Cultura

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Los traductores y la unidad mundial de los trabajadores

Con la gentil autorización de su autor, a quien agradecemos, publicamos una versión al castellano de este artículo sobre el rol de los traductores como un actor clave a lo largo de la historia del movimiento obrero mundial y en particular de sus Internacionales, con eje en los primeros años de la III Internacional.

Domingo 2 de septiembre de 2018 | Edición del día

John Riddell nació en Canadá en 1942 y es ensayista, editor, traductor y un activista de la izquierda de ese país, así como en la de Estados Unidos y Europa, desde hace casi seis décadas. Gracias a su conocimiento de varios idiomas, desde 1983 conformó un equipo de editores y traductores que se embarcó en un ambicioso proyecto llamado La Internacional Comunista en tiempos de Lenin, que consiste en la publicación en lengua inglesa de una enorme cantidad de documentos que datan de entre 1907 y 1923 relacionados con la III Internacional, desde sus orígenes en las alas izquierda de la vieja socialdemocracia, hasta su fundación con el impulso de la Revolución rusa y sus primeros años hasta el triunfo de la fracción estalinista.

Estos textos, que consisten en tesis, manifiestos, resoluciones o actas taquigráficas de discursos o asambleas, se encontraban dispersos en numerosas publicaciones y archivos, escritos en los más diversos idiomas. La recolección y compilación de todos ellos en una sola lengua de alcance universal, como el inglés, ha facilitado enormemente el trabajo de estudio por parte de militantes e investigadores. Esto se concretó en la publicación de nueve volúmenes, totalizando varios miles de páginas, entre 1984 (cuando salió el primero, La lucha de Lenin por una Internacional revolucionaria. Documentos. 1907-1916, los años preparatorios.) y este año (en que acaba de salir El movimiento comunista en la encrucijada. Plenarios del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista, 1922-1923.), los primeros seis de ellos editados por Pathfinder Press de Nueva York y los últimos tres por la colección de libros de la revista británica Historical Materialism. La lista completa de los volúmenes se puede consultar aquí. Por otra parte, el propio Riddell y sus colaboradores han escrito extensas introducciones a los volúmenes, así como a cada capítulo y documento, junto a un desarrollado aparato crítico con numerosas notas de pie, proporcionando una valiosa información de contexto.

En su introducción al siguiente texto, que fue publicado por primera vez en la página personal del autor, Riddell cuenta qué lo motivó a escribirlo, algo similar a lo que nos moviliza hoy en día desde Ediciones IPS y la sección internacional de La Izquierda Diario cuando llamamos en los próximos meses a traductores a acercarse y colaborar con nosotros y a formarse en los talleres que realizaremos pronto, como el del próximo 22 de septiembre, al cual invitamos hoy en esta edición, teniendo en cuenta que, con las numerosas herramientas que se han desarrollado en los últimos años y los recursos tecnológicos, la posibilidad de los traductores de contribuir al internacionalismo obrero y a hacer más accesible el intercambio y el debate teórico y político a nivel mundial es mucho más factible que en la época de la Revolución rusa.

Traducción: Guillermo Iturbide.


Objetivos y técnicas en la era de la Internacional Comunista

El siguiente memo, que data de 1999, describe cómo contribuyó el trabajo de los traductores a construir la solidaridad internacional en la era de la Revolución rusa. Fue escrito como información para quienes traducen conferencias del movimiento socialista en Canadá.

Las referencias de libros son a los volúmenes sobre la Internacional Comunista que fueron publicados por Pathfinder Press y aún se encuentran disponibles.

La era de la Revolución rusa fue testigo del florecimiento de amplios congresos internacionales de trabajadores, en los que las sesiones se traducían por completo y posteriormente se publicaban en varios idiomas. Este logro anticipaba la unificación de los trabajadores que terminaría con los antagonismos nacionales capitalistas.

La época de la Segunda y Tercera Internacionales revolucionarias (de 1889 a 1924) estuvo marcada por un agudo y creciente antagonismo entre las potencias imperialistas de Europa, la región que era el corazón del movimiento obrero revolucionario en ese entonces.

No mucho antes, entre 1855 y 1870, las grandes potencias europeas habían librado cuatro grandes guerras. Desde la década de 1890, Europa se vio envuelta en una carrera de armamentos entre bloques imperialistas opuestos. Luego vino la gran guerra interimperialista, que no hizo más que aumentar los antagonismos. En tales condiciones, la construcción de una Internacional obrera era vista, en sí misma, como un acto de traición contra el patriotismo burgués.

Muchos dirigentes del movimiento obrero de ese momento hablaban fluidamente varios de los principales idiomas. Para la mayoría de ellos, el alemán era un idioma de trabajo aceptable. Pero la Internacional pretendía ser una organización de trabajadores, habitable para luchadores que no tuvieran una amplia experiencia internacional, y esto implicaba que se debían traducir todos los debates de sus principales reuniones.

