Política

OPINIÓN

Los pañuelos de Cristina para enfrentar el neoliberalismo (y la amnesia de Verbitsky)

CFK dio un discurso hace una semana con su polémica alusión a los pañuelos celestes y haciendo hincapié en enfrentar al neoliberalismo “con nuevas categorías”. Horacio Verbitsky le hizo un guiño desde su columna dominical.

Ivana Otero

Docente | Agrupación 9 de Abril

Martes 27 de noviembre de 2018 | 00:00

Con la frase “porque en nuestro espacio hay pañuelos verdes pero también hay pañuelos celestes, y tenemos que aprender a aceptar eso sin llevarlo a la división de fuerzas”, la exmandataria desató el debate en Clacso el lunes pasado.

Horacio Verbitsky, desde El Cohete a la Luna (el sitio web en el que hace su análisis de domingo), toma partido. Titulándolo correctamente, “Los pañuelos en el debate electoral que ya ha comenzado”, facilita la comprensión.

De que lo que se trata para estos sectores políticos no es de la vida de las mujeres, sino más bien del oportunismo propio del inicio de una campaña electoral.

Su análisis empalaga de tantas odas al discurso de CFK, entremezclado con algunos párrafos para recordar que nos gobierna el FMI con “Maurizio”.

Para adentrarnos en la reflexión debemos intentar separar la paja del trigo y no caer en debates estériles. Démosle paso a la Iglesia, la figura polémica de este debate.

Verbitsky define el comienzo del acercamiento desde el Vaticano a Cristina desde “un pequeño grupo de militantes”. Hace tiempo atrás haber develado la relación directa entre el papado y Cristina le ganó el repudio justamente de ese “grupo”.

Cristina, por su parte, se esmera en demostrar que elige a la Iglesia como actor político aliado para la contienda electoral. Primero con su “no se enojen con la Iglesia” desde el Senado frente a millones que exigían que no se metan con la vida de las mujeres, y ahora dando su primer largo discurso político con tintes electorales planteando su simpática alusión de los pañuelos celestes. Una gran muestra de fidelidad.

Las lecturas del discurso que menciona un supuesto respeto a la libertad de credo “de las mayorías”, nos toma por estúpidos. Otras, en mismo sitio web, llegan aún más lejos exculpando a la expresidenta, como si fuese ella la tonta: “Cristina Fernández no ve en el celeste lo mismo que vemos las feministas”. ¿En serio? Entonces es cuestión de ponerle unos buenos lentes.

Para hablar seriamente de la Iglesia y la implicancia de una alianza con la misma, entonces mejor citar al propio Verbitsky: “La Iglesia no sólo bendijo las armas de la dictadura y justificó la tortura con argumentos teológicos, sino que también fundamentó, a lo largo de todo el siglo XX, el desprecio por la democracia, por la voluntad popular, por la libertad de expresión y por la libertad crítica que está en la base de todas las intervenciones militares en la política. La Iglesia es el fundamento dogmático de lo que viene después: define los conceptos y se los predica a los militares. Es el cerebro que arma el brazo militar”.

Así cuenta para Página/12, hace trece años atrás, sobre su libro El Silencio, en el que muestra la relación de la Iglesia con la dictadura. Allí señala al propio Bergoglio como colaborador de la dictadura y quien habría delatado a dos de sus compañeros que fueron detenidos, secuestrados y torturados por militares.

Parece que una década es tiempo suficiente como para transformar una Institución asesina en un inocente predicador de la palabra de dios con el que se puede construir algo “progresivo”.

Para rematar su artículo en el que muestra también a los sectores del feminismo comprendidos en el gran armado electoral “antimacri”, reafirma que “la referencia a los pañuelos celestes sólo puede entenderse como un rechazo a la exclusión sectaria de quienes no coinciden en un tema pero igual forman parte de la resistencia a la opresión del neoliberalismo, y de ninguna manera como neutralidad prescindente entre quienes procuran ampliar derechos y aquellos que intentan cercenarlos”.

Como dijimos de lo que se trata no es tener el apoyo del electorado religioso (o no solamente) sino más bien de la reafirmación de la alianza política Cristina-Iglesia, al mismo tiempo de que se abona la idea de que en política hay jerarquías y jerarquías, y la vida de mujeres muertas por abortos clandestinos parece quedar debajo de la lista. Como estuvo durante “la década ganada”.

Parte 2. Como si el ajuste económico no tuviera nada que ver con la opresión que sufren las mujeres, instala el otro eje importante del discurso de Cristina, y argumento central que toma Horacio Verbitsky y tantos otros sectores defensores de la alianza con lo rancio del PJ, la Iglesia y la burocracia sindical. El supuesto enfrentamiento al neoliberalismo construyendo “mayoría”, “pueblo”.

Si bien en matemáticas 1+1 = 2, esto no ocurre en muchas situaciones de la vida real, entre ellas la política. Claramente aquí no toda alianza suma.

De aquí se desprenden tres interrogantes básicos de los que Verbitsky no habla y cualquier persona de a pie se haría. “Disculpen pero: ¿Qué hicieron durante la etapa macrista para que el “neoliberalismo” no avance? ¿Cuál es el plan que tienen para 2019? ¿Qué rol cumple la Iglesia en todo esto?”

Durante todos estos años, sus sindicatos amigos hicieron la plancha al ritmo del dólar. Ni siquiera para la foto buscaron mover parte de la clase obrera para organizar una “resistencia” al plan del FMI y su presupuesto 2019.

Por el contrario, fueron desgastando a los trabajadores en pequeñas luchas corporativas y nunca golpeando con un solo puño. ¿Por qué? Evidentemente porque su estrategia es la electoral y no la lucha de clases y porque más vale tener un pueblo trabajador manso que con aires de que confíe en su propia fuerza y se le venga en contra.

Al mismo tiempo que por TV se ve desfilar a su economista fiel, Kiciloff, que de titubear frente a preguntas que pretendían definiciones económicas para el año próximo, pasó a declarar que se seguirá con el FMI mientras le da una palmadita en la espalda a los empresarios, diciendo que nunca gobernaron contra ellos, y que “hay que defender la rentabilidad de las empresas”.

En sintonía con el discurso de Cristina, que le habló a los empresarios y los especuladores. Recordando que ellos sí “pagan deudas”, que en su gestión se la llevaron en pala, y definiéndose nuevamente contra el impuesto al salario (mal llamado “ganancias”) de los trabajadores.

En ese marco la Iglesia, con la que no hay que enojarse y se supone que está de este lado (también del de Mauri y Stanley). Con su rol de contención frente a cualquier descontento social. Lo hicieron en el pasado, lo buscan hacer ahora. Un descontento que tenderá a agravarse en un país ya gobernado por el ajuste desde Washington y los dos dígitos de desocupación.

Es por eso que podemos afirmar que los pañuelos que proponen para enfrentar al “neoliberalismo” realmente no son ni los verdes ni los celestes, más bien son pañuelos para secar las lágrimas después de tanto llanto impotente.







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