Sociedad

DEBATE

Los límites del derecho ambiental en Zaffaroni y la necesidad de una salida anticapitalista

Nos sentimos parte de esa juventud que sale a pelear por su futuro, y como estudiantes de derecho queremos aportar al debate surgido en cuanto a la relación entre el derecho y el medioambiente.

Lucas Orellana

Estudiante de Derecho UNLP

Miércoles 16 de octubre | 19:05

Las imágenes del Amazonas en llamas recorriendo los medios de comunicación encendieron la alarma abriendo un abanico de discusiones sobre qué solución dar al problema del medio ambiente. Lamentablemente este es sólo un ejemplo mientras asistimos al deterioro nunca antes visto del medioambiente producto de la sed insaciable de ganancia del capitalismo con terribles consecuencias para no solo la salud de la humanidad sino la vida toda.

Una juventud que viene de ser parte protagónica de la convocatoria de la Huelga por el Clima, se empieza a organizar y dar pelea en toda lucha contra la desigualdad. En todo el mundo se moviliza contra la crisis ambiental, los derechos de las mujeres y contra las medidas de ajuste que los Estados capitalistas quieren imponer en sus países para que la crisis la paguen los trabajadores, las mujeres y la juventud.

Nos sentimos parte de esa juventud que sale a pelear por su futuro y como estudiantes de derecho consideramos importante intentar un aporte al debate que ha surgido en cuanto a la relación entre el derecho y el medioambiente. Desde nuestra perspectiva creemos que la lucha contra el deterioro del medio ambiente, así como la de las mujeres y los propios trabajadores va estrechamente ligada a la perspectiva anticapitalista.

Los intereses económicos que rodean la barbarie a la que asistimos ponen en evidencia que el sistema capitalista está entrando en un estancamiento que tiene como marco una crisis económica internacional. Los planes económicos aplicados por los gobiernos subordinados a los planes del FMI, para favorecer no solo la especulación financiera, sino también la megaminería, la desforestación, industrias altamente contaminantes, etc., son resistidas por millones de jóvenes en el mundo como puso en evidencia la Huelga por el Clima.

Mientras se escribe esta nota y tras 12 días de movilizaciones contra el ajuste decretado por el presidente ecuatoriano Lenin Moreno y el FMI, los trabajadores junto a las bases de las comunidades indígenas y campesinas, junto a la juventud y los pobres de las ciudades han logrado un primer triunfo obligando a la firma del decreto que suspende las medidas de ajuste, convirtiéndose en una enorme muestra de cómo enfrentar el ajuste.

Frente a las diversas luchas protagonizadas por los trabajadores, la juventud, las comunidades originarias, las mujeres, etc. los Estados recurren a la aplicación de diversas medidas contempladas en sus constituciones. La aplicación del Estado de excepción decretado por el presidente de Ecuador establece que “la Presidenta o Presidente de la República podrá decretar el estado de excepción en todo el territorio nacional o en parte de él en caso de agresión, conflicto armado internacional o interno, grave conmoción interna, calamidad pública o desastre natural. La declaración del estado de excepción no interrumpirá las actividades de las funciones del Estado” (Art. 164). Así asistimos a la brutal represión ejercida por las fuerzas de seguridad contra quienes pelean por sus legítimos derechos y los planes de ajuste.

Para algunos juristas -y en nuestro caso el Dr. Eugenio Zaffaroni-, las constituciones de países como Bolivia o Ecuador deberían ser replicadas por el conjunto de los estados en virtud de aquellos artículos que establecen la protección del medio ambiente y los recursos naturales.

Movimientos y colectivos ecologistas, científicos y activistas en todo el mundo plantean cada vez con más fuerza la necesidad de poner freno a lo que consideran una situación que puede terminar en la desaparición lisa con la vida en el planeta.