El detalle de la traducción tenía una importancia política. Cuando Skrypnik propuso hablar en ucraniano, el periodista británico Ransome pensó que se trataba de una broma. Pero apenas dos años antes, bajo el zar, estaba prohibido el uso de la lengua ucraniana en instituciones públicas. Ahora era un idioma aceptable en un congreso mundial. De la misma forma, cuando habló Liu Shaozhou se trató del primer uso de la lengua china en una reunión internacional de trabajadores, y probablemente también en una conferencia internacional del tipo que fuere.

La forma de traducir estaba moldeada por el carácter de estas conferencias: se trataba de grandes asambleas de iguales que funcionaban sin amplificación de sonido. En reuniones así, solo se podía escuchar al orador si se hacía un silencio absoluto. Para captar la atención de la audiencia, el hablante debía hablar de manera extemporánea, respondiendo atentamente a los cambios en el pensamiento del auditorio. Si alguien objetaba e interrumpía constantemente se podía desorganizar totalmente la reunión; había que responder con eficacia, y el hablante tenía que reafirmar su dominio a través de la fuerza de las ideas.

Esta tradición de hablar en público sin amplificación todavía estaba viva cuando nuestro movimiento hacía reuniones callejeras en los años ‘60. Ahora esto se dejó de hacer por la utilización de megáfonos y sistemas de sonido, que permiten que un orador hable en forma monótona aunque nadie escuche. Pero la vieja tradición todavía vive en muchas reuniones espontáneas de trabajadores.

En una sesión grande sin amplificación no puede haber una voz en off ni susurrar traducciones sin interrumpir los debates. La traducción oración por oración era técnicamente posible, por supuesto, pero no se hacía, probablemente porque hubiera roto el flujo dinámico del discurso, tan necesario para la realización de las sesiones. En general, los traductores tomaban notas durante el discurso y luego, después de su conclusión, reconstruían todo el discurso en el segundo idioma. (ver Founding the Communist International [1], págs. 21, 24, 25; Workers of the World and Oppressed Peoples, Unite [2]. pp. 15; To See the Dawn [3] p. 25, 114-15).

Establecer una traducción efectiva en los congresos de la Internacional Comunista de 1919-1920 fue dificultoso. El servicio de traducción general manejaba los principales idiomas, y se hacían gestiones más informales para satisfacer las necesidades de los grupos lingüísticos más pequeños. Algunas veces la traducción se abreviaba y era solo un resumen del original. A veces, por otro lado, el traductor se sentiría inspirado por el espíritu del original para improvisar, como en la historia probablemente un tanto fantástica de John Reed sobre la experiencia de Quelch en Bakú (To See the Dawn, p.25).

Angelica Balabanoff traduciendo durante el Segundo Congreso de la Tercera Internacional.

En la foto firmada en el primer volumen de Workers of the World vemos una imagen de Balabanoff traduciendo en el Segundo Congreso. El delegado suizo Humbert-Droz decía que sus traducciones a menudo eran imaginativas, pero aquí parece estar apegándose a sus notas. Era algo típico de la cultura de nuestro movimiento en ese entonces que Balabanoff, una rusa cuya experiencia en el extranjero fue principalmente en Italia, pudiera realizar hábilmente traducciones al inglés y (a esto se refiere la anécdota de Humbert-Droz) al francés.

El congreso de Bakú [4] representó un desafío particular debido a la gran cantidad de idiomas que se hablaban: los 36 grupos étnicos registrados en el comité de acreditaciones seguramente distan mucho de ser la totalidad. Muchos delegados hablaban lenguas túrquicas que tenían cierta relación entre sí, y había bastante desacuerdo sobre si la lengua A sería inteligible para los hablantes de la lengua B.

Lo que se destaca de todos estos documentos es que, a pesar de las condiciones de emergencia y la extrema escasez de recursos humanos, estos congresos pudieron establecer el principio de la traducción completa, no solo en los principales idiomas de Europa, sino en muchas lenguas importantes de Asia. En esa época no había nada parecido en ningún lugar por fuera del movimiento obrero revolucionario. Lenin insistió especialmente en la importancia de traducir a los idiomas de los oprimidos –ver su inesperado consejo a un delegado de México en Workers of the World, págs. 12-13.

Taquígrafas transcribiendo el discurso de Lenin en el Segundo Congreso. Detrás de él, Zinoviev y, a su izquierda, Radek.

