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REFORMA JUBILATORIA EN FRANCIA

Lucha contra la reforma en las jubilaciones en Francia: ¿en qué punto estamos?

Después de casi dos meses de huelgas y manifestaciones, el Consejo de Ministros adoptó este viernes el proyecto de ley para refundar el sistema de pensiones. Se abre un largo periodo parlamentario, lleno de riesgos para el Ejecutivo. Un análisis objetivo de la relación de fuerzas en curso.

Domingo 26 de enero | 14:25

Foto: O Phil Des Contrastes

Después de casi dos meses de huelgas y manifestaciones, el Consejo de Ministros adoptó este viernes 24 el proyecto de ley para refundar el sistema de pensiones, pilar del modelo social francés. Viene ahora un largo periodo parlamentario, lleno de riesgos, o dicho de otra manera, para el Ejecutivo la salida del túnel aún está lejos. Sin embargo, ver las dificultades significativas que aún debe atravesar Macron y su reforma no nos puede impedir ver con estricta objetividad la relación de fuerzas en curso.

La política de la Intersindical ha permitido que se aleje por ahora la perspectiva concreta de la huelga general

La perspectiva de una huelga general por ahora se ha alejado, si se la compara con el fuerte comienzo de la huelgas indefinidas en el transporte o con el masivo paro nacional educativo del 5 de diciembre, que habían planteado como perspectiva concreta la tarea de avanzar hacia la huelga general política contra Macron y su reforma.

Gracias al rol de la Coordinación impulsada por los trabajadores del transporte urbano (RATP) y del ferrocarril (SNCF) en la región parisina y a la enorme determinación de los huelguistas, se logró pasar la tregua de hecho decretada por el conjunto de las direcciones sindicales. Sin embargo, en el regreso de las actividades tras las vacaciones la huelga no se generalizó.

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Como hemos discutido en otros artículos, la responsabilidad entera recae en la estrategia y el programa de la Intersindical, en particular en su voz cantante, la dirección de la CGT. Esta se niega obstinadamente a encarar un combate frontal contra Macron y sus reformas neoliberales considerándolo aún un interlocutor al que es posible convencer. Por eso la CGT no faltó a una sola de las negociaciones sobre la reforma.

Ligado a esa estrategia de presión frente al poder, la dirección de la CGT jamás levantó un serio programa obrero y popular que permitiera soldar la unidad de la clase obrera y concretar el Tous Ensemble, la unidad con otros sectores, que se hiciera eco del carácter nefasto de las jubilaciones, pero también de la realidad de precariedad, fatiga y padecimiento en el trabajo y de la desocupación que sufren los sectores más explotados de la clase obrera.

Es por eso que, tanto por su estrategia como por su programa, la Intersindical más allá de decirlo de forma declamatoria jamás logró incorporar a la lucha centralmente de los sectores públicos y trabajadores con estatuto (así como ciertos trabajadores del sector privado con cláusulas especiales, como los portuarios o los petroquímicos) a los trabajadores de las grandes empresas (que sí se movilizaron en 2016 contra la reforma laboral a diferencia de la gran mayoría de los trabajadores públicos en ese momento) o los sectores precarios y de las pequeñas empresas que fueron el componente central de la sublevación de los Gilets Jaunes (Chalecos Amarillos).

A esto último hay que agregar el daño generado por la dirección de la CGT en diciembre de 2018, esa vez bien unida a la dirección abiertamente colaboracionista de la central sindical CFDT, cuando condenó abiertamente a los Gilets Jaunes y llamó a reprimir a la rebelión.

En este marco y después de batir todos los récords de duración, por ausencia de generalización y falta de perspectivas seria de cómo vencer, los trabajadores del transporte público, en especial la RATP, vanguardia indiscutida de la huelga, con amargura y por falta de dinero, decidieron volver a trabajar, en especial a partir del lunes 20 (aunque una parte minoritaria pero significativa decidió mantenerse en huelga hasta el 24 de enero).

Radicalidad en las palabras y en las acciones para cubrir la impotencia estratégica

Frente a la ausencia de una estrategia y un programa para vencer -pero consciente de la fuerte combatividad y determinación de una parte importante de los trabajadores y otros sectores populares- la dirección de la CGT aumentó las acciones espectaculares y la huelga en otros sectores. Pero lo hizo destiempo, es decir, cuando los bastiones de la huelga en el transporte comenzaban a desinflarse, y sin cambiar jamás de estrategia, es decir, buscando que con el peso de la opinión pública mayoritariamente a favor de los huelguistas, Macron ceda y escuche.

