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Red Internacional

Brasil. Lula asumió con un discurso lleno de gestos pero sin cuestionar las reformas estructurales previas

Ante la ausencia de Bolsonaro, que se encuentra en Estados Unidos, Lula recibió la banda presidencial de una recicladora urbana. Cuestionó el desmantelamiento del presupuesto en algunas áreas pero no las reformas estructurales de Temer y Bolsonaro. Invitó a Alckmin a su auto durante la caravana previa para mostrar lo que será el futuro gobierno de frente amplio.

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Lunes 2 de enero | 10:06
Lula y Alckmin saludan durante la ceremenia de investidura en Brasilia.

Con un Bolsonaro ausente, que viajó repentinamente a Estados Unidos un día antes de dejar su mandato para no estar en la asunción de su sucesor, Lula recibió la banda presidencial de una joven afrodescendiente y recicladora urbana. Todo un símbolo de lo que quería mostrar como un contrapunto a la gestión de su predecesor.

Durante su discurso, Lula cuestionó los golpes que se habían dado a áreas sociales clave pero no mencionó las reformas estructurales en materias laborales, previsionales o de privatizaciones, algo que durante la campaña electoral ya había quedado claro que su gobierno no iba a modificar.

La ceremonia comenzó con la clásica caravana en Rolls Roys hacia el Congreso donde sería investido como presidente. Allí Lula rompió el protocolo e invitó a su auto al flamante vicepresidente, el neoliberal Geraldo Alckmin. A pesar de que las normas dicen que el vice debe ir en un auto detrás del presidente, la decisión de Lula fue la de mostrar la "formula" de un nuevo Gobierno de frente amplio, que empieza con el propio Alckmin (que durante años fue líder y candidato presidencial del partido tradicional del neoliberalismo brasileño, el PSDB), pero que se extiende a los ministerios otorgados a un amplio abanico de personalidades que llegan hasta a partidos que apoyaron a Bolsonaro. También hubo cruce de sonrisas y gestos con miembros del Poder Judicial que hace tan solo cuatro años eran parte fundamental del golpismo que permitió la destitución de Dilma y dos años después del encarcelamiento del propio Lula.

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La idea de un Gobierno de frente amplio, de la gran coalición que le permitió ganar la presidencia a costa del condicionamiento de los sectores que lo acompañan en la nueva gestión estuvo presente desde el inicio del discurso, cuando dijo "estamos aquí hoy gracias [...] al frente democrático que formamos a lo largo de esta histórica campaña electoral. Fue la democracia la gran victoriosa en esta elección". Sellaba así desde el inicio el perfil de la alianza con parte de los partidos tradicionales brasileños, aliados circunstanciales del llamado "centrao" que incluye partidos de la centroderecha, regionalistas y arribistas que dan mayoría parlamentaria a cambio de dádivas, y una "reconciliación" con la justicia y los medios, que estuvieron detrás de la proscripción de Lula y el triunfo de Bolsonaro en 2018.

Ya en el escenario y con Bolsonaro ausente, la pregunta era quién iba a entregar la banda presidencial. El vice de Bolsonaro, Hamilton Mourao ya había dicho que tampoco lo iba a hacer. Lula entonces optó por uno de los gestos más importantes de la asunción. Hizo subir a un joven obrero, un cacique y una cartonera afrodescendiente, que fue quién finalmente le entregó la banda presidencial ante los aplausos de miles de personas que se habían congregado no solo en las calles de Brasilia, sino en varias avenidas de las principales ciudades. Allí Lula hizo mención a no dejar que las fuerzas de la derecha y autoritarias tomen los colores verde y amarillos (de la bandera) para ellos.

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Paso seguido el nuevo presidente habló de uno de sus planes más urgente, que tiene que ver con la restructuración de los subsidios que permitan sacar de la indigencia y el hambre a al menos 33 millones de personas. El plan, conocido como Bolsa Familia bajo los anteriores gobiernos del PT, había sido también utilizado por Bolsonaro con otros nombres y de forma discrecional tanto durante la pandemia como durante el último año electoral. La reimplementación de los subsidios por parte de Lula busca evitar la explosión de descontento por hambre un parte de un amplio sector que fue su propia base electoral.

