Política

OPINIÓN

Macri y el fantasma de Piñera

Una coyuntura crítica para el gobierno de Cambiemos. El débil y apurado contragolpe de Macri. La nueva derecha enfrenta sus demonios y se mira en el gris espejo chileno.

Fernando Rosso

@RossoFer

Viernes 8 de abril de 2016 | Edición del día

El mismo día que la mayoría de los ciudadanos de a pie comenzarán a reventar la tarjeta SUBE por el tarifazo de los nuevos precios dorados del transporte, las tapas de los diarios informarán que el presidente Mauricio Macri está imputado por la Justicia.

La causa es por la sospecha de un ilícito que Macri podría haber cometido al omitir de sus declaraciones juradas la participación como director en la sociedad offshore Fleg Tranding Ltd., cuando era jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El tarifazo en el transporte se llevó a cabo para disminuir la carga fiscal que implican los subsidios para el Estado. Para evitar que lo paguen los empresarios se trasladan a las tarifas que abona la población.

Las sociedades offshore son una herramienta creada para -de mínima- evadir ‘legalmente’ los impuestos que deberían tributar los empresarios, por eso se montan en paraísos fiscales, verdaderas zonas francas que permiten esquivar las responsabilidades impositivas ante el fisco.

Todos somos iguales ante el Estado, aunque algunos son más iguales que otros, y esta profunda ‘grieta’ de clase quedará expuesta en un día de aumento furioso.

El primer ‘viernes negro’ de la administración Cambiemos dejará plasmada una postal de la verdadera fractura social que separa a la inmensa mayoría de la población y al personal del Gobierno que habita el lado country de la vida.

Las respuestas iniciales de los funcionarios frente a la revelación de los Panama Papers, aseguraban que ‘técnicamente’ no había nada que explicar. La extraña sociedad no había tenido movimientos financieros, Macri no recibió ingresos, ni por dividendos ni en concepto de honorarios. Por lo tanto, la empresa se creó por un desinteresado hobby familiar o para no quedarse ’afuera del mundo’.

Sin embargo, política o socialmente, la percepción y el buen sentido común de una gran parte de las personas que hoy comenzarán a pagar el doble para la elemental necesidad de viajar (y que están afectadas por el ajuste, la inflación o los despidos), sentenciará que nadie arma una empresa offshore por una pasión patriótica o impulsado por una inclinación filántropa.

Ahora, frente a la imputación del fiscal Federico Delgado, la explicación ‘técnica’ será que no es un procesamiento y menos aún una comprobación de culpabilidad, pero (ay!) ‘la gente’ -exceptuando a las rabiosas minorías intensas-, leerá que el presidente es requerido por la Justicia por un asunto muy poco transparente.

En la conferencia de prensa en la que por primera vez no admitió preguntas, Macri anunció que se presentará espontáneamente ante la justicia civil para probar que no incurrió en ‘omisión maliciosa’. Además, informó que colocará su fortuna en un ’fideicomiso ciego’ (un nombre técnico poco feliz cuando todo el mundo reclama echar luz para ‘ver’).

De contragolpe, Macri tuvo que explicar demasiado y con un notable nerviosismo, justamente en el país en el cual ‘el que explica pierde’.

El ‘cisne negro’ que significaron los papeles panameños tomó dimensiones inesperadas y se transformó en una temprana crisis política. En realidad, aunque el momento y el lugar no podían predecirse, la emergencia de negocios turbios está en la naturaleza de un gobierno cuyo personal político está formado en un 99 % por empresarios y gerentes.

El ‘cisne negro’ que significaron los papeles panameños tomó dimensiones inesperadas y se transformó en una temprana crisis política

Los más de 11 millones de documentos de los Panama Papers todavía son materia de análisis e investigación y están manejados discrecionalmente por el famoso consorcio internacional de periodistas. Pero funcionarios como Mario Quintana (exdirector de Farmacity), Gustavo Lopetegui (exCeo de LAN), Juan José Aranguren (exdirectivo de Shell) o Guillermo Dietrich (dueño de una importante cadena de venta de automóviles), es muy probable que sean personas afectas a los paraísos terrenales... y fiscales. Cada uno de estos personajes es un ‘Néstor Grindetti’ en potencia (el caso más escandaloso de los integrantes de Cambiemos) y que salgan a la luz sus paradisíacos negocios es sólo una cuestión de tiempo o voluntad.