Pero Macron y la gran burguesía que su gobierno representa jamás van a ceder si no temen perder todo. En vez de preparar y concretar seriamente esta perspectiva, la dirección de la CGT sigue jugando a las escondidas con la huelga general, desgastando a los activistas de manera tal de evitar que la separación y desconfianza de la base hacia la cúpula sindical se exprese en una tendencia a la pérdida de control abierta de la misma manteniendo a la vez un aura de radicalidad que le permita al final del conflicto, responsabilizar a la base, a la gran mayoría del movimiento de masas por su no incorporación en la batalla y absolviéndose de su responsabilidad central de encabezar y centralizar el combate político contra Macron y su mundo.

Veamos algunos ejemplos de lo que decimos. Una de las medidas más efectivas hasta ahora ha sido la huelga en los puertos. La patronal del sector ha puesto el grito en el cielo. Sin embargo, en vez de transformarse en una huelga ilimitada, como fue en el grueso del transporte público por más de cuarenta días, se realiza solo tres días por semana, provocando sí una pérdida económica y muchos inconvenientes temporales pero no una parálisis total. En la principal central nuclear de Occidente, Gravelines, en cuya entrada hay un enorme piquete de huelguistas -al que se desplazó el secretario general de la CGT Philippe Martinez el pasado miércoles 22- los dirigentes de la central sindical FO, mayoritarios en ese sitio, utilizan el argumento de la responsabilidad para no radicalizar sus acciones.

Frente a un eventual apagón del reactor, ellos plantean según testimonia Le Monde que "Esto no es posible, responden los miembros de la Intersindical. Desactivar los reactores mediante el sistema de urgencias haría, como mínimo, sumergir en la oscuridad a Hauts-de-France de manera instantánea. Un ataque a la seguridad del Estado duramente reprimido por el Código penal. ’No es una fábrica de chocolate, sonríe Franck Redondo, del sindicato mayoritario FO (42 %, frente a la CGT, con 32 %). Esto significa cinco veces Chernobyl. Si esto explota, ya no existiría más Inglaterra. Somos profesionales ante todo’. Los agentes, con mucha bronca contra el gobierno pero impulsados por un sentimiento de responsabilidad, eligieron entonces filtrar las entradas para impedir el acceso al sitio. Desde hace una semana, solamente 250 a 350 personas en promedio entran por día, en lugar de los habituales 2500 a 3000 visitantes, prestatarios o miembros de los 1800 agentes EDF (Electricidad De Francia). En esta usina de riesgo, no es cuestión de poner en peligro la seguridad de las instalaciones. Las actividades han disminuido a causa de las filtraciones, implicando bajas de tensión, pero la producción continúa. Pero pase lo que pase, esta disminución es compensada a nivel europeo. En cambio, todos los empleados están de acuerdo en decir que, en Gravelines, este movimiento es histórico, así como también las bajas de tensión de 1400 megawatts (sobre 5600 megawatts)". 

Pero esta huelga, verdaderamente histórica, ¿sirve a pesar de la determinación y de las intenciones de los agentes de EDF para cambiar la relación de fuerzas? Lo dudamos. Saquemos el argumento técnico de lado, pues estamos de acuerdo en que la energía nuclear no es una fábrica de chocolates. Las refinerías tampoco. Y la escasez de combustible haría un daño considerable, como ocurrió en 2010 o 2016, abriéndose –de haberse concretado efectivamente como anunció varias veces la FD Chimie CGT– una nueva dinámica en la huelga en el regreso de actividades luego de las vacaciones. Pero el director ejecutivo de Total, Patrick Pouyanné, decía el pasado 14 de enero: "La verdad es que contrariamente a lo que pasó cuando se trató la ley El Khomri en 2016 y durante otros movimientos, las refinerías no se detuvieron". En lo que concierne al envío de combustible Patrick Pouyanné admitía también una disminución de la actividad: “Por supuesto el flujo ha disminuido, debemos estar en 60-65% en promedio, pero funciona". ¿La responsabilidad a quién? Lo cierto es que por falta de un llamado claro a la huelga general y la búsqueda consciente y no declamada de la escasez de combustible, a la vez que la ausencia de una coordinación de los huelguistas a nivel de la rama, los trabajadores de las refinerías no quieren por nada perder semanas de salario al final, con el 2010 y 2016 en mente.