El objetivo de esta nota es abordar el debate desde el ámbito del derecho particularmente y en relación al medioambiente tomando el libro de Eugenio Zaffaroni La Pachamama y el humano, que, aunque data del año 2012, aborda desde lo jurídico el tema, entendiendo que puede ser la herramienta que frene la situación actual, a través de un constitucionalismo latinoamericano, al tiempo que plantea la necesidad de un trabajo coordinado y de cooperación desde distintos ámbitos, lo que incluiría por supuesto, el rol del Estado

Actualmente esta discusión tiene absoluta vigencia ya que se trata de abordar cuál sería la salida para poner freno a tanta destrucción.

Nuevos sujetos de derechos

• “A nuestro juicio, el bien jurídico en el delito de maltrato de animales no es otro que el derecho del propio animal a no ser objeto de la crueldad humana, para lo cual es menester reconocerle el carácter de sujeto de derechos”.

Si bien reconoce que esta posición es minoritaria dentro de los penalistas, Zaffaroni intenta apoyar esta postura utilizando la analogía que dice que, así como los animales no pueden ejercer sus derechos por ellos mismos (exigirlos y hacerse oír), hay humanos que por su incapacidad de leguaje tampoco, pero de todos modos son considerados sujetos con derechos a los que representar. No es intención en esta nota abordar este debate, sino centrarnos en el aspecto por el que continúa el libro alrededor de lo que podríamos sencillamente denominar la crisis del medioambiente.

• “La atención a los daños ambientales producidos en el último siglo y sus consecuencias han sido reclamadas en todos los tonos, dando lugar a reacciones dispares concretadas en propuestas y movimientos también diferentes -muchas veces conocidos como movimientos o ideologías verdes- y a la postulación de un general y difuso reclamo de vida respetuosa de la naturaleza, que se reflejan de modo muy significativo en el campo jurídico. En el campo del derecho –lo que podríamos llamar el ecologismo jurídico- no avanzó mucho hasta el presente en el reconocimiento de sujetos de derecho diferentes del ser humano. Su manifestación jurídica dio lugar al desarrollo de una nueva rama del derecho –el derecho ambiental- y, como no podía ser de otra manera, inmediatamente pasó al derecho penal, como la tutela penal del medioambiente o derecho penal del medioambiente, al tiempo que se producía una considerable profusión de convenciones, declaraciones y proyectos en el plano internacional, dando lugar al derecho ambiental internacional”.

Numerosas han sido las declaraciones y los acuerdos internacionales surgidos desde las potencias imperialistas, en relación al medioambiente. La Declaración de Estocolmo, la Cumbre de la Tierra en Rio de Janeiro, el Acuerdo de París y varias “agendas” con metas a cumplir por los distintos estados surgidas desde la ONU en esta materia.

Al respecto nuestro autor sostiene que “no se trata de regresar –desandar el camino- de las Declaraciones, sino seguir adelante, progresar por la misma senda, avanzar más allá de las Declaraciones, ampliarlas, llevar el diálogo a todo lo que compartimos en el planeta”.

Pero la verdad es que aquel diálogo entre Estados no ha existido y todas las declaraciones no han detenido la destrucción de la naturaleza y por consiguiente de la humanidad. Si fuera suficiente con sólo generar legislación o acuerdos internacionales para frenar esta situación la realidad no sería la que vivimos en la actualidad. Esto se explica por la constante pelea entre los países imperialistas por mayor extracción de recursos para la producción y las peleas comerciales entre los mismos donde poco importa el ambiente y la prioridad es la obtención de mayores ganancias sin importar cuanto afecta a aquel. Una guerra comercial despiadada.

En el abordaje del tema Zaffaroni se introduce en el debate sobre lo que considera una visión antropocéntrica del derecho (sólo referido al hombre), para plantear los fundamentos que darían a los animales y la naturaleza el carácter de sujetos de derecho.

