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Los papelones del ojo vigilante del macrismo

El sistema de reconocimiento facial es el nuevo juguete de Bullrich y Santilli. Pero la policía se la pasa “pidiendo disculpas” a gente detenida “por error”. Aún así, es la envidia de Sergio Massa.

Martes 23 de julio | 00:21

Los lugares de alto tránsito de la Ciudad de Buenos Aires se están llenando con los nuevos chiches securitarios del macrismo. No hablamos de las Taser, sino del nuevo complejo de 300 cámaras ubicadas en estaciones de subte y trenes que escanean los rostros de un millón de personas por día. Luego lo cruzan con una base de datos policiales para detectar supuestos prófugos de la justicia y ordenar su detención.

Cuando la presentaron, a los funcionarios macristas se los notaba emocionados. “Ahora con estas cámaras inteligentes que buscan específicamente a estos prófugos creo que vamos a tener una capacidad de darle una enorme tranquilidad a la sociedad de que no está caminando al lado de un asesino, al lado de un pederasta o pedófilo” dijo Patricia Bullrich. “Una y mil veces vamos a ir en la búsqueda de estas personas que tienen que estar detenidas”, dijo Diego Santilli.

El sistema de reconocimiento facial podría ser la versión moderna del gran sueño del pensamiento carcelario de los últimos 200 años: cómo observar a miles de detenidos (o posibles detenidos) desde un mismo lugar y sin que estos lo sepan. En sus orígenes lo llamaron “panóptico”: ver todo. O una actualización de los primeros debates sobre el uso de la fotografía en cuestiones penales. Como analiza Lila Caimari “hacia 1900, todas las comisarías de Buenos Aires actualizaban periódicamente esta galería original con series de retratos de ladrones conocidos colgados en las paredes de sus salas de espera. En el ínterin, hubo intentos de fotografiar poblaciones enteras de sospechosas de contigüidad y complicidad con el delito.” (Apenas un delincuente. Crimen, castigo y cultura en la Argentina).

Hoy los avances de la tecnología parecen haber perfeccionado aquellas máquinas de control social al extremo. Si no fuera porque Bullrich y sus amigos se la pasan haciendo papelones.

Daños colaterales

"Puse un pie en el vagón y me corrieron adentro del subte como si fuera Pablo Escobar. Los miré y dije: ¿Me están corriendo a mí?”, le contó Raquel Halloway a la periodista de Clarín Natalia Iocco. La mujer estaba en una base de datos policiales por una denuncia de su ex esposo, del que huía por violencia de género. Algo parecido le pasó a Leonardo Colombo: estuvo varias horas detenido hasta que la policía le dijo que habían cometido un error según denunció a varios medios. Otros no tuvieron la suerte de contar su caso a los grandes medios, como una empleada doméstica que también fue detenida “por error” en la Estación Constitución.
La secuencia es casi siempre la misma. Cuando el ojo artificial y vigilante tira el alerta, un grupo de operadores emocionados le dicen a otro grupo de policías, de civil o uniforme pero todos emocionados también, que cacen al sospechoso.

Sin embargo, la emoción en general se convierte en desilusión: de las casi 1300 personas detenidas desde que comenzó a funcionar el sistema, más de 1000 solo pudieron ser notificadas. ¿Qué significa eso? Que no había motivo para detenerlos, porque se trataba de errores del sistema, de la base de datos, de tipeo o no tenía requerimientos judiciales. La mitad eran “datos mal cargados”. Tranca.

Pero además, en el 90% de los casos, el despliegue de tecnología, policías, operadores y funcionarios judiciales fue para detener a personas acusadas de robos y hurtos.

De la portación de rostro a la detención al voleo (pero siempre racista)

Se sabe. Una de las primeras cosas que siempre ha aprendido un policía en la academia – o ya ingresado en la comisaría – es cazar gente por “portación de rostro”. Si eras joven, morocho, llevabas visera, encajabas en el catálogo racista no escrito pero siempre utilizado. “Documento por favor”. El nuevo sistema no anula la discrecionalidad del agente, que sigue cazando con su ojo vigilante. Lo complementa. El arresto por portación de rostro se combina ahora con la detención al voleo, como muestran los datos e historias que reflejamos.

Lo peor es que Pato compró una idea que ya venía fallada. Según relató el periodista Juan Ignacio Provéndola, la policía de Londres reconoció un índice de error del 81% y una serie de pruebas de la policía de Gales le arrojaron un margen de error del 92%. No pegaban una.

Pero además distintos estudios internacionales demostraron que los “algoritmos” del sistema tenían un alto tinte racista. El MIT (Massachusetts Institute of Technology), uno de los centros de investigación más prestigiosos del mundo, demostró que en el caso de hombres blancos (o caucásicos), el margen de error era del 1% y en el caso de mujeres del 7%. O sea que era machista. Pero a eso había que agregarle otro “filtro”: en los hombres afroamericanos la tasa de error subía al 12% y en las mujeres de piel oscura era del 35%.

O sea que la inteligencia artificial y su ojo vigilante no pueden escapar a las mañas de las viejas academias. Los funcionarios intentaron justificarse con un problema a derivado de la cantidad de fotos cargadas de distintas razas y géneros.

Es la nueva expresión de un sistema punitivo que no puede ocultar su sesgo de clase. En Estados Unidos o Argentina, los pobres llenan las cárceles y los ricos tienen la impunidad para sus grandes delitos. La policía se encarga el gran delito y el control social. El ojo vigila a quien ellos quieren.

Del papelón de Macri a la envidia de Massa

El macrismo ha hecho de la seguridad uno de sus temas de campaña, como antes lo fue de gobierno. Patricia Bullrich ha sido una encarnizada defensora de la mano dura de los asesinos de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel y Pablo Kukoc.

Pero Sergio Massa, uno de los principales referentes del Frente de Todos que sueña además con presidir la Cámara de Diputados, fue uno de los precursores del uso de las tecnologías para el control social. En Tigre construyó un Centro de Operaciones de Tigre (COT) donde 300 operadores observan durante las 24 horas del día, las 1500 cámaras ubicadas en el partido. Actúan junto a la Policía Bonaerense y los móviles de la propia COT. En cualquier lugar que estés, te están observando. Obviamente, ninguna apunta a las casas de los ladrones “de guantes blancos”, femicidas, estafadores y narcos que viven en los countries.

La idea de Massa fue elogiada por Rudolph Giuliani, aquel alcalde de Nueva York que se hizo famoso por la teoría de tolerancia cero y la mano dura. Ambos miraban emocionados los monitores como hace algunas semanas lo hacían Bullrich y Santilli. Hoy es una de las banderas de Julio Zamora: el ex massista y ahora kirchnerista que va por la reelección como intendente.

Más allá de las explicaciones de los funcionarios de Seguridad sobre sus esfuerzos para bajar el margen de error, lo cierto es que en los despachos saben que aún con los papelones el objetivo está cumplido: reforzar el Estado policial, donde (casi) todos estamos bajo la mirada del ojo vigilante de Bullrich.







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