Otra iniciativa. Según Le Monde, "La CGT-Energie votó en asambleas generales del lunes y martes el paro de tres usinas de incineración de Ile-de-France desde el jueves 23 de enero. ‘Iniciamos las maniobras de detención de seis de los siete hornos de los tres centros, el séptimo permanece en mantenimiento, a partir del jueves a las 22 horas y hasta el lunes a las 22 horas’ declaró Julien Lambert, miembro del buró de la Federación Nacional de las Minas y de la Energía CGT. Los tres centros de Ivry-sur-Seine, Issy-les-Moulineaux y Saint-Ouen tratan 6000 toneladas de residuos por día que llegan de los basureros verdes (no reciclables) de los parisinos y de los habitantes de Ile-de-France. ‘Hemos llevado adelante varias acciones, como la reducción del tratamiento o del vapor destinado a la calefacción urbana desde el 5 de diciembre [inicio del movimiento de huelga contra el proyecto de reforma de las jubilaciones] pero se habla muy poco de nosotros, constata el sindicalista. Ahora vamos a ir más lejos con un movimiento innovador, la detención coordinada de las tres fábricas según las mismas modalidades’. La detención tarda de seis a doce horas, y la reactivación, una a dos jornadas, o sea ’seis días de detención de tratamiento de basura’ explica el organismo que lo gestiona, el Syctom. En un primer momento, el sindicato intercomunal de tratamiento de basura de los hogares del área metropolitana parisina prevé stockear los residuos en las fosas de las tres fábricas y evacuar una parte hacia otros centros. Por no reutilizar los residuos como energía (el vapor permite calefaccionar 300.000 viviendas), estos se esfumarán, ’la peor solución en términos de medio ambiente’, indica el Syctom. A la larga, la industria corre el riesgo de quedar "saturada", y los volquetes que recogen la basura podrían parar de recogerla, advierte el sindicato intercomunal. Un escenario catastrófico a la espera de las asambleas generales que se reunirán el lunes para decidir si prosiguen o no con este movimiento". ¿Otra nueva amenaza como la de los trabajadores de las refinerías? Esperemos equivocarnos.

Último ejemplo que tiene el mérito de ser claro. En su live de la marcha del 24, Le Monde se encuentra con Nicolas Joseph, de la CGT, secretario del Comité de Higiene, de Seguridad y de las Condiciones de Trabajo (CHSCT) de aguas y saneamiento del municipio de Paris y jefe del servicio de guardia, que interviene 24h/24 en las urgencias, quien cuenta: "Entre nosotros, la tasa de huelguistas aumenta. Pasamos de 10% hace 45 días a 60% ayer. Siempre es necesario tiempo para que la gente haga huelga en nuestro sector pero esta ya se inició. Esta semana todos depositaron simbólicamente sus herramientas de trabajo frente al ministerio de Finanzas para protestar contra la reforma de las jubilaciones. ¡Éramos muchos más que la policía, habríamos podido entrar en el ministerio! ¡Y si verdaderamente hubiéramos bloqueado nuestra herramienta de trabajo, que consiste, se los recuerdo, en recoger las aguas residuales, Paris, después de 45 días de huelga, estaría hecha una verdadera mierda, en el sentido exacto del término! Estamos dedicados a nuestro oficio, no queremos llegar a eso. ¡Pero puedo decirles que como organización sindical, tuvimos que frenar a los operarios si no esto llegaría mucho más lejos!".

Sin dudar de la palabra de ninguno de los interesados, cuando en sectores estratégicos tan variados del aparato productivo francés cuya paralización pondría de rodillas a Macron se repite el mismo esquema, dudamos que la cuestión sea solo técnica o de responsabilidad social sino que creemos que es fundamentalmente de estrategia: la dirección de la CGT no quiere derribar a Macron pues esto abriría una crisis mayor e inédita en la V República que esta dirección reformista del movimiento obrero se cuida de abrir como de la peste.

¿Qué hacer?

Si a pesar de la impotencia estratégica de la dirección de la CGT y de la Intersindical, la lucha persiste, esto se debe a la debilidad política gubernamental y, sobre todo, a la determinación y combatividad de los huelguistas, que como en el caso de la RATP se pusieron en fuerte medida en hicieron huelga el viernes 24 mostrando que aún no están resignados.

