Mundo Obrero

TRIBUNA ABIERTA

Los trabajadores y la política

Existe un dicho que dice: “cuando un patrón y un obrero votan por el mismo partido político, uno de los dos se equivoca, y no es el patrón”. Es hora de que los trabajadores asumamos el desafío y el compromiso de involucrarnos políticamente.

Edgardo Videla

Delegado Comisión Interna de Cuyoplacas | Mendoza

Viernes 14 de noviembre de 2014 | Edición del día

Históricamente, los intereses de un empresario son diametralmente opuestos a los de un trabajador, mientras el primero busca la mayor rentabilidad posible en su empresa, el segundo busca que se cotice al mayor valor posible su contribución a dicha empresa, su voluntad y capacidad de trabajo. Mientras el empresario es el propietario de los medios de producción, el trabajador es el responsable de hacer funcionar esos medios de producción. Es decir, la principal función de un empresario en una cadena productiva es la poseer, y organizar, mientras que recae todo el esfuerzo cotidiano, y las presiones que esto implica, sobre los trabajadores, los verdaderos encargados de generar las riquezas de un país.

Es por eso que a la hora de elegir, quien, y como, conduce los destinos de un país, resulta una verdadera incongruencia que un patrón y un obrero voten por el mismo partido político. El patrón buscará un régimen político que le garantice la estabilidad necesaria para que las ganancias de su empresa no se vean perjudicadas, y para él, compartir las ganancias de su empresa con los trabajadores es un perjuicio. De esta forma, los trabajadores nos vemos obligados a inclinarnos, por un movimiento político que muestre una tendencia a valorar, y pensar la conducción de un país, desde una perspectiva más cercana a los encargados de echar a andar la maquinaria productiva, los trabajadores.

La cultura del individualismo

Si bien en la década del 90, existieron casos emblemáticos de organizaciones obreras, que se oponían con firmeza a las política de privatizaciones del gobierno menemista, como los trabajadores del Astillero en La Plata, los de Acindar, Ferroviarios, o el Sindicalismo tradicional, oponiéndose a las leyes de flexibilización laboral, estas manifestaciones, aunque firmes, resultaban minúsculas, si se toma el porcentaje de trabajadores que fueron perjudicados por estas políticas de gobierno. La causa de esta indiferencia, debe buscarse, a mediados de la década del 70, cuando las políticas del gobierno de María Stella Martinez de Perón, y la posterior Dictadura Militar, destruyeron la organización obrera y sindical, con la más cruel masacre que ha sufrido el pueblo argentino. Esta Dictadura, se dedicó durante siete años, a someter, asesinar, y hacer desaparecer a los trabajadores y activistas, incluso llevándoselos desde sus puestos de trabajo, aniquilando la conciencia de clase que se había instalado en los principales centros industriales del país desde fines de los 60, cuando los trabajadores protagonizaban levantamientos populares, como los llamados “Cordobazo”, “Mendozazo” “Rosariazo” y otros, en contra de las políticas opresivas de los gobiernos de turnos.

Esta despiadada respuesta del gobierno militar contra la organización obrera, y en beneficio de las patronales, de empresarios nacionales y extranjeros, no fue la única acción que realizaron. La más nociva de las estrategias de ese gobierno, se extiende hasta nuestros días, ya que por medio del terror, instalaron la cultura del individualismo, que domina a una gran parte de la clase obrera actual, de hecho, hoy muchos compañeros, se consideran, se sienten, y actúan como clase media, renegando de su condición de obrero, y sostenidos por la ilusión de que algún día serán propietarios, los patrones, aunque sea de un modesto minimarket.

Retomando la historia

Desde el 2003 hasta la actualidad, se viene avanzando en la construcción de la conciencia de clase en los trabajadores, por momentos esta construcción toma un vigoroso ritmo, y por momentos es más lenta, pero es innegable que la construcción avanza. Otra vez en distintas zonas del país, se está cuestionando el orden establecido, y este cuestionamiento va dirigido a las conducciones sindicales, a las patronales, y por ende, al gobierno. Si bien podría decirse que la organización obrera hoy, está muy lejos de esos movimientos de fines de los 60 y principios de los 70, en esta ocasión, puede percibirse una gran diferencia, determinada por las disimiles coyunturas políticas, de ambos momentos.