Existen dos visiones dominantes respecto al origen de la destrucción de la naturaleza y cómo enfrentarla. La visión antropocéntrica solo ve el beneficio de algunos sujetos que implica una dinámica individualista en pro de lo que puedan obtener de su entorno sin tomar en cuenta que sus acciones tienen efectos (muchas veces negativas) sobre el medio natural y que la mayoría de las veces sólo beneficia la acumulación del capital. La otra visión, esencialistas (biocentristas), tiene una imagen idealizada y abstracta de lo que es la naturaleza sin detenerse a pensar cómo ha sido el proceso histórico y metabólico entre el ser humano y la naturaleza, el cual provoca un alejamiento de la realidad y por tanto un alejamiento de posibles respuestas adecuadas.

Para rechazar lo que serían abusos por parte del hombre sobre la naturaleza, Zaffaroni toma la hipótesis del químico inglés James Lovelock sobre Gaia, según la cual el planeta es un ente viviente, no en el sentido de un organismo o un animal, sino en el de un sistema que se autorregula, mantiene y recrea las condiciones de la vida valiéndose también de los entes vivientes.

• “La tesis de Lovelock es que, si perturbamos demasiado el equilibrio planetario, Gaia decidirá toser o estornudar y prescindir de nosotros rápidamente, para permitir a la vida recomponerse en otros seres complejos menos incómodos o más cooperadores, lo que no deja de tener lógica si percibimos el fenómeno en dimensión temporal geológica”.

En el terreno de “la ética de la Gaia” plantea que no excluye la satisfacción de necesidades vitales, pues la vida es un continuo en que todos sobrevivimos, pero excluye la crueldad por simple comodidad y el abuso superfluo e innecesario. No cabe en la evolución privilegiar la competencia, sino la cooperación, extendiendo dicha perspectiva al terreno jurídico.

En nuestra opinión tanto la visión antropocéntrica como la biocéntrica, no aciertan a resolver el problema. El ser humano tiene que proteger a la naturaleza porque él mismo es naturaleza, quien se encuentra en un constante intercambio que se manifiesta de distintas maneras y de las cuales las personas somos parte, ya que la desaparición de la raza humana implicaría que el ecosistema perdería a su parte más consciente, la que podría regular racionalmente su metabolismo con la naturaleza.

Zaffaroni y el nuevo constitucionalismo andino

Ejemplos contra la crueldad llevada adelante por el hombre en general, el jurista resalta lo que considera importantes avances expresados en las constituciones de Bolivia y Ecuador, partiendo del rol que juega en ellas el nuevo sujeto de derecho.

• “Contra este modelo civilizatorio, el nuevo constitucionalismo latinoamericano opta por proclamar una convivencia con todos los seres vivientes dentro de la Tierra, denunciando coyunturalmente al fundamentalismo de mercado de las últimas décadas del siglo pasado, aunque desde una perspectiva mucho más amplia y universal. De este modo, Gaia, que entre nosotros se llama Pachamama y no llega de la mano de elaboraciones científicas, sino como manifestación del saber de la cultura ancestral de convivencia en la naturaleza, se incorpora al derecho constitucional como otro aporte del constitucionalismo latinoamericano al universal”. “De este modo el constitucionalismo andino dio el gran salto del ambientalismo a la ecología profunda, es decir, a un verdadero ecologismo constitucional”.

Así, la Pachamama (Madre tierra) y el SumakKawsay (“Buen vivir” o “Pleno vivir”), incluido en el texto constitucional, se traduciría en una necesidad de dejar de lado la lógica individualista que impera en la sociedad y lleve a un equilibrio del medioambiente, que permita seguir reproduciéndose. Lo importante del tema es que, como novedad, cualquier persona o colectivo de personas, como pueden ser las comunidades originarias, sean afectadas o no, pueden accionar y exigir el cumplimiento de los derechos de la Madre tierra cuando se vea atentada su integridad, reconociendo así personería jurídica a la naturaleza.

Desde esta perspectiva Zaffaroni parece incluirse dentro de ese constitucionalismo ecologista de carácter andino, ya que sostiene la necesidad que dichos textos constitucionales sean replicados por los distintos países. La pregunta que cabría hacerse es si esta posición es suficiente para poner freno a la destrucción del medioambiente.