Hay otra imagen en la sección de fotos del Segundo Congreso con la que se podría ilustrar sus comentarios: Lenin se dirige a la sesión de apertura del 19 de julio [de 1920]. Delante de él hay un círculo de secretarias vestidas de blanco que toman notas. Son anotaciones taquigráficas, una transcripción de todo la sesión, y en esta foto se hacen en forma simultánea en francés, alemán y ruso, como durante todo el congreso. Las notas taquigráficas resultantes se mecanografiaron a medida que avanzaban las sesiones, al igual que sucede en nuestras propias reuniones de hoy. Para el año siguiente, en el Tercer Congreso, este procedimiento se había perfeccionado hasta el punto de que partes sustanciales de las sesiones se podían publicar en varios idiomas al día siguiente, en el diario del propio congreso. ¡Este es un récord que nuestros equipos actuales de transcripción y edición tienen que alcanzar!

La tradición del movimiento obrero revolucionario era entonces que las actas completas de los principales congresos debían publicarse dentro de un año de transcurridos para así educar y permitir la discusión en las filas partidarias y para el público más amplio de la clase obrera. La Internacional Comunista pudo hacer mucho más en este sentido que su antecesora, la Internacional Socialista. Esto era posible, sobre todo, porque contaba con una dirección central con autoridad y porque construyó un eficiente aparato administrativo central, del que la II Internacional carecía por completo.

Cuando se celebró el Primer Congreso, en 1919, la guerra civil estaba llegando a su momento de mayor intensidad para el gobierno soviético, y las condiciones estaban lejos de ser ideales para la publicación de las sesiones. El primer intento fue un desastre, y Lenin escribió algunas palabras fuertes en señal de reprobación. (Founding the Communist International, página 322, nota 53. Vale la pena buscar el texto completo de la carta de Lenin, Collected Works, volumen 35, página 427, cuya redacción es aún más severa). El año siguiente, en el Segundo Congreso, las condiciones distaban de ser ideales, y los secretarios expresaron su frustración en una nota introductoria a las actas del congreso, reproducida en Workers of the World, págs. 61-62. No obstante, su logro fue impresionante. En un año, lograron publicar ediciones cercanas a las 500 páginas de las actas completas en inglés, francés, alemán y ruso, así como compilaciones más breves que contenían las resoluciones principales. Mi trabajo en la edición de Pathfinder de este congreso me mostró que los secretarios, en realidad, hicieron una comparación atenta de las transcripciones en diferentes idiomas y lograron un alto estándar de uniformidad y claridad en, al menos, las ediciones en francés, alemán y ruso.

Mientras tanto, el trabajo editorial más amplio de la Internacional ganaba impulso. Desde 1919, la voluminosa revista de la Internacional, La Internacional Comunista, se publicaba regularmente en varios idiomas. Russische Korrespondenz reproducía una rica colección de documentos de la Rusia soviética en alemán. Una impresionante variedad de panfletos ponía a disposición las obras básicas del marxismo y los documentos de la Internacional en todos los principales idiomas. Tras el congreso de Bakú, se realizó un gran esfuerzo de publicación en los idiomas de Asia (To See the Dawn, p. 30). Se estaba comenzando el trabajo preparatorio para la publicación de una edición autorizada de las obras de Marx y Engels en alemán, lo que comenzó a mediados de la década de 1920.

Y, a fines de 1921, la Internacional se comprometió a crear una herramienta que pudiera brindar una guía práctica para la lucha de sus militantes de todo el mundo: Inprekorr, un servicio internacional revolucionario de prensa. Alrededor de tres veces por semana se enviaba desde Moscú en varios idiomas un nuevo número, que contenía tanto noticias como análisis políticos de los acontecimientos en muchos países.

Después de que triunfó el estalinismo, entre mediados y finales de la década de 1920, el trabajo de traducción y publicación continuó por un tiempo, pero el mensaje revolucionario ya no estaba allí. Después de un tiempo, incluso desapareció la pretensión de tener una actividad editorial internacionalista. En 1934 se detuvo la reedición de las resoluciones y las actas de los primeros años de la Internacional. También se detuvo la publicación de la edición definitiva de las obras de Marx y Engels. Pronto dejaron de estar disponibles los escritos de los líderes bolcheviques, salvo de Lenin; la camarilla de Stalin asesinó a la mayoría de los sobrevivientes de esa dirección. El último “congreso” internacional tuvo lugar en 1935. La cáscara estalinizada de la Internacional fue hecha a un lado en 1943. Pero la tradición de la traducción al servicio de la revolución se ha preservado y mantenido en forma vigorosa en el trabajo de Intercontinental Press (1963-85), Pathfinder Press y New International.

12 de marzo de 1999.