En aquellos momentos, los 60’s, el recuerdo de los gobiernos peronistas, estaban muy frescos entre los trabajadores, algunos los habían vivido, y otros los conocían por sus padres. Cabe destacar que los obreros en sus gran mayoría idolatraron a Perón y Evita, sobre todo por la cantidad de beneficios que se les concedieron durante su gestión. Y es natural, a una clase obrera desposeída, que se encuentra con aguinaldo, vacaciones pagas, y otras conquista, le era difícil imaginar que se podía avanzar sin Perón. Pero con dos frases muy famosas del General, puede delinearse hoy, cual era la línea de ese gobierno. La primera,” Del trabajo a la casa y de la casa al trabajo”, era una forma de decirle a la clase trabajadora, que no entorpeciera las relaciones entre el gobierno y los empresarios, y confiaran en Perón como benefactor de los obreros. La segunda, “Necesitamos pobres menos pobres y ricos menos ricos”, indicaba que los medios de producción, no iban a cambiar de manos, solo que el gobierno iba a intentar hacer una distribución diferente, pero no equitativa. De cualquier manera, podría interpretarse que los gobiernos peronistas que terminaron drásticamente, en 1955, fueron lo que clase obrera necesitaba en ese puntual momento histórico.

Una sana ausencia

La ausencia de Perón, exiliado en España, empujó a la clase obrera a organizarse en contra de quienes querían arrebatar las conquistas laborales, gobiernos y patronales ideando planes económicos de ajustes, que como siempre ocurre, recaían sobre los trabajadores. Este es el periodo histórico, que a mi humilde criterio, consolidó con más fuerza al movimiento obrero como un sector de la sociedad con voz propia, sin depender de Perón como patriarca, pero con el desatino de basar toda la lucha en el regreso del ex Presidente, como si se tratara de una especie de redentor de los oprimidos. Fue un grave error, con un desenlace que le costó a trabajadores y estudiantes, 30.000 compañeros desaparecidos. Pero el Peronismo, desde ese momento se había instalado con firmeza en el ADN de un alto porcentaje de la clase trabajadora.

Esa idea de que la mejor alternativa electoral para los trabajadores era el peronismo, se mantuvo por muchos años una vez que la democracia regresó para consolidarse. Pero este partido político, es tan camaleónico, que puede encuadrar dentro del mismo movimiento al neoliberalismo menemista de los 90’s, como al populismo kirchnerista de la década ganada, arrastrando a la gran mayoría de trabajadores y clases populares, a votar incongruentemente, no sólo dentro del peronismo, si no también afectando sus propios intereses.

Hoy por Hoy

Si la construcción de una clase obrera sólida y con conciencia de clase, se acerca por estos días a aquella que esperaba a Perón, se diferencia de la misma, porque hoy el horizonte de los trabajadores es otro totalmente distinto. Esta vez la organización de los laburantes, debe apuntar a la confianza en si mismos. Los ejemplos de Zanón, de Madygraf, y otros tantos no tan destacados, son los que marcan el camino a los trabajadores hacia la autogestión. Debemos prepararnos para conducir nuestros propios destinos. No necesariamente están dadas las condiciones para que los obreros se adueñen de los medios de producción, pero sí están dadas las condiciones para que nos involucremos en la gestión política. Los conflictos de LEAR, de Gestamp, y otros tantos marcan que hoy por hoy, los reclamos de los trabajadores no son solo por beneficios materiales para incorporar al salario, se cuestiona a todo el aparato del poder, incluido el Sindicalismo. Las denuncias de los trabajadores de la TV Pública, en cuanto a los contenidos de la información, indican un compromiso de clase, no una lucha en el plano económico. No debemos permitir que el actual gobierno, que se jacta de haber acercado la política a la gente, no resuelva conflictos obreros por estar “politizados”.

Es imprescindible que los obreros estemos politizados. Hoy, los trabajadores no precisamos redentores que nos quiten la responsabilidad de manejar nuestra vida, los trabajadores no debemos buscar líderes de masas, debemos proyectar a compañeros que nos representen y se apoyen en nuestra voz, para elevar nuestro reclamo o nuestra propuesta. Hoy los trabajadores tenemos la obligación de estar politizados, para no permitir que los acuerdos del poder nos dejen afuera de las ganancias que nosotros mismos producimos. Y para generar, nosotros mismos, un movimiento político que forje un país que nos respete, nos valore, y nos permita construir un futuro más justo y equitativo.







Temas relacionados

Mendoza   /    Mundo Obrero

Comentarios

DEJAR COMENTARIO