Una vez más nos encontramos con que la democracia parlamentaria y el Estado de derecho son tratados como ideas inmutables donde no existe distinción de clases sociales, valga como ejemplo la referencia a que es el humano el que debe encontrar los caminos necesarios mediante la coordinación y cooperación. Explotados y explotadores, es decir una sociedad divida en clases sociales con intereses antagónicos es algo que Zaffaroni no aborda al momento de encontrar las soluciones que plantea, prefiriendo referirse al humano o al ciudadano. La referencia que parecería casi romántica, simplemente ponen sobre la mesa que Zaffaroni niega la lucha de clases como buen demócrata constitucionalista.

El derecho constitucional surge como resultado de luchas que dieron tanto castas que se enfrentaron al poder del Estado, como es el ejemplo del surgimiento de la Carta Magna en 1215; y como fruto de luchas que dio el pueblo trabajador como podemos ver en la constitución surgida de la Revolución Francesa. Ambas constituciones encarnan un espíritu que refleja las contradicciones de clase: en el primer caso una lucha que dieron los barones contra las medidas del rey Juan I de Inglaterra, y en el segundo, un pueblo sublevado contra la tiranía de la monarquía francesa, con la burguesía revolucionaria a la cabeza. Podríamos afirmar entonces, que las normas constitucionales surgen como subproducto de las luchas de clases y su conformación refleja precisamente la relación de fuerzas entre las mismas, como un intento de regular dicha relación convirtiendo a todos en “los ciudadanos” y estableciendo las reglas sobre cómo deberían funcionar los estados y la sociedad.

Son las normas madres de las que emanan derechos y obligaciones, lo que a menudo se conoce como el Estado de Derecho. La realidad es que para cualquier lector no puede escapársele que en cuanto a los artículos que hacen a los derechos de las personas y en este caso a los de los recursos, son vulnerados y pisoteados en forma sistemática por el propio Estado que los engendró. El trato igualitario ante la ley y el respeto por los derechos esenciales establecidos constitucionalmente sólo se convierten en papel mojado, ya que en términos históricos las demandas por estos derechos sólo han sido conquistadas mediante la pelea a brazo partido contra el capital y su Estado.

La historia ha demostrado que sólo blandir la constitución del moderno Estado capitalista no ha suficiente para la pretensión de aquellos que quieren ya no pelear contra el capitalismo, sino humanizarlo. La obtención de derechos elementales incorporados a las normas constitucionales sólo ha sido posible a lo largo de la historia como subproducto de la lucha de las masas. Se hace importante señalar esto porque todos los derechos y garantías que están incluidos en aquellas, no emanan mágicamente de la famosa norma hipotética fundamental de la que habla Kelsen o por mero interés de la clase dominante, sino que reflejan conquistas que el pueblo trabajador y los sectores oprimidos han impuesto a la burguesía mediante importantes peleas.

La Pachamama: propiedad privada

La Pachamama actúa como un organismo que provee, pero también tiene que recibir. Las costumbres religiosas de las comunidades originarias alimentan a la Madre tierra a partir de ofrendas. Esto es una muestra de la importancia en ellas tiene la naturaleza para la vida, ya que es la única que la posibilita.

Durante el desarrollo capitalista la única “ofrenda” dada a la naturaleza ha sido la de explotación sin límites con la utilización de agrotóxicos, fracking, contaminando suelo, agua y el espacio aéreo. Calentamiento global, desaparición de especies, hambrunas y pobreza por doquier.

A lo largo de la historia y a partir de la aparición de las clases sociales producto del excedente en la producción la Pachamama se convierte en propiedad privada. Las viejas costumbres basadas en la igualdad real que regían en el comunismo primitivo, son transformadas por la nueva sociedad de clases, que a lo largo de la historia distanció cada vez más, a los poseedores de los desposeídos, formando nuevas costumbres, y a partir de ellas, un nuevo derecho, para defender esta desigualdad y los privilegios de los más poderosos.

