cuales el Estado las ignoró, abandonó y eso trajo problemas de presupuesto, de equipamiento y de infraestructura”. Sin embargo esto no fue así durante el kirchnerismo, que más allá de gestos y relatos, como bajar cuadros de genocidas, había vuelto a otorgarle mayor poder a las Fuerzas Armadas en la vida nacional. El aumento del presupuesto fue uno de los indicadores de esto. Sólo en el 2014, Cristina Fernández ordenó entregar una partida presupuestaria de $ 836,9 millones destinados al aparato de inteligencia militar distribuidos entre las tres Fuerzas. El Ejército, conducido por el acusado en causas de lesa humanidad, General César Milani, se llevó la mayor partida.

Macri heredó unas Fuerzas Armadas con 1.403 agentes de inteligencia, que como lo demostró el juicio contra el Almirante Godoy, condenado por espionaje interno, esos agentes se dedican a perseguir a luchadores. De esta herencia no habla Macri, pero de ella se nutre. Como Comandante en jefe nombró a hombres del riñón de Milani en la cúpula de las Fuerzas Armadas. Bari del Valle Sosa, Diego Suñer, Marcelo Eduardo Hipólito Srur, Víctor Amrein, son hombres de extrema confianza del General, y formaron parte de su equipo, al menos desde mediados de 2013. Todos ellos iniciaron su carrera durante la última dictadura militar.

La excusa del terrorismo

Y al igual que el kirchnerismo, Macri se alineó a los reclamos imperialistas en la “lucha contra el terrorismo” y así se lo pidió a la cúpula de las Fuerzas Armadas “es preciso que colaboren en nuestra política exterior, participando en misiones de paz” pero también “trabajando juntos contra las amenazas del terrorismo”. Para esta tarea Macri cuenta con la ley antiterrorista que Cristina envió al Congreso y que su bloque votó a mano alzada.

Pero la “lucha contra el terrorismo” para Macri no son sólo palabras. Recientemente su gobierno anunció, en el marco del ajuste al pueblo trabajador, que destinará $ 4.515 millones para la compra de 24 aviones Texan T-6 y cuatro aeronaves Airbus C 295, que usarán la Armada y la Fuerza Aérea.

El ministro de Defensa tiene previsto hacer las compras con financiamiento externo y negocia tasas del 3% tanto de bancos o proveedores del exterior. “Tenemos que recuperar la capacidad militar. En los 12 años de kirchnerismo se perdió equipamiento, logística y entrenamiento. Y hay una decisión del Presidente de recuperar el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada”, dijo Martínez.

Incluso el ministro viajó a Roma para entrevistarse con los empresarios de la Pietro Beretta donde firmó convenio para que produzcan armas en la Argentina. La empresa producirá en el país dos armas bajo su licencia en las instalaciones de Fabricaciones Militares. “Estamos analizando estas propuestas que benefician al país y nos permiten volver a producir en Fabricaciones Militares una serie de insumos esenciales para nuestra defensa”, dijo Martínez que además acaba de anunciar que su cartera consiguió un financiamiento equivalente a 90 millones de dólares para las fabricaciones de los jeeps Pampa.

Seguridad interior

El gobierno de Mauricio Macri desde la campaña electoral viene prometiendo que sumará a las Fuerzas Armadas en la seguridad interior, con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico (en esto coincidieron con Sergio Massa del FR). En su primera cena de Camaradería como jefe de Estado, Macri subrayó que las Fuerzas Armadas tienen el desafío de “participar en el control de fronteras, en la lucha contra el narcotráfico y en la colaboración en situaciones de emergencias climáticas”.

En el pasaje quizás más temerario de su alocución dijo que “los argentinos necesitamos una participación activa de las fuerzas”, ya que “para crecer, desarrollarnos y generar empleo tiene que haber paz y tranquilidad”.

En esta misma línea de incluir a los militares en la seguridad interior, el 20 de julio el Ministerio de Seguridad informó, a través de su cuenta oficial de Twitter, sobre la reunión realizada en conjunto con el Ministerio de Defensa y personal de las Fuerzas Armadas. El objetivo de la reunión, según trascendió, es desarrollar un trabajo en conjunto de ambas carteras, en busca de un “trabajo coordinado para más seguridad”. El tweet fue borrado hora después de haber sido publicado.

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Más allá de las desmentidas de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich se conoció que Macri firmaría dos decretos donde traspasaría el control migratorio de Ministerio del Interior al Ministerio de Seguridad que contaría con el apoyo logístico de las Fuerzas Armadas. De este modo, se pasaría de un modelo de control migratorio a un modelo directamente de criminalización de la inmigración.

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Pero para ser justos hay que destacar que el kirchnerismo inició esta política, la de incluir a las Fuerzas Armadas en la vida interna del país, donde también la excusa del narcotráfico estuvo presente. Primero Cristina firmó el decreto para instalar los planes de Escudo Norte y después Fortín II, para controlar el espacio aéreo con tecnología de radares militares para “la lucha contra el narcotráfico”.

Después el gobierno de Cristina envió al Ejército a campañas de “solidaridad” cuando hubo alguna catástrofe interna. A esta herencia también le da continuidad el macrismo que envió al Ejército a Chaco para repartir alimentos en zonas empobrecidas de la mano del Ministerio de Desarrollo Social.

En Quilmes el intendente de Cambiemos fue un poco más lejos, y más siniestro. Festejó el día del niño con desfile militar. En Morón, parece que al director del Hospital Posadas esto le pareció una buena idea a imitar. A los que no les pareció buena idea fue a los trabajadores, por lo que tuvieron que dar marcha atrás con la propuesta.