En contra de lo que esperaba el gobierno, el compromiso Philippe-Berger (por el cual se retiró provisoriamente y bajo estrictas condiciones a una futura Conferencia de Financiamiento una edad pívot para cobrar la jubilación plena mayor que los 62 años de hoy) no ha cambiado la mirada acerca de la reforma. Se produjo todo lo contrario. Según las encuestas, el apoyo y la simpatía por el movimiento han vuelto más bien en alza. El 61% de los franceses piensa que Emmanuel Macron debería "tomar en cuenta la protesta y retirar el proyecto de reforma", según Elabe-BFM. Ligado a esto se impone una visión de un presidente autoritario para el 72%. Por categorías sociales, la oposición a la reforma es tal que solo el 9% de los obreros la apoyan.

En este marco de rechazo mayoritario a Macron, sería suicida embarcarse en una estrategia minoritaria que aleje a los activistas de la mayoría del movimiento de masas. Si hay algo que el movimiento actual ya mostró es que es posible realizar huelgas mayoritarias de rama o sector, y que si la misma afecta los sectores estratégicos, puede paralizar la economía y, con esto, dejar en el aire al gobierno. Si la huelga del transporte urbano a pesar de no ser totalmente efectiva provocó tal caos en región parisina, imaginemos el daño que provocaría al aparato productivo capitalista si por ejemplo los camioneros que transportan el 88% de las mercancías en Francia se declararan mayoritariamente en huelga.

Por ahora, solo la actitud corporativa de los sindicatos del sector lo ha impedido. Sobre todo es la ausencia de un plan para vencer de la Intersindical la que no permite desplegar hasta el final la fuerza y la combatividad de los sectores que incluso están o estuvieron en huelga. Tampoco hay un plan y programa consecuente para incorporar la fuerza de la mayoría del movimiento obrero, en especial de los sectores más explotados de la clase, sobre el que pesan mucho más riesgos e implica mayores sacrificios que los sectores protegidos de la clase obrera, que solo se incorporarían a la lucha si vieran una perspectiva distinta del presente y del futuro de precarización y desempleo que los acecha, y una decisión en la dirección que les permita creer que esta vez sí es posible doblegar al gobierno burgués de turno.

Los sectores más avanzados de la clase, los mejores activistas del actual conflicto que estén aún en huelga reconducible minoritaria o hayan retomado el trabajo, deberían aprovechar los "momentos fuertes" (así se llaman a las jornadas de acción más allá de los sectores que estaban en huelga indefinida que incluye llamado al paro y marchas y de las que hubo siete hasta hoy) no solo para movilizarse ese día sino fundamentalmente para hacer grandes asambleas de sector ,que a su vez se coordinen, como muestra la Coordinación de la RATP/SNCF, denunciando el radicalismo de opereta de las direcciones sindicales y exigiéndoles que dejen de jugar a las escondidas y se pongan a la altura del combate en curso, votando un pliego de reclamos que abarque la conjunto del movimiento obrero y un plan de lucha acorde.

Es decir que frente a la táctica de "momentos fuertes" y de "inscripción en el tiempo" de la Intersindical que nos lleva a un impasse, al igual que los trabajadores de la RATP y el paro masivo de un día el pasado 13 de septiembre (ese día los trabajadores decidieron que iban a comenzar una huelga indefinida a partir del 5 de diciembre, arrastrando luego a los ferroviarios y demás sectores) imponga un nuevo comienzo a la lucha en curso, o más bien una continuidad a un nivel superior, aprovechando seguramente las crisis políticas que se van a abrir en el largo trámite parlamentario que aparece como un calvario para la macronia y que estará tentado de utilizar el 49.3 (una medida abiertamente autoritaria que cierra en bloque el debate parlamentario) para evitarlo, abriendo posiblemente un fuerte shock político y democrático en el país que puede ser utilizado para removilizar a los huelguistas a la vez que incorporar masivamente a nuevos sectores de la clase trabajadora a la vez que a la juventud estudiantil y de la banlieue (suburbios).

La lucha actual, como mostró la marcha del 24, no está doblegada a condición que, mediante la autoorganización de la base, impongamos una nueva estrategia y programa a las direcciones contestatarias. Una vez más, como al principio, la huelga a los huelguistas.







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