Mundo Obrero

MENDOZA

Los sindicatos para los obreros

Cuando los trabajadores logramos entender que tenemos más coincidencias que diferencias, es cuando surge la necesidad urgente de la organización, para que esa organización tenga el peso que se requiere, no hay mejor estructura que la sindical. Pero debemos tomar conciencia, que desde dentro de los sindicatos, también surgen elementos para mantener dispersa a la masa obrera.

Edgardo Videla

Delegado Comisión Interna de Cuyoplacas | Mendoza

Jueves 25 de septiembre de 2014 | Edición del día

Haciendo referencia a nuestra columna anterior, en donde remarcábamos, que el poder político y el poder económico conspiraban contra el reconocimiento de la clase obrera como hermanos entre sí, debemos detenernos en que la forma de enfrentar estas estrategias de división, que el poder instala dentro de la clase obrera, es la organización de los trabajadores.

Históricamente, la organización obrera dio como resultado la creación de los sindicatos, palabra que proviene del griego, haciendo referencia a un “protector ante una injusticia o conflicto”, y que se conformaron como asociaciones de trabajadores de distintas ramas del comercio, la industria, etc., para poder hablar de igual a igual, tanto con los patrones, como con los políticos que deciden sobre la vida laboral de millones de personas. Para esto, se deben elegir a representantes de los trabajadores, que deben salir del corazón mismo de los compañeros, que deben entender las necesidades de los mismos, y deben impulsar la participación en la vida sindical, no sólo del trabajador, sino también de todo su círculo familiar. Fomentando por todos los medios posibles la toma de conciencia de clase.

Que en la actualidad, los trabajadores argentinos tengamos cinco centrales obreras, es un clarísimo indicador, de que nuestros representantes gremiales, desde el dirigente de una sede pequeña, hasta llegar a los denominados “gordos” del sindicalismo, los conductores de las centrales obreras, son tan nocivos para la clase obrera, como los son las patronales tiranas, o los ajustes e impuestazos de cualquier gobierno. Por supuesto, hay honrosas excepciones, sobre todo en las sedes. Los obreros, sabemos cómo pueden actuar nuestros patrones, sabemos también, que el gobierno, tiende a favorecer al más poderoso, pero damos por sentado que el sindicato es un aliado en defensa de nuestros derechos, y esto no siempre ocurre así, hoy por hoy, las luchas que se vienen dando en Gestamp, Lear, Donnelley, y la forma en que lograron recuperar el sindicato, los obreros de Zanón, en su momento, muestran a las claras que las conducciones sindicales, no son representativas de las mayorías obreras, entonces, estas disidencias terminan dándose como una consecuencia natural.

Cuando los trabajadores ponemos al frente de nuestros sindicatos a un dirigente, que alguna vez fue un compañero, y al que consideramos con todas las condiciones, morales e intelectuales, para conducir nuestro destino gremial, de ninguna manera significa que debemos desentendernos de su gestión. Con una actitud de indiferencia, o de confianza hacia los representantes gremiales, corremos muchísimos riesgos. Nuestro deber, nuestra obligación, es participar, inmiscuirnos en las decisiones, preguntar, promover actividades, e insistir en conocer qué se hace en nombre de los trabajadores desde la gestión sindical.

Si nosotros adoptamos una actitud de comodidad, y nos retiramos de la participación en el sindicato, lo más probable es que terminemos actuando como clientes de un servicio, y no como parte de una institución con un gran poder de negociación ante nuestros empleadores. Es casi seguro, que terminemos quejándonos porque el sindicato no nos brinda los beneficios de los que nos consideramos merecedores por pagar una cuota mensual, y de tener la posibilidad, hasta renunciaremos a él, por sentir que estamos derrochando dinero en algo improductivo.

Desvincularse del sindicato, es el primer paso para fomentar el enquistamiento de la dirigencia gremial que sentimos que no nos representa, es decir, abandonamos en lugar de involucrarnos, y entonces aparecen los comportamientos burócratas que convierten a dirigentes obreros en pichones de empresarios, negociando con el capital económico que los trabajadores ponemos en sus manos, o los convierten en aprendices de políticos, negociando con el capital político que los trabajadores representamos en sus manos.

Cuando un dirigente sindical se convierte en un burócrata, el sindicato, la casa de los trabajadores, se transforma en la empresa de un secretario general, y si cuenta con una buena oficina de “recursos humanos”, el sindicato y su conducción, darán a sus afiliados los beneficios que consideren imprescindibles, serán generosos en favores personales, pero serán absolutamente reticentes y mezquinos en cuanto a la participación obrera en las decisiones de la vida sindical. Y si esta situación se extiende en el tiempo, comenzarán a escasear, hasta los beneficios y favores.

Una vez que un secretario general, pasa a ser un burócrata, el destino de los trabajadores queda supeditado a los acuerdos y conveniencias, entre patrones, gobierno y sindicato. Y si estos secretarios generales, se asocian, terminan siendo un holding, que pelea con otros similares, por el monopolio de la representación obrera. Y así, nos encontramos hoy, con la CGT de Moyano, la CGT de Barrionuevo, la CGT, alineada al gobierno en disidencia con las anteriores, la CTA oficialista, y la CTA disidente. Todos ellos, utilizando la fuerza que los trabajadores ponemos a su disposición, para ser parte de la escena política, y del mundo empresarial. Dos esferas en las que los trabajadores no nos movemos, y que refleja lo lejos que están nuestros dirigentes sindicales de nosotros.

Si hemos llegado a este nivel de división de la clase obrera argentina, no es sólo responsabilidad de los dirigentes gremiales, ni de los patrones, ni tampoco de los políticos, ellos contribuyen y se regodean en el fruto de su tarea: nuestra división. Pero la mayor cuota de culpa nos corresponde a nosotros como trabajadores, por habernos dejado llevar por el individualismo, que prioriza la ventaja personal sobre los logros colectivos.

La necesidad de un recambio en las conducciones sindicales, se hace imperativa en estos tiempos. El camino es la participación obrera, debemos tener el valor para comprometernos, para unirnos, y para exigir lo que nos corresponde, desde un trato justo, un salario justo, hasta participación en las ganancias de las empresas, o cambios en las leyes laborales.

Los sindicatos para los obreros,… el futuro también.







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