¿Cómo defender la Pachamama sin enfrentarse a la propiedad privada, a los terratenientes? Para Zaffaroni sólo sería suficiente con la constitución. Habría que recordarle al ex Juez que ante las innumerables luchas que precisamente por la tierra han dado distintas comunidades, la respuesta del Estado y su constitución ha sido defender los derechos de los explotadores, reprimiendo a sangre y fuego cualquiera de estas legítimas luchas.

¿Zaffaroni pensará posible convencer a Bolsonaro de las virtudes de las constituciones andinas? ¿O, buscará convencer con la constitución a las empresas que talan indiscriminadamente la naturaleza, ocasionando verdaderos desastres, cuando cada año desaparecen 13 millones de hectáreas de bosque y la degradación persistente de las zonas áridas ha provocado la desertificación de 3.600 millones de hectáreas? ¿Monsanto dejará de vender el cancerígeno glifosato porque así lo dicta la constitución?

Los Estados modernos incluyen reglamentación sobre la tierra, mar y espacio aéreo, que basados en un derecho que prioriza la propiedad privada por sobre todas las cosas, lleva a una sobreexplotación de los recursos al punto de comprometer la regeneración de la naturaleza y la supervivencia del planeta. Explotación sin límites en la que los países semicoloniales son los más afectados por el saqueo imperialista.

Asimismo, dentro de cada Estado también se encuentra parcializada la tierra, donde reina la propiedad privada, evidenciada en la existencia de los grandes latifundios y sus terratenientes que son justamente los que tienen mayor peso en cuando beneficio por parte del derecho, evidenciado en la penalización de los pequeños productores mientras frente a la quema de miles de hectáreas como es la situación actual de Brasil y Bolivia con el Amazonas, la ley parece no existir. Ejemplo suficiente para evidenciar que el reconocimiento de derechos a nivel constitucional no es suficiente para terminar con el desastre ambiental.

Estado y derecho

El famoso jurista señala: “El deterioro planetario no puede detenerse si no es mediante un fuerte replanteo civilizatorio que va más allá del capitalismo”. Y más adelante dice: “Si bien desde hace tiempo el deterioro planetario y en particular las alteraciones climáticas son problemas preocupantes para los científicos, los sectores hegemónicos más lúcidos, sólo en tiempos recientes van dejando de considerar la cuestión como un discurso anticapitalista a favor un socialismo (o anarquismo) más verde, para pasar a ensayar una comprensión interdisciplinaria de la cuestión”.

El replanteo civilizatorio que va más allá del capitalismo pareciera ser sólo un recurso de estilo del autor ya que en su libro sólo se ubica en el “más acá” y en defensa del capitalismo al sostener que “contra este modelo civilizatorio, el nuevo constitucionalismo latinoamericano opta por proclamar una convivencia con todos los seres vivientes dentro de la Tierra, denunciando coyunturalmente al fundamentalismo de mercado de las últimas décadas del siglo pasado, aunque desde una perspectiva mucho más amplia y universal. De este modo, Gaia, que entre nosotros se llama Pachamama y no llega de la mano de elaboraciones científicas, sino como manifestación del saber de la cultura ancestral de convivencia en la naturaleza, se incorpora al derecho constitucional como otro aporte del constitucionalismo latinoamericano al universal”.

La realidad nos muestra qué lejos están los gobiernos de Bolivia y Ecuador de poner un freno a esas políticas liberales que saquearon sin límites los recursos naturales. Las relaciones económicas que imperan en dichos países siguen profundizando la desigualdad social y de clase; siguen estando sujetas a las reglas del mercado internacional y el imperialismo. Si bien ambas constituciones contendrían artículos más proteccionistas en relación a la naturaleza, la realidad es que lo que rige son las reglas del mercado internacional. Los países imperialistas siguen saqueando sus recursos naturales y los gobiernos permitiéndoselo. Esto se puede ver en la continuidad de los pactos de extracción de petróleo tanto en Bolivia como en Ecuador, por sólo nombrar un ejemplo.
En este sentido, o bien Zaffaroni ha descubierto en territorio latinoamericano otro modo de producción distinto del capitalismo, o bien el “más allá” que menciona sólo significa su defensa de un capitalismo más humanizado.