Apéndice: La traducción en la II Internacional

La ausencia de una dirección y un aparato centralizados en la II Internacional limitó el alcance de la traducción. Los congresos internacionales, que se celebraban cada año, se traducían durante sus sesiones por el método descrito en mi nota anterior. En un caso, el congreso de Stuttgart, se realizó y publicó un registro taquigráfico en francés de las actas. Pero, significativamente, antes de publicarlo no se lo comparó con la versión alemana y se aparta significativamente del texto de esta última. Claramente, las traductoras en lengua francesa se fueron a su casa y lo hicieron por su cuenta. No encontré otros registros traducidos de los congresos mundiales.

Los registros del congreso se abreviaban, llegando hasta unas cien páginas más o menos; las resoluciones eran generalmente de entre una y tres páginas. La Internacional en sí no tenía una publicación importante. El diario principal del movimiento obrero revolucionario internacional de ese período era Die neue Zeit del Partido Socialdemócrata alemán. Luego estaba el Vorwärts y, con el ascenso del ala izquierda de la socialdemocracia alemana, el Leipziger Volkszeitung. Se traducían muchos artículos de sus páginas.

Este fue también un período rico para la publicación de libros que ofrecían un análisis marxista de la historia y la sociedad. Los libros de Kautsky fueron traducidos a muchos idiomas, sobre todo al ruso. La edición en inglés de La mujer y el socialismo de August Bebel salió apenas unos años después del original alemán. La mayoría de las principales obras estaban escritas en alemán, pero también hubo obras importantes en francés (por ejemplo, de Paul Lafargue), italiano (Antonio Labriola) y ruso (Georgii Plejanov). Durante estos años, el alemán era la segunda lengua de varias naciones en una amplia zona que incluía Escandinavia, los Países Bajos y la parte no germanoparlante de Austria-Hungría, y se lo utilizaba ampliamente en otras partes de Europa del Este. Los dirigentes marxistas rusos generalmente sabían alemán de sus años de exilio. Y el alemán fue el idioma principal de los debates marxistas. Los registros de la Conferencia de Zimmerwald y de su movimiento, por ejemplo, están en alemán.

Pero la muerte de Liebknecht y Luxemburg puso fin a la época en que las principales obras del marxismo se escribían en alemán. El primer y el segundo congreso de la Internacional Comunista dejaron en claro que la clase obrera de la República Soviética estaba ahora políticamente a la cabeza en todas las cuestiones. El alemán fue el idioma principal de los primeros años de la III Internacional debido a su orientación de intentar agrupar a las fuerzas revolucionarias surgidas de la II Internacional y para ganar a las clases trabajadoras de Alemania y otros países donde el alemán era un idioma importante. Es significativo, en este sentido, que Lenin y otros líderes bolcheviques hablaran comúnmente en alemán en los primeros congresos de la IC. Las fuerzas revolucionarias en otros lugares estaban acostumbradas a trabajar con originales en alemán, y durante algunos años después de 1919 continuaron haciéndolo en gran medida.

Según el libro Canadian Bolsheviks, de Ian Angus, parece que Maurice Spector, uno de los primeros líderes del Partido Comunista de Canadá, obtenía sus datos del movimiento obrero mundial principalmente de fuentes en lengua alemana. Russische Korrespondenz, ocasionalmente, llegó a publicar textos de la Oposición de Izquierda incluso hasta 1926. Sin embargo, desde 1918-19 los textos clave se escribieron en ruso, no en alemán. El movimiento comunista internacional rápidamente aprendió a traducir con facilidad del ruso. Y con el surgimiento de la Oposición de Izquierda, el ruso fue el único idioma en el que se conseguían los principales textos comunistas, en principio. Max Eastman (un prolífico traductor de ruso) puso como título a su defensa de la Oposición de Izquierda (publicada alrededor de 1926) La situación real en Rusia. La traducción del ruso fue la columna vertebral literaria de la Oposición de Izquierda y de la IV Internacional hasta la muerte de Trotsky y más allá.

21 de marzo de 1999

Texto original en: www.johnriddell.wordpress.com/2017/12/30/translators-and-global-workers-unity

Notas al pie

[1] Founding the Communist International, Proceedings and Documents of the First Congress, 1919, ed. John Riddell, Pathfinder, 1987.

[2] Workers of the World and Oppressed Peoples, Unite: Proceedings and Documents of the Second Congress, ed. John Riddell, Pathfinder, 1991.

[3] To See the Dawn: Baku 1920, Proceedings of the First Congress of the Peoples of the East, ed. John Riddell, Pathfinder, 1993.

[4] El Congreso de Bakú fue el "Congreso de los Trabajadores y Pueblos Oprimidos de Oriente", llamado por la Internacional Comunista, que se realizó en septiembre de 1920 en esa ciudad del Cáucaso, capital de la entonces República Soviética de Azerbaiyán. Su objetivo era reunir en torno a la Tercera Internacional a representantes de diversos pueblos coloniales y oprimidos que luchaban por su liberación nacional, particularmente de Asia. (Nota del traductor)







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