Al continuar con su discurso Lula fue mucho más medido en cuanto a los alcances de sus políticas sobre las reformas antipopulares y antiobreras de los últimos años. El presidente señaló el diagnóstico del país como "aterrador" y dijo "vaciaron los recursos de la salud, desmantelaron la educación, la cultura, la ciencia y tecnología, destruyeron la protección del medio ambiente, no dejaron recursos para merienda escolar, vacunas, seguridad pública, protección a las selvas y la asistencia social".

El diagnóstico es certero, pero no hubo en su discurso mención a las reformas estructurales que fueron firmadas en los últimos años, tanto bajo el gobierno de Michel Temer, surgido del golpe institucional a Dilma Rousseff, como el del ultraderechista Jair Bolsonaro. Bajo sus gobiernos, y con el visto bueno de lo más concentrado del empresariado y las finanzas, se avanzó en un ambicioso plan de privatizaciones, en una reforma previsional que aumenta la edad jubilatoria para poder cobrar una pensión digna, en una reforma laboral que precariza al extremo las condiciones de trabajo de la juventud, además de un tope de gastos para impedir que se aumente el presupuesto en salud o educación.

Lula, en su alianza junto a Alckmin, y mostrándose confiable para los llamados "mercados" ya había prometido durante su campaña no tocar esas reformas ni privatizaciones, a pesar de que le van a cambiar, y arruinar, las condiciones de vida a millones de brasileños durante las próximas décadas. Es por eso que estas reformas estructurales no fueron parte de su discurso.

Sobre estas reformas, Flavia Vale que es profesora de Minas Gerais, y militante del Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT) y de Esquerda Diario de Brasil, decía "Junto al Tope de Gastos, en los últimos años se ha aprobado la Reforma de Enseñanza Media, que precariza la educación de los jóvenes, la Reforma Laboral y la Ley de Subcontratación Irrestricta, que rompen con la ya limitada legislación laboral del país, y la Reforma de Pensiones, para que trabajemos hasta morir. Además, los capitalistas avanzaron en controlar una mayor porción de la riqueza natural del país, con el avance de las privatizaciones, como la venta de importantes refinerías de Petrobras. Así, nos queda claro que toda la degradación autoritaria de los últimos años, con el golpe institucional, la detención arbitraria de Lula y el fortalecimiento de la extrema derecha, así como de instituciones como la judicial y la militar, estuvo al servicio de aprobar ataques más duros contra la clase obrera y los pobres.

"Al mismo tiempo, la derogación total de las reformas no fue parte del programa y campaña de la fórmula Lula-Alckmin. No es casualidad que Alckmin represente a un sector del capital financiero del país que articuló y se benefició de estas reformas. Incluso en el equipo de transición, el área de educación estuvo compuesta en gran parte por articuladores de la Reforma de la Educación Secundaria, como bancos y fundaciones multimillonarias. También hay al menos 10 ministerios -algunos de ellos muy relevantes en términos políticos y en términos de capacidad de asignación de recursos (y por lo tanto de construcción de apoyo político en el Congreso y proyección electoral)- que están en manos de partidos burgueses tradicionales y que formaron parte de las coaliciones de gobierno de Temer y Bolsonaro", señaló Flavia que concluyó.

Bolsonaro finalmente se fue, casi huyó en su avión presidencial hacia Estados Unidos. Lula ya asumió entre gestos hacia sus votantes y confirmación de un frente tan amplio que llega hasta quienes vienen de apoyar a Bolsonaro en las últimas elecciones y ahora ocuparan cargos ministeriales. El bolsonarismo queda, y ha salido fortalecido de las elecciones, también quedan las reformas que afectarán la vida de los brasileños. Contra todas estas cosas hay que luchar desde el día uno de un gobierno pos Bolsonaro. No se puede esperar que la justicia que fue parte fundamental del golpismo de los últimos años, o el Parlamento que lo avaló y que votó estas contrarreformas a base de todo tipo de negociados, vayan a terminar con ellas.

Como señala Flavia Vale "solo desde las calles, solo con la lucha será posible revocar por completo estos ataques que profundizan la miseria en el país. Para eso, es necesario exigir a las grandes centrales sindicales que son dirigidas por el PT y el PCdoB que promuevan un fuerte plan de luchas para enfrentar los intereses de los capitalistas que se beneficiaron de la extrema derecha en el poder. Es necesario unir a la clase obrera con los movimientos sociales y la juventud en la lucha, y no con los intereses de las grandes empresas, el imperialismo y la derecha”.

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