×
×
Red Internacional

Esteban Bullrich, Gustavo Iaies y Alberto Barbieri, son los candidatos para el Ministerio de Educación de Macri, Massa y Scioli respectivamente. Analizamos sus propuestas y pensamientos sobre educación.

Martes 13 de octubre de 2015

“Vienen por las licencias”, “aumentarán la edad para jubilarse”, “van a echar a los que tengan malos resultados“. Se suelen escuchar estas frases en nuestras escuelas, pero pocas veces sabemos la fuente de estos rumores y su grado de veracidad. Faltando pocos días para las elecciones presidenciales te presentamos las posiciones de los postulantes al Ministro de Educación de Macri, Massa y Scioli.

Atacar el derecho a huelga y salario docente por mérito

“Uno tiene la sensación de sentirse rehén, porque los chicos tienen que empezar las clases” dijo Cristina Fernández Kirchner por cadena nacional en medio de la negociación salarial docente del 2013, marcando cuál es la política salarial docente del Frente para la Victoria cuando los números de sus negociados con el presupuesto público no les cierran. Pero con Scioli está planteado un salto en la línea de disciplinar a la docencia. Ese mismo año sentenció: "Es un tema que se está debatiendo en el mundo, inclusive el presidente ecuatoriano Correa impulsó un cambio en la cláusula de la Constitución para que la educación sea un servicio público y que mientras se discuten cuestiones sindicales, los chicos tiene que estar en la aula".

En el macrismo, en consonancia, están pensando un salario que se conformaría con un ítem básico y luego de otros que podríamos cobrar o no dependiendo de los resultados de diferentes “capacidades” a evaluar: “hay consenso en señalar que la formulación de propuestas de una estructura salarial docente debería contemplar que el sistema de remuneraciones provea incentivos por mayores niveles de conocimiento, pericia pedagógica y perfeccionamiento que tiendan a renovar sus conocimientos en su campo de acción”2. Iaies, por el massismo, plantea prácticamente lo mismo: “el docente que más estudia y más enseña tienen que estar mejor remunerados; pasa en cualquier fábrica o empresa”. En otras palabras los resultados de nuestros estudiantes serían de nuestra exclusiva responsabilidad y el perfeccionamiento docente no sería reconocido como el derecho a seguir estudiando dentro de nuestro horario de trabajo, sino que se piensa como una obligación extra para que nuestro salario no empeore aún más.

No es casual que en el Consejo Federal de Educación con participación de los ministros de Scioli, Macri y De La Sota (Massa); avancen por consenso la resolución del 23 de marzo del 2010 que ordena descontar los días de huelga docente; la implementación de programas de alcance nacional y acuerdo con todas las jurisdicciones como el Plan FinEs que no respeta ninguno de los derechos estatutarios, contratando docentes por 4 meses, sin licencias ni vacaciones; o que en todas las jurisdicciones haya retraso de varios meses en el cobro de nuestros salarios. Estamos frente a tres candidatos de formación menemista que piensan la educación desde un punto de vista empresarial. Veamos en detalle.

Presentismo, o de cómo disciplinar a la docencia

¿Quién no recuerda a la presidenta afirmando que los docentes trabajábamos cuatro horas, teníamos tres meses de vacaciones y, como si fuera poco, gozábamos de estabilidad? En acuerdo con el Gobierno Nacional, Silvia Montoya, asesora de Macri, intenta comprobar en sus trabajos que “las ausencias de los maestros son un problema endémico en los países en desarrollo”.

Los docentes conocemos bien los maltratos que sufrimos cada vez que nos enfermamos, en lo que llega a ser prácticamente un sistema de insalubridad laboral. Sólo así se entiende por qué las estadísticas marcan que el 80% de las y los docentes hemos concurrido a trabajar enfermos. Incluso la propia Silvia Montoya en un estudio sobre las licencias docentes tuvo que admitir que un tercio de los docentes no nos tomamos ni siquiera un día de licencia al año: “de los casi 50 mil docentes, solamente dos tercios pidieron como mínimo aunque sea un día”3.

El desgaste del doble turno, las tareas extra clases y las capacitaciones fuera de horario laboral para algún día titularizar y tener estabilidad laboral, marcan un desgaste en nuestros cuerpos que nos hace propensos a enfermarnos, más teniendo en cuenta el frecuente hacinamiento que vivimos en nuestras aulas. Corremos de escuela en escuela para intentar llegar a fin de mes, pero si nos pedimos un día por estar enfermos o para estudiar para un examen nos quieren recortar, aún más, nuestro magro sueldo, aumentando la proporción del presentismo. Esa es una de las principales propuestas de Massa, quien se destaca por su propio ausentismo en el Congreso, pero también de Cristina y Macri quienes también han defendido la idea de que los aumentos salariales vayan al presentismo.