Misiones de “paz”, Menem lo hizo

Después de varios levantamientos carapintadas, que comenzaron en el gobierno de Alfonsín, Menem logró disciplinar a las Fuerzas Armadas, con indultos, desfinanciamiento y la creación de una fuerza de élite (anuló el servicio militar obligatorio). Envió a las Fuerzas Armadas a todas las misiones de paz que reclamaba la ONU y demostró al imperialismo que éstas no volverían a cometer otro acto aventurero como en Malvinas.

Esta misma política fue continuada por todos los gobiernos que le sucedieron y por eso Macri destacó en la cena de camaradería que "Estamos muy contentos con el profesionalismo que los militares argentinos cumplieron en las misiones de los Cascos Azules de la ONU. Las Fuerzas Armadas cumplieron un rol muy importante en Haití, Ecuador y lo harán en Colombia, donde 75 de nuestros soldados supervisarán el Proceso de Paz que comenzó en ese país", remarcó el jefe de Estado.

En esa cena Macri se permitió interpretar los sentimientos de todos los argentinos. “Con las bandas militares que desfilaron en Buenos Aires y Tucumán vimos el afecto de los argentinos por sus Fuerzas Armadas”. Y para demostrarle aún más su reconocimiento a éstas habló de la recomposición salarial que necesitan, incluidos a los retirados que en su inmensa mayoría no fueron juzgados por los crímenes de lesa humanidad.

Y si de reconocimiento se trata el ministro de Defensa anunció que el Estado lanzará una línea de créditos para viviendas a militares por un monto total de $ 1.400 millones. Reconocimiento que no encuentran los trabajadores que pretenden conseguir un crédito para tener una vivienda.

Además, por medio de un decreto, Macri le otorgó más poder a las Fuerzas Armadas, al anular una resolución que regía desde 1984.

Los relatos

Más allá de los relatos que utilice cada uno de los gobiernos pos dictaduras, todos ellos intentaron recomponer a las Fuerzas Armadas y reconciliarlas con la sociedad que las repudia por los crímenes de la dictadura, la capitulación ante el imperialismo inglés y las vejaciones cometidos a los conscriptos que combatieron en Malvinas (que aun hoy reclaman justicia).
Alfonsín se vio obligado juzgar a las Juntas Militares, pero instaló la teoría de los dos demonios para ocultar que el golpe cívico-militar fue un genocidio de clase. Menem justificó los indultos por la necesidad de reconciliar y pacificar la sociedad .

El primer gobierno kirchnerista, post 2001, tuvo que tomar el reclamo de juicio y castigo a los culpables, anuló las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. La condena y cárceles a un significativo números de represores les sirvió para desviar el movimiento democrático, cooptar a un sector de organismos de derechos humanos y mostrar que las Fuerzas Armadas estaban depuradas de genocidas.

Sin embargo, como denunció la diputada del PTS-FIT Myriam Bregman, “Milani y 50 generales más son parte de un Ejército Argentino que cuenta con 3.381 miembros que provienen de la dictadura. Una situación que se repite en la Armada, donde 543 oficiales y 759 suboficiales comparten ese origen” y agregó que “la Fuerza Aérea incluso supera esos números, con más de 600 oficiales y 1.700 suboficiales que aún están en funciones desde la dictadura”.

Contrariamente a lo que se supone, la política del kirchnerismo logró más avances en la reconciliación y la recomposición de las Fuerzas Armadas, por todo lo mencionado anteriormente.

Por su parte el gobierno de Macri pretende avanzar en esta obra dando un giro de 180 grados. El presidente habló de guerra sucia, el mismo relato de los genocidas, negó que 30 mil fueran los desaparecidos y dijo que iba a terminar con el curro de los derechos humanos.

El gobierno de Macri busca devolver los honores que los militares pretenden por haber “pacificado el país”. Domiciliarias, traslado a presos de lesa humanidad a Campo de Mayo, suspender los juicios a los directivos de Mercedes Benz y la Ford, son sólo alguna de las medidas que se están tomando bajo este gobierno.

Mientras avanzan con esto, el gobierno no pierde la oportunidad de hablar, de una manera u otra, de los curros de los derechos humanos. Apoyado en la política del gobierno anterior que con la cooptación degradó a figuras emblemáticas de la lucha contra la dictadura que fueron parte de ese gran movimiento democrático surgido en 1978.

Cuando Macri y sus ideólogos hablan contra el curro de los derechos humanos y la reivindicación setentistas que supuestamente hacia el gobierno anterior, no está hablando solo contra Hebe Bonafinni y menos contra Cristina. Es contra todos los trabajadores y sectores populares para que no interpreten los 70 como lo que fue: un ensayo revolucionario protagonizado por la clase obrera.

Hablar de guerra sucia y ocultar el número de desaparecidos, tiene por objetivo borrar la perspectiva de la revolución, que se inició en el proceso de insurgencia obrera que fue desde el Cordobazo de 1969 hasta el golpe del 24 de marzo de 1976. Por eso la lucha por juicio y castigo a todos los genocidas y por los 30.000 desaparecidos, es la lucha por esa perspectiva histórica.

En Argentina las Fuerzas Armadas genocidas siguen gozando de una extendida impunidad que las llevó a un desprestigio histórico, nacional e internacional. Todas las políticas de cambiemos en materia de Defensa chocan de frente contra esa experiencia marcada a fuego en gran parte del pueblo trabajador. No le será tarea fácil a Macri y sus funcionarios avanzar en la consumación de la restauración institucional y la “reconciliación con la sociedad” de miles de torturadores, desaparecedores y ladrones de niñas y niños.







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