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OPINIÓN

Macri y el realismo de la derrota: disculpas y migajas para los trabajadores

Tras dos días de furioso golpe de mercado, el presidente anunció algunas medidas económicas. Un intento de no perder todo en la carrera electoral y garantizar los negocios del gran capital.

Eduardo Castilla

@castillaeduardo

Miércoles 14 de agosto | 13:04

Edward Luttwak, un estratega militar norteamericano nacido en los años 40, escribió que “la victoria confunde y la derrota educa”. El crudo realismo desplegado este miércoles por Macri tiene todos los condimentos de su fracaso electoral, ocurrido el pasado domingo.

Los triunfos electorales de 2015 y 2017 empujaron a la confusión a la coalición gobernante. También a una porción sustancial de intelectuales y periodistas, que sobreestimaron el peso de los “valores” que la coalición Cambiemos decía portar.

El pedido de “disculpas” presidencial esbozado este miércoles suena a burla. Las palabras y las medidas llegan cuando se está produciendo un estruendoso golpe de mercado. Los grandes especuladores, “votando” con sus propios métodos, empujan la economía al caos.

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A la caída del poder adquisitivo hay que sumar las suspensiones y despidos en diversas ramas. El peligro del desabastecimiento vuelve a aflorar. Las familias reducen sus consumos.

A modo de ilustración, quiénes perciben la AUH recibirán apenas $ 2.000 pesos en los próximos dos meses. Frente al escenario en curso, lo anunciado no actuaría más que como un impotente paliativo. Tal vez ni siquiera como eso. Los futuros saltos en la inflación podrían terminar por licuar los montos otorgados.

El discurso y los anuncios deben leerse bajo una doble lente. Por un lado, el de las necesidades electorales del decadente macrismo. Todo indica que la suerte está echada a nivel nacional y en provincia de Buenos Aires. Sin embargo, en la capital del país, Horacio Rodríguez Larreta aún mantiene ventaja.

El oficialismo pelea por garantizar la continuidad de su administración en este distrito. Nadando contra la corriente, busca sostenerse como lo que fue durante muchos años: un partido de la Ciudad de Buenos Aires.

En esa contabilidad habrá que sumar la pelea por legisladores, diputados, senadores y alguna que otra intendencia. Los “gobernas” oficialistas entendieron hace tiempo que Macri jugaba el papel de un ancla. Los desdoblamientos en Jujuy y Mendoza se entienden mucho mejor a la luz de lo ocurrido el domingo. Vidal, por decisión propia y presión ajena, terminó entrampada.

La lectura no se agota aquí. Con dos días de demora, Macri hizo el discurso que el establishment consideraba necesario. El lunes pasado, desatando la ira de propios y ajenos, el presidente había convalidado el golpe de mercado, haciendo crecer la inestabilidad política y social. Este miércoles, en un intento mediocre de ubicarse como una suerte de estadista, propuso la continuidad de su gobierno e hizo un llamado a la oposición para garantizar la gobernabilidad.

Intentando no ser De la Rúa, Macri juega a ser Alfonsín. Nada asegura hoy que lo logre. Los (largos) meses por venir prometen tensiones y crisis, para un gobierno que quedó manifiestamente debilitado.

Su llamado a la oposición ya encontró una respuesta por parte de Alberto Fernández. "No tiene sentido que nos reunamos, no nos vamos a poner de acuerdo”, lanzó el candidato peronista, poco antes del mediodía.

Pero más allá de las palabras están los hechos. Y si se mira a estos, el peronismo sigue recreando la práctica que sostuvo en los últimos tres años: garantizar la gobernabilidad de Macri. Como siempre, dando la nota está la conducción de la CGT y las centrales sindicales. Este martes Héctor Daer enfatizó su negativa a llamar a un paro nacional. Lo hizo, como siempre, en “defensa de las instituciones”.

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Los grandes especuladores decidieron ignorar a las llamadas “instituciones”. Desatando un salvaje ataque sobre el nivel de vida de millones, intentan imponer su agenda y garantizar sus ganancias. Frente a esa ofensiva, el peronismo responde con moderación y el pedido de no hacer olas. De manera insólita, se tilda de "provocación" cualquier llamado a movilizarse en respuesta a la agresión capitalista.

Esa decisión política está lejos de ser ingenua. Más allá de las declaraciones, se trata de seguir aportando a la rentabilidad empresaria. Nadie deberá olvidar nunca que Alberto Fernández insistió recurrentemente en la necesidad de una devaluación, apelando al bolsillo y la sensibilidad de los grandes exportadores.

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El peronismo propone sostener a Macri hasta el 10 de diciembre. Enarbolando la bandera de la "institucionalidad", garantiza la continuidad del ajuste. Busca, conscientemente, que el "trabajo sucio" de hundir el salario obrero sea realizado por la actual coalición gobernante, no por su futura gestión.

Desde un ángulo completamente opuesto, la izquierda planteó tres medidas urgentes para enfrentar el brutal robo que los grandes banqueros y empresarios perpetran por estas horas. La miseria creciente no puede convertirse en el presupuesto de la "gobernabilidad". El hambre de millones no puede ser la variable de una transición "ordenada" entre Macri y Alberto Fernández.

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Sin atacar el poder y los intereses del gran capital, la nueva crisis económica y social seguirá recayendo indefectiblemente sobre las mayorías populares. Las centrales sindicales están obligadas a romper con su pasmosa e insoportable pasividad ante el ajuste en curso.







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