Como no son improvisados, sus estudios nos detallan cómo sigue el plan: aumentar la proporción de presentismo en nuestro salario y luego cambiar el estatuto o la forma de pedir las licencias. En palabras de Silvia Montoya: “Con respecto a las soluciones y dada la baja prevalencia de las licencias injustificadas obliga a concentrarse en mecanismos que incentiven el presentismo. Dentro de estos una segunda etapa exige mirar cuáles potenciales medidas exigen cambios en el estatuto y realizar un cuidadoso análisis costo beneficio sobre las políticas alternativas. Dentro de este último grupo, cambiar métodos de reporte o establecer lineamientos más claros para los cursos de capacitación insertos en un esquema de desarrollo profesional docente”4.

Por el contrario, desde el Frente de Izquierda, dadas las características del trabajo docente, planteamos una jornada de 6 horas diarias con un tope de 4 de ellas frente a curso, de forma tal que las diferentes tareas pedagógicas, administrativas y de capacitación se realicen dentro del horario laboral. Además garantizar un salario mínimo igual a la canasta familiar: hoy en día por encima de los $15.000, dependiendo de la región.

Educación para los negocios

Alberto Barbieri, siendo rector de la UBA, se hizo notar en estos años, no por buenos motivos precisamente. Este hombre del mundo Universitario, que se autodefine como católico y peronista, quedó muy cerca de los escándalos políticos y de corrupción que mancharon a la UBA en los últimos tiempos. El de mayor calibre saltó con la renuncia de quien fuera vice rector durante los primeros meses de su gestión: Dario Richarte. Elegido y avalado por Barbieri, este personaje había ocupado el segundo cargo de la SIDE durante el gobierno de De la Rúa y estaba implicado en numerosos escándalos de corrupción.

Para ver qué idea de “modelo” educativo tiene Barbieri podemos echar un vistazo a la facultad donde hizo escuela de cómo “administrar” la educación pública, llegando al punto de ceder un espacio al Banco Rio Santander para abrir una sucursal.

Económicas es quizá el caso más extremo de la UBA en donde la injerencia de lo privado penetró fuerte: las pasantías en negro avaladas por la facultad e incontables convenios con empresas privadas que funcionaron como fuente de financiamiento alternativo que alcanzan el 64% del presupuesto en el año 2014. Los posgrados, todos pagos pero utilizando la infraestructura de la Universidad Pública, es uno de los principales afluentes de ingresos de la facultad de Económicas.

El lema de Barbieri es “unir la educación con la producción” y “hacer eficiente el gasto educativo”, es decir someter a la educación a las necesidades del mercado. Esto implica una mayor subordinación de la educación al capital privado, aportando talentos e investigaciones a las grandes multinacionales y planes de estudio formateados según los intereses empresarios. Un caso paradigmático de este modelo es el de la facultad de Agronomía, también de la UBA, donde Monsanto tiene su posgrado propio. El financiamiento de la principal Universidad pública en función del desarrollo de conocimiento para una de las corporaciones capitalistas más invasivas del mundo.

Esteban Bullrich, quien realizó desde su ministerio al menos diez contrataciones directas por montos superiores a los 300 mil pesos a la empresa trucha de Fernando Niembro, sigue la misma línea. Apenas asumió el Ministerio de Educación, en enero de 2010, su segunda decisión fue crear la Dirección de Educación y Trabajo “porque tenemos que unir el mundo del trabajo con el mundo de la educación. De forma más explícita lo dice Gustavo Iaies “Hoy los jóvenes tienen una dificultad para adaptarse a determinadas reglas que imponen las empresas. Creen que se puede negociar todo. Ya no apuestan a una cultura del trabajo, es decir, esforzarse hoy para conseguir una gratificación el día de mañana. Debe existir un espacio en las secundarias para reflexionar sobre este tema”.

Evaluar para castigar

Evaluación parece ser la receta mágica para la educación. La jerarquización de un sistema de evaluación externo y estandarizado de la educación fue planteada por los todos los candidatos y sus asesores, con la única excepción de la izquierda. Reivindican además las polémicas pruebas internacionales PISA, como una mirada externa para saber cómo está parada la Argentina en el mundo.

Scioli aseguró la semana pasada que la clave es la "capacitación, evaluación y exigencia a docentes".

“Hay que evaluar para que cada uno asuma su responsabilidad sobre las metas” explica Gustavo Iaies, asesor de Massa.

La evaluación “es una herramienta de diagnóstico que no solucionará los problemas, pero sí generará una toma de conciencia”, sentenció Esteban Bullrich, ministro de Macri.