• “No caben muchas dudas acerca de la minimización –e incluso ridiculización- que pretenderá hacerse respecto de estas incorporaciones constitucionales, a las que seguramente se tildarán como mera expresión de folklorismo. No faltarán quienes le asignen el mero papel de curiosidades”.

Lejos estamos de entender su postura como folklórica cuando precisamente sostiene que lo que considera como una situación crítica hace al orden de la seguridad nacional de los países centrales y sus posibles conflictos, invitando a que “sería muy oportuno que nos apresuremos en nuestra región a hacer lo mismo, involucrando en primer término a nuestras fuerzas armadas, únicas con capacidad para convertirse en los policías y bomberos de las posibles catástrofes climáticas”. Ya hemos señalado que son dichas fuerzas armadas las que termina usando el Estado para reprimir toda lucha de trabajadores y de las comunidades originarias cuando salen a defender sus tierras y los recursos naturales, así a los miles de jóvenes que en el mundo se vienen manifestando que “no hay un planeta B”.

Ejemplos de la utilización para la defensa de los grandes terratenientes y de las corporaciones industriales los podemos ver gobierno tras gobierno. En nuestro país, por ejemplo, durante el gobierno kirchnerista, en el 2011 en Jujuy, se llevó adelante el desalojo en las tierras ocupadas de Ledesma-Blaquier dejando varios muertos. Durante el gobierno de Macri la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, que se movilizaba junto al pueblo mapuche por el derecho sobre sus tierras. Rafael Nahuel, un joven mapuche asesinado por la espalda por la Prefectura después del intento de desalojo de sus tierras.

La única posibilidad de frenar el deterioro del medioambiente es pelear contra el capitalismo

“La gente está sufriendo, la gente está muriendo. Ecosistemas enteros están colapsando. Estamos en el inicio de una extinción masiva y lo único de lo que ustedes pueden hablar es de dinero”. “Ustedes nos están fallando, pero los jóvenes estamos empezando a entender su traición”. Estas fueron las palabras que pronunció la activista Greta Thunberg de sólo 16 años, frente a los líderes mundiales en la sesión inaugural de la Cumbre de Acción Climática de la ONU en Nueva York el pasado 23 de septiembre. Una contundente muestra que reformas, declaraciones, convenciones, compromisos y constituciones proteccionistas no han detenido ni un milímetro la verdad denunciada.

La masividad a nivel mundial que tuvo la Huelga por el Clima mostró a miles de jóvenes peleando por su futuro, por un mundo mejor y en esa pelea empiezan a cuestionar -en ocasiones de forma confusa, en otras, de manera más clara- la raíz de todo mal que sufre actualmente la sociedad, el capitalismo.

Nos sentimos parte de esa juventud que se pone de pie. De esos jóvenes que se manifestaron junto a los “chalecos amarillos” en Francia, poniendo sobre el tapete la necesidad de que la clase obrera tome en sus manos también esta pelea porque ellos mismos son víctimas de este sistema, dejando su vida en fábricas de agrotóxicos, en las minas, en la industria petrolera, etc. El capitalismo ha demostrado que sólo busca aumentar sus ganancias a costa de nuestra salud.

Peleamos por un mundo mejor, pero entendemos que, para poner un freno al deterioro del medioambiente, la pobreza y el hambre de millones de personas en el mundo, la única solución posible es terminar con este sistema basado en la desigualdad social y la explotación, y pelear por un sistema totalmente diferente realmente, igualitario y socialista.

Si el capitalismo destruye el planeta, entonces destruyamos el capitalismo.







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