Si no están en los archivos panameños pueden residir ocultos en cualquiera de los otros cientos que existen en el mundo y que no tuvieron la desgracia de ser filtrados.

El espejo chileno

Analizando la experiencia del trunco ‘gobierno de los gerentes’ de Sebastián Piñera en Chile, una administración que tuvo similitudes con la de Macri, un académico explicaba que entre los inconvenientes que debió enfrentar estuvo “el innegable origen de clase de aquellos que ocupaban la gestión de la Alianza. Un gobierno dirigido por gerentes generaba una distancia abismal. Piñera y su gabinete se mostraban ante las cámaras con expresiones que pendulaban entre un jefe enojado y un broker de la bolsa, lo cual lo llevó a sus famosos lapsus linguae y a perder parte de su investidura” (Juan Carlos Moraga Fadel, Los Andes, 16/12/15).

El gobierno de la ’nueva derecha’ chilena se jactaba de que venía a resetear al país entero y a su régimen político, pero en 2011 desató un proceso de movilizaciones (estudiantiles y populares) y se abrieron fuertes cuestionamientos al régimen de conjunto. Hasta los mismos referentes de la derecha le criticaron a Piñera que su triunfo tuvo un carácter ‘pírrico’, dejó debilitadas las instituciones y en particular a la Alianza de la derecha que lo había llevado a la cima del poder.

Paradójicamente, Piñera también colocó su riqueza en un ‘fideicomiso ciego’ que no terminó de una manera muy transparente. Nunca se conoció su verdadera fortuna y mientras los administradores informaron que había retrocedido el patrimonio puesto en el fideicomiso, el expresidente chileno se ubicó en el puesto 731 del ranking Forbes. Simplemente colocó bajo la custodia del fideicomiso una pequeña parte de sus riquezas y el resto se sospecha que quedó guardado bajo secreto de sumario familiar.

Hay otra diferencia específica: a Piñera el ciclo de la economía internacional le fue más amable de lo que parecen ser las complejas perspectivas para la Argentina gobernada por Cambiemos.

No hubo lapsus, aunque sí nerviosismo en las primeras declaraciones públicas de Macri desde Casa Rosada.

Pero hay lapsus linguae múltiples entre sus funcionarios: se acumulan como para una colección en la desatada cuenta de Twitter de la titular de la Oficina Anticorrupción (Laura Alonso) o las arrojan con impunidad de clase los ministros que habitan un territorio liberado de sensibilidad social, como Guillermo Dietrich. El titular de la cartera de Transporte afirmó con una pedantería a prueba de balas que el tarifazo que rige desde hoy... ’en plata no es tanto’.

La realidad tampoco pide permiso

Que un fiscal de Estado se atreva a darle curso a una imputación contra el presidente que fue elegido hace poco más de tres meses, no es una comprobación de la existencia de un justiciero valiente, sino la expresión superestructural de la relación de fuerzas.

Más allá de las consecuencias legales, es un hecho de fuerte impacto político que incluso está recorriendo el mundo.

El nuevo Gobierno pretendía tapar el ajuste y el deterioro en las condiciones de vida de las amplias mayorías con el espectáculo del desfile tribunalicio de corruptos funcionarios y empresarios kirchneristas, pero ahora observa a su máximo jefe explicar oscuros negocios pasados ante la justicia y la sociedad.

El malestar en aumento, el estancamiento económico y la realidad de un Gobierno que ganó en el balotaje con la oposición de la mitad del electorado, empiezan a pasar una factura que en la coyuntura toma la forma de un cuestionamiento judicial de fuerte trascendencia política.

En el ocaso de la luna de miel, la CEOcracia deberá enfrentar el nuevo ‘desafío’ que los límites y la realidad de la relación de fuerzas le imponen al gobierno de los ricos demasiado acostumbrados a no pedir permiso.







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