Estas afirmaciones se sostienen sobre el supuesto de que el problema central de la educación es que las y los docentes, estudiantes y familias no nos hacemos responsables de los resultados educativos. Por lo tanto las evaluaciones servirían para exponernos y así presionarnos para lograr que aumentemos nuestros esfuerzos en pos de determinadas metas fijadas desde el ministerio. Pero el problema central de la educación es la desigualdad educativa, por eso se hace necesario impulsar un sistema de apoyo a las escuelas que se autoevalúen y planteen dificultades, otorgando mayores recursos y capacitaciones en servicio. Lo único que se logra premiando los “buenos” resultados, como proponen Iaies y Bullrich, es aumentar la desigualdad.

Evaluaciones externas, una idea del Banco Mundial

El año pasado el Banco Mundial publicó un extenso libro titulado “Profesores excelentes” en donde se evalúan las políticas educativas de diferentes países de nuestro continente para mejorar la “eficiencia”. Luego de elogiar ampliamente las reformas en Chile, Colombia y Ecuador, se centra en cómo hacer pasar las reformas con la menor resistencia posible por parte de los docentes. En este sentido afirma: “Planificar una secuencia de reformas puede facilitar su adopción y mejorar su implementación. Las experiencias de la región demuestran que existe una lógica política para establecer una secuencia determinada en las reformas de educación. El primer paso son las pruebas a los estudiantes, con una divulgación transparente de los resultados, tanto a nivel nacional como individualmente en las escuelas; este es el ancla que permite orientar la política educativa en general e incorporar reformas basadas en el desempeño. En muchos casos, el segundo paso ha sido la adopción del pago de bonificaciones a nivel de las escuelas, mediante el cual se establece el concepto de pago por desempeño (…). El tercer paso es la evaluación de los profesores en forma individual y de manera voluntaria, con el atractivo de recompensas financieras para los profesores que asuman el riesgo de ser evaluados y demuestren un buen desempeño. (…) Esta secuencia de reformas se implementó en Chile entre 1995 y 2004, más recientemente en el estado de São Paulo, y se ha propuesto para el estado de Río de Janeiro.”1

Por si no queda claro que el primer paso para atar salario a “resultados” es evaluar a los estudiantes con pruebas estandarizadas, luego aclara, “Contar con datos duros sobre los resultados del sistema educativo es una herramienta política clave. (…) El uso de estos datos por parte de los líderes políticos para justificar las reformas ha sido un factor clave de todas las estrategias que han tenido éxito hasta la fecha”1. En otras palabras plantean: evaluemos a los estudiantes para justificar recortes en los derechos laborales de los docentes.

Pero, ¿por qué derechos vienen? Sin sonrojarse se afirma: “algunas políticas que adoptan los Gobiernos en busca de la calidad educativa plantean amenazas para los beneficios de los profesores (eliminación de la estabilidad laboral y reducción o pérdida de otros beneficios), para sus condiciones de trabajo (reformas a los planes de estudio, pruebas a los estudiantes y sistemas de evaluación docente) o para la estructura y el poder de los sindicatos (descentralización, libre elección de escuelas, normas más estrictas para los profesores al ingreso, certificaciones alternativas y pagos vinculados con las capacidades o el desempeño individuales)”1. A confesión de parte, relevo de pruebas.

Nicolás del Caño, un voto por la educación pública

Conocer los planes de quienes gobiernan siguiendo intereses ajenos a la educación pública puede resultar alarmante, más cuando vemos cómo se venden con mentiras en tiempos electorales. Las elecciones suelen implicar también una pausa en los ataques, pero no podemos confundir el centro de la tormenta con su fin. En esto el Banco Mundial es muy claro: “El impulso a favor de las reformas es mayor si se introducen al comienzo de un nuevo Gobierno”. Ese consejo siguió Macri a finales del 2011 para eliminar las juntas de clasificación docente justo con posterioridad a ser reelegido con el 65% de los votos en el ballotage. Cuanta más alta sea la votación al Frente de Izquierda, más claro será el mensaje político hacia el poder: estamos organizados y preparados para defender nuestros derechos y la educación pública.

1: Bruns, Bárbara y Luque, Javier: Profesores excelentes Cómo mejorar el aprendizaje en América Latina y el Caribe, Grupo Del Banco Mundial, 2014.
2: Montoya, Silvia y Volman, Víctor: Carrera docente en la Ciudad de Buenos Aires Una mirada desde los incentivos, Pontificia Universidad Católica Argentina, 2014.
3: Montoya, Silvia: Presentismo y licencias en el sector docente de gestión estatal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Análisis y Propuestas de Reforma, Pontificia Universidad Católica Argentina, 2014.


Comentarios

DEJAR COMENTARIO


Destacados del día

Últimas noticias